martes, 28 de noviembre de 2017

Marichuy es muestra de cómo las mujeres se están rebelando contra el sistema patriarcal

¿POR QUÉ MARICHUY? Espejo y cristal de mujeres y hombres en rebeldía.1
Colectivo lectura de la realidad
(Andrea de Buen, Noemí Mejía, Mayra Silva, Fernanda Navarro, Miguel Escobar, Cora Jiménez, Merary Vieyra, Dalia Ortega, Ivonne Mora, Marcela Frías, Carmen Gallardo y Carolina Campos)
Desinformémonos
28 noviembre 2017
1 Texto preparado para presentar en el evento “Llegó la hora del florecimiento de nuestros pueblos originarios. ¿Por qué Marichuy?” en el “Aula Magna” FFyL
noviembre 29, 2017.
¿Qué es lo primero que les viene a la mente cuando escuchan la palabra mujer?… ¿Madre? ¿Víctima? ¿Débil? ¿Fuerte? ¿Libre? ¿Violada?
Hace unos meses, en una calle detrás de la casa de una de nosotras, una mujer fue arrojada de una camioneta y asesinada. Eran las diez de la noche. Muy cerca se escucharon los tiros. Las familias de las casas vecinas la escucharon quejarse aún con vida mientras policías “resguardaron el área del delito”. Gracias a que su familia -tiempo después- colocó una cruz en el lugar donde le fuera arrebatada la vida, supimos su edad y nombre, si no hubiera sido otra más de las siete mujeres que se reportan asesinadas cada día.
La naturaleza nos muestra que hombre y mujer hacen posible la vida humana. No obstante, es en un cuerpo de mujer donde se crea y gesta el ser humano y construimos nuestra existencia aprendiendo a sentir, desear y a conocer. El seno materno es para el ser humano posibilidad de refugio, alimento y protección.
Todas/os fuimos paridas/os. Desde las entrañas comenzamos a caminar la vida y nos construimos desde nuestros primeros vínculos con otros/as, con nosotros/as mismos/as y con el mundo de forma física, ecológica, emocional y social. Existimos desde el cuerpo de alguna mujer y, al nacer y crecer, comenzamos a caminar sobre las entrañas de la Madre Tierra. Mujer y Tierra son sinónimos de vida, la una está en la otra y con las dos somos y estamos en el mundo.
En la historia de la humanidad, el “hombre” ha impuesto su cultura y civilización en la organización sociopolítica, religiosa, ideológica, siempre ejerciendo su dominio falocrático con el machismo y patriarcado. No ha existido otro tiempo que no sea el del hombre, la propia redacción en la literatura es muestra de esto y aunque actualmente se pretenda inclusión, eso de “hablar en masculino es plural y las incluye” no suena a un reconocimiento. 
En esta historia guiada por el machismo se cree que la mujer sólo sirve o es buena para dar y cuidar la vida y el hogar (visto como si fuera una actividad sencilla). Es al macho a quien se le atribuyen cualidades de fuerza y valentía; lo femenino por su parte es asociado a la debilidad y sensibilidad, olvidando, por ejemplo, la fuerza que se necesita para parir, sobrellevar malestares menstruales; o la valentía para sobrevivir día a día en el contexto feminicida actual, para vestir como queramos, salir a la calle, trabajar y regresar a casa completas y sintiéndonos respetadas, no acosadas. 
¿Qué es lo primero que piensas cuando escuchas la palabra hombre?... ¿Insensible? ¿Fuerte? ¿Violento? ¿Valiente? ¿Padre? ¿Jefe?
El nacimiento de un ser humano es acompañado de cuidado, protección, amor y ternura que nacen con la vida. Pero también dolor, angustia y sufrimiento, que provoca el salir del vientre, ese lugar maravilloso donde nada hace falta, al igual que el dolor físico de desprendimiento que siente la madre. Nacer es, desde el inicio, añorar el complemento, superar la indefensión, aprender a conocer y a decidir sobre nuestro propio cuerpo, nuestra sexualidad y nuestro pensamiento, en el encuentro con las relaciones familiares, sociales, educativas, religiosas, ideológicas y culturales.
Parir, un verbo que también significa crear, pensando en que, si bien hay mujeres que deciden ser madres y tener hijas e hijos, hay otras que prefieren no serlo, o que no pueden serlo, pero no por ello renuncian al acto de parir, como acto de crear, convirtiendo ese parir en arte, ideas, filosofía, narrativa, poesía, ciencia, historia. Pues si bien no todas las mujeres son madres, todas paren. Es por eso que aceptar la autonomía de la mujer sería derrocar el dominio patriarcal, cambiar el rumbo que hasta hoy se tiene y saber que es posible caminar en conjunto. Pues si bien el patriarcado permea nuestras sociedades, es importante destacar que no todos los hombres son machistas, hay hombres que sí respetan a las mujeres, que también son buenos padres y buenos compañeros con quienes es posible crear un proyecto de vida conjunto.
En nuestra Madre Tierra, conformada también por culturas diversas, el dolor está presente en cada acto de violencia, explotación de recursos naturales y humanos, invasiones entre pueblos, ecocidios o devastación de bosques y selvas, para construcción de enormes estructuras y centros comerciales, el desvío de ríos para la retención del agua en represas, la captura y caza de animales en peligro de extinción, la contaminación del agua, suelo y aire de los ecosistemas, el uso de transgénicos en la agricultura, el despojo de tierras a campesinos e indígenas, la opresión de las clases sociales en el poder, el desprecio, el racismo para apoderarse de riquezas e imponer imperios y dominaciones.
Ante la evidente crisis en que nos encontramos como humanidad y particularmente como país, ¿para qué buscar que en las próximas boletas electorales aparezca la imagen y nombre de una mujer indígena, vocera de un Concejo Indígena de Gobierno? 
¿Qué puede esperarse en un país en el que las mujeres, más aún si son pobres e indígenas, son “tiradas” en vías públicas, violadas, mutiladas y asesinadas sin que exista justicia alguna?
Marichuy es una mujer indígena nahua originaria de Tuxpan Jalisco. Desde joven desafió el machismo de su casa, de su comunidad y se comprometió en las luchas de defensa de su pueblo y territorio. Desde ahí conoció y se sumó a la lucha zapatista e hizo parte, desde sus inicios, de la conformación del Congreso Nacional Indígena (que naciera el 12 de octubre de 1996 como casa/espacio donde los pueblos originarios compartieran sus “reflexiones y solidaridad para fortalecer sus luchas de resistencia y rebeldía, con sus propias formas de organización, de representación y toma de decisiones” y del cual es parte el EZLN). 
Marichuy es vocera de un Concejo Indígena de Gobierno que fue conformado por los pueblos y comunidades que se articulan en el Congreso Nacional Indígena; un proceso que inició en octubre del año 2016. Surge frente a la constatación de la guerra en su contra, ante la acelerada devastación y despojo contra la gran mayoría del país y no únicamente contra los pueblos indígenas.
Saber de ti Marichuy es un regocijo, mujer que reconoce sus impulsos, fortalezas, limitaciones y las utiliza para un bien común, tu existencia como recordatorio de que el desprecio y la negación de la madre tierra y de la mujer, es un atentado contra la vida, contra nuestra existencia. Es una agresión, ultraje a lo que somos, queremos y podemos seguir siendo. Es una puerta abierta a la represión de nuestra memoria emocional y a nuestra capacidad de seres pensantes. 
En un país como el nuestro, en el que pareciera que la única manera de hacer política y de participar “democráticamente” es a partir del voto, los pueblos indígenas nos dan una gran lección y nos dicen: la verdadera democracia se construye desde abajo, y no se trata de poner en el centro a una persona para votarla y ya, sino de encontrar los mecanismos donde sea posible tomar el poder; pero como dijera Fernanda Navarro, no el Poder como sustantivo, sino el podemos, como verbo. 
La única forma de dar batalla y echarles a perder la fiesta a los del poder de arriba, como dice el CNI, esa fiesta llamada “elecciones 2018” es escuchando otras voces, por eso es que Marichuy no es candidata, sino vocera y con ello nos invita a voltear a ver a las minorías a las que de formas muy distintas pertenecemos las y los mexicanos, a escucharnos y escuchar una parte de nuestra historia que ha estado silenciada en muchos medios, en muchos lugares y conciencias.
Conocerte Marichuy es saber que es posible soñar con hacer otro tipo de política, distinta a la que ha visto nuestro país, una que se haga desde la colectividad y la asamblea, desde la palabra digna y la escucha verdadera, en la inclusión de voces y lenguas distintas. Es recordar que nuestros pueblos originarios siguen vivos y que sus luchas han sabido hacer camino en defensa de sus identidades, saberes y costumbres, mismos que hoy retoman la palabra para recordarnos que existen y que están organizados en un proceso común e histórico. Con ello, qué viene a nuestra mente ahora al escuchar pueblo, seres humanos, México…
La existencia y camino de Marichuy es reconocernos como hombres y mujeres frente a un espejo que invita a la rebeldía, a la defensa de nuestra Madre Tierra, que es la defensa de la humanidad misma, es una prueba de que como seres humanos, mujeres, hombres y otroas, nos hacemos con nuestro mundo, siempre inacabado, siempre desafiante, nunca ni fijo, ni absoluto, ni determinado, siempre en proceso abierto a definir proyectos de vida individuales, de parejas, de amistades, de luchas y de resistencias, pero sobre todo de organización colectiva por la dignidad y con ella.
Marichuy es una posibilidad: valiente, creativa y poderosa para hacer lo necesario y urgente, que es defendernos contra lo que nos tiene hechas/os pedazos, defendernos de un monstruo con genética capitalista, patriarcal y colonial que nos ha mutilado la vida y sus formas de parirla.
En las colonias donde algunas vivimos, como mujeres (y desde niñas), sabemos que nuestro tránsito es de altísimo riesgo. Para nuestros hermanos, la violencia es distinta. También pueden ser asesinados, en medio del sin sentido y con la frialdad de una bala disparada por un simple “porque te me quedaste viendo”. Sin embargo, aunque a nosotras nos acechan las balas, nos acecha también la extrema crueldad de muchas violencias contra nuestros cuerpos de mujeres. Pero, aunque distinto, no sólo ocurre en las periferias… ¿Por qué la violencia hacia la mujer? 
Del amor al odio sólo hay un paso dice el dicho popular, y lamentablemente, a quien más queremos es a quien más podemos destruir, el reto: asumir la libertad y la responsabilidad que implica. No será nunca fácil aceptar el riesgo de crecer y de decidir las relaciones que debemos construir, o dejar si nos hacen daño, pues el sentimiento de culpa es siempre alentado por el capitalismo, la religión y la sociedad falocrática.
Por qué Marichuy en un Estado feminicida donde la frialdad de las cifras marca la impunidad de la tragedia: siete mujeres se reportan asesinadas cada día.
Marichuy es muestra de cómo las mujeres se están rebelando contra lo que impide ser, amar y crecer. Es asunción de la libertad de expresión ante el manejo tergiverso y machista de los medios de comunicación sobre su postulación, que igual que con la aparición del EZLN se ha preferido ocultar o contar a medias para no mostrar que otros caminos son posibles y se construyen ya desde lo colectivo. Es también dignidad, la que grita que la mujer no es sólo un cuerpo, dispuesto siempre a compartirlo, ni que el hombre es quien se hace a un lado en la crianza, o en las pláticas o en los sentimientos, es más bien invitación al reconocimiento de una sociedad diversa que se respeta, que ya permite que otras voces vivan, que otros rostros se miren, que otras realidades se escuchen, una posibilidad que invita a soñar con un mundo muy otro, más multicolor.
La vocera y con ello la voz del CNI es importante no sólo en este proceso, sino de forma permanente en nuestros oídos:
Porque necesitamos defender la vida, el respeto a las muchas formas de parirla y procurarla.
Porque necesitamos defender el derecho a nuestra libre autodeterminación, no desde una perspectiva individualista sino desde un entramado del nosotridad.
Porque queremos tierra, trabajo, alimentación, vivienda, salud, educación, independencia, democracia, libertad, información, cultura, justicia y paz.
Porque queremos organizarnos, resistir y luchar para regresar completas, con la posibilidad de hacernos y rehacernos sin terror, en plenitud, desde un horizonte de infinitas posibilidades de ser mujeres, ser hombres, o ser otroas, de ser comunidad.
Porque es urgente tener claro y hacer posible lo que dicen las comunidades zapatistas: “Cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda”.

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