martes, 15 de mayo de 2018

Tlatelolco es un espacio abierto para las distintas expresiones que participaron en 68 (Ricardo Raphael de la Madrid)

Ricardo Raphael saluda al Colectivo Memoria en Movimiento, brigadistas IPN 1967-1971 en el CCUT
Colectivo Memoria en Movimiento-IPN. Moderador: Severiano Sánchez.
Oradores: Luis Meneses, Jaime García y Guillermo Palacios.
Palabras de Ricardo Rafael de la Madrid en la presentación pública del Colectivo Memoria en Movimiento en el CCUT.
Transcripción: Jessica Trejo.
09 de mayo de 2018.
Qué gusto me da poder compartir con ustedes esta mañana, este evento que es el primero de una larga serie de tareas que traemos juntos, de un lado el colectivo Memoria en Movimiento y del otro el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. 
Tengo algunas cosas que me gustaría compartir con ustedes como reflexión que se ha venido gestando por los diálogos previos que hemos tenido. 
Lo primero, advertir que Tlatelolco es un espacio amplio, abierto para las distintas expresiones que participaron en el movimiento y que han heredado las virtudes del movimiento, sus luchas y sus causas. En otras palabras, Tlatelolco no pertenece a una institución, a una autoridad, sino que es una gran plaza pública donde cabemos todas y todos. No importa la generación a la que pertenezcamos y no importa el afluente que condujo los esfuerzos hacia 68. 
Aquí solemos decir que en realidad nosotros no escogimos a Tlatelolco sino que Tlatelolco nos escoge. Escogió aquí situar al colegio de Tlatelolco en la época prehispánica  y todo lo que eso implicó. Escogió aquí a estos recintos para que se hiciera el Códice Florentino, que es la ultima memoria de una época que se iba. Aquí se escogió para que la arquitectura más moderna del siglo XX se instalara y aquí se escogió para que nuestras memorias sobre las libertades democráticas y sus luchas pudieran ser recogidas y en ese sentido somos cuidadores, veladores de esa memoria. 
Me equivoco al decir esa memoriaporque la singular no es lo más correcto en este caso. Lo que tenemos son memorias, en plural, memorias muy dolorosas algunas; otras heroicas y algunas, diría alguno de los líderes, memorias lúdicas. Una grata memoria, por ejemplo, es cómo el 68 permite que estudiantes,  mujeres y hombres del IPN, se tomaran del brazo con estudiantes, mujeres y hombres de la UNAM. 
Hay quien advierte que es la primera vez que esos dos cuerpos estudiantiles cierran filas y es probable que en ese encuentro, si la palabra les parece exagerada, les pido una disculpa, pero así lo veo, en ese encuentro que tiene un poder mágico, nació el movimiento porque se amalgamaron visiones, conocimientos, estratos, experiencias distintas en una misma exigencia por la libertad, por la democracia y por una serie de temas y de peticiones que se concretaron en el pliego petitorio que son fundacionales del movimiento. 
En otras palabras, una vez que tu memoria y la mía forman parte de la misma memoria entonces se produce la acción política que hizo del 68 un movimiento único. Al punto donde hoy, 50 años después, seguimos refiriéndonos a ese movimiento como el que tuvo mayor dignidad y legitimidad sobre todo el resto de movimientos, que hay muchos fundamentales. 
No estamos dispuestos a quedarnos anclados en la memoria fija del 68 porque muchos de quienes están aquí o participaron, a partir del 68 es que empezaron su vida, su liderazgo, y su capacidad transformadora. Cuántos movimientos ulteriores al 68 se deben al 68. Movimientos que organizaron al mundo del campo, movimientos que organizaron la lucha por los derechos de las mujeres, que construyeron una mirada distinta del medio ambiente, que concluyeron en mayor libertad y democracia algunos pocos años después, otros muchos años después y otras metas que no hemos cumplido hoy. En ese sentido también estamos conmemorando eso que derivó del 68, ese liderazgo, ese estilo y esa dignidad que dejó el 68. 
Cierro con una última idea, que es justamente lo que nos convoca aquí, conmemorar que no celebrar, tiene una primera obligación, que la voz nos permita reencontrarnos en la visita a esas memorias, es decir, conmemorar es conversar y justamente es lo que estamos haciendo aquí y es lo que vamos a hacer este año. Hay muchas propuestas de conmemoración: exposiciones, nuevas composiciones musicales, un museo, una colección de objetos digitales, nuevas ediciones de libros, pero no nos equivoquemos, hay una palabra principal para lo que vamos a hacer, que es conversar. La manera más digna de conmemorar sobre todo un movimiento que fue silenciado, sobre todo un movimiento que encontró el límite de la voz; límite que se impuso desde la altura. Si nos rebelamos frente a lo que ocurrió en aquel momento represivo es solamente conversando. Y lo digo con algo de esperanza porque miren que a este país le hace falta la conversación. La conversación en plural, no solamente tolerante, empática, compasiva, próxima, humana. 
Cualquier otro tipo de conversación va a perpetuar el autoritarismo que ha sido rasgo de nuestra vida pública y política. Cualquier esfuerzo de conversación horizontal, decente, digna, empática y compasiva va a hacer que el 68 se quede como un momento fundacional de nuestro país, pero las partes más oscuras que sucedieron en el 68 puedan ser ya tarea de historiadores y no responsabilidad todavía del presente. 
No saben cuánto les agradezco por movilizarnos a partir de la memoria porque es justamente lo que muchas y muchos queremos hacer en este año, no sólo de cara a las elecciones sino sobre todo de cara a la conmemoración de julio, agosto, septiembre y octubre de este año. 
Muchas gracias.       

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