jueves, 4 de enero de 2018

El paramilitarismo que ataca a los actuales desplazados podría cometer otro crimen como el de Acteal

Como en enero de 2006: ni un voto al PRI
Javier Hernández Alpízar
Babel
Publicado el 7 / diciembre / 2017por zapateando
Blanche Petrich ha publicado una nota sobre los desplazados en Chiapas por grupos paramilitares del PRI y el PVEM. Su nota me hizo recordar algunas cosas del pasado reciente.
La fuente de sus noticias en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, que ha defendido a víctimas de la guerra sucia como las bases del EZLN o las Abejas de Acteal.
El paramilitarismo nació como estrategia contrainsurgente contra el EZLN y sus bases y simpatizantes. La doctrina de “quitar el agua al pez” es una forma de guerra sucia que el gobierno y los militares de Washington enseñan a los gobiernos de América Latina para combatir a rebeldes y a sus reales o posibles y aun potenciales aliados.
Los impulsores de esta estrategia inicialmente fueron Ernesto Zedillo y su gabinete de seguridad y gobernación: eso incluye a Esteban Moctezuma Barragán, secretario de gobernación que sirvió de señuelo en una trampa, la llamada traición de febrero con la que Zedillo intentó capturar o asesinar a la dirigencia del EZLN. Moctezuma renunció tras el fracaso de esa operación contrainsurgente pero regresó como secretario de desarrollo social, otra oficina de contrainsurgencia.
Con Zedillo inició el proceso de militarización del país que hoy quieren legalizar con la “ley de seguridad interna”.
La contrainsurgencia no solamente usa la fuerza militar y paramilitar sino el reparto de dinero en migajas, algunos de los operadores de esto han sido Moctezuma Barragán, Dante Delgado Rannauro, Luis H. Álvarez y Rosario Robles. Lo llaman “desarrollo social” pero no desarrollan nada. La periodista Laura Castellanos ha documentado cómo el índice de suicidios es más alto entre indígenas beneficiados por las dádivas del gobierno que entre los zapatistas que no reciben esas limosnas.
La UNAM ha publicado una investigación según la cual la Coca-Cola es más consumida que en cualquier lugar del mundo en San Juan Chamula, indígenas no zapatistas, incluso priístas, y en esa zona hay una alta incidencia de diabetes.
Algunos partidos que han tenido paramilitares en diversos momentos en Chiapas son: el PRI, el PVEM, el PRD, el PFCRN, e incluso las redes de AMLO en 2006. También los han tenido organizaciones cooptadas como la CIOAC, asesinos del votán Galeano, entre otros.
La contrainsurgencia y el paramilitarismo no han cesado nunca en Chiapas, ni siquiera bajo los dos gobiernos “de la esperanza” el de Salazar Mendiguchía del PAN- PRD y el del candidato de AMLO, Juan Sabines Guerrero, por la alianza “por el bien de todos” de PRD-PT y Convergencia por la Democracia (hoy Movimiento Ciudadano, partido de Dante Delgado), durante su gobierno asesinaron al activista contra la minería Mariano Abarca y hubo masacres contra indígenas en Viejo Velasco y en Chinkultic. Elena Poniatowska recibió una distinción del senado chiapaneco en ese sexenio, y Juan Sabines le financió una película a Luis Mandoki.
Luego de dos desastrosos y represivos gobiernos de la “izquierda” que cobijaron a caciques priistas y paramilitares, regresó el PRI en alianza con el PVEM.
Los paramilitares detenidos por la masacre de Acteal fueron liberados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación con apoyo de abogados evangélicos, intelectuales del CIDE y Héctor Aguilar Camín, del grupo Nexos.
El paramilitarismo que nació para atacar al EZLN sus bases y simpatizantes ha atacado también a indígenas de otras organizaciones como el FNLS.
Los zapatistas han resistido al paramilitarismo y han mejorado sus condiciones de vida con sus municipios autónomos, sus Caracoles y Juntas de Buen Gobierno, así como sus servicios autónomos de salud, educación, comunicación y cooperativas. Han apoyado a indígenas no zapatistas y han logrado arrancar a muchos de ellos de manos de la contrainsurgencia y sumarlos a la actual lucha del CNI–CIG.
Entre otras estrategias de resistencia los zapatistas han desterrado de sus comunidades el alcohol y las drogas, todo el proceso: consumo, distribución, producción. El narco en Chiapas opera en territorio priísta.
Alguna vez los zapatistas sacaron un comunicado pidiendo apoyo para los familiares de Digna Ochoa (ella defendió a zapatistas presos como Elisa) y al estudiante Pavel Noel. En esa ocasión dijeron que normalmente no hacen comunicados por víctimas de otras organizaciones, pero en ese caso se los pidieron los familiares. Ambas víctimas fueron asesinadas en la Ciudad de México, y en ambos casos, el procurador de justicia del gobierno de AMLO, Bernardo Bátiz, encubrió y dejó impunes a los asesinos y dio carpetazo a los casos con la explicación falsa de “suicidio”. El caso de Digna está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La responsabilidad por los actuales desplazados, un caso desgarrador, es del actual gobierno del PRI y el PVEM y de los anteriores gobiernos del PRI, del PAN-PRD y PRD-PT- Convergencia, así como de operadores de la contra como Moctezuma Barragán, Delgado Rannauro, Luis H. Álvarez y Rosario Robles.
Los zapatistas han denunciado el paramilitarismo de todos los partidos involucrados. En 2006, en un mitin en territorio de Xi Nich (la Hormiga), el delegado Zero dijo: “Ni un voto al PRI” y su argumento fue que el PRI ha asesinado a muchos indígenas. Hermann Bellinghausen escribió puntual su nota sobre ello. La Jornada la publicó en interiores y no la destacó porque no le pareció importante que en enero de 2006 el EZLN dijera “Ni un voto al PRI” y que acusara al PRI de asesino de indígenas.
El hijo de uno de los gobernadores priistas contrainsurgentes en Chiapas, Eduardo Robledo Rincón, el ex priista y actualmente senador y militante de Morena Zoé Robledo, es apenas uno de los varios políticos chiapanecos impresentables que se han sumado a las filas del lópezobradorismo: herencia del PRD en Chiapas, que en su momento dio chamba a muchos paramilitares y operadores del caciquismo priista. En 2007, un año después de que AMLO llevara al triunfo a Juan Sabines, Luis Hernández Navarro resumió parte del caso en “Chiapas: el partido de los paramilitares”.[1]
El Frayba, organización defensora de los derechos humanos, ha dicho que el paramilitarismo que ataca a los actuales desplazados podría cometer otro crimen de lesa humanidad como el de Acteal, o al menos eso han entendido y publicado los medios de prensa que están publicando al respecto.
Si alguien está sinceramente interesado en ayudar de alguna manera a los indígenas desplazados en Chiapas puede hacerlo apoyando al Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
Si quiere hacer algo político al respecto, retome la consigna zapatista de enero de 2006: “Ni un voto al PRI”, partido asesino de indígenas, aunque ahora postule a un Juanito supuestamente no priísta apellidado Meade.
La información usada en este artículo pude ser verificada con paciencia en hemerografías on line y algunas en impresos, viejos ejemplares de La Jornada, por ejemplo.

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