martes, 31 de octubre de 2017

Apoyamos al CNI y al EZLN porque son anticapitalistas organizados que resisten y luchan

No somos “indigenistas”
Javier Hernández Alpízar
Zapateando
Babel
Publicado el  por Zapateando
Quienes simpatizamos con y apoyamos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Congreso Nacional Indígena (CNI), así como a su propuesta de un Concejo Indígena de Gobierno (CIG), cuya vocera es la compañera nahua María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, no somos “indigenistas”.
El indigenismo es una ideología condescendiente (racismo “benigno”) que pretende que hay que ayudar a los “pobres indígenas”, porque los ve solamente como víctimas vulnerables.
Para nosotros, los indígenas del CNI no son meras víctimas vulnerables, son mexicanas y mexicanos que están organizados, resisten y luchan.
No consideramos a los indígenas inferiores (no somos racistas), sabemos que son humanos iguales que los no indígenas y más aún: somos parte de un nosotr@s colectivo que nos incluye a tod@s en un movimiento anticapitalista.
No esencializamos a las y los compas indígenas, no pensamos que sean el “buen salvaje” de Rousseau. Sabemos que así como hay indígenas organizados, en resistencia y en lucha como los zapatistas, las policías comunitarias en Guerrero, las autonomías en Ostula y Cherán, los cucapás en Baja California Norte o los yaquis en resistencia en su región norteña (incluso indígenas organizados bajo banderas socialistas como en las Huastecas), pero también hay indígenas que se suman al PRI y a la contrainsurgencia, que han llegado a ser paramilitares asesinos como en Acteal, sabemos que los indígenas, como todos los seres humanos pueden lo mejor y lo peor.
A nuestros compañeros no los apoyamos solamente por ser indígenas, sino porque en el caso del EZLN y el CNI están organizados en una propuesta anticapitalista. Precisamente porque no somos asistencialistas (indigenistas) no nos da lo mismo “ayudar” a cualquier grupo indígena, sin importar si es compa de izquierda o es paramilitar priista.
En ese sentido, elegimos con cuáles indígenas estar, de la misma manera y con los mismos criterios que elegimos con cuáles mexicanos no indígenas estar: estamos con los que (indígenas o no) luchan contra el sistema de dominación capitalista y no podemos estar con quienes (sean o no indígenas) abierta o embozadamente defienden esa dominación.
No somos sectarios, porque sabemos que nuestro “nosotros” puede y debe incluir a muchas y muchos no sólo mexicanos sino personas, colectivos y pueblos del planeta Tierra, porque una lucha anticapitalista no puede ser meramente local, ni regional, ni estatal, ni nacional sino que es mundial por naturaleza.
Ser sectarios no significa ser muchos o ser pocos; ser sectarios significa ser fanáticos y seguir irracionalmente a un líder o “ser supremo” sin aceptar cuestionamientos racionales de esa creencia.
No somos sectarios porque las tesis anticapitalistas que asumimos son resultado de una análisis racional de la realidad: un análisis de lo real, lo posible y de la necesidad de superar el posibilismo que posterga para siempre la lucha anticapitalista en un nihilismo de futuro, porque ese posibilismo “para avanzar” hoy hace alianza con burgueses oportunistas (Romo o Korrodi, como botón de muestra) y políticos que vienen de la contrainsurgencia (Dante Delgado, Manuel Bartlett o Moctezuma Barragán, por ejemplo).
No creemos que los indígenas sean buenos o malos por naturaleza, son potencialmente buenos y malos como todos nosotros: los seres humanos. Luchamos juntos porque venza nuestra raza, la única que existe: la raza humana, cuya existencia futura se ve gravemente amenazada por el capitalismo.
No creemos que el mestizaje nos haga mejores, porque no creemos que ser blancos o blanquearnos nos haga mejores (ni peores). No aceptaríamos un paradigma que enarbole el mestizaje, como “Morena”, porque la ideología del mestizaje oculta un racismo contra los indígenas (y la necesidad de mestizarlos o sea blanquearlos). Tampoco somos “multiculturalistas” porque no solamente luchamos por la “diversidad” dentro del mismo sistema opresor, sino que luchamos por construir un sujeto político e histórico anticapitalista: queremos recuperar y defender los territorios (no creemos que puedan ser “desarrollo” los extractivismos como el de las mineras canadienses) en México y en el planeta entero.
Quienes nos consideran “indigenistas” proyectan en nosotros sus propias fantasías racistas (aunque sean de racismos benignos y “filantrópicos”); en realidad, aceptamos una propuesta indígena porque, para escándalo de los supremacistas de “Occidente”, la bandera del anticapitalismo en México la han empuñado, al menos desde 2005 si no es que antes, los zapatistas y grupos indígenas organizados en defensa de sus territorios, como los  y las compas que participan en el CNI, por eso los compas de la Sexta, de la Escuelita Zapatista y otr@s nos sentimos convocados y, en ese movimiento, no pertenecemos sino que participamos.
No idealizamos a la compañera Marichuy ni a ningún concejal o concejala del CIG o a las y los compas zapatistas: no somos idólatras, ni creemos en “seres supremos”. Incluso uno de los principios que las y los compas tienen respecto a todo cargo como concejal, delegado, representante, vocero, etc., es su revocabilidad en caso de fallarnos. No fetichizaremos a la compañera Marichuy para hacerla candidata cada seis años.
Por todo eso tampoco aceptamos migajas como “un puesto en el gabinete de AMLO para Marichuy”, porque no limosneamos el poder, ni siquiera creemos que irse a vivir a los Pinos sea “tomar el poder”: sabemos que el poder popular democrático lo están construyendo indígenas anticapitalistas organizados y queremos ampliar y construir un poder o poderes así (poder no como “poder sobre”, sino como lo que podemos hacer entre todos juntos y organizados) por todo México y el mundo.
Si tuviera que resumirlo en pocas palabras: no apoyamos a los compas indígenas meramente por ser indígenas, sino por ser compas organizados, en lucha y resistencia anticapitalista.

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