martes, 5 de septiembre de 2017

Compañeras, compañeros de la PREPA POPULAR TACUBA “FRANCISCO TREVIÑO TAVARES”

Prepa Popular Tacuba: resistencia y rebeldía
La Voz del Anáhuac
Septiembre de 2017
Después de haber participado en el Movimiento Popular- Estudiantil de 1968 (entonces como estudiante de la Prevocacional 4, Tlatelolco) y de haber estado en la Vocacional 6 en 1970-71, donde me tocó estar el 10 de junio, entonces como parte del Comité de Lucha, fui uno de esos estudiantes que vimos necesario pasar a otras formas de lucha que nos llevaran a un proceso revolucionario que transformara el país en uno diferente, donde construyéramos la justicia, la democracia y la libertad sin esperar que estas nos llegaran de arriba, sino que fueran el resultado de la lucha del pueblo explotado, oprimido, humillado, reprimido, despojado de sus derechos.
         Esa generación de estudiantes entendimos que esto no lo lograríamos desde los partidos políticos, que no sería concesión del gobierno, que la única posibilidad que había era lograr esa transformación organizándonos con el pueblo trabajador de la ciudad y del campo.
         Una parte de esta generación decidió tomar las armas, considerando que el único camino para lograr esto era mediante la violencia revolucionaria. Las masacres del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y del 10 de junio de 1971 habían demostrado que las vías civiles y pacíficas estaban cerradas. Había ya algunas experiencias de esta forma de lucha: la que intentó Arturo Gámiz en Chihuahua en 1965 y las que entonces desarrollaban Genaro Vázquez y Lucio Cabañas en Guerrero y Florencio Medrano en Morelos. En las ciudades se formaron diversas organizaciones guerrilleras (Frente Urbano Zapatista, Comandos Armados del Pueblo, Lacandones, Guajiros, el Frente Estudiantil Revolucionario de Guadalajara, los “enfermos” de Sinaloa y otros que después confluyeron en la Liga Comunista 23 de Septiembre).
         Pero el gobierno desató una guerra de exterminio (la llamada “guerra sucia”) encarcelando, torturando, desapareciendo, asesinando a centenares de compañeros que se lanzaron a la guerrilla.
         Muchos de nosotros, al mismo tiempo que estudiábamos, éramos obreros fabriles. Esa condición nos hizo ver que el nivel de conciencia de los trabajadores no iba más allá de estar dispuestos a luchar por mejorar sus salarios, que no había más allá en su perspectiva. Pero también estábamos convencidos de que la revolución no podría se obra de un puñado de valientes, sino de todo el pueblo organizado de manera independiente de los partidos políticos y del gobierno.  Y persistimos en seguir trabajando con el pueblo.
         Fue en ese período (1972-73) que junto con otros compañeros del IPN que estábamos por la integración a la clase obrera, decidimos ir a la Preparatoria Popular, esa sería nuestra pista de despegue y el lugar al que nos mantendríamos vinculados, como retaguardia. Habíamos conocido la experiencia de lo que era la Preparatoria Popular desde 1968, pues eran uno de los contingentes más combativos del movimiento, además de que ahí se organizaban de manera autónoma, autogestiva y sostuvo siempre el proyecto de una educación crítica, científica y popular.
Había dos opciones: Liverpool o Tacuba. Optamos por Tacuba, pues ese era nuestro rumbo. Algunos vivían cerca del Casco de Santo Tomás, otros en Azcapotzalco. Algunos se inscribieron como alumnos. Aunque no había terminado la Vocacional, en Tacuba me propusieron que me sumara al cuerpo docente, por lo que en ese tiempo fui “maestro” de Seminario Político de dos grupos del turno nocturno.
         Para Seminario Político no había programa. Era una clase propia de la Popular destinada al análisis de la realidad, al debate, al estudio de la historia de las luchas sociales, a la formación política y cada maestro la desarrollaba de acuerdo a sus concepciones ideológicas. A mí se me ocurrió proponer desarrollar una especie de programa muy sencillo, en tres puntos principales:
1.- Historia del Movimiento Estudiantil,
2.- Historia de la Preparatoria Popular,
3.- Papel de los estudiantes en el proceso revolucionario.
         Parece que ese intento de programa fue adoptado posteriormente por la Prepa Popular Tacuba, como propio para los alumnos de nuevo ingreso.
En la Popular era conocido como “el Pato”, en la Vocacional era “el Flaco”. Hoy, en La Voz del Anáhuac soy "Doroteo Arango".
         Nuestra estancia en la Prepa Popular estaba entendida como algo transitorio, por tiempo breve, no fueron más que dos años: 1972 y 1973. No debíamos permanecer más tiempo para no desviarnos del objetivo: trabajo político entre los obreros. Y por seguridad también. La Prepa Popular era muy vigilada por la policía política. Y aunque nuestro trabajo en las fábricas no era clandestino, había que cuidarlo, realizarlo bajo medidas que evitaran que hasta allá llegara la represión gubernamental, pues aunque la persecución policíaca iba especialmente dirigida contra las organizaciones político-militares, todo activismo era golpeado brutalmente. Nos veían como reservas de la guerrilla y también como un peligro a largo plazo. De hecho, hasta nosotros llegaron las balas asesinas de la Brigada Blanca en 1976. Una de nuestras brigadas de volanteo en Naucalpan fue confundida con la Brigada Roja de la LC23S. Dos resultamos heridos. Ahí cayeron dos trabajadores asesinados por la banda paramilitar.
         Para ese tiempo quienes caían en manos de las fuerzas represivas ya no eran encarcelados, se les torturaba y luego se les desaparecía o asesinaba. Así hasta principios de la década de los 80’s.
         De 1970 a 1980 pasé por una docena de fábricas. De todas partes me corrieron por andar de revoltoso. Algo se logró organizar en una fábrica de jeringas, en una de electrodomésticos, en una maquiladora del norte del país. Ahí andábamos apoyando los luchas de Lido, de Morganite del Caribe, de AcerMex, de Duramil, de Spicer y muchas otras. Finalmente, entre 1980 y 2010 trabajé en una paraestatal que luego fue privatizada.
         En 1994 conocí la experiencia del EZLN en Chiapas. Visité algunas comunidades. Me di cuenta de que ahí se estaba construyendo algo diferente: la autonomía, la democracia directa, la autogestión. Este proyecto me convenció. Por eso me sumé al Frente Zapatista en 1996, a la Otra Campaña en 2006 y ahora a la Sexta.
         Aunque fue breve mi paso por la Prepa Popular Tacuba, considero que fue muy importante para la reafirmación de mis percepciones político-ideológicas, formadas en el activismo politécnico.
         Saludo fraternalmente a las compañeras y compañeros cuya cuna fue la Prepa Popular que hoy siguen en la lucha, que no han claudicado, que no se vendieron, que no traicionaron, que no escucharon el “canto de las sirenas”, ni cayeron con los “proyectiles almibarados” de la cooptación y la corrupción de los partidos políticos y del Estado.

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