viernes, 2 de marzo de 2018

La violencia en la UNAM no viene de fuera: es procreada, permitida y solapada por la autoridad universitaria.



Como culminación de la violencia social y de Estado que se vive cotidianamente en los planteles universitarios y su entorno, el pasado viernes 23 de febrero dos personas resultaron muertas en lo que se presenta como un enfrentamiento entre narcomenudistas y/o distribuidores de drogas. Hechos ocurridos en horas de actividad en las inmediaciones de dos facultades. Es sabido por todos los universitarios que en dicha zona, y lo que se conoce como "Frontones", los carteles del narcotráfico trabajan en jauja ante la complacencia y complicidad de la vigilancia universitaria.

Poco antes una mujer fue baleada en inmediaciones de la FES Acatlán.
Otro caso del que no se habla por parte de la Rectoría universitaria fue el de la agresión sexual a compañeras dentro del CCH Plantel Vallejo en días pasados.
Tampoco el Sr. Graue ha denunciado la tortura de la que fue objeto durante su desaparición por parte de las policías de la CDMX y Edomex, el joven estudiante de la ENP número 8 Marco Antonio Sánchez Flores.
Se pretende dar carpetazo al feminicidio de la estudiante universitaria Leslie Berlin Osorio Martínez, ocurrido también en el campus y donde se asoma la posible complicidad de gente allegada a altos funcionarios de la Rectoría.
Se trata también de que se olvide el supuesto suicidio en Junio de 2017 de un estudiante en inmediaciones de la Facultad de Filosofía y Letras.
En fin se trata de borrar e ignorar la violencia a que son expuestxs a diario muchxs universitarios, evidentemente no los altos funcionarios.
Se pretende olvidar, de la misma manera en que echaron tierra al caso del asesinato del activista Carlos Sinuhé Cuevas Mejía y tiempo atrás al de Noel Pável Gonzalez González.
De la misma manera en que la UNAM no dijo nada ante el asesinato de uno de sus estudiantes el 4 de mayo de 2006 en San Salvador Atenco.
De la misma manera en que al Rector no le importa que Fernando Bárcenas Castillo y Luis Fernando Sotelo Zambrano, ambos estudiantes universitarios, sean hoy y desde hace ya tiempo, presos políticos del Estado Mexicano.
Del mismo modo en que se omite la planeación y ejecución de actos porriles y paramilitares en contubernio con la llamada autoridad, tal como el desalojo violento ocurrido en marzo de 2014 contra la guardia en la ocupación el Auditorio Che Guevara.
No, la violencia no viene de fuera: es auspiciada por una autonombrada autoridad universitaria que no vela más que por intereses personales y de grupo y que cada día se putrefacta más en su contubernio con el crimen, al que siempre ha solapado, pertenecido y rendido cuentas.
No viene de fuera cuando día a día se abre "la plaza" para que los cárteles del narcotráfico -esos mismos que el gobierno capitalino dice que no existen- operen a sus anchas en el campus central universitario. Y esto no son meras palabras: ya los propios periodistas al servicio de los mass media lo han documentado, amenazas de por medio.
No viene de fuera cuando se privatiza y elitiza paulatinamente a una institución que cada día se vuelve más hostil ante la presencia de la población marginada o separada del sistema educativo.
No viene de fuera cuando se "responde" con controles policiacos y medidas restrictivas.
No viene de fuera cuando se aíslan, se asfaltan y destruyen áreas verdes y ecológicas.
No viene de fuera cuando se enrejan y ponen torniquetes en áreas e instalaciones deportivas que antes eran de libre acceso y donde no ocurrían homicidios ni se vendía ninguna droga, antes bien eran sitios concurridos y de sana recreación. Casos concretos el de el Ex Reposo de Atletas y el área contigua a la Pista de Calentamiento.
La violencia no viene de fuera cuando la misma autonombrada autoridad pretende encarnar a una comunidad diciendo "el Estado soy yo, la Universidad soy yo".
Es a ESA Unversidad a la que los muertos le son "ajenos". Como "ajenas" le son las víctimas de la guerra y la militarización del Estado Mexicano. Como "ajenas" le son las mujeres asesinadas y desaparecidas. Como "ajenos" le son los 43 normalistas desaparecidos. Como "ajena" le es la descomposición y degradación social, pues pretende existir y desarrollarse dentro de una esfera de auto complacencia pseudointelectual, políticas "de género" auspiciadas por los propios machos y reivindicación progre de todo lo que no trasgreda el status de privilegio para unxs cuantxs. Supuestamente al margen de una sociedad normada por la explotación, la exclusión, el despojo y el crimen como políticas de Estado.
Mienten cuando dicen que sus medidas han afectado al crimen. Pues su escalamiento no es sino la evidencia de que no han sido para prevenirlo ni servido para disuadirlo.
Mienten cuando advierten de la intromisión política, pues son ellos, las y los funcionarios universitarios, los dirigentes sindicales e incluso los supuestos "líderes" estudiantiles, quienes históricamente han tomado a la universidad como su trampolín. Los más mediocres líderes "charros" se han servido de la UNAM para irse de diputados. Después de González Casanova, casi sin excepción, los rectores han sido premiados o consolados para figurar como embajadores, secretarios de Salud, hasta un tal Carpizo que primero fue Procurador de la República y luego Secretario de Gobernación salinista, como "honor" que la Universidad ha tenido . Sin olvidar al hoy famoso corrupto mayor y cacique de Coyoacán que también en sus mocedades bebió del mismo abrevadero.
¿A cuál universidad llaman a "defender" y a "unir"? ¿ A la suya cuando pretenden que académcos y adminstrativos se conviertan en vigilantes y delatores de los estudiantes?
¿Frente a cuál comunidad pretenden estar? Hace cincuenta años el Rector Barros Sierra no pudo impedir la protesta antiautoritaria con su defensa de la institución. Hoy Graue, que no es sino una caricatura de aquél, lo único que puede hacer públicamente, -si fuera honesto- no es ya ponerse entre la Universidad y el Gobierno , sino elegir entre La Unión, el "H", y el Cártel de Jalisco, y decidir cuál lo va a convertir en su halcón mayor de saco y corbata.
Hoy quien apela a la legalidad es quien desde sus cómodas oficinas dicta la ley para sus intereses y quien la ignora para quedar bien ante sus patrones y socios del gobierno y del narco.
Hoy quien quiere espantar con el "petate del muerto" de las voces desestabilizadoras, es quien ha permitido y apadrinado , por acción y omisión, que la descomposicón y violencia de Estado se apoderen de la Universidad. Cae muy bien dejar que todo pase para después, con lágrimas falsas, decir que no pudieron y no tuvieron otro remedio que llamar a la policía.
En lo poco que queda del abajo social en una elitizada Universidad, en lo que sobrevive de la dignidad, de la inconformidad, de la preocupación por una autonomía y una libertad reales, no podemos esperar que del Poder, del Estado y de la burocracia vengan ningunas soluciones. Para que las cosas cambien la cuestión no es votar por ningún candidato o callar y seguir a ningún rector. Organizarse o no, es la disyuntiva.

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