domingo, 25 de febrero de 2018

Poema de Enrique González Rojo para quienes no se rinden, no claudican, no se venden

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EN PIE DE LUCHA, poema de Enrique González Rojo, dedicado a los compañeros de antaño que hoy siguen luchando
Enrique González Rojo:
El Antiguo Relato del Principio
Memoria en Movimiento
50 Aniversario del Movimiento de 1968

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En el libro El Antiguo Relato del Principio, poemario de Enrique González Rojo, que se publicó en 1975, está este poema, va con afecto para los camaradas alzados en rebeldía en 1968 y que, medio siglo después, no se han rendido, no han claudicado, ni se han vendido. Son -somos- pocos ya los que seguimos rebeldes, insolentes, insurrectos, irreverentes... y seguiremos
EN PIE DE LUCHA
Eduardo, Guillermo, Jaime
¿recuerdan cuando éramos terroristas
y armábamos el delicado mecanismo
de explosivas mentadas de madre
para ponerlas en lugares claves
del sistema?

¿Recuerdan cuando, con Pepe,
con la boca cosida por el mismo propósito,
levantamos una barricada de hambre?
¿Recuerdan nuestra fiebre clandestina,
el salir a una junta
poniéndonos el traje, la bufanda y el seudónimo?
¿Recuerdan nuestros puños
-opuestos siempre al asco-
discutiendo por las noches
hasta el advenimiento del nuevo día,
hasta que los arroces de la penunbra
eran picoreados por los gallos?
¿Han olvidado acaso las reuniones,
las órdenes del día
en que el sueño era el Presidente de debates?
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Se dice que tan sólo
la sangre juvenil es subversiva,
o que la adolescencia,
con su chorro de tiempo tan exiguo,
no moja aún la pólvora del furor; 
pero dícese que ello es transitorio,
que ha de venir el día
en que sienten cabeza las neuronas
impulsivas;
se dice que la edad,
con su telaraña de canas
toma preso y devora
al tábano rebelde de otro tiempo.
Se habla de ingenuidad,
de muchachos utópicos y anémicos
que formaban brigadas o círculos o células
de glóbulos rojos.
Se habla de castillos
formados con arena de fantasmas
que a la incredulidad se desmoronan.
Se cita
la escacés lamentable de mazmorras
que hay en los manicomios.

Pero Eduardo y Guillermo.
Pero Jaime.
No quiero,
no, no quiero la cordura.
En vísperas de ser por las arrugas
invadido,
no quiero, mis amigos, encontrarme
con los pies bien puestos sobre la tierra
de la lógica.
Sueño, mis camaradas,
que hasta el último instante,
mi voluntad aún halle la forma
(contra mí, mis arrugas, mi cansancio)
de levantarse en armas.
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