domingo, 6 de mayo de 2018

ORGANIZAR LA RESISTENCIA FRENTE A LA HEGEMONÍA DE LA DERECHA NEOLIBERAL

La derecha va dividida pero es hegemónica
Javier Hernández Alpízar
Babel
Zapateando   
Los sesudos opinólogosde los diarios decían hace algunas semanas que la izquierda está divididaen estas elecciones. La lógica ideológica, la geometría política nominal, diría que debían ir juntos: Morena, PT, PRD y MC, y por la derecha: PRI, PVEM, PAN y PES. Sin embargo, como lo que en la lucha libre se llaman “relevos increíbles”, los partidos nominalmente llamados de izquierdavan aliados a la derecha.
Es ridículo ver al PRD y el MC con su lema “la izquierda que sí trabaja”en un frente con el PAN, el partido de Fox y Calderón, y además con un candidato de derecha: Anaya.
Por su parte, Morena y el PT (fundado por salinistas-maoístas) va con un partido que está aún más a la derecha que el PAN: el PES, que por sí solo no tiene bases a nivel nacional, pero cuya alianza con AMLO lo está subiendo en las encuestas.
Además, por “estrategia”y para dividir al frente PAN-PRD, muchos seguidores de AMLO firmaron para poder hacer candidata “independiente”a la Calderona(financiada con dinero de Felipe Calderón, su esposo): Margarita Zavala.
Dado que la alianza de Morena y el PES (partido de Osorio Chong y los evangélicos defensores de los paramilitares autores de la masacre de Acteal) no es el único acercamiento a la derecha, porque están también gran cantidad de ex priistas, ex panistas, especialmente Manuel Espino, del Yunque, ultraderecha; Alfonso Romo, lavador de dinero de Pinochet, impulsor de Fox, considerado el “Bejarano de los empresarios”, simpatizante del Opus Dei y los Legionarios de Cristo, llamar “de izquierda”a esa coalición es un abuso y una perversión de las palabras.
La que va dividida es la derecha. Todos son neoliberales y para efectos de campaña usan alguna retórica demagógica relacionada con la seguridad, con la esperanza, con el bien de los ciudadanos, pero representan diferentes alternativas para la administración del neoliberalismo.
Así, es la derecha la que va dividida en las alianzas que encabezan el PRI, por un lado, prácticamente sin posibilidades de remontar el tercer sitio; con la encabezada por el PAN, en segundo sitio, y con la puntera en las encuestas, encabezada por Morena (que no usa la palabra “izquierda”en sus spots, es en lo poco que son sinceros).
Los falsos “independientes”son todos de derecha, como Margarita Zavala, defensora de la criminal política de militarización de su esposo, el ex presidente Calderón.
La izquierda se ha diluido, no la hay: ni siquiera keynesiana, y eso es porque la clase trabajadora y las clases populares están en un momento de derrota, en todos los sentidos, incluido el ideológico.
En ese contexto, es valiosísima la apuesta del CNI y el EZLN por un autogobierno el CIG, cuya vocera es Marichuy. Sin ellos, la “izquierda”en México sería apenas la lastimera cola que sigue detrás de las derechas hegemónicas.
Sin embargo, la alianza Morena-PT-PES sigue siendo líder de encuestas por el arrastre electoral de AMLO: en él se concentra la aversión al PAN y al PRI (los sexenios de Calderón y Peña son los dos peores de la historia reciente para el país).
El arrastre electoral de AMLO ya ha demostrado su eficacia llevando al poder a Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera, Graco Ramírez, Ángel Aguirre, Juan Sabines y otros políticos salidos de las filas de la derecha priista y los caciquismos locales corruptos y represores.
La pregunta es: ¿por qué si las encuestas los hacen casi inalcanzables, se dedican a abrir las puertas a todo lo que dicen combatir: priistas, panistas, perredistas, figurines de la “mafia en el poder”, incluso gente de ultraderecha?
Tienen un argumento aparentemente muy “inteligente”: el pragmatismo. No el teórico, según el cual la eficacia de los resultados de una tesis es la prueba de su verdad, una versión moderna y yanqui del positivismo, el utilitarismo y el neoliberalismo conjugados. El pragmatismo que asiste a los defensores de las alianzas con Espino, Romo, el PES y otros personajes de la derecha y la ultraderecha es la versión vulgar del pragmatismo: “el fin justifica los medios”, una versión de bolsillo de Maquiavelo.
La consecuencia de ese pragmatismo (inteligencia ciega) es la inversión de fines y medios: el fin es cambiar al país (la “revolución democrática”ayer, la “regeneración nacional”hoy) y el medio es llevar a Los Pinos a un hombre providencial (Cárdenas ayer, AMLO hoy), para lo cual se justifican los medios (reciclar a priistas ayer; a perredistas, priistas, panistas, yunquistas, evangélicos pro- paramilitarismo hoy).
Con esa lógica de instrumentalizar a los aliados para lograr el fin se terminó instrumentalizando a sí mismo el PRD, hasta llegar a ser el aliado de cola del PAN; Morena está repitiendo hoy ese camino con mayor celeridad, porque siente que es la última oportunidad de llevar a AMLO a los Pinos: el fin, cambiar al país, ha sido mediatizado: llevar a AMLO al poder, aun a costa de corromper y destruir un proyecto de “cambio”, convertido hoy en guarida de los desechos de “la mafia en el poder”.
La consecuencia de utilizar a los otros para sus fines ha instrumentalizado a los genios del pragmatismo y los ha vuelto medios para los fines del sistema capitalista y neoliberal.
Manuel Espino, el yunquista con quienes tendrían que tratar las organizaciones sociales si quieren acercarse a AMLO, es sólo el síntoma. Como antes para el PRD hoy para AMLO y su partido los movimientos sociales son cooptables y fagocitables o simplemente desdeñables e incluso combatibles y calumniables.
Desde 2006 ya AMLO tenía dos discursos: uno para el consumo popular y el voto masivo y otro, el que hablaba para las élites y les prometía seguir con la ruta neoliberal: Hoy que se siente inalcanzable en las encuestas, Obrador desdeña y traiciona cada vez más a sus bases y se empeña en conseguir la aprobación de la oligarquía, a la cual no logra seducir, por más que le hace guiños de complicidad, impunidad prometida y garantías de no tocar sus dineros.
Hay dos factores que mantienen el equívoco de que “AMLO es de izquierda”: uno es la histeria de la derecha mexicana (la misma que pensó que López Portillo era comunista por nacionalizar la banca), esa derecha que se escandaliza por el fakede que AMLO haría expropiaciones (lo que el candidato ya desmintió, deslindándose de quienes soltaron el falso rumor); esa derecha que insiste en equipararlo a Chávez o Maduro alimenta la falsa percepción de un AMLO de “izquierda”.
Los otros que mantienen esa falsa expectativa son viejos intelectuales que se reclaman de izquierda como Taibo II y Armando Bartra, quienes confunden las encuestas con un análisis de la realidad y tragan sapos como Alfonso Romo, Manuel Espino y el PES, mientras simulan que su proyecto sigue siendo “de izquierda”.
La derecha en México es tan hegemónica que todos los partidos, candidatos y frentes son neoliberales y se ofrecen ante la oligarquía como los más eficientes administradores del neoliberalismo.
Construir una izquierda de verdad es urgente, porque entre un gobierno encabezado por Anaya, por Margarita Zavala o por Alfonso Romo y Esteban Moctezuma, las luchas y resistencias sociales en México estarán bajo ataque con megaproyectos (el aeropuerto, minas, fracking, el corredor Coatzacoalcos-Salina Cruz) de un modelo de desarrollo predador al que nadie arriba presenta ni opone una alternativa.
La conclusión no es que haya que votar por uno por otro, no votar, anular, abstenerse o no. Lo más importante es organizar una resistencia frente a esa avasallante hegemonía de la derecha neoliberal. Las falsas esperanzas solamente han postergado e incluso estorbado y saboteado esa organización.

No hay comentarios.: