martes, 28 de noviembre de 2017

NUESTROS SUEÑOS NO CABEN EN SUS URNAS, TAMPOCO NUESTRAS PESADILLAS

UNA HISTORIA PARA TRATAR DE ENTENDER
(Fragmento).
Subcomandante Insurgente Moisés.
Subcomandante Insurgente Galeano.
Enlace Zapatista
México, 17 de noviembre del 2016
Si usted es pobre es vulnerable, si usted es mujer es todavía más vulnerable. Como si el sistema no se conformara con agredirla por lo que es, y se diera a la macabra tarea de eliminarla. Es decir, ya no sólo es objeto de acoso y violencia sexual. ¿Qué ha pasado en este sistema que vuelve “natural” y hasta “lógico” (“sí, ellas se lo buscaron”, dice la sociedad entera) ya no sólo la violación, también el secuestro, la desaparición y el asesinato de mujeres? Sí, mujeres. La democratización del odio de género iguala edades, razas, colores, estaturas, pesos, credos, ideologías, militancias o no; todas las diferencias, menos las de clase, diluidas en una falta mayor: ser mujer.
Y vaya usted agregando potencias según su diferencia: color, estatura, peso, indígena, afrodescendiente, niña, niño, ancian@, joven, gay, lesbiana, transgénero, su modo suyo de usted, cualquiera que sea. Sí, un sistema empeñado ya no sólo en segregar y despreciar las diferencias, ahora decidido a eliminarlas por completo. Y no sólo exterminarlas, ahora haciéndolo con toda la crueldad de que es capaz una modernidad. Sigue la muerte matando, pero ahora con mayor sadismo.
Entonces, lo que queremos decir es que no sólo nos faltan las muertas y los muertos, también l@s desaparecid@s (y con la arroba incluimos no sólo al masculino y al femenino, también a todo lo que rebasa la falsa dicotomía de género), l@s secuestr@das, l@s encarcelad@s.
¿Cuántos de los ausentes de Ayotzinapa caben en cuántas urnas? ¿En qué proyecto partidario se encuentran?
¿Cuál logotipo institucional es el que se cruza pensando en quienes nos faltan?
¿Y si ni siquiera hay la certeza de que murieron? ¿Y si no sólo es la ausencia la que duele, sino que también se agregan la incertidumbre y la angustia (¿comió?, ¿tiene frío?, ¿se enfermó?, ¿ha dormido lo suficiente?, ¿alguien lo consuela?, ¿sabe que aún le busco, que siempre le buscaré?)…?
¿En qué aspiración a un cargo, un puesto, un gobierno, caben las mujeres agredidas, desaparecidas, asesinadas por todo el espectro ideológico?
¿A cuántas boletas electorales equivalen los infantes asesinados, por el Partido Acción Nacional, en la guardería ABC?
¿Por quién votan los exterminados, por el Partido Revolucionario Institucional y sus réplicas mal disimuladas, en toda la extensión de las geografías y calendarios del México de abajo?
¿En cuál conteo de votos aparecen los perseguidos, por el Partido de la Revolución Democrática, acusados del delito de ser jóvenes?
¿En cuál partido político se representan las diferencias sexuales perseguidas en público y en privado, para las que hay como condena el infierno en vida y en muerte?
¿Cuáles son los partidos políticos institucionales cuyos logos y consignas manchan los muros que deben saltar miles de migrantes, hombres, mujeres y niños para caer en manos de gobernantes-criminales-empresarios de la trata de personas?
Y se podrán encontrar ejemplos en crónicas, blogs, reportajes, notas periodísticas, artículos de opinión, hashtags, etc., pero siempre quedará la certeza de que son más los hechos criminales que no alcanzan siquiera una mención pública.
¿Dónde está la casilla electoral para que ahí se exprese la explotación, la represión, el despojo y el desprecio a los pueblos originarios?
¿En cuál urna se depositan los dolores y las rabias de… el Yaqui, el Kumiai, el Mayo, el Cucapá, el Tohono O’odham, el Rarámuri, el Kikapú, el Pame, el Totonaca, el Popoluca, el Nahua, el Maya Peninsular, el Binizáa, el Mixteco, el Hñähñü, el Totonaca, el Mazateco, el Purépecha, el Mixe, el Chinanteco, el Mazahua, el Me’phaa, el Téenek, el Rarámuri, el Chontal, el Amuzgo, el Ópata, el Solteco, el Chatino, el Papabuco, el Triqui, el Cora, el Cuicateco, el Mame, el Huave, el Tepehuano, el Matlatzinca, el Chichimeca, el Guarijío, el Chuj, el Jacalteco, el Lacandón, el Comca’ac, el Wixárika, el Kanjobal, el Chontal, el Chocho, el Tacuate, el Ocuilteco, el Kekchí, el Ixcateco, el Motocintleco, el Quiché, el Kakchiquel, el Paipai, el Pápago, el Cochimí, el Ixil, el Kiliwa, el Aguacateco, el Mame, el Chol, el Tzotzil, el Zoque, el Tojolabal, el Tzeltal?
¿Dónde cabe todo eso?
¿Y cuándo obtuvieron su registro legal la dictadura del terror y su lógica perversa invadiendo todo y reajustando los criterios?
Tuve suerte, dice cualquier mujer u hombre asaltado en la calle, en su casa, en el trabajo, en el transporte, no me dispararon-acuchillaron.
Tuve suerte, dice la mujer golpeada y violada, no me secuestraron.
Tuve suerte, dice el infante sometido a la prostitución, no me quemaron vivo.
Tuve suerte, dice el gay, la lesbiana, el transexual, loa otroa con los huesos rotos y la piel lacerada, no me asesinaron.
Tuve suerte, dice el obrero, la empleada, el trabajador sometido a más horas de trabajo y menor salario, no me despidieron.
Tuve suerte, dice el líder social torturado, no me desaparecieron.
Tuve suerte, dice el joven estudiante asesinado y tirado en una calle, mi familia ya no tendrá que buscarme.
Tuve suerte, dice el pueblo originario despojado, no me exterminaron.
Y más:
¿Qué encuesta toma nota de la destrucción de la Tierra?
¿Por quién votan las aguas contaminadas, las especies animales acorraladas hasta la extinción, la tierra estéril, el aire sucio?
¿Dónde se deposita la boleta de un mundo agonizante?
Entonces tienen razón: “nuestros sueños no caben en sus urnas”.
Pero tampoco nuestras pesadillas.
Cada quien puede ser responsable de sus sueños. Falta pedirle cuentas a quien es el responsable de nuestras pesadillas. Falta lo que falta…
Resultado de imagen para CIG-CNI nuestros sueños no caben en sus urnas

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