jueves, 29 de marzo de 2018

El legado de Raymundo Gleyzer es el de una obra artística comprometida con las luchas sociales

   Raymundo Gleyzer, la mirada crítica silenciada por el terrorismo de Estado
(Télam de lxs trabajadorxs)
Indymedia Argentina
Buenos Aires, 24 de marzo 2018
América Latina en movimiento
28 marzo, 2018
El cineasta, documentalista y militante Raymundo Gleyzer fue secuestrado un 27 de mayo de 1976 por agentes del terrorismo de Estado y con su desaparición se perdió la mirada crítica de un realizador que se plasmó en obras como “Los Traidores”, un relato sobre la burocracia sindical en la Argentina de los años ’70.
La gran convulsión social que América latina vivía desde mediados de los ’60 con luchas obreras y campesinas, y el surgimiento de grupos guerrilleros que plateaban la toma del poder por la vía armada, dio origen en la región al surgimiento de un movimiento cinematográfico que intentó retratar esas luchas.
En Argentina, esa tendencia se expresó en dos corrientes: por un lado, el grupo Cine de Liberación, que tuvo centro en “La Hora de Hornos”, de Fernando Pino Solanas, realizada en 1968, y por el otro la iniciativa colectiva del Cine de la Base, que más tarde fundaría Gleyzer.
La primera manifestación proponía una visión desde el peronismo de base en los tiempos de la proscripción, en tanto que Cine de Base partía desde elaboraciones que se sustentaban en concepciones de la izquierda revolucionaria.
Raymundo nació en 1941, en Buenos Aires, y sus padres, Jacobo y Sara Aijen, fueron los fundadores del IFT, el teatro popular judío, un espacio donde el realizador incorporó sus primeras nociones del arte como manifiesto de lo político.
A los 20 años, Gleyzer dejó la facultad de Ciencias Económicas de la UBA y en 1964 se inscribió en la carrera de cine que se dictaba en la Universidad Nacional de La Plata.
Sus primeras producciones fueron “La Tierra Quema”, un documental sobre los campesinos del nordeste de Brasil, y “Ocurrido en Hualfin”, un filme sobre la vida en un paraje de Catamarca.
Gleyzer trabajó luego como camarógrafo para los noticieros de los canales 7 y 13, donde colaboró en la confección de un documental sobre la vida cotidiana en islas Malvinas.
Militante del Partido Comunista, decidió abandonar esta fuerza política para sumarse al Partido Revolucionario de los Trabajadores, brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que lideraba Mario Roberto Santucho.
En 1971, filmó “México, la revolución congelada”, en la que abordó el inicio de la lucha campesina que lideraron Francisco Villa y Emiliano Zapata, en el inicio del siglo XX, y que concluyó con el surgimiento del PRI en la nación azteca.
A los pocos meses, surgió el grupo Cine de la Base, que comenzó a retratar la actividad del ERP y en 1973, Gleyzer materializó “Los Traidores”, la obra cumbre de su producción militante.
La película narra la historia de Barrera, un sindicalista que pasa de defender los intereses de sus representados a transformarse en un ariete de la patronal.
Cine de la Base continuó con su actividad tras la llegada del peronismo al gobierno y con realizaciones que se proyectaban de forma clandestina.
Dio cuenta de las luchas sociales en mediometrajes como “Swift”, “Ni olvido ni perdón” y la “Masacre de Trelew”, una realización en la que son entrevistados los líderes de Montoneros, FAR y ERP.
La actividad de Cine de la Base determinó que el grupo fuera puesto en la mira de la banda parapolicial Tripe A, creada por el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega.
En 1976, Gleyzer viajó a Nueva York por trabajo, pero retornó a Argentina; fue secuestrado y trasladado al centro clandestino de detención conocido como El Vesubio, donde se lo vio por última vez.
Tras la desaparición de Raymundo, sus compañeros partieron al exilio para denunciar la situación de represión que se vivía en Argentina, y en 1979 filmaron desde Perú “La Triple A son las tres armas”.
El 5 de abril de ese año, el Ministerio de Interior conducido por el general Albano Harguindeguy dio curso a un pedido de habeas corpus por su paradero, unos meses antes de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitara Argentina para interiorizarse sobre la suerte de los desaparecidos.
El legado de Gleyzer es el de una obra artística comprometida con las luchas sociales de América latina, desde una mirada puesta al servicio de un cambio que no pudo llevarse a cabo.
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