viernes, 2 de noviembre de 2018

EN LO ALTO DEL TOTONACAPAN: ¡SI EL HAMBRE ES LEY, LA REBELIÓN, JUSTICIA!

En tierras totonacas las huellas de un pueblo saludan
Poema de Ricardo Antonio Landa,
La Jornada de Oriente:
O2 de noviembre de2018.
En lo alto del Totonacapan,
un templo católico oprime
con piedras de otras canteras
las huellas de un pueblo que saluda
a la luz de las primeras cosas y seres
que ascienden el promontorio.

Abajo, en la cañada,
una envejecida neblina de ocho horas
duerme sobre el vaho del río.
Por sus hendiduras, se ven mujeres
inclinadas que lavan nubes de algodón.

Se siente a lo lejos el mar y sus rumores
del que vinieron a ocupar
las montañas, los arroyos y las casas
–y a cubrir a las mujeres con velos negros–,
aquellos que sangraron con su cruz
los tres corazones del Totonacapan.

Aquí le sobreviven pocos árboles a la Madre Sierra
y la muerte baja carretillas de cadáveres
asesinados con fatigas y diarreas,
cuando el café ya no paga
ni el sorbo de agua en que se diluye.

Las totonacas suben descalzas
por los senderos de montículos sin cruces.
Llevan corazones que se desgranan en pétalos.
Con nubes inmaculadas pintan el sol de su piel.
Llegan a la cima y con incienso y voces de humo
cantan a los cinco puntos de la vida.

Brota en el monte la hoja de luna brillante
que nos llevamos a la boca, bendecidos.

Entonces una liebre salta de las entrañas:
¡SI EL HAMBRE ES LEY, LA REBELIÓN, JUSTICIA!

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