domingo, 5 de noviembre de 2017

TLATELOLCO, 2 DE OCTUBRE 1968: PESE A LA MASACRE DECIDIMOS SEGUIR RESISTIENDO


El Movimiento de 1968 no terminó el 2 de octubre
NOTA EDITORIAL:
Debido a la suspensión del servicio de internet entre el 23 de septiembre y 22 de octubre de este año, quedó temporalmente interrumpida la publicación de esta serie de artículos con motivo del 49 aniversario del Movimiento Popular-Estudiantil de 1968. Aunque la conexión se ha restablecido aún está con fallas que seguiremos reportando al proveedor del servicio. Por  lo mismo no nos ha sido posible reanudar nuestras publicaciones al ritmo que lo veníamos haciendo.
En esto hay una combinación entre la ineficiencia del proveedor del servicio y el sabotaje por parte de la cyberpolicía. No dudamos en denunciarlo así pues vemos que simultáneamente otros medios libres están siendo hostigados. Tampoco es casual que el ataque cyberpolicíaco se haya dado precisamente el 23 de septiembre.
Eso no nos detendrá en el ejercicio de nuestro derecho a expresarnos libremente, a informar e informarnos. No nos van a callar.
Doroteo Arango
La Voz del Anáhuac
06 noviembre, 2017. 

Desde el 23 de septiembre, se impuso el estado de sitio: tanquetas y helicópteros del ejército, la policía y grupos paramilitares desplegaron un intenso patrullaje y brutal acoso en la ciudad y en algunos estados. Se desató una feroz persecución contra el CNH y las brigadas. Tomadas por el ejército las escuelas de Ciudad Universitaria, el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7, las brigadas estudiantiles se tuvieron que replegar hacia los barrios populares, pasando a formas de resistencia semiclandestinas. El CNH se reunía en Zacatenco.
El gobierno fingió voluntad de diálogo: nombró a dos funcionarios: Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez como voceros de Díaz Ordaz. Condicionaban la desocupación de las escuelas y la liberación de los presos a la suspensión de las movilizaciones para establecer el diálogo. El CNH exigía la desocupación de los planteles, la liberación de los presos y el cese de la represión como condiciones mínimas para dialogar con el gobierno.
El 27 de septiembre, bajo un intenso patrullaje policíaco-militar se realizó un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Ahí se anunció un mitin a realizarse el 2 de octubre en la misma plaza. Los habitantes de la unidad habitacional habían mostrado una gran solidaridad con el movimiento desde su inicio.
Ante la proximidad del inicio de los XIX Juegos Olímpicos la Ciudad Universitaria fue desocupada el 30 de septiembre, no así el Casco de Santo Tomás. Ante esto en el CNH se acordó que al concluir el mitin en Tlatelolco, anunciado para el 2 de octubre, se marcharía al Casco de Santo Tomás para exigir que también fuera desocupado por el ejército.
En la mañana del 2 de octubre se reunieron los voceros de Díaz Ordaz con una comisión del CNH en la Casa del Lago. “Están abiertas las puertas del diálogo”, anunció el gobierno en los medios de difusión. Pero el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 seguían bajo ocupación militar y se mantuvo el patrullaje en la ciudad, concentrado en torno a Tlatelolco. Esto hizo desistir al CNH de la intención de realizar la marcha al Casco. Así se anunció durante el mitin de la Plaza de las Tres Culturas. Se recomendó a los cerca de 10 mil asistentes disolverse de manera pacífica y ordenada, para evitar alguna provocación.
Como se tenía previsto, el mitin se inició a las 5 de la tarde. Como en ocasiones anteriores, el CNH instaló la tribuna del mitin en el tercer piso del edificio Chihuahua.
Hizo presencia un contingente de trabajadores ferrocarrileros, así también contingentes de otros gremios. Aunque la asistencia mayor era estudiantil, era notorio el apoyo popular. La feroz represión desatada durante septiembre no diluía el movimiento. Faltaban escasos 10 días para la inauguración de la Olimpiada.
Ya estábamos acostumbrados al constante sobrevuelo de helicópteros del ejército y la policía. Pero en esta ocasión era más rasante y a simple vista observamos que  los tripulantes venían fuertemente armados.
Así transcurrió pacíficamente el mitin, mostrando ánimo de continuar la lucha. Se tenía la esperanza de que ante la proximidad de los juegos olímpicos era posible llegar a una solución. Más aún cuando el gobierno recién había anunciado públicamente que “las puertas del diálogo están abiertas”. Pero no, las puertas que se abrieron fueron las del infierno.
A las 6:10 pm luces de bengala surcaron el cielo. El ejército avanzó y comenzó a entrar en la Plaza. Al mismo tiempo, el tercer piso del edificio Chihuahua fue tomado por gente vestida de civil, con corte militar, armados, con un guante blanco en la mano izquierda, ordenando a los integrantes del CNH y periodistas que se encontraban ahí tirarse al suelo. Y comenzaron a disparar contra la multitud. También desde otros pisos de ese y otros edificios circundantes de abrió fuego hacia la plaza, donde ya se encontraban los contingentes militares.
El ejército también abrió fuego. La versión oficial diría después que el ejército disparó en respuesta al fuego que se abrió por civiles armados parapetados en los edificios, supuestamente brigadas de seguridad estudiantiles. Mentira: era el Batallón Olimpia, integrantes del Estado Mayor Presidencial, cuerpo élite del ejército federal. Eran los del guante blanco. Su misión era detener a los integrantes del CNH y provocar la masacre.
Entre decenas, centenas de heridos o muertos la multitud buscaba desesperadamente ponerse a salvo. Unos buscaban refugio en los edificios, otros en las ruinas prehispánicas, algunos más en el templo de Santiago. Hubo quienes lograron salir del cerco y escapar por la colonia Guerrero o por Peralvillo. Logré cruzar corriendo la avenida Nonoalco (hoy Flores Magón) y salir por calles de la colonia Guerrero. En Santa María la Redonda, a una calle de Nonoalco se juntó un numeroso grupo de vecinos. A gritos algunos estudiantes que también habían logrado salir del cerco militar denunciaban:
-¡El ejército está masacrando a los estudiantes en la Plaza!
-¡Están matando a mujeres, hombres y niños!
El terror tenía paralizado a todos. Aunque no nos conociéramos, todos compartíamos en ese momento el terror y la rabia.
Alguien propuso:
-¡Hay que hacer algo!
-¿Pero qué podemos hacer?
-¡No tenemos armas!
-¡Aunque las tuviéramos! ¿Qué podríamos hacer?
-¡Vamos a quemar camiones!
-¡Sí! –secundó alguien la propuesta-, ¡Eso podría destensar en la Plaza!
Parecía razonable. Hasta como de estrategia guerrillera. Como una forma del “Crear dos, tres, muchos Vietnams” guevarista…
Sin pensarlo más dos o más grupos nos formamos de manera espontánea.
-¡Órale, nosotros nos vamos a la Guerrero! ¡Que otros vayan por Peralvillo!
En avenida Guerrero pasaban tranvías. En San Juan de Letrán trolebuses.
-¡Esos transportes son del gobierno, vamos a quemarlos!
Yo me fui con los que decidieron ir a la Guerrero. Paramos y prendimos fuego a varios tranvías, luego de denunciar lo que estaba pasando en la Plaza y pedirle a los pasajeros bajar. Algunos vecinos se nos unieron.
No faltó quien nos increpara: -¡Están locos!, pero nadie intentó impedirlo. Ni una patrulla, ni un policía, nadie.
No recuerdo cuántos tranvías y camiones de pasajeros paramos y logramos incendiar. Pero eso no parecía tener el efecto esperado. Al menos en la Guerrero. En Peralvillo y Santa María la Redonda sí hubo disparos y gases lacrimógenos para dispersar a las brigadas incendiarias, pero eso no detuvo ni distrajo la masacre.
No obstante, estábamos seguros era de que ni con eso iban a detener el movimiento. Al contrario. Al menos los que durante agosto y septiembre siempre estuvimos en todo tipo de acciones, desde las brigadas informativas hasta la autodefensa, es decir la base activa del movimiento, seguro seguiríamos luchando. No sabíamos si igual o de otro modo, pero sí sabíamos que no nos íbamos a rendir. Ya en Tlatelolco y en el Casco de Santo Tomás, cuando defendimos los planteles, habíamos experimentado esa sensación. Estábamos enfrentando a fuerzas muy superiores, mejor armadas y entrenadas, pero ya les habíamos perdido el miedo. 

Ya germinaba la idea de que era necesario armarse y pasar a otras formas de lucha. Ya habíamos ensayado la semiclandestinidad cuando comenzó el repliegue hacia los barrios porque nuestras escuelas estaban tomadas por el ejército. Nuestras brigadas seguían activas. Los tiempos que ocupamos para imprimir volantes en cuartos de azotea y trazar nuevas rutas de brigadeo las aprovechamos también como círculos de discusión y estudio. Ahí llegábamos a la conclusión de que lo que se necesita es una revolución. Pero la revolución necesita de la participación de los obreros y los campesinos. Los estudiantes solos no pueden hacer eso… Desde el inicio del movimiento lo intuíamos, por eso una de nuestras consignas era: ¡Únete pueblo!...
Por todo esto, cuando se discutía en las asambleas lo de la “tregua olímpica” y lo del “repliegue táctico”, lo veíamos como una traición. La “tregua olímpica” implicaba suspender todo activismo durante el tiempo que duraran los juegos olímpicos. El “repliegue táctico” era levantar la huelga para reagruparnos y reorganizar el movimiento. Pero, para nosotros eso no era más que una traición al movimiento, a nuestros  compañeros caídos.
Además en el CNH se acordaron tres condiciones mínimas para ir al diálogo con el gobierno. Estas eran: la libertad de todos los compañeros presos, el retiro de la policía y el ejército de todos los planteles y el cese de la represión. Pero nuestros compañeros seguían en la cárcel, el ejército se retiró del Casco de Santo Tomás el 30 de octubre, pero nunca salió de la Vocacional 7 y la represión continuaba. El “repliegue táctico” ya no consideraba ni esas tres condiciones mínimas ni la exigencia de que el diálogo debía ser púbico.
De hecho, desde que el 2 de octubre buena parte del CNH cayó presa, el CNH había quedado bajo el control de miembros de la Juventud y el Partido Comunista. Ya sabíamos que desde antes del movimiento el PCM estaba en pláticas con el gobierno para obtener registro legal como partido electoral. Ahora la negociación era que se le daría registro legal, se pondría en libertad a sus presos y en el siguiente proceso electoral le darían tres o cinco curules. Por esto, los peces eran los principales impulsores del llamado “repliegue táctico”.
Esto ocasionó que el Partido Comunista, la Juventud y la CNED quedaran ante las bases estudiantiles como la encarnación de la traición.
A decir verdad, no todos los peces estaban de acuerdo con la política traidora de su organización. Un grupo de presos políticos, hasta entonces militantes del PCM y de la JCM, renunciaron públicamente a seguir en esa militancia. Tiempo después, un buen número de jóvenes comunistas no sólo abandonaron esa militancia  sino que pasaron a engrosar las filas de la guerrilla urbana.
Pese a esa política de traición, la huelga resistió todo el mes de noviembre. Formalmente el CNH decidió el levantamiento de la huelga el 4 de diciembre. Pero en el IPN fue hasta el 18 de ese mes que se mantuvo la huelga, aunque el regreso a clases fue hasta enero de 1969 en muchas escuelas.
Por eso decimos que golpeado, diezmado, con centenares de muertos, desaparecidos, presos, perseguidos, el movimiento, pese a la brutal masacre del 2 de octubre, no terminó ahí: resistió, mantuvo la huelga durante todo octubre, noviembre y parte de diciembre. 1969, 1970 y 1971 fueron años difíciles de reorganización, de mantener vivo el movimiento. En 1971 salieron libres los compañeros del CNH que seguían presos. Para entonces el movimiento estudiantil había fortalecido el vínculo con luchas obreras, campesinas y populares y se movilizaba en torno a sus propias demandas: la democratización de los órganos de gobierno (autogobierno, cogobierno, consejos paritarios y por una educación popular, crítica y científica).
En este contexto es que el movimiento estudiantil se plantea la necesidad de volver a tomar las calles y programa una manifestación para el 10 de junio de 1971, en solidaridad con la Universidad de Nuevo León que se había ido a la huelga por la abrogación de una ley orgánica impuesta por el gobierno y los grupos empresariales. Aunque para el 10 de junio ya se había resuelto el conflicto de la universidad de Nuevo León, había también el compromiso de solidaridad con las luchas de los trabajadores de Ayotla Textil, de Chiclet’s Adams, de la tendencia democrática de los electricistas del STERM, de los ferrocarrileros que volvían a la lucha por democratizar su sindicato tras la reciente liberación de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, también con la lucha por el derecho a la vivienda desplegada por los campamentistas de Apatlaco y Héroes de Padierna.
Por todo esto se decidió realizar la manifestación que saldría del Casco de Santo Tomás el 10 de junio. Pero cuando los contingente caminaban a un costado de la Escuela Nacional de Maestros y se disponían a salir por San Cosme rumbo al Monumento a la Revolución, fue atacada por el grupo paramilitar Los Halcones en complicidad con el cuerpo de granaderos. Una nueva masacre ejecutada por gente civil armada y adiestrada por el ejército federal.
Desde 1968 había comenzado una guerra de exterminio contra la insurgencia armada. La masacre del 10 de junio confirmó que las vías civiles y pacíficas de lucha estaban cerradas. Ante esto, una basta oleada de activistas tomó la decisión de incorporarse al proceso revolucionario. Unos directamente a la lucha armada, otros por un camino más largo y difícil: el de la integración al pueblo y a sus luchas en el campo y la ciudad… 
Puedes leer las anteriores entregas de esta serie de artículos en los siguientes vínculos:

Primera:
1968: DE LA PROTESTA POR LA BRUTALIDAD POLICÍACA A LA LUCHA POR LAS LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

Segunda:
26 DE JULIO DE 1968: UNA CHISPA INCENDIA LA CIUDAD. INICIA UN GRAN MOVIMIENTO

Tercera:
29 DE JULIO DE 1968: HUELGA GENERAL EN EL POLITÉCNICO, CRECE EN TODO EL PAÍS

Cuarta:
IPN: 5 DE AGOSTO DE 1968, MARCHAMOS LIBRES, SIN DIRECTOR, SIN CHARROS

Quinta:
1968: NUESTRAS DEMANDAS CORRESPONDÍAN AL MOMENTO QUE VIVÍAMOS

Sexta:
MOVIMIENTO ESTUDIANTIL 1968: 13 DE AGOSTO, GRAN MANIFESTACIÓN TOMA EL ZÓCALO

Séptima:
MUNDO, 1968: VIENTOS DE LIBERAD SURCAN EL PLANETA DE ESTE A OESTE, DE NORTE A SUR

Octava
27 DE AGOSTO DE 1968: CLÍMAX DEL MOVIMIENTO POPULAR ESTUDIANTIL

Novena
1968: DEL AGOSTO REBELDE AL SEPTIEMBRE DEL ESTADO TERRORISTA

Décima:

TLATELOLCO, 2 DE OCTUBRE 1968: PESE A LA MASACRE DECIDIMOS SEGUIR RESISTIENDO

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