miércoles, 13 de junio de 2018

Las secuelas literarias del movimiento estudiantil de 1968, nuevo curso que se impartirá en la FFyL-UNAM

El 68 literario, curso en Filosofía y Letras
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Desinformémonos, periodismo de abajo
12 de junio de 2018 
Las secuelas literarias del movimiento estudiantil de 1968 fueron de tres tipos: 
Primero está la reacción de los poetas, indignados por la matanza ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; acaso los primeros versos que manifestaron esa rabia los escribió Octavio Paz, con el poema que acompañó su renuncia como embajador de México en la India, texto que se publicó ese mismo mes de octubre en el suplemento México en la Cultura de la revista Siempre!Siguieron otras voces como las de Rosario Castellanos, Jaime Sabines, Enrique Lizalde, Óscar Oliva y Juan Bañuelos.
Una segunda respuesta literaria fueron los testimonios de quienes participaron en el movimiento, como aquellos que reunió Elena Poniatowska en La noche de Tlatelolco, o Los días y los años, de Luis González de Alba. También deben ser mencionados Gilberto Guevara Niebla, Raúl Álvarez Garín, Eduardo Valle, Sócrates Campos Lemus y Heberto Castillo… Y hay que considerar, en este apartado, los textos periodísticos y reflexivos de José Revueltas.
El tercer registro literario es la ficción, que incluye cuentos y novelas. A saber, la primera novela dedicada al 68 fue Juegos de invierno, de Rafael Solana, aparecida en 1970, que asume una postura oficial, en la defensa del Estado y sus instituciones. Desde la misma perspectiva se escribió el libelo El Móndrigo, cuya manufactura suele acreditarse a la Secretaría de Gobernación (quizá con Emilio Uranga y Jorge Joseph como escritores-fantasma); y también está La plaza, de Luis Spota, en donde las disertaciones de un funcionario secuestrado hacen dudar a un grupo de deudos de quienes murieron en Tlatelolco de la culpabilidad de Díaz Ordaz.
Hay un conjunto de cuentos; y en la novela el abanico es muy amplio, con más de treinta títulos. Juan García Ponce, por ejemplo, tiene un par de libros en los que aborda el tema: La invitación  y  Crónica de la intervención. En el primero recrea esa confusión que lo llevó, al salir del diario Excélsior, a los separos de la policía, cuando creyeron que se trataba del líder estudiantil Marcelino Perelló, quien también usaba silla de ruedas.
En Muertes de Aurora, de Gerardo de la Torre, se cuenta la historia de los trabajadores petroleros de la Refinería 18 de marzo que se unieron a las marchas; en Si muero lejos de ti, de Jorge Aguilar Mora, se habla de aquellos jóvenes ajenos a todo, que vieron pasar la historia desde las aceras. En Palinuro de México, de Fernando del Paso, se recrea espiritualmente lo que dio sustento (la contracultura, la revolución sexual…) a los cambios vividos en esa década.
Este es el panorama, grosso modo, que ofrece un curso sobre la literatura del movimiento estudiantil de 1968 organizado por la Facultad de Filosofía y Letras y su Departamento de Educación Continua, en doce sesiones, a comenzar el 6 de agosto.
Según la exposición de motivos, en un país donde la libertad de expresión era severamente cuestionada la literatura terminó por contar aquello que la prensa calló. Cree el expositor, el ensayista Alejandro Toledo (miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte), que así como hay la certeza histórica, ahora, de que hubo una novela de la Revolución debe pensarse, como una zaga significativa y de larga extensión para la literatura mexicana, en la novela del 68. A los autores ya citados agrega a María Luisa Mendoza, Arturo Azuela, Marco Antonio Campos, Gonzalo Matré, entre muchos otros, hasta llegar al chileno Roberto Bolaño, quien publica Amuleto en 2000, centrada en la poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo (transformada por la ficción en Auxilio Lacouture, ya nombrada en Los detectives salvajes), quien se quedó encerrada por varias semanas en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras durante la toma militar de Ciudad Universitaria.
El curso cierra con la proyección de la cinta Rojo amanecer (1989), de Jorge Fons.
-“¿Qué es esto, camarada…?”
-“Es una parte de un texto más extenso, en el que se hablaba desde 1968 hasta hace un par de años, una especie de testimonio…”
-“Un testimonio a casi 50 años? Algo tardío para eso, ¿no te parece camarada?”
-“Pues sí, pero nos fimos reencontrando algunos de los que compartimos lo que aquí se relata y coincidimos en que es necesario escribirlo, decirlo, conmemorar de manera digna el movimiento…”
-“Pero acerca de eso ya se ha escrito bastante, ¿no te parece camarada?”
-“Han escrito los que fueron dirigentes, los intelectuales, los historiadores, los novelistas, los poetas, los guionistas de teatro y cine…, documentalistas…”
-“Sí, también la policía política, los falsificadores de la historia, los mentirosos, los calumniadores… ¿Faltaba algo…?”
-“La palabra de los de abajo, de los que sin haber tenido antes ninguna otra experiencia, participamos entonces como brigadistas… Y decidimos seguir luchando. De eso se trata: de saber qué pensábamos, qué aprendimos, por qué no nos dimos por vencidos…”
Esto va dirigido a los jóvenes que ahora luchan. Sin más pretensión que la de trasmitir una experiencia. No para enseñarle nada a nadie, no para señalar un camino, no para decir qué hacer o qué no hacer. Sólo para que no se pierda la memoria de esta parte de nuestra historia…”
Hay quienes dicen que 50 años es tarde para testimoniar, pero es temprano para escribir la historia.
(Disertación con la que comienza el libro “De la protesta callejera a la lucha por otro mundo posible”, publicado en febrero de 2018 por su autor, Guillermo Palacios).
Si te interesa obtener el libro, comunícate con el autor:
5531033866 ó
53942670
También está a la venta en la Casa-Museo de la Memoria Indómita (Regina 66, Centro Histórico, CDMX)

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