domingo, 15 de abril de 2018

RETOMAR EL COMPROMISO (Al Primer Encuentro Metropolitano de Redes en apoyo al CIG-CNI-EZLN)

Al Primer Encuentro Metropolitano de Redes en apoyo al CIG y su vocera Marichuy
RETOMAR EL COMPROMISO
Ce-Ácatl
13 de abril de 2018
De los varios diagnósticos que pueden hacerse sobre el momento actual por el que atraviesan los movimientos sociales en México (cfr. citas), particularmente luego de la imposibilidad de lograr el objetivo de incluir la propuesta del CNI-EZLN en la contienda electoral de 2018, de todo ello pueden inferirse varias tendencias: 
En general, los movimientos sociales continúan desarticulados y bajo el acoso creciente de intereses contrarios. La urgencia de empresas y potencias económicas por apoderarse del mercado y los “recursos”, para explotarlos lo más intensivamente posible, ha puesto en peligro la existencia de cientos o miles de comunidades, indígenas y no indígenas, en todo el mundo. Pese al tamaño del enemigo, muchos pueblos se han defendido, y algunos han logrado seguir resistiendo. Pero todavía no existe una forma articulada y figura organizativa amplia y poderosa, que enfrente a los consorcios internacionales, asociados con los gobiernos y clase en el poder. Sindicatos, frentes, coordinadoras y partidos con registro o sin él no representan un obstáculo para que la clase en el poder imponga gobiernos, leyes o jueces según su conveniencia y negociación interna.
Pese a las disputas internas por detentar el poder, en general, “el sistema”se ha ido fortificando por la vía de leyes y reformas en su objetivo de mantener e incrementar la concentración de la riqueza al legalizar el despojo de tierras, aguas, biodiversidad (considerados como “recursos”), además de la reforma laboral y educativa de tan nefastas consecuencias. Leyes y reformas que también prevén la criminalización de la protesta y consolidar la ya acentuada militarización de la “seguridad interior”en sustitución del concepto anterior de “seguridad pública”.
También se ha fortalecido con posiciones en el Poder Judicial con fallos judiciales contrarios a los principios básicos de justicia, por medio de argucias legaloides, fallas procedimentales o incluso el cinismo descarado.
En lo económico, en México retrocedimos 80 años al desnacionalizar la industria petrolera. Fue un proceso largo que arranca desde los años 80, para la desincorporación y traslado del valor de la mayor industria nacional a manos especialmente extranjeras. Proceso que incluye el desmantelamiento de toda la industria “nacional”y su transformación y adaptación al modelo de desarrollo de las trasnacionales, basados en la mejor explotación global de los recursos naturales, materiales y humanos en aras de la mayor ganancia. Así como reformas bancarias, financieras, laborales e incluso patrimoniales y culturales, que han dado como resultado la imposición del modelo extractivista, expoliador, rapaz y suicida que ahora padecemos.
Pese a las reales o aparentes disputas en la clase gobernante para asumir el poder, el “sistema”ha salido sumamente fortalecido, considerando al sistema no sólo como el Estado (gobierno, Congreso de la Unión y poder judicial), sino conformado también por el capital organizado (empresarios y órganos de control social, sindicatos y confederaciones afines), todos aquellos poderes fácticos que operan y presionan muy eficazmente para lograr sus objetivos (medios de comunicación públicos y privados, redes sociales, bandas criminales y cárteles del narcotráfico).
Un movimiento ascendente, acumula fuerzas para luego desbordarse hacia una dirección con estrategia para lograr un fin político de gran envergadura como lo es cambio de régimen. Pero no estamos en ese escenario sino en una lucha más beligerante y en desventaja.
En ese contexto, la experiencia zapatista y de otros pueblos indígenas por consolidar la autonomía y autogestión popular en diferentes aspectos y profundidades, aún con sus limitaciones y mucha experiencia generada, demuestra que el lema “otro mundo es posible”, no solamente es un lema sino una posibilidad real de construir la vida social y natural de formas alternativas, frente a la destrucción unidireccional que nos han impuesto.
Al analizar las condiciones en que estas experiencias han podido desarrollarse y consolidarse, puede percibirse que no en todas las condiciones pueden replicarse y florecer tales iniciativas. Ya sea por factores históricos, de composición social y étnica o pluriétnica, o cualquier otra circunstancia, no podemos asegurar que, resultado de un esfuerzo inaudito de coordinación y acumulación de fuerzas sociales, va a poder influirse en el actual curso del proceso político y económico en marcha. 
En esas circunstancias, destacan tres ejes fundamentales:
El primer eje de movilización social ha sido resultado de la estrategia electoral del EZLN y luego adoptada por el CNI, a la que después se pidió la suma de “La Sexta”(los adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona) y otros grupos afines. Ahora se llama a “echarle a perder la fiesta electoral”a los partidos. Sin embargo, invertir todos los esfuerzos en esa dirección, podría significar un enorme desgaste, además del avasallamiento que significarán los resultados del proceso electoral. Independientemente del partido y el candidato que finalmente logre imponerse, el modelo extractivista y expoliador continuará. Quizás con matices, quizás con más o menos violencia evidente, pero seguirá imponiéndose porque no hay, todavía, fuerza capaz de contrarrestarlo. Llamar al boicot electoral, impedir actos proselitistas de los partidos y aún más entorpecer la instalación de casillas electorales constituyen delitos electorales según las leyes vigentes. Adicionalmente se ha demostrado que la estructura electoral de los partidos y candidatos independientes incluye grupos de choque y golpeadores, además de una enorme cantidad de dinero destinado a la compra del voto. Mayor aislamiento, represión, cárcel, heridos y hasta asesinatos son los grandes riesgos que enfrentará quien quiera oponerse al actual curso de las elecciones, más allá de la denuncia del sistema. No es que vaya a haber un fraude electoral próximo, sino que todo el sistema es fraudulento.
Deben continuar y fortalecerse las campañas de denuncia y resistencia del creciente número de agravios y despojos actuales y por venir, así como deben continuar los esfuerzos de articulación y organización de todas las resistencias. La denuncia y difusión de las arbitrariedades, la defensa legal y política, son esenciales junto con otros temas y campos, como son la organización de la resistencia misma en términos económicos, al plantear un modelo de producción, circulación y consumo alterno a los mecanismos oficiales; el desarrollo de organización social, autoridades propias, incluso sistemas normativos basados en principios definidos, como ya existen. También debe continuar la creación de medios propios de producción y distribución así como de comunicación propios como una herramienta de construcción social. Tanto a mediano como a largo plazo estos y otros esfuerzos deben hacer la diferencia al momento de controvertir el orden establecido desde el objetivo y la forma de hacer las cosas, desplazando el interés de la máxima ganancia a través de la mayor explotación, por el bien común y la conservación de la naturaleza (por poner un ejemplo). Pero no solamente.
Dadas las circunstancias, un eje fundamental es sin duda el fortalecimiento de las experiencias en lucha, pese al acoso, y nuevamente “retomar el compromiso”por respaldar, en todos los ámbitos posibles, la lucha y la causa zapatista, la de todos los pueblos que luchan contra la opresión y por la descolonización propia.
Para quienes desde las ciudades, colonias o barrios, sindicatos, asambleas u otras organizaciones sociales, asuman el compromiso, el reto será organizar el apoyo a la resistencia y el fortalecimiento de comunidades concretas, con la participación horizontal y creciente de grupos e individuos organizados.
Pasar del apoyo y acompañamiento desestructurado a organizar la resistencia de manera estructurada. Ya sea por medio de pequeños o grandes esfuerzos, como pueden ser cooperativas de producción, circulación y/o consumo de los productos y servicios, ya sea mediante el fortalecimiento de redes y medios de comunicación propios, ya sea mediante la politización de sus bases y población en general, es imprescindible consolidar todo lo que se ha hecho hasta ahora, de manera organizada, para justamente apoyar a la producción de las comunidades en resistencia por medio de la articulación de redes de producción, distribución y consumo de productos elaborados de manera autogestiva en uno y otro lado, con el objetivo de resistir los embates del régimen y crecer organizativamente en cada espacio de acción social:
En los medios de comunicación propios y alternativos.
En el apoyo a los propios planes y programas educativos de cada comunidad, en diversos aspectos.
En apoyo a la salud de la población en su sentido más amplio.
En apoyo a una nueva construcción de la noción del “trabajo”como una forma de relación social.
Entre muchas otros temas y experiencias hay cosas que ya se han venido haciendo a lo largo de años, que han generado una gran experiencia pero que falta dar otro paso para lograr que se enraícen saberes y experiencias en una nueva cultura colectiva y participativa.
Apoyo y acompañamiento en procesos legales. Etcétera.
Una labor propia e imprescindible de esta red de apoyo, es abrir espacios de construcción de propuestas, dado que es necesario nutrir la creatividad y desarrollar y concretar verdaderamente las muchas propuestas que constantemente surgen desde el fondo.
El objetivo de fortalecer en todos los temas a las comunidades en resistencia significa articular una gran cantidad de saberes, para ayudar a resolver una situación en particular. Pero esos saberes se encuentran dispersos, en condiciones muy diversas de posibilidades económicas, a veces en niveles de sobrevivencia, o bien con fuertes compromisos laborales que les restan posibilidades. Lograr canalizar ese apoyo ya sería un gran logro, pero lograr articular una red de apoyos mutuos, podría ser una meta más ambiciosa, pero no por ello menos posible.
El reto es evidente: reconocer la realidad en que se encuentran los grupos e individuos interesados en coordinarse para lograr y superar el objetivo de apoyar. Aprender de las experiencias buenas y experiencias malas que en todo este trayecto se han dado en las redes de apoyo que han existido con anterioridad.
Por supuesto que organizar el apoyo a las comunidades en resistencia puede resultar en una forma de organizarnos para muchas otras cosas más, pero debemos partir de lo elemental, y preguntar a las propias comunidades: ¿qué necesitan? ¿Cómo piensan que pueden resolverse sus problemas y carencias? ¿Cuál es la forma, el modo y el tiempo que ellas sugieren y cuáles son nuestras propias posibilidades?, etc.
Encontrar las soluciones puede encontrarse en formas más participativas y sustentables. Es decir, hacer lo que de por sí ya venimos haciendo, pero ahora de manera mejor articulada y organizada, que impulse el fortalecimiento de las comunidades en resistencia pero que también fortalezca a las comunidades y grupos de apoyo, que sirva para la difusión de denuncias pero que también construya relaciones por medio del intercambio de bienes y servicios entre individuos y comunidades.
Uno de los motores sociales que refrescan el compromiso y el entusiasmo por participar, sea el nombrar con todas sus letras dicho acuerdo, como es el lema de la asociación “Por el florecimiento y renacimiento de nuestros pueblos”, con ideas fuerzo cómo “Apoyar es participar en la construcción de un mundo nuevo”“Consolidar las autonomías en la montaña o en los poblados, fortalece a todas las luchas de liberación”, etc.
Se puede participar desde su lugar de origen, en coordinación con otras regiones y en el lugar mismo de la puesta en práctica de los principios autonomistas. Ya sea mediante conocimientos y experiencia en ciertos temas, con trabajos específicos, envío de ayuda, caravanas, brigadas de salud, educación, cultura, etc.
Pero quizás lo más importante sea construir nuestras propias autoridades y forma de organización social llevando a la práctica los principios básicos de “representar y no suplantar”“bajar y no subir”“construir y no destruir”y por supuesto “mandar obedeciendo”, así como la “rotatividad”necesaria para evitar la concentración de las decisiones y modos de hacer las cosas.
En la actualidad, y revisando lo sucedido en ya un cuarto de siglo (!), es que se han formado referentes y grupos que desde entonces organizan los apoyos según sus formas y modos. Muchos han sido los resultados, pero no se ha reparado en las dificultades y los saldos negativos que esta concentración ha generado: dispersión y duplicidad de esfuerzos, falta de coordinación y de un plan más amplio y de mayor alcance.
Elegir nuestras formas de organización y rotar a las personas que detentan la responsabilidad en cada una de las áreas podrá hacernos crecer como personas y como movimiento para aspirar a formas de lucha más elaboradas.
En cada una de nuestras actividades tiene que agregarse el componente social que nos pueda dar cohesión entre nosotros, las comunidades en resistencia y la población en general. Así en cada actividad debieran incluirse el componente económico, educativo, de salud y alimentación, por medio del tianguis de productos propios y de las comunidades, talleres de auto-educación y dirigidos a niños y jóvenes, así como servicios de salud y alimentación saludable que nosotros mismos podemos y debemos promover y participar.
Juan Anzaldo Meneses
13 de abril, 2018.

No hay comentarios.: