viernes, 2 de marzo de 2018

En América Latina el problema de las personas en situación de calle crece y se agrava bajo el neoliberalismo

 América Latina y sus habitantes de calle
Por:  Luis Eduardo Forero Medina
Foto: Carlos Ortega / El Tiempo
Fuente: Las2Orillas
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marzo 01, 2018
El tema no es nuevo, sin embargo se ha venido agravando con el paso del tiempo y la población que vive en este estado crece significativamente.
El común denominador de los habitantes de calle en estos países es que la mayoría son varones; víctimas de extremada pobreza y marcada violencia intrafamiliar. Las estadísticas no son confiables, sin embargo son miles y miles a quienes se inscribe en la indigencia, extrema pobreza, rebusque, desocupación, hurto y drogas. Los niños deambulan sucios y descalzos; los adultos permanecen acompañados de mascotas, muchos con trastornos mentales, sin ninguna posibilidad de tratamiento. Duermen en la calle, aceras, debajo de los puentes y en bancas de los parques.
En la calle, en algunos países, a veces encuentran la muerte por condiciones climáticas adversas. En el estado mexicano de Aguas Calientes, la situación de las personas de calle se agrava por las temperaturas bajas. En Chile, los habitantes de calle sufren muchas veces hasta la muerte en la temporada de invierno, cuando deben soportar a cielo abierto temperaturas bajo cero. En 2012 ocurrieron 28 muertes de indigentes por esa causa, la mayoría en Santiago. En Montevideo, los albergues temporales de personas en condición de calle, se congestionan principalmente cuando se presentan condiciones meteorológicas hostiles.
El tema no es nuevo, desde inicios de la era cristiana se refiere del endemoniado de la tierra de los gadarenos que no vivía en la casa sino en la calle y en cementerios. Algunas veces el asunto social ha sido invisibilizado u oculto. En Bogotá, la cantidad de habitantes de calle se evidenció cuando el alcalde ordenó la toma de la Ele o Bronx, donde permanecían miles de personas en esa condición. En Brasil esos habitantes se ocultaron con ocasión de los juegos panamericanos y en el pasado mundial de balón pie. En Ecuador hasta 1971 a los habitantes en condición de calle, denominados vagos y mendigos, se les investigaba penalmente cuando fingían enfermedades para pedir limosna.
En Caracas, por ser una ciudad muy urbanizada, en el último medio siglo se generó un boom de habitantes de calle; la mayoría ocupando asentamientos. En las zonas fronterizas, como en México, el problema se agudiza por las personas extranjeras que atraviesan la frontera, algunos expresidiarios, dedicándose a andar calle arriba y calle abajo.
Al momento de elegir el sitio para deambular, la mayoría prefiere el centro de las ciudades. En Bogotá después de su expulsión del Bronx, además de los sitios que siempre han escogido, las localidades de Santafé y Mártires, ahora se les ve en todas las localidades. En Santiago de Chile, los habitantes de calle suelen ocupar transitoriamente casas abandonadas, malls o centros comerciales y de consumo masivo de alimentos; en donde los menores de la calle suelen ser invitados a comer por turistas extranjeros. En las noches un equipo interdisciplinario del Programa de Atención a las Situaciones de Calle (PASC) recorre las calles de Montevideo para detectar personas en situación de calle.
Se han presentado casos en que los habitantes de calle son utilizados para fines no tan éticos y legales. En Bogotá hace un tiempo se suscitó un escándalo por el asesinato de habitantes de calle para emplearlos en enseñanza médica. En Caracas, recientemente Capriles fue acusado de presuntamente utilizar esta población para convertirlos en manifestantes violentos. En los Juegos Olímpicos, en Río de Janeiro, Sao Paulo, Belo Horizonte, Brasilia y Salvador, no hubo habitantes de calle correteando por las calles; los albergaron temporalmente en sitios lejos de las sedes. En esa oportunidad esa población corrió mejor suerte que sus similares, cuando en el suceso conocido como “chacina de la Candelaria”, ocurrido en la ciudad de Río de Janeiro en 1993, seis niños en situación de calle fueron asesinados cuando dormían en frente de la iglesia Catedral. Brasil con Colombia fueron señalados en la década de los 80 y de los 90 como países donde se hizo “limpieza social” de habitantes en condición de calle.
Como ningún otro habitante del planeta, estas personas viven el día a día y hacen lo que sea para subsistir. En la urbe paceña, universitarios del área rural, estudiantes de colegios nocturnos y adolescentes que viven en situación de calle venden su sangre para subsistir.
En materia de inclusión, poco o nada es tenida en cuenta esta población en Latinoamérica. Hugo Chávez en su momento reconoció que ese colectivo es “una población desatendida en Venezuela llena de miseria”. Varios países abren albergues y comedores temporales para recibir a los llamados indigentes; sin embargo siempre quedan cortos en la prestación de servicios sociales; en atención a que no hay cama pa’ tanta gente. Fuera de sus territorios nacionales, los habitantes de calle son discriminados al máximo; refiriéndose a ellos un presidente de España opinó que “Paraguay exporta pobreza”. Al otro día el presidente Horacio Cartes reaccionó contestando que “¡eso no lo vamos a aceptar!” y dictó su política en favor de los habitantes de la calle, “para que muy pronto dejen de ser vistos como parte del paisaje de nuestra nación”. En Ecuador, la Defensoría del Pueblo reconoce que pese a la magnitud del problema, en este país “no se ha abordado concretamente el derecho a la vivienda de las personas en situación de calle”.
La responsabilidad de este grave problema en San José de Costa Rica, el presidente de la República, Luis Guillermo Solís, la atribuye a sus predecesores (Laura Chinchilla y  Óscar Arias Sánchez, Premio Nobel de Paz 1987). Solís manifestó que “le habían dejado una buena finca, pero encharralada” y demasiado en el tema de población de calle. En este país centroamericano, la población en condición de calle siempre ha estado desatendida.
En América Latina y el Caribe hay más de 71 millones de personas en situación de indigencia; registrándose “un crecimiento significativo de la pobreza y de la indigencia”, según el Banco Mundial; organismo que fijó un plazo para que la extrema pobreza se rinda, lo que ocurriría en 2030.

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