miércoles, 28 de marzo de 2018

CNI-CIG: Un análisis serio y una valoración profunda para nuestro siguiente paso en la lucha

Me animan, me inspiran, me obligan incluso a reflexionar en voz alta y en público las siguientes palabras del comunicado “Convocatoria al siguiente paso en la lucha”, vale la pena citarlas in extenso porque son una invitación a la crítica y no a la autocomplacencia:
“Como es evidente, no logramos conseguir el número de firmas necesarias para el registro de Marichuy como candidata a la presidencia.
“Las explicaciones y valoraciones sobre este hecho, pensamos, deben ser producto de un análisis serio y una valoración profunda.
“Obtener el número de firmas suficientes nos hubiera permitido aprovechar ese espacio para seguir visibilizando a los pueblos originarios, sus dolores y luchas, así como señalando el carácter criminal del sistema, para hacernos eco de los dolores y rabias que pululan en todo el territorio nacional, y para promover la organización, la autogestión, la resistencia y la rebeldía.
“No lo logramos, pero debemos seguir en nuestro camino buscando otras formas, métodos y modos, con ingenio, creatividad y audacia, para conseguir lo que queremos.”
(CIG, CNI “Convocatoria al siguiente paso en la lucha”, 
Estas palabras, que son ya parte de un balance y una invitación a un más amplio y reflexivo balance, son muy valiosas porque no esconden, minimizan ni embellecen los hechos, los reconocen con todas sus letras. “no lo logramos”. Esas simples tres palabras son mucho más de lo que han podido decir muchos balances autocomplacientes que parecen largas paráfrasis de la zorra de la fábula: “las uvas estaban verdes”. Aquí el comunicado del CIG y el CNI reconoce que sí queríamos las uvas y que no las alcanzamos, partir de un hecho así es ya una invitación a un balance serio, honesto, responsable, que no puede maquillarse con elogios mutuos, con retóricas de heroicidad o del deber cumplido: el objetivo principal de la campaña no lo alcanzamos, no lo cumplimos, y no es que no lo quisiéramos, es que nos faltaron medios y recursos (materiales, humanos, políticos) para lograrlo: era nuestra meta y no la alcanzamos.
Si no hubiéramos querido que Marichuy apareciera en la boleta, no la habríamos registrado ante el INE como aspirante a una candidatura independiente y nos habríamos ahorrado un esfuerzo que si bien no fue suficiente para lograrlo, sí lo hicimos, y nos costó mucho.
El siguiente párrafo, por lógico, claro, evidente consecuencia del reconocimiento inicial de un hecho palpable, no es menos valioso y valiente: “Las explicaciones y valoraciones sobre este hecho, pensamos, deben ser producto de un análisis serio y una valoración profunda”. No escamotear el hecho de que no lo logramos ayuda a plantear otro hecho: necesitamos comprender, entender, explicarnos por qué; una explicación seria, no sesgada, no hecha como autoexculpación anticipada ni como repartición de culpas entre los demás: se trata de “un análisis serio y una valoración profunda”. Este análisis y valoración tiene que partir de hechos públicamente verificables y estar argumentado de manera que todos los interesados podamos revisar los razonamientos y concluir si son válidos o no.
Hasta ahora la explicación dada al hecho de que no alcanzamos la meta la hemos evadido principalmente mediante dos estratagemas: minimizar el hecho de que era nuestra meta (como si en realidad no hubiésemos querido lograrlo y alegando que, por el contrario, logramos otra meta de manera victoriosa) y junto con ello: atribuir el no logro solamente a las causas externas: la absurda y excluyente política del INE y los obstáculos contrainsurgentes que siempre despliega el sistema. No podemos negar que esas causas externas son parte de la explicación, pero limitarnos a ellas nos lleva a evitar el balance de nuestro desempeño: ¿qué causas internas, intrínsecas a la manera en que se desempeñaron el CIG-CNI, la AC y las redes de apoyo operaron para no lograr la meta? Dado que la convocatoria del EZLN al Conversatorio pregunta “¿prohibido pensar?”, si contestamos que no está prohibido, entonces no hay preguntas prohibidas, y una pregunta lógica es ¿qué fallas, limitaciones, errores nuestros contribuyeron a que no lográramos las firmas suficientes?
En efecto, la energía desplegada, el esfuerzo, fue grande, pero las firmas no fueron suficientes; se logró una visibilización del CIG y el CNI que no tiene precedentes en los años de existencia del CNI, pero lo que no logramos fue también importante: ¿qué habríamos logrado si hubiésemos alcanzado que Marichuy estuviera en la boleta? El CIG y el CNI lo tienen claro y no podemos negar que lo que pudimos haber logrado si no nos hubiéramos quedado cortos en el alcance de firmas es importante: “Obtener el número de firmas suficientes nos hubiera permitido aprovechar ese espacio para seguir visibilizando a los pueblos originarios, sus dolores y luchas, así como señalando el carácter criminal del sistema, para hacernos eco de los dolores y rabias que pululan en todo el territorio nacional, y para promover la organización, la autogestión, la resistencia y la rebeldía”.
Reconocer que no lo logramos y que estamos conscientes de lo que hubiera significado lograrlo no es sinónimo de derrotismo ni es un intento de demeritar el trabajo de nadie: de ninguna red de apoyo, de ninguna mesa de firmas, de ningún auxiliar gestor de apoyos ciudadanos: es partir de un hecho claro para poder pensar en alternativas. Evadir el hecho de que no lo logramos y que parte de las causas está en fallas nuestras (de tod@s) nos llevaría a seguir reproduciendo errores y lo más probable es que a seguir fallando en la meta más importante: la organización.
Dado que el objetivo más serio, estratégico, vital es organizarnos, y repetimos, dado que no está prohibido pensar, la pregunta que tenemos que plantearnos es ¿en qué medida el hecho de no haber logrado nuestro objetivo está relacionado con el hecho de tener fallas, errores y limitaciones en nuestro grado de organización?
Podemos tener mucho mayor interés en esta cuestión que en las explicaciones que atribuyen los hechos solamente a los obstáculos que pone el sistema (desde el INE hasta la reacción de la clase política), porque sabemos que siempre el sistema nos combate, está entrenado en sexenios de prácticas contrainsurgentes (algunas de ellas expuestas por López y Rivas en su artículo “EZLN: el siguiente paso”), pero también podemos preguntarnos: ¿se debe a deficiencias de nuestra organización la falta de recursos para superar esos obstáculos del sistema? Recordemos que hemos abrazado una causa antisistémica, anticapitalista, porque construir una alternativa al capitalismo es más difícil que juntar un millón de firmas, por tanto la organización que pueda lograrlo tiene que ser capaz de medirse ante obstáculos más fuertes que los que tuvimos en estas semanas de campaña por apoyos ciudadanos.
Los compañeros zapatistas siempre nos recuerdan que “Falta lo que falta”, tenemos que reconocer que una pequeña parte de lo mucho que falta es estar mejor organizados, de manera que podamos alcanzar metas más difíciles: no hicimos una grieta al muro, apenas un rasguño, pero tenemos que lograr organizarnos para que nuestra fuerza logra agrietar y no solamente arañar el muro.

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