viernes, 13 de julio de 2018

Granaderos armados desalojan violentamente familias de calle 2 de abril Nº 32, Col. Guerrero

Policías armados con 9mm y toletes desalojan parcialmente predio 2 de Abril #32, Col. Guerrero
Por Eliana Gilet y Ernesto Álvarez
Agencia SubVersiones
11 de julio de 2018
A las 8:00 de la mañana del pasado martes 10 de julio, cien granaderos llegaron armados con pistolas 9mm y toletes. Entraron rompiendo puertas y paredes para desalojar cinco departamentos del predio #32 de la Calle 2 de Abril, en la colonia Guerrero. También se metieron por el techo.
Los vecinos del lugar explican: «no tienen una notificación o una demanda que esté a nuestro nombre y sin embargo se metieron por los techos, rompieron las láminas y se metieron  por ahí cuando estábamos durmiendo, se pasaron por arriba y no mostraron ninguna orden». Allanaron todos los departamentos y los catearon.
Aunque el desalojo era sólo a cinco viviendas, entraron a los 35 departamentos y los vecinos se preguntan: «¿Quién se va hacer responsable de las cosas de valor? Entraron como buscando algo, sacaron los cajones, buscaban abajo  de los colchones. Se metieron por la azotea, quitaron las láminas, los granaderos invadieron el lugar y se robaron nuestras cosas», denuncia uno de los vecinos afectados.
El actuario del juzgado 36 de lo civil, Miguel Ángel Villanueva, ejecutó el desalojo, paseándose detrás de los granaderos que no quitaban su mano de la 9mm en su cintura, mientras los cargadores seguían sacando cosas.
El paso de dos calles fue cortado por los granaderos de la Dirección de Control Operativo Azteca por siete horas durante las que nadie entra ni sale del cerco policial. «¡Esto es secuestro!», gritó uno de los comerciantes al no poder salir del edificio de enfrente. A otra mujer que intentó salir del cerco con su pequeño en brazos, los policías se lo impidieron, ella empujó con más fuerza y los golpes comenzaron a lloverle cuando sorteó la fila de policías. Un vecino, al verla, la jaló con el niño en brazos para meterla en su local, ubicado sobre Pensadores Mexicanos #35, en un edificio contiguo al que estaba siendo desalojado. Unos 15 uniformados entraron a este otro edificio, sin orden ni nada, únicamente para golpear a la mujer que se les salió del cerco y al vecino que la socorrió.
A las 5:30pm, los vecinos decidieron cortar el tránsito del Eje Central Lázaro Cárdenas, en protesta ante la nula respuesta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México con la que se comunicaron para denunciar la violencia policial y la poca atención de los Ministerios Públicos de la delegación Cuauhtémoc cuando las vecinas quisieron levantar un acta por el robo de sus pertenencias. «No procede», les dijeron.
La manifestación paró durante una hora el metrobús, el «trole» y todos los autos que por ahí pasaban. Fue hasta entonces que alguien escuchó a los vecinos. Jesús García fue enviado por el área de concertación política del gobierno de la ciudad, que enlazó a los vecinos con Pedro Bello, director de Gestión Social de la CDMX, quien se comprometió a hacer una mesa de trabajo para el miércoles 11 de julio, a las 6:00pm.
También les garantizó que serían recibidos por la Fiscalía desconcentrada de la delegación Cuauhtémoc, si retiraban el bloqueo de la calle, cosa que hicieron minutos pasadas las 6:30 de la tarde. Los vecinos reclaman que dentro del predio permanecen agentes armados de la empresa de seguridad privada Cuerpos de Seguridad Auxiliar del Estado de México (CUSAEM), lo que es doblemente preocupante porque el edificio no fue desalojado totalmente.
Hay personas que quedaron dentro del inmueble y otras que no fueron desalojadas y a quienes esta guardia no les permite ingresar a sus casas.
Ésta es la segunda vez que intentan desalojar el edificio, ya que cinco meses atrás un primer intento fue disuelto gracias a la organización de los vecinos y la gente que durante la mitad del año utilizaba un comedor comunitario que funcionaba en una de las accesorias del edificio. «Esta vez no hubo tiempo de nada, ayer vieron a un hombre tomando fotos en la noche pero no nos dijo nada, y nosotros no lo esperábamos. Si nos hubieran avisado, otra vez lo paramos», comentó uno de los vecinos.
Algunos ya estaban fuera de casa cuando llegó la policía en la mañana, iban de camino al trabajo o estaban llevando a los niños a su curso de verano. El vecino de los tamales ya había terminado su tarea mientras la mayoría dormía porque el martes es el único día que los comerciantes ambulantes pueden descansar de la persecución de «los azules», pero al despertar los tenían ahí, sacándolos de las cobijas a golpes y patadas.

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