sábado, 3 de febrero de 2018

La ACNR y el Partido de los Pobres. La lucha armada en Guerrero (1967-1974)

LO QUE EMPEZÓ CON GENARO VÁZQUEZ, MURIÓ CON LUCIO CABAÑAS
Las discrepancias de sus militantes acabaron con la lucha armada en Guerrero
Enrique Maza (Proceso)
06 julio, 1985
“Dicen que nos van a matar. Pero si matan a uno de nosotros, lo que vamos a hacer es irnos a la sierra. Y no les vamos a jugar otra vez pacíficamente. Que maten uno, aunque sea. O que nos dejen herido aunque sea uno, y vamos a acabar con todos los ricos. Los ricos ya nos echaron a la policía del estado y de seguridad. Ellos también están temblando, porque les ha llegado su hora”. Dijo Lucio Cabañas el 18 de mayo de 1967.
Y la mañana del 18 de mayo, en la población de Atoyac, estado de Guerrero, la policía judicial y al parecer algunos caciques, abrieron fuego contra un mitin en la plaza principal. El blanco, no alcanzado entonces, era el propio Lucio Cabañas. Muertos: cinco manifestantes y dos policías. Sólo la intervención del ejército evitó un saldo mayor
Lucio Cabañas y unos cuantos más cumplieron su promesa. Al día siguiente de la matanza ganaron el monte.
El historiador Marco Berlingeri, investigador del departamento de Historia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en los años 1979 a 1982 elaboró un libro -de próxima publicación- sobre los movimientos guerrilleros en México: Rubén Jaramillo, las guerrillas rurales del norte, Genaro Vázquez, la Liga 23 de Septiembre, Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres -que supuestamente secuestró al dirigente del PSUM y candidato a diputado Arnoldo Martínez Verdugo-. Lo que sigue es una selección y una síntesis de ese libro, en total respeto a sus datos, a sus enfoques, a sus análisis y a sus ideas.
Hacia 1950, el estado de Guerrero era una entidad atrasada, por su porcentaje de habitantes rurales, por su analfabetismo, por su índice de mortalidad, por sus bajos salarios, por sus formas de dominación económica y política, por la virtual inexistencia de un estado de legalidad, por el predominio de la violencia como forma de ejercer el poder caciquil y por el surgimiento de particulares formas de resistencia.
Se daban las formas tradicionales de explotación: acaparamiento de tierras, despojo de parcelas, usura, especulación y muchas otras- Los conflictos -siempre violentos- con los campesinos, eran constantes. En 1958 gobernaba Raúl Caballero Aburto
Y, en 1958, un grupo de guerrerenses, algunos maestros y residentes en la ciudad de México, se reunió para discutir la posibilidad de un cambio político en el estado. El grupo quedó constituido en la ciudad de México entre mayo y junio de 1960. Se llamó Comité Cívico Guerrerense. Se le conocería como el grupo de los “cívicos”. Su miembro más destacado era Genaro Vázquez Rojas.
El objetivo principal de los “cívicos”, al menos desde mediados de 1960, era provocar la caída del gobernador a través de la presión popular y del mecanismo legal de la desaparición de los poderes locales. Su método era plantear demandas legales sin salirse del funcionamiento de la política oficial, pero promoviendo y organizando movilizaciones de masas. La lucha era larga y no conducía a nada concreto. Decidieron otra forma, que los haría famosos: la huelga cívica popular. La desobediencia civil se generalizó, impulsada por el motivo final de tirar al gobernador y por los conflictos locales diversos. Nadie acataba órdenes, nadie pagaba impuestos. Caballero Aburto se veía obligado a recorrer el estado con sus funcionarios fieles, en busca de seguridad. El gobierno había dejado de operar. El ejército había sido llamado y controlaba las movilizaciones populares.
El 30 de diciembre de 1960, en Chilpancingo, un militar disparó contra un hombre que formaba parte de un plantón de opositores. Sonaron las campanas de los cuatro barrios y la población empezó a marchar, desarmada, contra las tropas, convertidas de pronto en el nuevo símbolo de la opresión y de la violencia. La tropa abre fuego, Matanza de Chilpancingo: 18 muertos, decenas de heridos, muchos presos.
Genaro Vázquez arenga a los campesinos y los invita a levantarse en armas si los poderes federales no disuelven los poderes de Guerrero. El Senado de la República no declaró la desaparición de poderes en el estado sino hasta los primeros días de 1962. Tomó posesión, como gobernador interino, Arturo Martínez Adame. La población se volcó en las calles, liberó a los detenidos y asaltó los ayuntamientos fieles a Caballero Aburto. Nuevos alcaldes populares toman posesión. Por todas partes, en asambleas y mítines, se eligen miembros de los ayuntamientos populares. El nuevo gobernador se encuentra con un poder paralelo que lo limita y lo sobrepasa. El prestigio de Genaro Vázquez aumenta. Oficiosamente controla unos 13 ayuntamientos.
Pero, una vez conseguida la caída de Caballero Aburto, empiezan las divisiones, las luchas por el poder y la búsqueda de posiciones de fuerza en el nuevo gobierno. Se desintegra la coalición de fuerzas populares y los “cívicos” vuelven a la oposición. Los ayuntamientos populares fueron cayendo, uno a uno, bajo el control oficial. La corrupción y las pugnas internas, la división de la izquierda y los rompimientos entre las diversas organizaciones contribuyeron al restablecimiento del antiguo orden institucional.
Genaro Vázquez decide refundar el movimiento sobre las bases locales que quedaban, para reconquistar los ayuntamientos perdidos. En febrero de 1962 se reestructuran los “cívicos”. Ahora se llaman Asociación Cívica guerrerense (ACG).
El nuevo candidato priísta a la gubernatura para las elecciones de diciembre de 1962 fue Raimundo Abarca Alarcón. Los “cívicos” proclamaron mayoría en las elecciones. No les fue reconocido ningún triunfo. Respondieron con nuevas movilizaciones y huelgas cívicas, sobre todo en Iguala, donde fueron reprimidos: siete muertos, 23 heridos, 280 presos. Se declaraba así la ilegalidad de los cívicos. En los meses siguientes se desató la represión en todo el estado. Genaro Vázquez tuvo que refugiarse fuera del estado, porque había orden de aprehensión en su contra.
En mayo de 1965 se legaliza la represión en Guerrero con un decreto que prácticamente suspende las garantías constitucionales. El 9 de noviembre de 1966, Genaro Vázquez es detenido en México. El 18 de mayo de 1967, la matanza de Atoyac Lucio Cabañas se va a la sierra. En junio, represión violenta de una marcha en Chilpancingo. En agosto, la matanza de Acapulco. Los “cívicos” emprendían las últimas etapas de su transformación en grupo clandestino y armado, que Genaro dirigía desde la cárcel. En abril de 1968 se formó el comando encargado de la liberación de Genaro Vázquez. Lo liberaron el día 22 y se fueron a la sierra. Los alcanzó el ejército y tuvieron su primer combate con la tropa. Cayeron dos y dos fueron heridos. Los demás se dispersaron para reunirse más tarde en un lugar preestablecido, llamado El Triángulo.
La unidad del mando político y militar quedó en manos de Genaro, desde la sierra. Se crearon los Comités de Lucha Clandestinos y los Comités Armados de Liberación, y se decidieron las nuevas formas de organización.
Se determinaron los objetivos:
1-                     Derrocamiento de la oligarquía de grandes capitales y terratenientes
2-                     Establecimiento de un gobierno de coalición popular
3-                     Independencia económica y política del país
4-                     Instauración de un nuevo orden social en beneficio de las mayorías
El nuevo nombre de la organización sería Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR)
Una columna de 20 hombres se dirigió al Arrayán, región controlada por plantadores de mariguana y amapola La relación con los cultivadores clandestinos de droga fue fácil, por lo menos al principio, y el contacto les fue útil para el aprendizaje de rutas y caminos en la sierra.
Otro grupo armado se dirigió a la sierra de Atoyac, para establecer contacto con Lucio Cabañas y buscar un acuerdo de unidad de acción. El intento fracasó.
Mientras el grupo guerrillero encontraba serias dificultades en su relación con los campesinos y sus formas de poder local, en la ciudad de México el movimiento estudiantil de 1968 era duramente reprimido. Se discutió el asunto en la sierra Unos querían acción inmediata. Genaro pensaba que el momento de la acción no había llegado. Pero la falta de acción y la falta de integración con los campesinos provocó la crisis. Las divisiones y reorganizaciones empezaron en 1969. Se trasladaron a la Costa Chica de Guerrero. Las crisis siguieron hasta julio de 1969. Se decidió emprender alguna acción de carácter limitado y local, para legitimar la presencia de la guerrilla y foguear al grupo Hacia finales de 1969, fracasaron el secuestro de un usurero local y el ajusticiamiento de un cacique.
En los primeros meses de 1970, los soldados se desplegaron en la Costa Chica y el grupo tuvo que salir de la región Genaro regresó a la Costa Grande Hacia 1970, la situación de la ACNR era bastante crítica. Para salir de la crisis, decidieron una serie de acciones ejemplares. El 29 de diciembre se efectúa el primer secuestro formal, para conseguir publicidad y fondos. La víctima fue Donaciano Luna Radilla, representante general regional del Banco del Sur y miembro del grupo de familias enriquecidas de la propia región. El rescate, de un millón y medio de pesos, fue entregado el 5 de enero de 1971 y el secuestrado fue puesto en libertad. El 11 de abril fue secuestrado Agustín Bautista, hijo de un cacique. La ACNR había finalmente, entrado en acción.
La matanza del 10 de junio, en México, confirmó la justificación de su lucha. El 27 de septiembre de 1971, un pequeño y reciente grupo guerrillero urbano secuestró a Julio Hirschfeld Almada, director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), y consiguió un rescate de tres millones. El 20 de noviembre, el grupo de Genaro secuestra al rector de la Universidad de Guerrero, Jaime Castrejón Díez, y pidió a cambio de su vida la liberación de nueve presos políticos, entre los cuales destacaba Mario Renato Menéndez, director de la revista Por Qué?, y dos y medio millones de pesos. El 27 de noviembre se entregó la suma del rescate, a través del obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, y, al día siguiente, un avión militar trasladó a los presos canjeados a La Habana. Castrejón Díez fue liberado el 1º de diciembre. El ejército empezó a peinar la sierra.
En Acapulco, en enero de 1972, en coordinación con la guerrilla de Lucio Cabañas, un comando secuestró a Jaime Farril, director de la preparatoria 2. Farril fue liberado por el ejército el 23 de enero, a 20 kilómetros del puerto. En la acción fueron detenidos ocho miembros del grupo.
El período que va desde finales de 1971 hasta febrero de 1972 es el de mayor auge: publicidad, comunicados, artículos. Les respondía la escalada represiva. Genaro destacaba el papel de la guerrilla “como brazo armado del pueblo y único camino a seguir frente a la política represiva del gobierno”. En varios artículos de este mismo período intentó hacer la historia del movimiento y buscar su justificación política. Las guerrillas de Guerrero querían estructurar, alrededor de Genaro Vázquez, un movimiento más general que adoptara la línea de la lucha armada. De la autodefensa contra la ilegalidad con que actuaba el poder en Guerrero, se pasaba ahora a la propuesta de un método de lucha y organización fundado en la guerrilla.
La respuesta a Genaro vino de Heberto Castillo y de Víctor Rico Galán: La táctica guerrillera era terrorista y ajena a las masas. La guerrilla, con sus métodos aventureros, había desorganizado a las fuerzas revolucionarias y había provocado una represión indiscriminada. La manización de los “civicos” guerrerenses había sido víctima de los métodos equivocados de lucha. El sectarismo de los grupos guerrilleros, acorralado en un plan de lucha desligado de los intereses reales de los trabajadores, hacía ignorar la lucha por la democracia sindical.
La actividad de los grupos guerrilleros en este período de finales del 71 y principios del 72 sorprendió, en un primer momento, a los cuerpos de seguridad- Los asaltos a bancos -”expropiaciones”- se sucedían con frecuencia en diversas ciudades del país. Algunos espectaculares y sangrientos, como los de Monterrey -14 de enero- y Chihuahua -15 de enero-. La represión se desplegaba con mayor violencia.
La persecución aconsejó que Genaro se refugiara en Cuernavaca. Se efectuaban muchas detenciones en Jalisco, Guerrero, Nuevo León, Chihuahua y el Distrito Federal. Se cerraba el cerco sobre Genaro, que decidió volver a Guerrero, a una sierra que le brindaba mayor protección. Hizo un último viaje a la ciudad de México y luego emprendió el regreso por la sierra de Michoacán, ruta más segura. El chofer, Salvador López Bello, era inexperto. A la una y media de la mañana del 2 de febrero de 1972, a unos 12 kilómetros de Morelia, sobre la carretera de Mil Cumbres, el automóvil se estrelló contra el alero de un puente. Genaro se fracturó el cráneo y murió unos 20 minutos después de llegar al hospital de la Cruz Roja en Morelia. Dos mujeres que lo acompañaban, María Aguilar Martínez y Blanca Ledesma Gómez, lesionadas, fueron transportadas a la Cruz Roja por socorristas, detenidas por la policía y trasladadas al hospital Militar del DF.
López Bello fue capturado al día siguiente, herido, mientras intentaba parar un medio de transporte en la carretera. El último ocupante del auto, José Bracho Campos, lugarteniente de Genaro Vázquez, fue capturado el día 4, herido de cierta gravedad en el rostro, mientras intentaba ganar la sierra, se le trasladó a México y después a la penitenciaría de Chilpancingo. Un accidente cortó la labor de años. Genaro había nacido campesino y había cursado estudios de maestro en la ciudad de México. A pesar de los esfuerzos que se hicieron para reestructurarla, la ACNR se había agotado para la segunda mitad de 1972.
Y LUCIO SE FUE A LA SIERRA
Lucio Cabañas Barrientos nació el 15 de mayo de 1939, en El Porvenir, pueblo cafetalero de la sierra de Atoyac. Su abuelo paterno había sido zapatista. Estudió para maestro en la Normal de Ayotzinapa. Su aprendizaje político se inició en los días de los “cívicos”. Fue detenido en Atoyac el 11 de diciembre de 1960, en un mitin de los “cívicos”. Conoció las movilizaciones de masas y vivió la efímera victoria contra el gobernador Caballero Aburto. Conoció a Genaro Vázquez en ese entonces.
A partir de 1963, el distanciamiento entre los “cívicos” y el Partido Comunista era evidente. Lucio Cabañas decidió alejarse de los “cívicos”. Había sido encargado por el Partido Comunista de organizar la participación campesina de su región en la Confederación Campesina Independiente, de reciente fundación. En 1964, la CCI se escindió y Lucio apoyó a la fracción filocomunista. Era inevitable su ruptura con los “civicos”.
Se había recibido de maestro y era trasladado de escuela en escuela, porque se había convertido en un personaje incómodo para el grupo de caciques, acaparadores y comerciantes de la sierra de Atoyac. Hasta que vino la matanza de mayo de 1967. Y Lucio se fue a la sierra.
Allí lo alcanzaron algunos miembros del Partido Comunista, para tratar de convencerlo de que abandonara su proyecto de clandestinidad y guerrilla, porque no se daban las condiciones. Lucio decidió romper con el PC, pero sin fracturar del todo las relaciones.
Empezó a recorrer la sierra sistemáticamente, a visitar pueblos, a realizar asambleas en los montes y en las milpas, a hablar con unos en el camino, con otros en los cerros. Acción de propaganda y concientización. “Orientación revolucionaria de la gente”. Dos años de peregrinaje para construir una guerrilla campesina: la Brigada de Ajusticiamiento del futuro Partido de los Pobres.
En marzo del 69 se hicieron los primeros ajusticiamientos: dos caciques. En 70, el primer secuestro político, que les reportó 100,000 pesos. A mediados del 71 se integraron nuevos elementos, de origen urbano, exmilitantes de las juventudes comunistas, que posteriormente harían el proyecto de la Liga 23 de Septiembre. En junio de 1972, el secuestro de Cuauhtémoc García Galeana, hijo de un cacique de Atoyac. Y se decidió la primera acción armada contra el ejército.
El 25 de junio, en Arroyo de las Piñas, atacaron un convoy del ejército, hicieron diez bajas y detuvieron algunas armas. El 23 de agosto emboscaron a dos camiones militares. Resultaron 18 soldados muertos, entre ellos un oficial, y nueve heridos. Los sobrevivientes fueron hechos prisioneros temporalmente y el mismo Lucio les explicó el significado de la acción de la que habían sido víctimas y el papel represor del ejército: “Este es un ataque de los oprimidos”
Hacia finales de agosto de 1972 se fugaron de la cárcel de Chilpancingo Carmelo Cortés y Carlos Ceballos, militantes de extracción estudiantil, y se incorporaron al grupo de la sierra. Con ellos, otros cuadros provenientes del MAR, Movimiento de Acción Revolucionario. Se decidió efectuar dos asaltos para obtener recursos y ejecutar a dos delatores conocidos de la sierra.
En los últimos meses del 72, arreció la represión contra las comunidades de la sierra. El acoso militar alcanzó niveles trágicos. El Partido de los Pobres decidió reivindicar públicamente su responsabilidad en las acciones realizadas, para evitar la represión contra los pueblos.
La Brigada de Ajusticiamiento, al mando directo de Lucio, aplicaba su justicia según un código preestablecido y conocido en la sierra por todos. Las Comisiones de Lucha servían en los barrios para juntar alimentos, hacer compras, vigilar a los traidores, traer información, vigilar al ejército, conseguir periódicos. También participaban en la elaboración del programa de acciones de la guerrilla y como instrumento para redistribuir entre la población de los barrios algunos de los recursos que la guerrilla acopiaba.
Hacia la mitad de cada año, los miembros permanentes de la Brigada se reunían en una asamblea de especial importancia: La dirección renunciaba y se presentaba una planilla de cinco miembros para asumir la nueva dirección del Partido de los Pobres. Entre los cinco se escogía a dos para los cargos de mayor responsabilidad y máxima autoridad: el primer responsable del Partido de los Pobres y el jefe de la Brigada de Ajusticiamiento. Lucio garantizaba la fusión del mando político y militar en su grado máximo. Los postulados generales de la lucha estaban resumidos en los puntos de un ideario, dado a conocer el 30 de marzo de 1972, que contenía catorce cláusulas de la revolución “pobrista”: gobierno popular, derechos democráticos, expropiación de fábricas, transportes y latifundios, defensa de los derechos de los trabajadores, trato igual a los mexicanos, etc.
El ideario daba a los campesinos un objetivo concreto y directamente comprensible. El programa del Partido de los Pobres rescataba plenamente la experiencia real de lucha en Guerrero, que había involucrado a toda la población del estado y planteaba soluciones reales a sus principales problemas. Nadie podía pensar en la sierra de Guerrero que esos objetos pudieran alcanzarse de otra manera que no fuera la lucha armada contra los poderosos, los “ricos”, como allí se les llamaba
A partir de las primeras acciones armadas, ajusticiamiento de caciques, secuestros, se empezaba a golpear a los principales agentes de la explotación en la zona. En su primera etapa, la lucha del grupo guerrillero era expresión directa e inmediata de las comunidades. De hecho, se había provocado el desencadenamiento de una nueva situación en la sierra. Empezaba a manifestarse un clima de guerra, en el que las proposiciones de estructuración política ya no podían tener vigencia. La represión crecía rápidamente. Por primera vez se empezaron a forjar verdaderas estructuras de guerra en la sierra de Guerrero. Era necesario fortalecer el aparato militar de la organización. Se hizo a partir de 1971. La represión lo logró, como se había pretendido, el resquebrajamiento de las relaciones entre los campesinos y los guerrilleros, sino que reforzó sus lazos, le dio mucha más movilidad al grupo. Se planteó entonces la entrada del ejército regular en la sierra.
La represión contra todos los reales o supuestos simpatizantes y colaboradores de la guerrilla fue la característica principal de esta nueva etapa. En este período, los militares asesinaron brutalmente a algunas autoridades locales que apoyaban al movimiento armado con abastecimiento o con información. Las acciones de la guerrilla contra las tropas sólo provocaron endurecimiento Poco a poco se llegaría a la militarización de la región entera, en 1973 y 1974.
Allanamientos cotidianos en los pueblos, ejecuciones sumarias, torturas, brutalidad, se hicieron rutinarias y marcaron a la población serrana. Se llegó al límite de la destrucción total de alguna pequeña población, como en el caso de El Quemado, que fue arrasado por la tropa. El plan guerrillero se iba modificando sobre la marcha. Representaba la única alternativa real para la población en aquel clima de guerra .La consigna era de lucha. Se hizo una relación tal entre la guerrilla y los barrios de la sierra, que sólo podía ser destruida por una derrota militar. La acción de Lucio era profunda y original: hacerse pueblo, organizar revolucionariamente al pueblo, organizar el Partido de los Pobres y darle clarificación teórica.
La pugna ideológica, con la llegada a la sierra de otros grupos cuyo proyecto -gestado en condiciones muy distintas- era incompatible con el que se implementaba en la sierra, tomará después un relieve central. Empezaron las divisiones internas, los distanciamientos, los calificativos de unos a otros, entre los puros ideológicos y los integrados a la sierra.
Así se tuvo la conferencia nacional de la sierra, hacia finales de 1972, con otros grupos radicales que por diferentes causas y en distintos momentos habían escogido la lucha armada. Allí entraban la 23 de Septiembre, las FAR y otros Se pretendía una unión, un planteamiento unitario. En el fondo, se planteaba el poder unitario, la dirección político-militar del nuevo partido armado. En un clima de tensión, Lucio cayó en la cuenta de que se jugaba el futuro del Partido de los Pobres como organización político-militar independiente. Había incompatibilidad entre los grupos urbanos y los campesinos. No se llegó, sin embargo, a una ruptura definitiva.
Lucio estaba enfermo de una parasitosis que se traducía en intensos dolores de cabeza. Se le organizó un viaje a la ciudad de México. Y empezó el mando de Carmelo Cortés, de enero a marzo de 1973, que ya tenía una larga pugna con Lucio.
En febrero de 73 se planeó un nuevo secuestro, que se ejecutó en marzo. Un típico cacique local, Francisco Sánchez L. La respuesta militar, esta vez, fue masiva. Se pidieron dos millones por el secuestrado. La familia se puso a regatear. Después de dos meses y medio de infructuosas negociaciones, Carmelo propuso el ajusticiamiento. El comunicado que justifica el desenlace de este secuestro tiene ya cambios profundos en las concepciones políticas generales de la Brigada y del Partido de los Pobres, introducidas por Carmelo y plasmadas en un nuevo ideario, fechado en marzo del 73.
Lucio había comprendido, desde mediados de 1973, la peligrosidad de las iniciativas de Rubén Figueroa, que quería diálogo y negociación con la guerrilla. Lucio no podía debilitarse ante Figueroa, porque se debilitaría en Guerrero: “Si nos dejamos engañar, se acabó la revolución”
El 24 de agosto de 1973 la guerrilla atacó un camión del ejército y realizó otros asaltos. En noviembre, en Yerba Santa, emboscó a un convoy en una operación de mayor envergadura. Hubo once soldados muertos y algunos heridos. El resto de la tropa se desbandó. Hacia finales de 1973, las estructuras políticas y militares de la guerrilla alcanzaron su grado máximo. Si los soldados reprimían y ejecutaban a los colaboradores de la guerrilla, la guerrilla ejecutaba a los espías y colaboradores del ejército. Se había implantado una verdadera ley de la guerrilla. El Partido de los Pobres ejercía verdadero control sobre una zona relativamente pequeña.
Finalmente rompieron pública y definitivamente el Partido de los Pobres y la Liga 23 de Septiembre. El enfrentamiento entre la guerrilla rural y la urbana llegaba a su grado máximo y amenazaba degenerar en una guerra paralela. A nivel local, el comunicado de la guerrilla de la sierra, en el que anunciaba la ruptura, pretendía aislar las posiciones llamadas de “ultraizquierda” y hacer prevalecer una línea de masas más moderada.
EL SECUESTRO DE FIGUEROA Y LA DERROTA DEL PARTIDO DE LOS POBRES
Desde principios de 1974, el senador Rubén Figueroa se perfilaba como sucesor del gobernador Israel Nogueda Otero, en Guerrero. Su contacto con la guerrilla se estableció en los primeros meses del 74. En abril de 72, Figueroa había dicho: “Lucio Cabañas no es ningún guerrillero y yo lo reto a que me secuestre”. Lo despreciaba. Decía que Lucio vivía al abrigo de narcotraficantes, que no tenía arraigo entre los campesinos, a diferencia de Genaro Vázquez. Figueroa quería el éxito político de acabar con la guerrilla. En 74, seguía insistiendo en el diálogo, en la amnistía, en “convencer a estas gentes de su error”.
En abril de 74 se decidió aceptar la entrevista con Figueroa, como una acción más de la guerrilla, como una manera de responder a las necesidades de su crecimiento interno y de su fortalecimiento, como un modo de imponer nuevamente una lógica de guerra y de aplazar la modernización que se estaba implantando en la sierra para socavar las bases de reclutamiento. Tenían que hacer fracasar el plan de Figueroa. Su secuestro era el medio Y le daría una enorme publicidad al Partido de los Pobres, incluso a nivel internacional, desenmascarando la supuesta paz social en el país que el gobierno proclamaba.
Se tomó la decisión en la primera semana de abril. El 12 se comunicó a todos los miembros combatientes. Pero no se dijo nada del secuestro, que fue decisión secreta de la dirección. Eran conscientes de que el secuestro desencadenaría una persecución implacable, independiente del éxito de las negociaciones sobre la liberación del rehén, que podría durar mucho tiempo. Por eso, se empezaron preparaciones sistemáticas para el largo plazo. Por ejemplo, se escogió a propósito la época de lluvias, cuando la vegetación se espesa, los ríos crecen, el cielo nublado quita visibilidad. Se intensificaron los cursos militares y teóricos y los ejercicios prácticos. Se fortaleció la disciplina.
Se empezó a tejer una indirecta y compleja correspondencia entre Lucio y Figueroa, para concertar las decisiones, lugar y fecha del encuentro. Los intermediarios fueron Pascual y Luis Cabañas, tíos de Lucio. Ejército y policía debían permanecer acuartelados ocho días antes y ocho días después de la entrevista. Se aclararon minuciosamente las contraseñas que debía llevar el vehículo de Figueroa, a quien se facultaba para hacerse acompañar por cuatro personas elegidas por él. Figueroa negoció con el secretario de la Defensa, para poder cumplir las condiciones. El general Cuenca Díaz fue inflexible. No accedió. Los trámites se complicaron. Pero de ahí en adelante, la posición del mando militar fue rígida, contra la postura de otros en el gobierno federal propensos al diálogo.
A pesar de que las condiciones no se cumplieron, Lucio restableció el contacto y fijó fecha: 30 de mayo a las nueve de la mañana. El grupo que finalmente hizo contacto con la guerrilla estaba formado por Figueroa, su secretaria privada Gloria Brito, su pariente Febronio Díaz Figueroa y los tíos de Lucio, Luis y Pascual Cabañas. La historia que sigue es conocida. El secuestro. Las negociaciones. Las ofertas mutuas. Finalmente, la orden presidencial al ejército de rescatar a los secuestrados a como diera lugar y de iniciar una operación de gran alcance que terminara con la destrucción de la guerrilla. Empezó el 6 de agosto. Captura de contactos, cierre de líneas de abastecimiento, cerco total para impedir el paso de alimentos. El ejército mismo proporcionaba raciones para una semana a las familias. Cierre de comercios, incluyendo las tiendas de Conasupo. Se quería obligar a los guerrilleros a alimentarse de hierbas, raíces y demás productos de la sierra.
Se hizo un censo de la población civil, que fue obligada a veces a concentrarse en los poblados mayores. La militarización de la vida diaria de los campesinos les imponía registrar sus horas de entrada y de salida de las poblaciones. La ración legal para cada familia era de 10 kilos de maíz a la semana. Todos eran revisados a la entrada y a la salida. Sólo con salvoconducto se podía circular por los caminos. Los poblados mayores estaban ocupados por el ejército. A la campaña se dedicaba casi la mitad de los fondos destinados a la Secretaría de la Defensa. Se usaron helicópteros y aviones. La población vivía en estado de sitio.
Figueroa intentó, primero, negociar su liberación. Luego intentó fugarse, sin éxito. Las negociaciones con el gobierno estaban estancadas. La guerrilla redujo su número al mínimo necesario para la eficacia de las tareas Sólo quedaron 57, en dos grupos, obligados a continuos desplazamientos. La escasez de comida era angustiosa.
La historia del dinero, 25 millones de pesos, que debían entregarse en la sierra, probablemente nunca será aclarada del todo. Posteriormente se recuperaron sólo 15 millones. La columna que tenía el encargo de concluir las negociaciones decidió que había llegado el momento de liberar a los rehenes. Y se acercó al poblado de El Quemado. La mañana del 8 de septiembre de 1974, la columna cayó en una emboscada del ejército. De los rehenes, murió Luis Cabañas y fue herido Febronio. La secretaria salió indemne. Murieron 17 guerrilleros, doce en el choque de la mañana, cinco en el enfrentamiento de la noche, según datos del ejército. Debieron quedar 27 sobrevivientes.
El 11 de octubre, la guerrilla cayó en un cerco del ejército. Intentó la fuga. Se dispersaron. Por un lado, cinco hombres que después contaron los hechos. Por el otro, Lucio con los restantes. La guerrilla subsistía en tres o cuatro grupos aislados, armados, sin contacto entre sí. Finalmente, cayó Lucio “en la región de Ocotal”, según el parte del ejército, el 30 de noviembre.
Los pocos sobrevivientes de la guerrilla, en una reunión en la sierra a finales de enero de 1975, decidieron abandonar el monte: “Sin Lucio, nos sentíamos incapaces de seguir el trabajo. Nos faltaba visión política”.

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