sábado, 28 de abril de 2018

Voca 7, IPN: “LA NOCHE QUE NO FUIMOS HISTORIA” (18-09-68) Guión teatral de Felipe Galván

La noche que no fuimos historia.
Felipe de J. Galván Rodríguez
Colectivo Memoria en Movimiento
Brigadistas IPN 1967-1971
Marzo, 2018
Esta obra será montará el 18 de septiembre de 2018 frente al fantasma de la Vocacional Siete, a un costado de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. De lo que fue la Vocacional 7 sólo queda el auditorio que ocupa el teatro Isabela Corona. Hace dos años todo el edificio fue demolido por el actual gobierno, en un vano intento de borrar la memoria. 

Varios jóvenes observan hacia afuera del escenario. Uno se percata de algo que lo espanta. Les avisa a los demás sin palabras, sólo con gestos de angustia, desesperación, pánico.
Uno de los recién avisados mira y se espanta.
JAIME. - No, no es cierto que lo van a hacer.
No hay palabras del resto. Todos miran fijamente al sitio inicial que, no sabemos desde la platea qué es. 
Los jóvenes retroceden como esperando al demonio o algo peor que no pueden soportar, pero del que tampoco pueden huir. El retroceso es de miedo intenso que casi los paraliza.
Se escucha, desde el lugar que observan, el inicio de una descarga de ametralladora.
JAIME. - ¡Suelo!
Todos se lanzan al piso protegiéndose de la descarga que dura entre diez y veinte segundos. De pronto cesa. Alguno de los muchachos se levanta, huye; pero cuando está a punto de abandonar la escena, voltea a mirar a sus compañeros y sus gestos denotan su crisis que no acierta a qué hacer: abandonar a sus compañeros o quedarse con ellos. El inicio de una segunda descarga decide por él, que apenas alcanza a volver al piso como los demás.
La segunda descarga dura un poco menos, quince o veinte segundos. En ella se oyen gritos, angustias, quizá rezos.
Al cabo de esa segunda descarga, el primero de los muchachos levanta la cabeza. Mira hacia el lugar y retrocede, apenas a tiempo. Una tercera descarga afirma su retroceso en el mismo lugar donde se ha venido protegiendo boca abajo, con el cuerpo como queriendo hacer unidad con suelo.
La tercera descarga dura entre diez y quince segundos. Silencio, entre los muchachos, total.
Gran pausa, sin movimientos después de la tercera descarga. El silencio es absoluto, cual si fuera silencio mortal. Un movimiento casi imperceptible del que dio el grito inicial rompe el estatismo corpoauditivo.
JAIME. - ¿Están bien?
Nueva pausa de estatismo casi total y silencio contundente. El único que ha hablado rompe su voz entre temores.
JAIME. - Pregunté… si están bien.
Nueva pausa sin respuesta. Quién pregunta quiere levantarse, voltear a mirarlos y responderse con una probable respuesta sanguínea. Se contiene en movimiento, pero su voz casi llora por la angustia sobre la integridad de sus compañeros.
JAIME. -Con un demonio. Contesten. Díganme si se murieron o no.
JOSÉ. - Mmmm.
IVÁN. - Jjjjjjjjj.
MARTÍN. - Ttttttttttttttttttt.
JOSÉ. - Nnnnnnn.
IVÁN. - Mmmme Ccccuesta Nnnnablar.
El joven suspira. Levanta la cabeza. Mira adonde estaba la ametralladora, relaja sus gestos y se levanta.
JAIME. - Ya se fueron… con su ametralladora.
Todos se agrupan alrededor de la mirada hacia el lugar de los disparos.
IVÁN. - Que poca.
JOSÉ. - Deben ser los mismos de la bazuca.
JAIME. – No. Estos solo vinieron a asustar.
MARTÍN. - Bueno, nos fue menos peor.
IVÁN. - Por ahora.
JOSÉ. - Sí, por ahora.
MARTÍN. – Y tú ya te ibas, ¿verdad, maricón?
JOSÉ. - ¿Qué?
MARTÍN. – Bueno, ¿eres o no eres puto?
IVÁN. - ¡Déjalo!
MARTÍN. – Perdón. No sabía que eran novios. ¿Es tu mayatón, Pepona?
IVÁN. – Te voy a madrear.
JOSÉ. - ¡Quieto!
IVÁN. – Te está insultando.
JOSÉ. – No.
MARTÍN. - ¿Verdad que tengo razón?
IVÁN. – Y se burla el güey.
JOSÉ. -De sí mismo.
IVÁN. – No, es de ti.
JOSÉ. – Mira, el homofóbico es…
IVÁN. - El homo, ¿qué?
JOSÉ. –Homofóbico, el que rechaza, critica y ataca a los homosexuales.
IVÁN. - ¿Y cómo sabes eso? ¿Entonces sí eres?
JOSÉ. – ¿Te importa mucho saberlo?
MARTÍN. – Ya ves, Iván, ya ves. Te lo estoy señalando. Por eso lo debemos madrear. Por puto.
JAIME. – Dejen de hablar de pendejadas.
MARTÍN. - ¿Hay algo más grave que tener un puñal entre nosotros?
JAIME. – Hay cuestiones bastante más importantes que eso. Déjalo.
MARTÍN. - ¿Dejas al invertido sin corregirlo?
JAIME. – Sí. Eso es cosa de cada quien. Si no quieres nada con ningún homo pues no te metas con ninguno de ellos.
MARTÍN. - ¿Entonces qué hace aquí? Con nosotros.
JAIME. – Luchar. Igual que tú, Iván, yo y todos los que vinimos a luchar por la lucha.
JOSÉ. – Ya, por favor Jaime. En la lucha se lucha.
MARTÍN. – Y en las puterias se putea…
JAIME. - ¡Quietos! ¡Con un carajo! Mira Martín, a mí no me interesa la cola de nadie, ni la tuya, la de tu mujer, la de Iván o la de José. Cada quien sabe qué hacer con ella. Guardarla bajo siete llaves, compartirla con una pareja natural o prestársela a uno del mismo sexo es asunto de cada quien. Es su sexo
Aparece la Alegoría Arquitectónica. Los jóvenes se dispersan abandonando el sitio de la mirada.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA.– Ese fue el segundo ataque, el único realizado con uniformes verde olivo. Días antes llegaron los azules, granaderos y de la Ciudad, pero los muchachos los rechazaron. Eran especiales, muchachos especiales, los de la vocacional piloto, los únicos en el Instituto con sicología, literatura e historia además de mucha educación vocacional; tal vez por eso resultaron tan combativos, tan resistentes, tan épicos; y fue por eso, por su capacidad de auténticos guerreros tlatelolcas, por lo que fueron los más golpeados, los más agredidos, los más cercenados por los genocidas Díaz y Echeverría tratando de enterrarlos, silenciándolos al porvenir.
Asamblea. Varios jóvenes sentados alrededor de un estrado donde tres dirigen.
MARTÍN. - La razón del Estado para ametrallarnos es la del poder dictatorial que quiere liquidarnos sin piedad.
JAIME. -No, compañeros, fue un acto propio de amedrentamiento. Por supuesto que no nos van a liquidar.
JUAN. -Es cierto, la opinión mundial los ha señalado después del bazucaso y no están dispuestos a ser juzgados cuando la prensa mundial está en México.
MARTÍN. - Pero es una prensa deportiva, vienen a los olímpicos.
JAIME. – Y nosotros somos una amenaza a los juegos
MARTÍN. - Eso es el argumento del gobierno para justificar sus agresiones, sus asesinatos.
JAIME. - Lo estoy diciendo con ironía, compañero.
IVÁN. -Que bueno que lo aclaras. Ya estábamos creyendo que eras, por lo menos, madrina de la policía.
JAIME. - ¿A poco no hay agentes aquí?
MARTÍN. - Este es un movimiento democrático, abierto y
JAIME. - Y puede entrar un policía.
JOSÉ. - O varios.
JAIME. - Y militares disfrazados.
IVÁN. -Sí, puede entrar cualquiera. El único requisito es estar dispuesto a la lucha por los seis puntos del pliego petitorio.
JAIME. - Y las consecuencias de ello.
JOSÉ. - Sí. Las consecuencias de ello.
JAIME. - Incluso si eres militar o policía.
IVÁN. -Por eso, igual, debemos saber quiénes somos todos y cada uno de los que estamos aquí, en las brigadas, en las manifestaciones y en la defensa de la escuela.
MARTÍN. - No seas paranoico.
JOSÉ. - Sólo precavido. Por ejemplo. ¿Tú qué? ¿De dónde vienes?
MARTÍN. - ¿Yo?
IVÁN. - Sí tú.
MARTÍN. - ¡Loco! ¿No me has visto aquí casi desde el primer día?
IVÁN. - Sí, pero de dónde vienes.
MARTÍN. - De la Peralvillo
JAIME. - ¡Ya! No agredas.
MARTÍN. - Déjalo. No me agrede. Soy de la flota de la calle Mozart. Desde la primera madriza con los granaderos decidimos venir a estar con ustedes. ¿Quieres mis credenciales? Somos de la universidad de la calle. Ahí no hay papeles ni materias, la vida es la maestra exclusiva. Estamos con ustedes porque somos como ustedes. Esa es nuestra credencial. ¿Algún problema?
JAIME. -No, compañero, no hagas caso de los loquitos que les afecta que el pueblo esté con el movimiento. Igual que el gobierno y la prensa.
IVÁN. -No, no; me malinterpretan. Sólo quiero que todos sepamos quienes somos todos.
JAIME. - Pero no ataques.
IVÁN. - La claridad es necesaria.
JAIME. - Discúlpate con el compañero.
IVÁN. - Manito de la Mozart. Perdóname.
MARTÍN. - Ya vas, manito de la Cuauhtémoc
IVÁN. - No. Vengo de la colonia obrera.
MARTÍN. - De la Preparatoria Técnica Piloto. Así se llama la Vocacional 7, ¿no? La Cuauhtémoc.
IVÁN. – .
JAIME. - Los dos son jóvenes de la lucha.
JOSÉ. -Luchamos contra un fuerte enemigo. No podemos dividirnos entre nosotros.
MARTÍN. - Nadie se está dividiendo.
JAIME. -Esos cuestionamientos a los amigos solidarios pueden conducir
IVÁN. -Tampoco hagas drama de eso. El asunto de las divisiones es necesario de abordarse. Puede haber divisiones, y nadie se sentiría por ello.
JAIME. - No. Solo actuando todos juntos podemos avanzar.
JOSÉ. -Si alguien no quiere, no puede o no está de acuerdo con el todos juntos, puede retirarse. Esto es para los colectivos que asumen consecuencias.
JAIME. -Esa es la cuestión de la división. Asumir las consecuencias. ¿Ya tomaron conciencia de que pueden ser asesinados?
JOSÉ. - Estás asustando a la asamblea.
JAIME. -La asamblea debe saber, claramente, a que nos expone la lucha.
JOSÉ. -Lo sabemos todos, lo sentimos todos.; no provoques que se vayan.
JAIME. - Sí, porque si hay quien no esté dispuesto a darlo todo puede dividirse ahora y no a la hora de la verdad.
MARTÍN. - Ni que fuéramos Kamikazes.
JAIME. - No lo somos, pero nos puede pasar lo mismo que a ellos.
IVÁN. - El gobierno no será capaz.
JAIME. - ¿No? No estuviste en el ametrallamiento?
MARTÍN. - ¿No lo inventaron?
IVÁN. -Has de ser periodista de Zabludovsky, del Sol de México o del Heraldo.
JAIME. -Lleve alguien al compañero a la terraza del primer piso, para que vea las cicatrices que dejaron en el edificio las balas de la ametralladora.
MARTÍN. - Yo sólo decía.
IVÁN. - Pues no andes sólo diciendo, a lo menso, a lo provocador.
MARTÍN. - ¿Si no acepto tu verdad soy provocador?
IVÁN. -No, eres falto de valor. Si hay miedo por tu incredulidad, pues divídete y ya; pero no vengas a confundir a todos.
Una pareja de señoras con dos grandes bolsas aparece y los interrumpe.
SEÑORA 1. - Perdón.
SEÑORA 2. - Sólo entregamos esto y nos vamos.
JAIME. - No, señoras, no nos interrumpen. Pasen. Esta es su casa.
SEÑORA 1. - Gracias, pero no, mi casa está en el edificio de enfrente a la vocacional.
SEÑORA 2. - Y la mía atrás.
SEÑORA 1.- De mi edificio les mandamos una buena dotación de tortas, aquí hay algunas. En la cafetería les dejamos tres bolsas grandes.
SEÑORA 2- Y del mío les enviaron tres bolsas de tamales y dos ollas de atole. También están en la cafetería.
IVÁN. - ¿No trajo algunos aquí?
JAIME. - No seas tragón y cínico.
IVÁN. - Nada más pensé que igual que la señora de las tortas
JOSÉ. - ¡Cállate, grosero!
JAIME. - Déjalo, déjalo. Ahora te traigo un tamal.
IVÁN. - No. Perdóneme. Voy a la cafetería por él.
JOSÉ. - Estás en asamblea. No seas indisciplinado.
SEÑORA 1. - Mientras toma una torta. Ten.
IVÁN. - Gracias, señoras.
SEÑORA 1. - Queremos decirles que estamos muy angustiados.
JAIME. - ¿Ustedes?
SEÑORA 1. - Todo mi edificio.
-Y el mío. También el mío.
-No queremos que los maten.
-No los queremos desaparecidos.
-Tal vez sería bueno que ya no cuidaran la escuela de noche.
-De día es peligroso, pero se puede ver de dónde vienen los del gobierno.
-De noche no. Todos los gatos son pardos.
-Y aunque no lo sean de noche lo parecen, y entonces…
-Pues pasa lo de anoche.
-No se preocupen, no pasó nada.
-Ahora no, pero puede pasar después.
-Bueno, nada más eso queríamos decirles. Cuídense, por Dios.
-Con su permiso.
-Ya ven. Les dije.
-¿Qué dijiste? ¿Qué dijiste?
-No es cosa de miedo. Las señoras tienen razón. La precaución, la prevención.
-Yo tomo la palabra.
-¿Compañera?
-Sí. Soy yo, por si alguien no me conoce.
-Ay sí, tú.
-Cállate, mamón.
-A mí nadie me mamonea.
-¡Mamón!
-Cállense los dos. Pidió la palabra la compañera.
-Soy estudiante de la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Cuauhtémoc, Vocacional 7, y estoy matriculada en el grupo 2VSC.
-Sí compañera…
-No la pedí, la había tomado, pero me la quitaron.
-La tienes de vuelta. Toda tuya.
-Nada más es para que no queden dudas. Y ese es el problema. La duda y cómo interpretarla. Se discute sobre la duda del temor, del miedo, del pánico. Y sí, pudiera ser que sí, que esa fuera la duda que tenemos que abordar; la duda de si existe o no el miedo. Quiero decirles que es una discusión ociosa. Claro que también hay miedos que se vuelven temores, disminuyendo, y que también hay miedos que progresan a la angustia y al pánico inclusive. Es claro que hay, entonces y lo entendemos, de miedos a miedos. Pero no por eso se transforma en la duda que debe debatirse por la simple y sencilla razón de que todos lo tenemos. El miedo es intrínseco al ser humano, es un principio de aviso del organismo para estar alerta, para no dar pasos en falso, para defender la vida. Y aquí se trata de estar alertas, de tener claridad para no dar pasos en falso, de ser lo suficientemente inteligentes para no perder la vida. Por eso llevemos la duda al terreno de lo real. No debatamos sobre lo que ya tenemos y no nos va a abandonar, el miedo permanecerá. La duda que es un asunto individual y cada quien debe debatir consigo mismo para fortalecer la colectividad de nuestro movimiento de huelga es, ¿tengo o no la conciencia de que queremos democracia? ¿Tengo o no conciencia de la necesidad de liberar a los presos políticos, limpiar los aparatos de represión, dialogar públicamente con el estado? Esa es la verdadera duda de la estrategia. Lo demás es simple táctica. Quien tenga conciencia de su deber como estudiante, como politécnico, como mexicano y joven del mundo nuevo que estamos construyendo, continuará en la lucha con todo y nuestros miedos; quien no posea esa conciencia, se liberará de esta lucha y también de sus miedos. Así que sigamos discutiendo lo táctico. ¿Nos quedamos o no en la noche?
-Yo contigo sí me quedo toda la noche, mamacita.
-Pinche acosador de mierda.
Casi todos se lanzan sobre el galán corriente y vulgar.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. – Yo los conocí, nadie me lo contó. Era natural porque mis piedras montadas una sobre otra con exactitud perfectamente proyectada para sus pasos, sus crecimientos en sabiduría y las definiciones de sus futuros, formaron los pasillos donde corrieron sus conciencias concluyendo que había que transformar al país en un sitio más amable, mas igualitario, más democrático.
En escenario vacío se colocan varias bancas de escuela a manera de barricada. Se observan con displicencia por los mismos jóvenes que las colocaron. Uno de ellos desaprueba evidentemente.
1. - ¿Qué, no te gusta?
2. – No es cosa de gusto, es de efectividad.
1. – O sea que no es efectivo.
2. – Si yo fuera granadero.
1. – No te la jales. No eres, ¿verdad?
2. - ¿Cómo compruebas que no?
1. - ¡Compañeros! Aquí hay un granadero.
2. – Hasta menso eres.
1. - ¿Menso?
2. – Por no decirte pen… ya sabes.
1.- ¡Órale!
2. – Si fuera granadero no andaría así.
1. - ¿Cómo?
2. – Disfrazado de civil.
1. - ¿Entonces estás disfrazado?
2. – No.
1. – Con ese disfraz puedes ser judas o federapio.
2. - ¿Federapio?
1. – No, no eres.
2. - ¿Por qué?
1. – Por ignorante. Judas
2. – ¿Judas?
1. - De la judicial de la ciudad. Y federapio
2. – Esa es la que no sé.
1. – De la federal de seguridad, que es como el FBI mexicano. Esos sí puede que sepan como poner bien las bancas para que no se brinque cualquiera.
2. - ¿Y a poco nos van a mandar a cualquiera?
1. – Ese es el caso. Se supone que somos la escuela más combativa, ¿no?
2. – Eso dicen.
1. – Entonces requieren trato especial.
2. - ¿Requieren? ¿Tú no, güey?
1. – También. Hablo en sentido figurado.
2. – Pues ya me figuraste como de otra corporación.
1. - ¿Otra corporación?
2. – Policiaca.
2. – Bueno, ya tranquilízate. Primero granadero, luego judas, más adelante fede… quién sabe qué.
1. – Pues te das a sospechar tú solito.
2. - ¡Ya! Paranoias López.
1. - ¿Por qué López?
2. – Por simple. Las bancas son para detener o para espantar. Estas no detienen a nadie y no espantas ni a niños de la guardería de enfrente.
1. - ¿Entonces?
2. – No sirven para nada.
1. - ¿Las quitamos?
2. – Yo diría.
Sacan las bancas.
En escenario vacío aparece Quimera Arquitectónica.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. – Sí, fue aquí. Ahora soy solo ruinas. Pero hasta hace unos pocos años fui Hospital; aunque no se me construyó para hospital, ni siquiera para clínica. Fui construido como Escuela Preparatoria Técnica Piloto Cuauhtémoc, Vocacional 7. Y de ello, o más bien, de cómo a ello lo asesinaron desde la más alta esfera del poder del estado priista mexicano aquel año de 1968, es de lo que mi memoria se ocupa.
Un grupo de jóvenes agrupados en un extremo del escenario vigilan expectantes.
1. -Dije que era mejor no quedarnos por las noches.
2. - Hay que trabajar en el mimeógrafo y estar concentrados para cualquier cosa.
3. - Como huir, ¿no?
2. - Retirarnos, retirarnos. Es diferente.
3. - Es lo mismo, igual le damos las nalgas al enemigo.
2. - Allá tú si quieres dárselas. Yo retrocedo con los ojos bien puestos en su avance.
3. - Entonces te vas a ir sentado al precipicio.
2. – Si no conoces o si no tienes nada preparado, pues sí, te vas sentado, parado o de lado al hoyo.
1. - Dijiste que no eran capaces de entrar.
4. - Y hasta hace rato estaba seguro.
1. - ¿Pero sí preparaste la salida?
4. - Todos la saben.
1. - Yo no.
4. - Tendrás que seguirnos.
3. - Pero si vas a avanzar sin darles la espalda.
2. - El movimiento tiene ojos en todas partes.
1. - Ya avanzan.
5. - ¡Chin! Si vienen por el edificio.
4. - No.
5. - ¿No?
2. - Vienen por nosotros.
5. - ¿Cómo sabes?
2. - Traen armas cortas. Nos disparan, nos acorralan, nos matan o nos aprehenden y se van.
1. - ¿Si nos van a aprehender porqué vienen de noche?
4. - Si, ¿verdad?
2. - No quise decirlo.
3. - Vienen a matarnos.
1. - Obvio.
2. - Pues obvio qué hay que hacer.
3. - Pelarnos.
2. - Pero no a lo loco
Inician un camino hacia atrás. Siguiendo a uno que vigila de frente y da instrucciones. Rodeado de otro que en pánico camina alrededor, en desorden, en miedo, casi pánico.
4. - ¿Cómo?
2. - Síguenos, ya te lo dije, síguenos.
3. - Pero, no sé si es seguro. Si nos esperan afuera. Si nos venadean por donde salgamos.
1. - Calmado. Todo con calma.
2. - Por aquí.
6. - ¡Pero!...
2. - En sigilo. Silencioso. Para volar fuera de los pistoleros de Díaz Ordaz hay que moverse exacto, inadvertido, silencioso para la sabia retirada.
1. - Retirada, retirada. Hay que apurarse.
2. - Cuidado, a la derecha hay dos escalones.
1. - No es huida, no estamos huyendo; es lento, despacio; no como viento bravo, hay que hacerlo como brisa. Sutil, sutil.
2. - Llegamos. Esta es la puerta.
6. - Yo no. Mejor me salto para el otro lado.
5. - Estás loco
2. - Tranquilo.
1. - Todo está calculado.
6. - ¡No! ¡No! Nos estarán esperando por allá. Me voy por los talleres.
Mutis.
2. - Espera.
1. - Déjalo.
4. - Que dios lo cuide.
1. - Listo. Retrocedan uno a uno. Este es el último salón del primer piso.
2. - No, planta baja.
1. - Sí. Planta baja.
5. - Sin equivocarse.
Uno a uno, salen del edificio por un agujero, construido exprofeso.
Pausa, en escenario vacío.
Se escuchan gritos en off.
ZEBRA 1. - ¿Adonde?
ZEBRA 2. - ¡Alto!
Se escuchan dos balazos.
ZEBRA 1. - No, pendejo, no te voy a matar… ahora.
ZEBRA  2- A lo mejor hasta te perdonamos si nos dicen dónde están los demás.
6. - No sé.
ZEBRA 2. - Si no sabe nada y estaba aquí, entonces mátalo.
ZEBRA 1. - Ya oíste. ¿Dónde están los otros?
ZEBRA 2. - ¡Preparen!
ZEBRA 1. - ¿En qué lugar se escondieron?
ZEBRA 2. - ¡Apunten!
6. - Ya no están.
ZEBRA 1. - Te salvaste, puto. ¿Adónde se fueron?
Después de una pausa entran a escena varios hombres, civiles armados, con el joven que no quiso salir con los demás.
ZEBRA 2. - ¿Por dónde?
Les señala el agujero.
ZEBRA 2. - Mira nada más estos cabrones.
ZEBRA 1. – 
ZEBRA 2. - Se nos pelaron.
ZEBRA 1. - No todos.
ZEBRA 2. - Es cierto. No todos, ¿o no jovencito?
6. - Pero ya me salvé.
ZEBRA 1. - En aquel momento.
6. - Oiga, no.
ZEBRA 1. - Son órdenes.
Uno, dos disparos son hechos a quemarropa sobre el joven.
ZEBRA 2. - ¡Soldados! Cárguenlo.
ZEBRA 1. - No. Es mucho trabajo, está pesado.
ZEBRA 2. - Ni modo que lo dejemos aquí.
ZEBRA 1. - Ahí, en ese jardíncillo de afuera, entiérrenlo.
Los soldados civiles lo están enterrando. 
Mutis de los demás. Los soldados civiles dejan de enterrar y comienzan a desenterrar, ahora como trabajadores de otro tiempo. 
Descubren un cuerpo.
TRABAJADOR 1. - Aguanta, aguanta.
TRABAJADOR 2. - ¿Qué es eso?
TRABAJADOR - ¿Cómo que qué es? ¿No miras bien?
TRABAJADOR 3. - Pareces ciego.
TRABAJADOR 1.- Límpienlo bien.
TRABAJADOR 3. - ¿Y tú?
TRABAJADOR 1.- Voy por la ingeniero.
Mutis.
TRABAJADOR 2. - Está pelado. ¿No?
TRABAJADOR 3. - Fresco, fresco.
TRABAJADOR 4. -Bueno, no de ayer.
TRABAJADOR 2. - ¿Cómo de cuántos años?
TRABAJADOR 3. - ¿Te gusta para treinta?
TRABAJADOR .- Dos mil menos treinta. Setenta.
TRABAJADOR 2. - O dos menos.
TRABAJADOR 3. - ¡Ah cabrón!
Entra en escena la ingeniero.
INGENIERO. - ¿Qué tenemos aquí?
TRABAJADOR 1. - Un cadáver fresco, ingeniero.
TRABAJADOR 2. - ¡Ingeniera!
INGENIERO. - Está bien. A ver.
TRABAJADOR 3. - Mire. A lo sumo tiene veinte o veinticinco años.
INGENIERO. - ¡Ay cabrón! Perdón, perdonen señores.
TRABAJADOR 1. - No se preocupe, está bien, ingeniera.
TRABAJADOR 2. - ¡Ingeniero!
TRABAJADOR 3. - Como sea, pero tiene razón. Está cabrón.
INGENIERO. - Es uno de los…
TRABAJADOR 1. - Seguramente.
INGENIERO. - Hay que avisar.
TRABAJADOR 2. - ¿A quién?
TRABAJADOR 3. - Pues a la autoridad.
INGENIERO. -  Pero no nada más.
TRABAJADOR 4. - A la prensa.
INGENIERO. – Sí. Y a alguien más.
La ingeniero marca en teléfono celular y habla.
Pausa.
Aparece un hombre de traje, es el gerente. Un hombre autoritario.
GERENTE. - No, ingeniero. No. Esto no es asunto de prensa.
INGENIERO. - Usted me disculpará, señor, pero ya saben.
GERENTE. - ¿Cómo?
INGENIERO. - Incluso vinieron del Comité del 68 y
GERENTE. - De ninguna manera.
INGENIERO. - No le hablo de lo que va a ser, le informo de lo que pasó.
GERENTE. - ¿Y ustedes qué hacen aquí?
INGENIERO. - Son parte de quienes descubrieron
GERENTE. - Nada, nada; ya le reportaron a la ingeniero. Ahora a trabajar, no los quiero perdiendo el tiempo.
TRABAJADOR 4. - Sí, señor.
TRABAJADOR 3. Disculpe.
TRABAJADOR 1. - Toque de retirada.
Mutis de todos. Quedan solos el hombre autoritario y la ingeniero.
GERENTE. - Pero ¿cómo se atrevió a hacerlo sin avisarme?
INGENIERO. - Yo no lo hice. Primero, no lo descubrí yo, eran como diez trabajadores, luego vinieron los vecinos y bueno… la prensa, la radio y la televisión. Este hecho es de los que se entera todo mundo de inmediato.
GERENTE. - Imposible.
INGENIERO. –Desde la mañana es noticia.
GERENTE. - ¡Carajo! ¿Y ahora qué hacemos?
INGENIERO. - Seguir la noticia y ya. Establecer la verdad sobre los restos y aclarar cómo, cuándo y quién enterró a este hombre hace alrededor de veinte años.
GERENTE. - ¿Está usted loca?
INGENIERO. - ¿Por qué me dice eso?
GERENTE. - Es un asunto de seguridad nacio… ¿Por qué le estoy diciendo esto? Usted nada más proceda como se le diga.
INGENIERO. - Pero
GERENTE. - Debo pensar con calma y frialdad, pero para resolver esto ya.
INGENIERO. - Señor.
GERENTE. - No me interrumpa. Con la noticia volando, esto se ha convertido en un asunto de vida o muerte.
INGENIERO. - ¿Para quién?
GERENTE. - Espere. Creo que ya sé cómo.
Saca su teléfono celular. Marca un número. Habla por el aparato.
GERENTE. - ¿Señor? Sí, soy yo. No, no se preocupe, ya tengo la solución, pero requiero de su ayuda y… tengo que decírselo, con premura.
Pausa.
GERENTE. - Sí, entiendo la gravedad del asunto, pero lo vamos a resolver de inmediato. Únicamente que yo no puedo solo. Requiero de su apoyo, de su fuerza, de su poderío.
Pausa.
GERENTE. - Claro que le explico antes de emprender cualquier acción. Y para eso le llamo, para resolver esto.
Pausa.
GERENTE. - Si me permite se lo expongo de inmediato.
Pausa.
GERENTE. - Sí señor, por supuesto, la palabra definitiva es la suya.
Pausa.
GERENTE. - Se trata de que nos apoye Antropología e Historia. Si usted considera conveniente podrían venir especialistas autorizados de ahí, máximas autoridades reconocidas nacional e internacionalmente, con prestigio y credibilidad inobjetable, para que constaten que encontramos unos restos del siglo XIV, o de antes, en los alrededores de las ruinas de la Plaza de las Tres Culturas. ¿Le parece aceptable, señor? ¿Podríamos hacerlo así para acallar lo que hay que callar?
Pausa.
GERENTE. - Gracias, señor, gracias. No le quito más el tiempo y, quedo en espera.
Cuelga.
GERENTE. - Todo solucionado.
INGENIERO. - Pero es mentira, señor.
GERENTE. - Aquí no pasa lo que pasa, sino lo que decimos que pasa. ¿Entiende?
INGENIERO. - ¿Y la verdad?
GERENTE. - Esa es una verdad histórica.
INGENIERO. - ¿Y la moral?
GERENTE. - Ingeniero, no me diga que no conoce el gran axioma de la vida política mexicana acerca del tema.
INGENIERO. - ¿Cuál tema?
GERENTE. - El de la moral. ¿No lo sabe?
INGENIERO. - No señor.
GERENTE. - La moral es un árbol que da moras.
INGENIERO. - Pero señor… yo no puedo.
GERENTE. - ¿No puede qué?
INGENIERO. - Declarar una falsedad.
GERENTE. - Usted no va a declarar, lo harán expertos de Antropología e Historia.
INGENIERO. - Pero soy la ingeniero, responsable del descubrimiento. Me van a preguntar.
GERENTE. - Cuando le pregunten responderá dándole la razón a los expertos de Antropología e Historia.
INGENIERO. - No.
GERENTE. - ¿Cómo?
INGENIERO. - Dije no. No puedo mentir. No voy a mentir.
GERENTE. - ¿No? ¿Aunque sea una verdad histórica?
INGENIERO. - No.
GERENTE. - ¿Cuándo se descubrieron estos restos?
INGENIERO. - Hoy por la mañana.
GERENTE. - Muy bien. Hágame el favor de pasar a la caja dentro de media hora.
INGENIERO. - ¿A la caja? ¿Para qué?
GERENTE. – Va a cobrar.
INGENIERO. - No es fin de semana.
GERENTE. - Recibirá su liquidación. Usted renunció el día de ayer por la tarde.
INGENIERO. - Pero… pero…
Mutis de ambos.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. –Desde la antigüedad las piedras decimos lo que ningún tiempo puede borrar. Competimos en decires sobre actitudes humanas con las pinturas rupestres. Las piedras se guardan en presencia durante el tiempo que estuvieron construidas tal como se diseñaron desde la proyección de la audacia modernista de tres culturas coincidentes en la presencia de piedras del anteayer, del ayer y del hoy que fue en los sesenta vigésimos centenarios. Fui conformada para cantar a tres voces verdades dichas en sólidos conciertos de: precatólicos constructos, edificaciones de imposición teológica y gritos arquitectónicos al mundo desde la presuntuosa modernidad de un país en ascenso. Pero las piedras no mienten, excepto cuando son manipuladas por extrañas acciones. Así se ha escrito la historia de mis piedras manipuladas para ser asiento de juventud estudiosa
Aparecen Dos jovencitos de 18 o 20 años.
JAIME, MINERAL. – Tocayo, tocayo. Hay que ir a la Ciudad Universitaria. Carpóforo vino a decirnos que Vázquez no puede y que nos toca.
JAIME, RUSO. - ¿Y por qué no va el Sandoval?
JAIME, MINERAL. – Dice que no quiere desvelarse.
JAIME, RUSO. – Genio y figura.
JAIME, MINERAL. – Parece que le toca comisión a Chilpancingo.
JAIME, RUSO. - ¿Comisión? Va a ver a su familia, que comisión ni que nada.
JAIME, MINERAL. – Bueno, un poco lo uno, otro poco lo otro.
JAIME, RUSO. - ¿Y vamos solos?
JAIME, MINERAL. – Nos llevamos al Martín.
JAIME, RUSO. - ¿El grillote del Martín?
JAIME, MINERAL. – Cómo si los demás no lo fueran.
JAIME, RUSO. - ¿Quiénes?
JAIME, MINERAL. – El Carpo y el Sandoval.
JAIME, RUSO. – Son pescaditos. Ya sabes.
JAIME, MINERAL. - Hasta Vázquez, ¿no?
JAIME, RUSO. – Sí. Él también es rábano.
JAIME, MINERAL. - ¿Rábanos?
JAIME, RUSO. – Así les dicen los del oro de Pekín.
JAIME, MINERAL. - ¿Los mamelucos?
JAIME, RUSO. – Los que aman a Mao.
JAIME, MINERAL. – El que no ama a Mao
JAIME, RUSO. – No andes metiendo la boca donde no debes.
JAIME, MINERAL. – Bueno, pero son comprometidos.
JAIME, RUSO. – Casi siempre.
JAIME MINERAL. – No, sí.
JAIME, RUSO. – Ya ves, ahora no van. Le entramos de emergentes de los rábanos.
JAIME, MINERAL. - ¿Por qué rábanos?
JAIME, RUSO. - Dicen que son rojos por fuera y blancos por dentro.
JAIME, MINERAL. – Ay sí, como tú eres ruso, tocayo.
JAIME, RUSO. – No, no presumo de ser más ruso que ellos. Ya ves, tienen experiencia. Pero a los trancazos sí… como que los ven teóricamente.
JAIME, MINERAL. – Bueno, nos vamos.
JAIME, RUSO. - ¿Hasta C. U.? ¡No!
Aparece Martín, ha escuchado lo último. 
MARTÍN. - ¿Qué? ¿No quieres ir?
JAIME, RUSO. - ¿Por qué no nos avisaron antes?
MARTÍN. – Es emergencia.
JAIME, RUSO. – No sé si sea correcto que vayamos nosotros.
MARTÍN. – Ya se decidió. Además, no sería la primera ocasión que fuéramos.
JAIME, MINERAL. – Pero siempre lo hemos hecho acompañando a alguno de los viejitos.
MARTÍN. – Siempre hay una primera vez.
JAIME, RUSO. – Si no sabemos hablar.
MARTÍN. – Serás mudo.
JAIME, RUSO. – No pero como que nos faltan argumentos.
MARTÍN. – Igual que en la escuela. Te acuerdas aquella primera ocasión, cuando nos tocó el micrófono después de sacar a los porros de la FNET.
JAIME, MINERAL. – Nos pasábamos el micrófono de mano en mano. Nadie quería hablar.
JAIME, RUSO. – Nadie sabía hablar.
MARTÍN. – Ahora ya hasta dirigimos las asambleas.
JAIME, RUSO. – Sí, pero el Consejo Nacional de Huelga es otro nivel. Ahí sí me siento novato.
JAIME, MINERAL. – Es una cuestión de práctica y formación.
JAIME, RUSO. – Nosotros apenas comenzamos, no tenemos experiencia, ni tampoco formación.
MARTÍN. – Somos gente comprometida con el movimiento.
JAIME, RUSO. – Sí, pero de los nuevos.
JAIME, MINERAL. – De los recién iniciantes.
JAIME, RUSO. – Nos falta capacidad.
JAIME, MINERAL. – Nos va a agarrar el pánico escénico.
MARTÍN. – Pánico escénico… si no es teatro, Jaime.
JAIME, RUSO. – Peor, será una función sin ensayo y sin riesgo de equivocarse. Imagínate la responsabilidad.
MARTÍN. – Precisamente es un asunto de responsabilidad. La Vocacional siete debe estar presente y nosotros somos los designados.
JAIME, MIMERAL. – Que se nombre a otros mejores oradores.
JAIME, ROJO. – Y que tenga la experiencia que nosotros no tenemos.
MARTÍN. - ¡Ya! No hay tiempo.
JAIME, ROJO. – No te enojes. Hay que ser prácticos.
JAIME, MINERAL. – Y fogueados. No como nosotros.
MARTÍN. – Por practicidad, vamos nosotros; el movimiento ya nos ha fogueado.
JAIME, MINERAL. – No lo suficiente.
JAIME, ROJO. – Falta, falta.
MARTÍN. – Miren, pareja de socios irresponsables. ¿Van o no van?
JAIME, RUSO. - ¿Adónde?
MARTÍN. – Pues a la reunión del Consejo Nacional de Huelga.
JAIME, RUSO. - ¡Ah!
MARTÍN. – A menos que sigan con su chingadera de no ir.
JAIME, MINERAL. – Nadie ha dicho que no quiere ir.
MARTÍN. - ¿Hasta C. U? ¡No!
JAIME, MINERAL. – Oh, que limitado eres, Martín. Todo lo crees al pie de la letra.
MARTÍN. – Bueno, ¿van o no van?
JAIME, MINERAL. – Claro. ¿Cómo qué no?
JAIME, RUSO. - ¿En qué nos vamos?
MARTÍN. - ¿Ya ves? ¿Ya ves?
Los Jaimes se ríen.
MARTÍN. - ¿Se están burlando?
JAIME, RUSO. – De ti. ¡No!
JAIME, MINERAL. – Ya sabe que nos vamos en el carro de mi papá. Me lo traje. Lo presta para el movimiento.
MARTÍN. – Viejo solidario.
JAIME, MINERAL. – No, es joven, anda en poco más de cuarenta.
MARTÍN. – Viejo.
JAIME, MINERAL. – Chavo.
MARTÍN. – Anciano de cuarentaitantos.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. – Se fueron desde temprano a la C. U., larga distancia desde Tlatelolco, pero éran jóvenes, tenían carro; bueno, el carro del papá de ellos, pues se les hizo corto y rápido. En un sin pensar en lo largo y tardado que podía ser el trayecto… de pronto ya estaban en San Ángel. Se iban a meter al circuito universitario. La entrada elegida estaba con la pluma abajo y, como barricada, una brigada de activistas la cuidaba. Hubiera bastado identificarse como…
JAIME, MINERAL. – Consejo Nacional de Huelga. Vocacional siete, Cuauhtémoc. ¿Esa es la clave?
MARTÍN. – Sí, mano.
JAIME, RUSO Y MARTÍN. – Pero no.
JAIME, MINERAL. – No ¿por qué?
JAIME, RUSO Y MARTÍN. – Para que no haya purrúm.
JAIME, MINERAL. – Purrúm ¿de qué?
JAIME, RUSO Y MARTÍN. – De cualquier cosa. Uno nunca sabe.
JAIME, MINERAL. – ¿Y?
JAIME, RUSO Y MARTÍN. – Date la vuelta y vámonos para la otra colonia. Por si las moscas llegan a depositar su excremento.
JAIME, MINERAL. - ¿Si las moscas llegan a qué?
JAIME, RUSO Y MARTÍN. – A cagar, pendejo; a cagar.
ALEGORIA ARQUIT.– Alguno de los dos pendejeó a Jaime, mineral; Martín o el otro Jaime, o los dos. Y él hizo caso. Bendito caso. Pero así era entonces, bastante directos y muy tolerantes. Las críticas se hacían a calzón quitado y si eran correctas pues se pensaban y trataban de corregirse. No sé si era signo de los que estaban en el movimiento o de toda la gente de entonces. El hecho fue que estacionaron el auto atrás de la barda que divide al campus universitario de la colonia colindante a Ciudad Universitaria. Seguro que por eso también no chistó ninguno de los Jaime, porque era muy divertido ver a Martín saltar una barda. Era torpe, como mal hecho de los músculos. Lo ayudábamos, pero con burla, con diversión a causa de su limitada agilidad. Franca o cínicamente se reían de él. Pero fue buena cosa eso de dejar el carro afuera, porque de otra manera hubieran tenido que irlo a sacar del campo militar o quedarse dentro del cerco para cuidarlo; igual, de no haberlo dejado, por si las moscas, afuera del campus, se hubieran complicado las cosas. Porque las moscas llegaron, en número de varios miles.
JAIME, MINERAL. – Hay rumores.
MARTÍN. – Espérate.
JAIME, MINERAL. – Son preocupantes.
MARTÍN. – Ahora te atiendo. Déjame escuchar lo que dice el Búho.
JAIME, MINERAL. – Los de la mesa están nerviosos. Míralos.
MARTÍN. – Los miro.
JAIME, MINERAL. - ¿Y?
MARTÍN. - ¿Y qué?
JAIME, MINERAL. – Cómo que y qué. ¿Cómo los miras exactamente, en este momento?
MARTÍN. – Exactamente, en este momento se miran como exactamente en otros muchos momentos se han mirado.
JAIME, MINERAL. – No cómo se miran entre ellos, sino como se miran desde donde los estás mirando tú, desde donde los estoy mirando yo y los demás.
MARTÍN. – Los demás… cada uno en su rollo; como tú y yo.
JAIME, MINERAL. – Pues métete al rollo de mirarlos desde aquí, cómo los miras ahora junto conmigo.
MARTÍN. – Igual que siempre.
JAIME, MINERAL. – No’mbre.
MARTÍN. – Sí. Mientras habla otro, cualquiera, se ponen a discutir quién va a hablar después y…
JAIME, MINERAL. – Pero si ya está la lista.
MARTÍN. – Bueno, discuten cómo va a hablar al que le toca hablar después del que está hablando.
JAIME, MINERAL. – Ni que fueran adivinos.
MARTÍN. – No, pero ya saben qué dijeron o qué acordaron en las asambleas de cada escuela, incluida la del que va a hablar después del que está hablando.
JAIME, MINERAL. – Igual, están más agitados que siempre.
MARTÍN. - ¿Y por qué habrían de estarlo?
JAIME, MINERAL. – Por los rumores.
MARTÍN. - ¿Cuáles rumores?
JAIME, MINERAL. – Pues los que te estoy diciendo.
MARTÍN. – No me has dicho ningún rumor.
JAIME, MINERAL. – Pero si fue lo primero que te dije: Hay rumores.
MARTÍN. - Sí, me dijiste, “hay rumores”, pero no me dijiste absolutamente ningún rumor de ninguna especie.
JAIME, MINERAL. – Pues no me has dejado.
MARTÍN. – Bueno, ¿qué chismes traes?
JAIME, MINERAL. – No son chismes.
MARTÍN. – Bueno, ¿cuál es la información que me vas a proporcionar?
JAIME, MINERAL. – No seas mamut.
MARTÍN. - ¿No miras que hay que atender esto?
JAIME, MINERAL. – Pues de eso se trata.
MARTÍN. - ¿De atender o no?
JAIME, MINERAL. – De seguir aquí o no.
MARTÍN. – Hay que seguir hasta que se acabe.
JAIME, MINERAL. – Pues a lo mejor ya no hay posibilidades de que se acabe como dios manda.
MARTÍN. – Aquí no manda dios, aquí manda la democracia.
JAIME, MINERAL. - ¿Y si a la democracia se la come el ejército de las moscas?
MARTÍN. - ¡No jales!
JAIME, MINERAL. – No jalo yo, es tu presidente. Parece que ya los mandó.
MARTÍN. - ¿Y por qué no me dijiste antes?
JAIME, MINERAL. – Pues no me dejas.
MARTÍN. – Mira, tranquilo. Nos han amenazado varias veces con esa cobija de muerto.
JAIME, MINERAL. – Muertos vamos a quedar si nos agarran.
MARTÍN. - ¿Cómo saber si es cierto?
JAIME, MINERAL. – El ruso fue con los de vigilancia. Ya avisarán. Pero desde hace rato nos llamaron para decir que los de verde olivo salieron por miles del Campo Militar número uno
MARTÍN. - ¿Y no era falsa alarma?
JAIME, MINERAL. – Es lo que fueron a mirar los de vigilancia
MARTÍN. - ¿Por eso dices que se agitaron los de la mesa?
JAIME, MINERAL. – Sí, pero tú ni me pelas.
MARTÍN. - ¡Compañeros! ¡COMPAÑEROS! ¿Qué confirmación tenemos del supuesto avance del ejército hacia Ciudad Universitaria?
Jaime, ruso, entra agitado.
JAIME, RUSO. - ¡Ya vienen! Están cruzando el monumento a Obregón. Van a sitiar C. U. y aprehender a todo mundo. Quieren al Consejo Nacional de Huelga.
JAIME, MINERAL. - ¡Vámonos!
MARTÍN. - ¿Cómo?
JAIME, RUSO. – Pues corriendo.
JAIME, MINERAL. – O rodando, pinche gordo.
MARTÍN. - ¿Por dónde?
JAIME, RUSO. – Por donde dejamos el carro.
MARTÍN. - ¿Por la barda?
JAIME, MINERAL. – Por eso dejamos el carro afuera.
MARTÍN. – Pero yo
JAIME, MINERAL. - ¿Tú qué?
MARTÍN. – Me costó mucho trabajo.
JAIME, MINERAL. - ¿Quieres mucho trabajo o campo militar?
MARTÍN. – Pues…
JAIME, RUSO. – No dudes.
JAIME, MINERAL. – O te dejamos.
MARTÍN. – No, por favor.
JAIME, RUSO. – No le creas a corazón de piedra.
JAIME, MINERAL. - ¿Cómo?
MARTÍN. – Corazón de piedra te dijo.
JAIME, MINERAL. – No te rías que tienes que saltar eso. Y tú, ruso, no me andes piedreando.
JAIME, RUSO. – Pedreando.
JAIME, MINERAL. - ¿De piedra o de pedra?
JAIME, RUSO. - ¿Avientas pedradas o piedradas?
MARTÍN. - ¡Piedrotas! Miren nada más.
JAIME, MINERAL. – Es la misma que saltaste al llegar.
MARTÍN. – Pero de allá para acá se mira menos alto que de aquí para allá.
JAIME, MINERAL. – La altura es la misma.
JAIME, RUSO. – No temas. Mírala como un pequeño obstáculo.
MARTÍN. – Sí, como no.
JAIME, MINERAL. -  Te cargamos los dos para que te apoyes más arriba.
JAIME, RUSO. – A ver, echa la mitad de tu tonelada de peso a mis manos.
JAIME, MINERAL. – Y la otra media tonelada a las mías.
MARTÍN. - ¡No frieguen!
JAIME, RUSO. – Ándale, que no hay tiempo.
JAIME, MINERAL. – Nos ven a pescar.
JAIME, RUSO. – Ni que fuéramos pescados.
JAIME, MINERAL. – Esos no vinieron.
JAIME, RUSO. – Pues entonces apúrate para que no nos confundan.
JAIME, MINERAL. – Pues este voluminoso. Yo estoy listo.
JAIME, RUSO. – Órale, Martín.
MARTÍN. – Miren. Ahí hay un hoyo.
JAIME, RUSO. – Sí. Va por ahí.
JAIME, MINERAL. – Pero… ¿no miras? Está menos ancho que su abdomen.
MARTÍN. – No, sí quepo.
JAIME, MINERAL. – No, mejor te cargamos.
JAIME, RUSO. – Nos va a aplastar.
JAIME, MINERAL. – No seas maricón, tocayo. Bríncale, Martín.
MARTÍN. – Sale.
Martín se introduce al hoyo. Hace un gran esfuerzo.
JAIME, MINERAL. - ¡Ya te atoraste!
JAIME, RUSO. - ¡Enflácate!
JAIME, MINERAL. - ¿Pues cómo?
JAIME, RUSO. - ¡Estírate!
JAIME, MINERAL. – Imposible.
JAIME, RUSO. - ¡Puja! ¡Puja!
MARTÍN. – Emmmmmmmm.
JAIME, RUSO. – Concéntrate.
JAIME, MINERAL. - ¡No te dobles!
MARTÍN. – Emmmmpujenme.
JAIME, MINERAL. - ¿Qué?
JAIME, RUSO. – Que lo empujes.
JAIME, MINERAL. – Los dos.
JAIME, RUSO. - ¿Los dos?
MARTÍN. - ¡Emmmpujen!
Ambos empujan.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA.– Salieron apenas a tiempo. Abordaron el vehículo y aún pudieron salir por Avenida Universidad. En Taxqueña doblaron con rumbo a Insurgentes y todavía miraron buena parte de los miles de huachos que llegaban a invadir la Ciudad Universitaria. Eran más de las diez de la noche. Conduciendo el auto fueron a recorrer posibles salidas y sí, muchos lograron, como ellos, escapar. El cerco fue enorme y efectivo, pero lleno de agujeros por diferentes lados por los que se pudo salir sobre todo antes de que se cerrara. El Consejo Nacional escapó ileso en su totalidad. Tardaron como tres horas en retornar hasta Tlatelolco, en llegar nuevamente a mi. Venían muy cansados pero muy efusivos, querían informar de inmediato a la asamblea; pero no eran horas y las condiciones no estaban para informar a ninguna base.
SAMY. - ¿Quién vive?
JAIME, RUSO. - ¿Cómo quién?
JAIME, MINERALES. – No mames.
MARTÍN. – Somos nosotros, los que fuimos al Consejo Nacional.
JAIME, RUSO. - ¡Ábrenos!
SAMY. - ¿Quién me dijo mamón?
MARTÍN. – Fuenteovejuna, señor.
SAMY. – Mamones ustedes. Ya, pásenle.
JAIME, MINERAL. - ¿Qué horas son estas de vigilar?
SAMY. – Pues todas, güey.
JAIME, MINERAL. - ¿A quién le dices güey?
SAMY. – Tú fuiste el que me dijo mamón.
JAIME, MINERAL. - ¿Y?
SAMY. – Estamos a mano. Métete para cerrar.
JAIME, MINERAL. – Pinche Samy
SAMY. – Mira cabrón
JAIME, RUSO. - ¡Ya! Los dos. Estamos todos muy cansados. Pero hay que informar a todos.
SAMY. – Todos están dormidos. Está bien lo de descansar ahora
JAIME, MINERAL. – Sí, ya me cabroneaste.
SAMY. – Después de que me pincheaste.
MARTÍN. – Ya párenle. Por favor.
SAMY. – Pues este, viene muy afilado.
MARTÍN. - ¿Estás solo?
SAMY. –No. Somos tres haciendo la guardia. Si viene alguien, uno avisa a aulas en pisos, otro a laboratorios y el tercero a talleres.
JAIME, RUSO. - ¿Dónde nos recomiendas para dormir?
MARTÍN. – El sitio donde estén menos apilados.
JAIME, RUSO. – Y haya cobijas disponibles.
SAMY. – No. En todos los sitios estamos llenos.
JAIME, MINERAL. - ¿Y ahora el Samy es el gerente del hotel?
SAMY. - ¡Mira! Ya me hartaste
JAIME, RUSO. - ¡Quieto, Samy!
JAIME, MINERAL. – Déjate venir, pandillerito pocos huevos
MARTÍN. – Tú también. ¡Quieto!
JAIME, MINERAL. – Déjame, piche gordo.
MARTÍN. – Grita lo que quieras, pero nada de manos.
JAIME, RUSO. – Y no agredas, tocayo.
JAIME, MINERAL. - ¿No es pandillero?
JAIME, RUSO. – Y solidario. Tú estás en esto porque eres estudiante, él por solidaridad, por conciencia, por compromiso
SAMY. –Y por mis huevos, así que no me vuelvas a pocohuevear. ¿Oíste?
JAIME, RUSO. – Ya, tocayo. Es cierto
MARTÍN. – Sí, Jaime. El y su pandilla
SAMY. – Toda la flota de la Santa María.
JAIME, RUSO. – Y los de Peralvillo, San Simón, Lagunilla, Tepito, la Unidad…
MARTÍN. – No tendrían que estar aquí por sus propios intereses. Pero están porque creen en la justeza del movimiento. No lo vuelvas a insultar.
JAIME, RUSO. – Y harías bien en disculparte.
Pausa.
SAMY. – No es necesario.
MARTÍN. – Está bien.
JAIME, RUSO. – No. Discúlpate.
MARTÍN. – Ya dijo Samy que no es necesario.
JAIME, RUSO. – Es por principio. Vamos a trabajar juntos, como desde hace casi dos meses.
MARTÍN. – Y quién sabe cuánto falta.
JAIME, RUSO. – Discúlpate.
SAMY. – No lo obligues.
JAIME, RUSO. – Si no lo hace se marca como inconsecuente.
JAIME, MINERAL. - ¿Y cómo pendejo?
JAIME, RUSO. – Si no te disculpas, sí.
Pausa.
MARTÍN. – Ya hombre.
Media pausa.
JAIME, MINERAL. – Perdón, Samy.
SAMY. – No te preocupes. Y tú también… perdóname.
JAIME, RUSO. – Listo. Vámonos.
MARTÍN. - ¿Adónde?
JAIME, RUSO. – A dormir.
MARTÍN. - ¿Y el informe?
SAMY. – Todos están dormidos.
MARTÍN. – Pues le informamos a Samy, ¿no?
JAIME, RUSO. – No seas terco.
JAIME, MINERAL. – Mañana que lleguen los del turno de la mañana.
MARTÍN. - ¿Hasta entonces sabrán de la invasión de Ciudad Universitaria?
SAMY. – Ya sabemos.
JAIME, RUSO. - ¿Cómo?
SAMY. –Varios vecinos vinieron a avisarnos. Hasta pensamos que ustedes estaban presos. Mañana informan.
MARTÍN. - ¿No te importa?
SAMY. – Claro. Pero no es hora de informar.
MARTÍN. – Pero tú estás de guardia.
SAMY. – Ya vamos a terminar.
JAIME, RUSO. - ¿Y te vas a tu casa?
SAMY. – No, aquí nos dormimos.
JAIME, MINERAL. - ¿No que no había espacio?
SAMY. – Adonde ustedes querían ir no.
JAIME, MINERAL. – A la cafetería no, ahí vamos nosotros.
SAMY. – No te preocupes. Tenemos otro lugarcito.
MARTÍN. - ¿Secretos?
SAMY. – Los necesarios. Solo los necesarios, Martín.
MARTÍN. - ¿Y no nos invitas?
SAMY. – No. Ustedes ya tienen su cafetería.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA.– Soy piedras estructuradas que soportan pasos y aconteceres humanos, que miran risas y llantos con múltiples puntos intermedios en el complejo acontecer en las emociones humanas. Pero también soy de piedras que guardan memoria, que tienen registrados dolores, lamentos y atrocidades humanas. De estas, recuerdo muchas, pero existe una de la que guardo memoria mayor; la de aquella noche, la que se inició con el retorno de los que no iban a morir por obra y gracia de las circunstancias, del rechazo a un lugar para el bien dormir, por la imposibilidad de obtener tapados para la frescura nocturna, mientras se duerme, se descansa, se deja de vivir en realismo puro para habitar la poética surrealista. Los sueños relatan lo que la realidad fue incapaz de asumir como verdad, como elemento fundamental de lo que se hace memoria humana, como la que me creo y crio construyendo para habitar del cunero saber juvenil… yo creí que para siempre o por largo tiempo, pero no, solo unos múltiples días representados en contados meses y únicamente con menos de los dedos totales de una mano; los pocos años en los que fui Vocacional.
MARTÍN. - ¿Para qué quieres dos colchones? ¿No te basta uno?
IVÁN. - Si serás bruto. Pon uno en el suelo.
MARTÍN. - ¿Así?
IVÁN. - Ahora acuéstate.
MARTÍN. -¿De esta manera?
JAIME. - Muy bien.
MARTÍN. - ¿Y ahora?
IVÁN. - Ahora dime ¿con qué te vas a tapar?
MARTÍN. - Ay pues…
IVÁN. - Con el otro colchón, menso.
MARTÍN. - Gracias, gracias.
JAIME. - ¿Ya ves?
MARTÍN. - Bueno, ya no me menseen.
JAIME. - ¿No te lo mereces?
IVÁN. - Has dado suficientes razones.
MARTÍN. - Es que estoy muy cansado.
JAIME. - ¿Acaso estoy en un lecho de rosas?
IVÁN. - No, pero te invito a un lecho de hule espuma.
MARTÍN. - ¿Cabemos los tres?
IVÁN. - No se preocupen, hay los que quieras.
JAIME. - Es igual.
IVÁN. - Me da lo mismo.
JAIME. - Bueno, como quiera cada uno
MARTÍN. - Sí. Cada quien elija.
JAIME. - Pero ya.
IVÁN. - No me presiones.
JAIME. - Por favor entonces.
IVÁN. - ¿Entonces qué?
MARTÍN. - ¡Ya!
IVÁN. - ¿Ya qué?
MARTÍN. - Descansen.
JAIME. - ¿Descansen?
MARTÍN. - O dejen descansar. Pero ya.
Los tres se acuestan. La atmósfera se enrarece. En movimientos cual si fueran grabados en cámara lenta aparecen Las zebras. Grupo armado vestido como civiles, pero con evidente disciplina militar en sus movimientos. Pasan de largo junto a los dormidos. Uno se detiene.
ZEBRA 1. - ¡Aquí puede haber algunos!
A señas lo invitan al silencio y, una vez asumido por este la indicación, lo llaman para que los siga. Se va con ellos que han descubierto a algunos vigilantes que lanzan molotovs, les responden con disparos.
Los zebras arrastran un cuerpo hasta la salida.
Uno de los dormidos cuenta, entre sueños.
MARTÍN. - ¿Habrán pasado por aquí? Tengo la sensación. Es como sueño. No. Más bien es pesadilla. Yo estaba ahí, a unos metros, y percibía, solo percibía porque la conciencia se encontraba en reposo. Entonces es claro que pasaba a mi alrededor, pero yo estaba fuera de ese alrededor vivo, no vivía despierto, no sentí lo escandaloso. El sueño, la pesadez de energía, la relajación absoluta después de horas de viaje a Ciudad Universitaria, la aventura de huir del ejército y el regreso accidentado, me escondieron la vigilia. No, no fue sueño, fue una pesadilla en la que estuve, pero, sin estar.
Vuelve a dormir entre los colchones de hule espuma.
Un joven, entre asustado y sonriente, escapa de sus perseguidores. Los ha burlado escondiéndose y avanzando para repetirlos una o dos veces. Sus perseguidores están desconcertados.
ZEBRA 3. - Se fue por las escaleras.
ZEBRA 2. - No, creo que siguió de frente.
ZEBRA 3. - ¿No estás seguro?
Se encoge de hombros-
ZEBRA 2. - ¿Se nos peló?
ZEBRA 3. - No te preocupes, arriba o por aquí, pero no se nos escapa.
ZEBRA 2. - ¿Subo?
ZEBRA 3. - Espera. Busquemos aquí abajo. Si subió ya lo encontrarán allá.
Sin que se percaten los perseguidores, el joven llega al agujero de escape que vimos en escena anterior. Sale. Sonríe. Una voz le cambia el gesto.
ZEBRA 4. - Creíste que nunca íbamos a saber sus secretos, ¿no pendejito?
Pausa.
ZEBRA 4. - Varias veces salieron por aquí, hasta que lo descubrimos. ¿Tú cuántas veces saliste por aquí antes de la última?
JOVEN. - Dos.
ZEBRA 4. - Tres con esta.
JOVEN. - Dos con esta.
ZEBRA 4. - Lástima, no juntaste la tercia de ases. Bueno, ni el par. Ahora no saliste.
JOVEN. - Estoy afuera.
ZEBRA 4. - Pero vas a volver a meterte.
JOVEN. - No, aquí. Llévame a la cárcel.
ZEBRA 4. - ¿Ahora tú das las órdenes? ¡Métete!
JOVEN. - ¿Me vas a matar, maricón?
ZEBRA 4. - Yo no me ensucio las manos.
JOVEN. - Si me van a matar mátame aquí.
ZEBRA 4. - ¡Qué te metas!
Lo va a golpear. El joven regresa al agujero de escape y lo cruza en sentido contrario.
ZEBRA 4. - (En off) Sale cuerpo vivo completo.
Los dos que perseguían corren, lo encuentran de frente.
ZEBRA 2. Así que andabas de paseo, ¿no?
JOVEN. - Asesinos.
ZEBRA 3. - Todavía no. Tú serás el primero.
JOVEN. - Maricones.
ZEBRA 3. - Eso dicen los que van a morir
JOVEN. - Maricón. Cumple órdenes.
ZEBRA 2. - Defiendo al país.
JOVEN. - ¿De mexicanos desarmados?
ZEBRA 2. - De los comunistas.
JOVEN. - Criado del PRI.
ZEBRA 3. - Ya cállate.
Le disparan a quemarropa. Lo arrastran fuera de escena.
Varios cuerpos son arrastrados y pasan junto a los dormidos. Uno, el primero tal vez, se detiene frente a los colchones.
ZEBRA 3. - ¡Vámonos oficial!
ZEBRA 1. - Un momento.
Apunta con el arma. Se escucha un disparo. Alguien llena de restos de vidrio el colchón superior. El oficial entra. Un grito lo detiene.
ZEBRA 3. - Ordené que nos fuéramos, oficial.
Se detiene. Duda. Obedece y se va.
Canto de gallo. Murmullos de tumulto. Los tres despiertan. Liberan el colchón superior. Se sorprenden por los vidrios.
JAIME. - ¿Qué es esto?
IVÁN. - No entiendo.
JAIME. - Parecen vidrios de la… puerta.
MARTÍN. - Sí, son vidrios.
IVÁN. - Y la puerta no está.
JAIME. - La destruyeron.
MARTÍN. - ¿No oíste nada?
IVÁN. - No. ¿Y tú?
JAIME. - Tampoco.
MARTÍN. - Yo menos.
JAIME. - ¿Cómo menos? Si estabas igual que nosotros.
MARTÍN. - Muerto de cansancio.
IVÁN. - Nos salvamos por huevones.
Salen, miran los rastros de los cuerpos arrastrados. Los siguen. Los murmullos crecen.
MARTÍN. - Eran caminos rojos.
JAIME. - Pero no de cualquier rojo.
IVÁN. - Eran caminos de rojo que fue.
MARTÍN. - Rastros de rojo seco.
IVÁN. - Rojo que fue vida.
JAIME. - Que ya no es o era, alguien la cercenó.
MARTÍN. - Para que nadie pudiera decir que aquí hubo.
IVÁN. - Que aquí hubo término de vida.
De otra parte, del escenario, aparece Samy, viene mirando al piso, siguiendo otro camino.
IVÁN. - ¡Samy!
SAMY. - ¿Es lo que parece?
MARTÍN. – Creí que te habían
JAIME. - ¿Te fuiste a tu lugarcito?
SAMÝ. – Sí. Ahí dentro.
MARTÍN. - ¿En el…?
SAMY. – Me salvó el teatro.
Una multitud, la responsable de los murmullos, los recibe jubilosa entre aplausos, vivas, reconocimientos, como si fueran estatuas vivas.

ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. -Sólo quienes se quedaron en la cafetería, sobre y bajo colchones de hule espuma, y otros pocos que durmieron entre plafones del auditorio, sede de asambleas y lugar de ensayos y funciones escénicas conservaron la vida aquella noche del 18 y madrugada del 19 de septiembre de 1968 en mis instalaciones.
VECINO 1. - Muchachos, por favor, por lo que más quieran; ya no se queden en la escuela.
VECINA 1. - Van a volver a matarlos.
VECINA 2. - Ustedes se salvaron de milagro.
VECINO 2. - Ya no faciliten al asesinato.
VECINA 3. - Eso fue lo que hicieron, asesinar juventud.


ALEGORÍA ARQUITECTÓNICA. – Esa fecha fue la de la última guardia nocturna en la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Cuauhtémoc Vocacional 7. Luego me convirtieron en Clínica Hospital, algo para lo que no me construyeron, después me derruyeron. Soy historia, soy memoria que no puede perderse; pero de aquella noche madrugada, la de mayor intensidad del crimen desde el gobierno organizado, se pretende que nunca existió, nunca porque lo diseñaron de tal manera para que no fuera lo que no fue. La muerte de no se sabe cuántos guerreros tlatelolcas, mal llamados burros blancos, no fue comunicada por ningún medio mexicano de ese entonces. Ese día la noticia fue la invasión militar a la Ciudad Universitaria.

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