sábado, 19 de agosto de 2017

PELOTA DE TRAPO: espacio de niños, jóvenes y educadores para construir una nueva sociedad

Pelota de Trapo: los niños como sujetos políticos
Raúl Zibechi
Desinformémonos, periodismo de abajo
Foto: Agencia de noticias Pelota de Trapo
16 agosto, 2017
El colectivo nació en la década de 1970, en plena dictadura militar, cuando Alberto Morlachetti comenzó a trabajar con niños y adolescentes en la zona sur de Buenos Aires, allí donde la desindustrialización generó pobreza y la pobreza destrozó hogares. Organizaba torneos de fútbol a los que bautizó “sábados de chocolate”, donde se “reunían chicos morenos y expulsados de los clubes por color y pobreza” (www.pelotadetrapo.org.ar).
A comienzos de la década de 1980 abrieron la Casa de los Niños para hijos e hijas de trabajadores, para que “la calle no fuera la única respuesta que se les ofreciera”, como señala un texto de la abogada Laura Taffetani en los 40 años del movimiento. El espacio autoconstruido buscaba ser un ámbito comunitario, no una de las tantas instituciones que existen “para” los niños, sino el espacio donde el niño sea sujeto político.
Un espacio para el crecimiento colectivo, no para la ayuda caritativa. Por lo tanto, toda la casa, todos sus espacios y tiempos tienen carácter pedagógico. Como los chicos son el centro, el mundo que los rodea, desde los adultos hasta la arquitectura, se adapta a ellos. Unos 200 chicos acuden a la Casa de lunes a viernes.
A mediados de la década de los 80 crearon el Hogar Pelota de Trapo, para aquellos chicos cuyos vínculos familiares se han quebrado, donde han vivido cientos de niños y niñas sin hogar. En base a sólidos vínculos afectivos, o sea compartiendo la vida con ellos y ellas, comienzan los cambios desde la soledad y el abandono hacia la construcción de una nueva vida.
Una de las principales características de Pelota de Trapo es que quienes la integran no trabajan “por” los niños y niñas, ni siquiera le reclaman al Estado “derechos” que nunca se hacen realidad. Viven con ellos, comparten todos los días el techo, la comida, las incertezas, los buenos y malos momentos, creando una convivencia para toda la vida. Estabilidad y confianza son imprescindibles para crecer y ser.
En la década de los 90 crearon dos nuevos espacios. Una panadería y un taller gráfico, con la convicción de que el trabajo es una pieza fundamental en la vida de las personas, en su autoestima y proyección. En ambos espacios trabajan los chicos que crecieron en el movimiento y se volvieron adultos. Además, la producción gráfica y la panadería sostienen el 70% del presupuesto de Pelota de Trapo, dotando al movimiento de un alto nivel de autonomía.
 
Una de las mayores creaciones llegó con el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, que protagonizó grandes movilizaciones desde el norte argentino pero, sobre todo, se convirtió en un espacio de niños, jóvenes y educadores para construir una nueva sociedad, bajo el lema “todos los chicos son nuestros hijos” y afirmando que “los chicos son sujetos políticos”, o sea protagonistas de sus vidas y del cambio social.
En 1997 realizaron el Encuentro de Educadores donde participaron 2,000 personas en Mar del Plata. Al año siguiente pedalearon en bicicletas los 300 kilómetros que separan Rosario de Buenos Aires, para empezar a “recorrer las geografías de pobreza de nuestro país”.
En 2001, en el auge del movimiento piquetero, comienzan las marchas nacionales. La primera recorrió miles de kilómetros desde La Quiaca (frontera con Bolivia) hasta Buenos Aires, mientras los años siguientes arrancaron en Misiones y Tucumán. En 2008, ya bajo los gobiernos progresistas, lanzan la campaña “El hambre es un Crimen”, y le agregan un lema que hará historia ya que años después fue retomado por las mujeres: “Ni un pibe menos”.
Con los años montaron una Escuela de Educadores Populares y la Agencia de Noticias Pelota de Trapo (goo.gl/MyC1qu) que difunde ideas contrahegemónicas. En 2015 afrontaron un momento crucial para todo movimiento, como lo es la muerte de su referente principal, con lo que abrieron un período signado por el recambio generacional.
Una buena síntesis del espíritu del trabajo de Pelota de Trapo lo escribió la propia Agencia, en un texto de abril de 2015, como despedida a Morlachetti.
“Antes de irse firmó su testamento: les dejó a los niños de malabares, a los propietarios de los arrabales, toda su inmensa fortuna: la semilla de la revolución para parirla cuando puedan (….) Y un amanecer que sea para todos”.

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