sábado, 15 de septiembre de 2018

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ACTUAL: no temer su rebeldía, no temer su irreverencia

ALGUNOS ERRORES QUE PODRÍAMOS Y DEBERÍAMOS EVITAR CON RESPECTO AL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ACTUAL
(texto dirigido a los que tenemos más de 30)
Javier Hernández Alpízar
Babel
Zapateando
Publicado el 13 / septiembre / 2018
Cuando parecía que la mayoría de la sociedad mexicana estaba fascinada, mesmerizada, domesticada por un líder fetiche carismático, como del cielo nos cae la refrescante energía de la rebeldía estudiantil que se moviliza autoconvocándose, derribando el tabú de los que piden la inmovilidad, la paciencia y la fe resignada.
Deberíamos evitar juzgarlos desde una cátedra de autoridad, que no tenemos, las generaciones que fetichizamos a los mártires del 68, mientras dejamos podrir los proyectos de democracia nacionales en caudillismos, hasta llegar al bonapartismo del 2018 “Brumario”.
Deberíamos evitar la tentación de hacer el ridículo dándoles consejos en lugar de, al menos, no estorbarles.
Deberíamos tratar de escucharlos y verlos a ellos directamente y no juzgarlos por la mirada, casi en todos los casos esclerotizada, de los medios progres como Proceso y La Jornada, que demonizaron al movimiento de 1999 y pueden repetir la hazaña, porque les sobra talento para linchar a lo diferente.
Deberíamos no temerles, no temer su rebeldía, no temer su irreverencia, porque sería más temible que regresaran al redil, que volvieran a ser el pueblo de ovejas que cierto sacerdote locuaz decía que ya había hallado su “pastor”.
Deberíamos no dividirlos, ni siquiera imaginariamente, en buenos y malos, moderados y ultras, sensatos y radicales o pacifistas y “violentos” (en el país de los miles de asesinados, de los feminicidios, de los miles de desaparecidos, de los ecocidios cometidos y los ya programados, tildar de violento un cierre de calle o una pinta es una soberana hipocresía).
Deberíamos defenderlos, no dejarlos solos ante la posible y muy probable represión, ni mucho menos alentar a las fuerzas represivas haciendo propaganda negra contra sus movilizaciones, sus modos, sus fachas y lenguajes.
Deberíamos aprovechar su grito para tratar de abrir el proceso democrático que se ha encerrado en el núcleo duro de una clase político empresarial neoliberal: lograr que caigan definitivamente las herencias nefastas del priísmo y el panismo que se han venido reciclando en sus partidos clones como PRD y Morena.
Deberíamos aceptar el cuestionamiento que su sola presencia representa: nada está bien, si hubiéramos hecho lo que debíamos no serían necesarias de nuevo demandas de democracia, contra la represión, contra la violencia de género, e incluso demandas tan elementales como maestros y salones de clases.
Deberíamos cesar de defender a priori el status quo ante cualquier peligro de “subversión”, como si el estado de cosas de una sociedad impotente para reinventarse y muy “creativa” para reeditar caudillismos y bonapartismo tuviera mucho que defender.
Debemos, sobre todo, atajar cualquier tentación de reducción violenta de su movimiento de digna rebeldía y protesta: ya tenemos en la conciencia de una sociedad con bastante mala fe las represiones de 1968, de 1971, de 1999 (la PFP tomando CU) y tantas otras, como la noche infernal de Iguala: no necesitamos más mártires, necesitamos jóvenes vivas y vivos, y rebeldes, si pueden seguirlo siendo, porque ejemplos de claudicantes, algunos que incluso con apenas semanas de diferencia cambian de opinión, ya hay demasiados.
La responsabilidad de todos es mucha, no volvamos a tirar al caño de nuevo a los jóvenes rebeldes junto con el agua sucia.
Después de todo hay un escenario peor: que se conformen, que se reduzcan, que se resignen y que acaben retomando el camino de las generaciones incapaces de imaginar un gobierno que no haya echado raíces en el priísmo.

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