miércoles, 6 de diciembre de 2017

ARTÍCULOS ACERCA DE LA SIMBIOSIS: ESTADO-CAPITAL, NARCOTRÁFICO

EL ARGUMENTO “PROGRE” DE QUE EL LIBRE MERCADO ACABA CON LA VIOLENCIA
Javier Hernández Alpízar
Babel
Zapateando
Publicado el 05 / diciembre / 2017por Zapateando

Apoyar la legalización de las drogas es una consigna y demanda progre muy popular: el argumento es que una vez legalizadas, la violencia desaparecerá e incluso que disminuirá el consumo que alienta la prohibición: el análogo es la prohibición del alcohol en los Estados Unidos, la cual generó una guerra inútil y que todo eso acabó con la legalización del alcohol.
Los propugnadores de este argumento son liberales como Milton Friedman entre el público de habla inglesa o Antonio Escohotado y Fernando Savater entre el público de habla hispana.
El supuesto que sostiene el argumento es el liberalismo económico: Fernando Savater llega a decir que el comercio sustituye a la guerra,
El único problema es que el supuesto en que descansa es falso: el libre comercio no es como lo pintan. No hay ninguna mano invisible que alquímicamente trueque el egoísmo individualista en bien social, el egoísmo no se transforma en bien de todos, sino en capitalismo salvaje, neoliberalismo, despiadada estampida donde los poderosos aplastan a todos los demás.
El narcotráfico no es ilegal porque los mochos lo quieran así: el narcotráfico es un negocio capitalista químicamente puro (una dosis de puro capitalismo) y si es ilegal es porque así es mejor negocio. El alcohol y el tabaco son legales porque así son buenos negocios y son funcionales a la superexplotación. Además, el narcotráfico es apenas el lado filantrópico, el alcahuete de la pachequez ajena, porque la verdadera cara del capitalismo sin bozal del crimen organizado es su negocio con  los seres humanos como mercancías.
El argumento de que cada quien su vida y que se meta la sustancia que quiera no llega al fondo de la olla: el fondo de la olla es que el capitalismo no puede existir sin violencia. Por eso aunque Milton Friedman y Friedrich August Von Hayek decían que neoliberalismo y democracia iban de la mano, los primeros países en ponerlo en práctica no fueron democráticos  sino la dictadura de Augusto Pinochet y las demás dictaduras militares en el Cono Sur, antes que Margaret Tatcher y Ronald Reagan.
La violencia no es originada por la ilegalidad de un próspero negocio: la violencia se origina porque los prósperos negocios se basan no solamente en la explotación, que es ya una violencia estructural y sistémica, sino en el despojo, la represión (disciplinamiento de la mano de obra explotada) y el colonialismo racista, patriarcal.
Por esa razón el libre comercio no sustituye a la violencia y la guerra sino que la acompaña, la sigue o la precede, son dos instrumentos del mismo proceso de colonización y dominio capitalista. Las estrategias de campañas mercantiles y publicitarias están inspiradas en los manuales de campañas militares y usan su lenguaje.
No es casual que cuando Carlos Salinas de Gortari gobernaba llegara a México un embajador de los Estados Unidos que venía de operar en Medio Oriente y Centroamérica la guerra: John Dimitri Negroponte. Para México, la guerra comenzaba con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El libre comercio es la continuación de la guerra por otros medios y viceversa: la guerra es una prolongación y arma del libre comercio. La consecuencia del libre comercio fue la total subordinación de México a Estados Unidos, ahora incluso militar, como se proponen desde la Iniciativa Mérida o hoy con la Ley de Seguridad Interna.
Más de dos décadas después, México ha firmado 43 tratados de libre comercio con diversas naciones del mundo y el libre comercio no ha traído a México ninguna prosperidad sino mayor pobreza, destrucción del campo, destrucción de una incipiente economía propia y una acrecentada dependencia: sin las importaciones de casi todo lo que consumismos no podríamos comer y nuestro papel en la división internacional del trabajo es la mano de obra más barata del mundo, o casi. Y no sólo en México, sino migrante en Estados Unidos bajo riesgo propio.
Pero lo que más trajo al México el libre comercio fue la violencia, la guerra contra todo el México de abajo, contra toda resistencia, sobre todo si es defensa territorial.
En México hubo, durante tres años y casi sin cobertura de la prensa, un capítulo del Tribunal Permanente de los Pueblos que juzgó al Estado mexicano por la violencia brutal de los sexenios de Calderón y Peña Nieto y el tema central era el libre comercio como generador de esa guerra sucia contra el pueblo mexicano. Antes habían hecho el mismo proceso en Colombia, allá el tema del Tribunal Permanente de los Pueblos no fue el narcotráfico sino el libre comercio, de hecho el capítulo México se inspiró en la experiencia colombiana.
Muchos negocios perfectamente legales como eólicas, presas y represas, minas, fracking, son sumamente violentos: ¿los legalizamos para quitarles lo violentos? No podemos, porque ya son legales, comparados con las empresas mineras canadienses, estadunidenses o mexicanas, los narcotraficantes son meros aprendices y criminales naif.
Y esto no es nuevo, fueron violentísimos y criminales: la industria de la lana en el nacimiento y acumulación originaria en el Reino Unido, así como fueron violentos los sistemas esclavistas coloniales para producir algodón, henequén, café, tabaco y caña de azúcar, como son violentísimos los procesos extractivistas de todo tipo de metales incluso hoy.
El capitalismo y el libre comercio generan la violencia, no la sustituyen ni acaban con ella: son su causa, su origen y su alimento, porque esa violencia es una de las fuentes de la riqueza capitalista.
La ilusión de que la legalización de las drogas es el fin de la violencia nace del deseo de que la violencia acabe (un deseo legítimo y de consenso, o al menos mayoritario), sumado a la sencillez de los argumentos liberales, simpleza reforzada por la hegemonía del pensamiento neoliberal, compartido por todos los partidos políticos con registro, aunque tengan pequeñas diferencias en detalles sin importancia, en este aspecto, son todos liberales.
La ilusión de que la paz es posible de alcanzar con solo un decreto y el voluntarismo de un presidente progre nace de otra ilusión: la de que el capitalismo no necesita cambiarse, que basta con limar sus asperezas. Esa ilusión hace creer que se puede contrarrestar a Donald Trump recibiendo a más mineras canadienses (peor de criminales que el narco) o que el solo hecho de legalizar las drogas y amnistiar a los capos traerá la paz.
Esa clase de ilusiones nacen todas del mismo modo de pensar: ¿cómo podemos mejorar a México dejando intacto el capitalismo? Entonces se suponen demonios exorcizables sin los cuales el capitalismo sería pacífico y próspero: acabar con la corrupción (por una especie de conversión lograda por el buen ejemplo de  un presidente), neutralizar a la “mafia del poder” (es decir, a los compadres que no sean compadres y asesores del candidato honesto) o amnistiar a los capos.
El problema es que la raíz de la violencia es el capitalismo: la violencia es su íntima y más propia dinámica. Es como querer exorcizar la lucha de clases y pensar en un mundo neoliberal con ciertos apoyos para la tercera edad y santa paz.
El fondo del asunto es tan simplificador, tan falaz, que por un lado sorprende que sea apoyado por intelectuales presuntamente de izquierda. Sin embargo, no sorprende que lo apoyen gente de derechas como Alfonso Romo y Esteban Moctezuma: es justo su ideología favorita, como la del ex presidente colombiano Álvaro Uribe.
Tampoco sorprende que tenga éxito en las encuestas: su mayor apoyo es la total impresentabilidad electoral de la derecha. Es sintomático que el PRI necesite a un no priista para tratar de aparecer como nuevo.
Por supuesto, digamos claramente que analizar los huecos, la vacuidad, de la propuesta de Morena no implica apoyar a los candidatos de la derecha, incluso parte de la oquedad señalada en este caso es heredada o tomada de las propuestas de la derecha.
Por cierto, algunos acuciosos lectores de periódicos ya notaron que algunas de las propuestas hoy asumidas por el candidato de Morena, las presentó Fox en su momento: También Vicente Fox abogó por la legalización de las drogas. El argumento liberal friedmaniano lo puede entender perfectamente porque casa justo con su ideología, la misma que tiene Alfonso Romo quien, casualmente, apoyó a Fox, y antes lavó dinero de Pinochet.
Incluso con las mejores intenciones, el planteamiento se cae cuando salimos del estrecho marco neoliberal y lo apreciamos en el marco del capitalismo. 
La otra historia del narcotráfico
Rebelión
Colectivo la Digna Voz
Publicado por Arsinoé Orihuela Ochoa
Fuente: 
01 de diciembre de 2017
A propósito de un artículo publicado en la edición nacional de La Jornada (“La verdadera historia del narcotráfico”: 
(http://bit.ly/2k9eZvc), cuyo empeño es a todas luces meritorio justamente porque da cuenta de una intencionalidad por resignificar una historia que en México tiene una actualidad determinante y atroz, juzgué oportuno adherir esa iniciativa de reinterpretación histórica e historiográfica, aportando algunas reflexiones e hipótesis sobre el tema. 
Para la reconstrucción de una otra historia del narcotráfico en México, la primera condición es distinguir entre “drogas” y “narcotráfico”. “Droga” es una sustancia psicoactiva utilizada con fines terapéuticos o lúdicos, legal o ilegal. Y “narcotráfico”, en su acepción más básica o general, es un campo de prácticas ilegales que involucra a una multiplicidad de actores institucionales y/o criminales, y cuyo corazón no es la droga (aún cuando tiene una relación tangencial), sino la gobernabilidad (interacción entre el Estado y actores no estatales; construcción del orden social) y los mercados (arena en la que discurren las transacciones de procesos-bienes-servicios y la apropiación de plusvalías). Ergo, la causa decisiva de la situación delincuencial (narcotráfico) es la situación económico-política. La historia que recoge la bibliografía especializada es la historia de la droga, no la del narcotráfico. 
Porque aun cuando aquellos trabajos históricos documenten la emergencia de organizaciones criminales dedicadas al negocio de la droga, el problema radica en que a menudo presentan a la propia droga o a los “barones de la droga” (capos) como el factor determinante del narcotráfico. La omisión o inadecuada jerarquización de la “multiplicidad de actores” que intervienen en el narcotráfico se tradujo en una fetichización de este objeto de análisis, en la que los actores de reparto (capos de la droga) reciben tratamiento de protagonistas (frecuentemente homenajeados sin ningún rubor). Hasta un análisis epidérmico permite advertir que no existe un sólo capítulo de esa historia que no esté atravesado determinantemente por la acción del Estado, y que, en la actualidad, es difícil identificar una sola institución de Estado que no esté operativamente articulada al narcotráfico. En este sentido, es posible señalar que en el México posrevolucionario y hasta nuestra época, la tendencia prevaleciente ha sido el engarce de instancias institucionales con el narcotráfico.
Por la presencia crucial de los actores institucionales en la maquinación delincuencial de los cárteles de la droga, y por la persistencia de ilegalismos tan estrechamente acoplados a la institucionalidad, una otra historia del narcotráfico debe situar en el centro del análisis a los actores institucionales que habitan en las estructuras formales, y no a los irrelevantes capo di tutti capi que no son más que empleados de los centros de autoridad y poder institucionalizados. 
La mayoría de los trabajos históricos coinciden en señalar que un aspecto toral en la proliferación del narcotráfico en México es la relación de los actores criminales con “algunas fracciones de la clase política”. Pero tal premisa, si bien es imposible refutar, es insuficiente y engañosa. Que existen figuras políticas envueltas en el narcotráfico es una obviedad (por cierto, ampliamente documentada). La pregunta que debe responder un trabajo histórico genuino no es solamente qué actores o factores intervienen, sino también, y acaso fundamentalmente, cómo intervienen esos actores o factores. Porque la clave radica en jerarquizar la evidencia y la información, y descubrir el proceso real del narcotráfico, y no sólo identificar a “ciertos políticos corruptos”. Esa descripción que hacen no pocos autores acerca de la relación -casi accidental, según esos relatos- entre “algunos” políticos y los jefes de la droga es la pura envoltura mística. Hasta ahora nadie escribió una historia del narcotráfico. 
La verdadera historia del narcotráfico
Alejandro Roel Calvillo
La Jornada
20 de octubre de 2017
El narcotráfico ha sido por años en Estados Unidos (EU) un sistema de control de la delincuencia común, (entendiéndose ésta por asaltos a mano armada, violaciones, secuestros, robos, etcétera).
Esto porque en un país tan heterogéneo como EU, que cuenta con una sociedad muy fragmentada y dispar en todos los aspectos, incluyendo raciales, culturales y económicos, no le es posible controlar su delincuencia común mediante los métodos tradicionales y/o jurídicos.
Otros países como los escandinavos o Suiza son capaces de instrumentar leyes que les permite tener un control sobre la delincuencia común, dado que su ciudadanía es mucho más homogénea en todos los sentidos.
Los grandes imperios que en su mayoría han sido totalitarios y militarizados no han requerido de estas estrategias por su propia naturaleza, otros, como Roma, han acudido a estrategias como la que implementó Estados Unidos, que básicamente consiste en administrar a la delincuencia organizada concediéndole territorios y otorgándole cierta exclusividad en los negocios ilegales más lucrativos y menos nocivos para la sociedad, a fin de darles poder, a cambio de que esas mafias controlen o eliminen a la delincuencia común, que no puede ser atacada de manera eficiente por los cauces democráticos y jurídicos en una sociedad fragmentada y heterogénea.
En el siglo pasado -1971-, el gobierno estadunidense creó la DEA (Drug Enforcement Administration o Administración para el Control de las Drogas), a fin de centralizar el control de la recepción, dispersión y suministro de drogas dentro de su territorio, obviamente la versión oficial es la de erradicar el consumo y distribución de las drogas. Sin embargo, desde la creación de la DEA no ha bajado ni el consumo ni la distribución de drogas en EU, por el contrario, ha aumentado de manera exponencial.
Es increíble que todavía no nos demos cuenta de que la única forma en la que los narcotraficantes envían de Estados Unidos cientos de millones de dólares en efectivo todos los meses a narcotraficantes extranjeros, es con el beneplácito de su mismo gobierno. Es imposible que en EU se pueda retirar del banco 5 o 10 millones de dólares en efectivo en denominaciones de 20, 50 o 100 dólares todas las semanas sin una gran justificación, cuando en ese país la mayor parte de los pagos se hace de forma electrónica y casi no se usa el efectivo.
Estados Unidos desde siempre ha sostenido una política de dominación hacia México, esto es comprobable estudiando los tratados firmados por los que nos han quitado gran parte de nuestro territorio, han interferido desde el siglo XIX en todas la grandes decisiones del país y han atrasado sistemáticamente nuestro desarrollo; ahí están los tratados de Bucareli, el McLane-Ocampo, el de Guadalupe-Hidalgo, la expropiación petrolera, etcétera.
Han logrado imponer su voluntad en contra de los intereses mexicanos de forma bélica, fomentando la desestabilización, vendiendo carísimo el reconocimiento de nuestros gobernantes también mediante presiones económicas.
La estrategia más moderna y eficaz que les ha funcionado en toda Latinoamérica para imponer su voluntad, es la de promover gobiernos corruptos controlables al tener una legitimación endeble derivada de su esencia corrupta, gobiernos con los que Estados Unidos puede acordar en contra de los intereses de sus propios pueblos.
Es incuestionable que el gobierno de EU ha suministrado armas a los narcotraficantes mexicanos para evitar que México controle a dichas mafias, lo que vulneraría su control del suministro de drogas en su territorio, también ha alentado la lucha entre los cárteles mexicanos como lo hizo en Colombia para evitar que el narcotráfico asuma tal poder que le compita a la DEA en su control absoluto de la recepción y distribución de la drogas en el territorio estadunidense.
Como ha pasado en varios capítulos de la historia, Estados Unidos, con una visión estrecha, alienta a un grupo o una nación abasteciéndole de armas con un fin inmediato, posteriormente dicho grupo o nación se les torna en contra y les genera un problema más grave, existen muchos ejemplos en Medio Oriente.
México está viviendo una de las etapas más violentas de nuestra historia incentivada por el fenómeno del narcotráfico y la política estadunidense con respecto al mismo.
A Estados Unidos no le importa ni le importó el deterioro social y la violencia que provocó en México al suministrar armas a los narcotraficantes mexicanos, pero ahora le está afectando de forma directa y muy grave, dado que ahora son más violentos, más sofisticados y más poderosos, están permeando la frontera y apoderándose de la distribución de enervantes que controlaba en su totalidad la DEA en territorio estadunidense.
Todo el problema migratorio actual al que se refiere Trump y el apoyo de sus seguidores en contra de México y los mexicanos está vinculado con este problema.
Con la violencia e inseguridad que impera en México, los estadunidenses fueron beneficiados en un principio al atraer a muchos mexicanos acaudalados a cambiar su domicilio así como gran parte de su capital a Estados Unidos. Sin embargo, también llegaron connacionales maleados a raíz del ambiente violento que impera en nuestro país y fue ahí donde ya no le gustaron a Washington las consecuencias de sus estrategias, ahora quiere construir un muro para evitar la entrada de las mafias mexicanas, cuando ellos mismos las apoyaron y sofisticaron.
El presidente Trump habla de ley y orden entendiéndola como la política que busca establecer un orden al crimen mediante una política más policíaca y restrictiva, deportando migrantes, haciendo el muro; esto únicamente habla de la desesperación por controlar un fenómeno delictivo que se está propagando en su país.
Aún cuando en alguna parte de la Constitución estadunidense claramente se debe establecer en letras pequeñas la vocación de ese país por dañar a su país vecino, nuestro México, en esta ocasión esperemos que aprenda de otras políticas como la de Alemania con países como España, al que subsidió enormemente para que se desarrollara, y entienda que la verdadera forma de combatir el crimen y evitar los fenómenos como el migratorio o el criminal es apoyando a su nación vecina a tener un desarrollo sostenido, con el que evitaría enormemente dichos fenómenos sociales.

No hay comentarios.: