jueves, 28 de junio de 2018

SEPARACIÓN DE FAMILIAS MIGRANTES: LA CRUELDAD COMO POLÍTICA MIGRATORIA

Los migrantes son víctimas de la adversidad en sus lugares de origen, no son criminales
Guillermo Castillo Ramírez, profesor de licenciatura y posgrado de la UNAM
América Latina en movimiento
28 de junio de 2018
La institucionalización de la barbarie
En un acentuado contexto antiinmigrante y de clara criminalización de centroamericanos y mexicanos sin documentos migratorios en su intento por ingresar a Estados Unidos, las medidas sobre la separación de miles de familias (la mayoría de ellas provenientes de Centroamérica) son la nueva cara del nacionalismo racista del gobierno norteamericano y su actual presidente. Esto se enmarca dentro de las diversas estrategias discriminatorias (como las deportaciones y la expansión del muro fronterizo) con miras a “contener”“erradicar” la migración irregular proveniente del sur. Si bien las violentas y generalizadas deportaciones ya tenían y tienen un claro carácter xenófobo y violatorio de los derechos humanos, la agraviante separación familiar es una nueva y más aguda embestida contra estos migrantes forzados. Esta política parte de cuatro prejuicios discriminatorios.
(1) Una lectura sesgada y desproporcionada de la migración irregular, que pasó de ser una falta menor a “convertirse”en un delito grave y fuertemente punible.
(2) Una percepción errónea y alarmista sobre los migrantes, en vez de verlos como “transgresores de la ley”, habría que reconocer que, de facto, se trata de sujetos expuestos a condiciones de vulnerabilidad y probables agresiones; los migrantes son víctimas de la adversidad en sus lugares de origen, no son criminales.
(3) Una flagrante y voluntaria omisión de los marcos jurídicos internacionales que defienden los derechos de los migrantes; particularmente resaltan que se transgreda el derecho a pedir asilo y refugio a los migrantes y, sobre todo, que se viole el derecho de los niños a estar con sus padres y familiares.
(4) Una política migratoria que, en los hechos, no se basa ni respeta muchas de las leyes dentro de Estados Unidos; particularmente que en la ley no había ni hay ninguna normativa que establezca la división de familias en situación de migración irregular; no hay ningún mandato de orden jurídico que estipule la separación de padres e hijos. A semejanza de los procesos de discriminación raciales del colonialismo europeo del siglo XIX y del fascismo nazi, el actual presidente de EEUU jerarquiza y excluye a los grupos humanos según su origen étnico-nacional y su aspecto físico, y de acuerdo a sus intereses y motivaciones ideológicas. Para él los migrantes son individuos que no merecen tener derechos, los etiqueta y estigmatiza como sub-humanos.

Los migrantes, el rostro contemporáneo de la exclusión y la desigualdad global
Como lo ha mostrado de manera fehaciente, el presidente de EU es incapaz de trascender sus prejuicios, sólo ve en los migrantes sujetos estigmatizados y chivos expiatorios. En cambio y en la realidad, los migrantes irregulares son personas que se vieron forzados a salir de sus comunidades y huir de sus hogares. El presidente de EEUU muestra una miopía absoluta y una completa falta de sensibilidad humana al no reconocer quienes son los migrantes en tanto sujetos sociales. Es fundamental entender que los migrantes no salen por gusto o voluntad propia. De hecho, diversos informes de ONGs con trabajo en Centroamérica y la frontera con México (la REDODEM y MSF) han documentado que en los últimos años los migrantes salen de manera forzada por tres grandes causas.
(1) Procesos adversos de corte económico, como la extrema pobreza, los bajísimos salarios de la región, la carencia de trabajo y el desempleo.
(2) También están presentes los impactos socio ambientales de los desastres naturales, tales como sequías, inundaciones, huracanes, etc.; las repercusiones de estos eventos naturales dejan sin casa y sin fuentes trabajo a miles de personas.
(3) Los contextos y procesos de violencia, ya sea por la presencia de pandillas (las maras), crimen organizados y/o particulares en lugares de violencia generalizada; Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo, recientemente Honduras y El Salvador tuvieron uno de los mayores índices de homicidio a nivel mundial y que, en Guatemala, en una época de postconflicto de la guerra civil, ha habido un crecimiento del crimen organizado. Si ya estos migrantes experimentaban una constante negación de los derechos humanos en sus hogares y en el país de tránsito (México), ahora con la embestida del presidente de EEUU, la separación familiar aumenta drásticamente los agravios y la violencia contra los migrantes centroamericanos.

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