jueves, 8 de noviembre de 2018

PRIMER ENCUENTRO DE MUJERES DEL NORESTE, 10 Y 11 DE NOVIEMBRE, APODACA, NL

Primer Encuentro de Mujeres en el Noreste
Casa de Todas y Todos, 
Apodaca, Nuevo León:
08 de noviembre de 2018.
Primer Encuentro de Mujeres en el Noreste, que se llevará a cabo  el próximo 10 y 11 de noviembre en la comunidad del Mezquital, Apocada, NL.  
En este Congreso de Mujeres nos acompañarán del norte, centro, sur del país, conjuntando luchas, experiencias y acciones para hablar de nuestras condiciones de resistencia, trabajo, lucha por los derechos, estrategias de organización y vida que cada una desarrollamos en nuestro país.  
La idea central es escucharnos y seguir organizándonos, por ello planteamos platicar libremente para revisar ¿qué hacemos?, ¿cómo conviene organizarnos?, ¿qué pasos dar en beneficio de nuestras organizaciones de lucha?
Recordando a Lucha: Un Ejemplo de Compromiso y Resistencia
Esta es la historia de una compañera que vivió por la patria. Vamos a contarla sin apasionamientos, aunque sea difícil hacerlo. Es la vida de una compañera de vocación pacifista que se ve obligada a defenderse; “soldados por conciencia”, así nos calificó el Compañero Pedro.
Nacida en un pueblo de nuestra pictórica provincia mexicana, nació y creció junto a sus hermanas. Siendo niña aún, sus padres se separaron y su madre, para sostener a sus hijas, emigró sola a la gran ciudad para emplearse como cocinera de una casa de ricos. Entregó a diversos parientes a sus hijas, para que las cuidaran mientras volvían a reunirse.
Desde ese momento, el único afán de nuestra compañera era el volver a reunirse con su madre y hermanas. Para lograrlo, al concluir su primaria, ingresó a una academia de contabilidad y taquimecanografía. Aprobó con sobresaliente los cursos, que el director de la escuela la contrató como maestra de los nuevos alumnos. Así como joven maestra, y sin tener aún 15 años de vida, ese fue su primer empleo. Reunió fondos y partió a la capital para junto con su mamá alquilar un cuarto, en una vecindad del viejo barrio de Tacubaya y ahí ya reunida la familia, buscar empleo. Pronto la contrataron y junto a sus compañeros de trabajo fundaron un club de excursionistas que salían a escalar los volcanes más altos de México.
Sin embargo, las penurias no faltaban. Para obtener un mejor salario, decidió ir a los Estados Unidos para aprender inglés y graduarse como secretaria bilingüe como tantos otros de nuestros paisanos que buscan una mejoría económica. Allá también sufrió el abuso, la explotación y el desprecio de sus patrones imperialistas. Durante varios años aprendió el idioma y cumplió su meta de graduarse. Por fin pudo regresar a su patria. Obtuvo un mejor empleo y junto a sus hermanas se inscribieron en la secundaria nocturna para trabajadores. Aprobó con excelencia los cursos e ingresó a la preparatoria nocturna, la cual acreditó sin problemas. El interés por la historia de su pueblo, hizo que decidiera inscribirse en el curso de Historia en la UNAM. Ahí cursaba sus estudios, cuando en 1968 el movimiento estudiantil cimbró la conciencia de la sociedad. En la toma de Ciudad Universitaria por el ejército, fue hecha prisionera y enviada a la cárcel de mujeres, donde permaneció recluida varios meses y después fue liberada por falta de méritos.
La cárcel no la doblegó. Dedicó su tiempo a ayudar a la liberación de sus compañeros estudiantes injustamente presos. Al no existir más caminos que el de la rebelión social, fue invitada a participar en las nacientes FLN, nuestra querida organización.
Con la matanza nuevamente de estudiantes el 10 de junio de 1971, a invitación de nuestro compañero Pedro, Primer Responsable Nacional, aceptó ir a vivir a una casa de seguridad. Fue así, la primera compañera que se incorporó a las filas de los militantes profesionales en el año de 1971. Fueron tiempos difíciles que le tocó vivir en la clandestinidad. Ya descubierta nuestra existencia, el enemigo proimperialista, destinaba sus recursos a encontrar y eliminar a los luchadores sociales, torturándolos y desapareciéndolos. Ella, además de poner a nuestro servicio su capacidad como mecanógrafa y traductora, se encargó de la crianza de animales y preparar alimentos, que previamente elaborados y deshidratados, eran enviados al núcleo guerrillero que crecía poco a poco.
Recordemos, que las FLN no recurren a métodos violentos para obtener recursos económicos y que el objetivo político militar era formar un ejército del pueblo que pudiera oponerse a los planes imperialistas, que invadía y bombardeaba sin piedad a quien osara oponérsele. Era la época de la llamada “guerra fría” que se volvía “caliente” para los pueblos rebeldes. México pagó también su cuota de sangre. En el año de 1974, descubierta una casa de seguridad, sufrimos las primeras bajas en combates desiguales con el ejército opresor. Ella lloró sus vidas pero no se amilanó, como sí ocurrió con otros militantes poco firmes en sus principios. Nuestro compañero responsable Alfredo, la seleccionó para que lo acompañara en la búsqueda de los compañeros del núcleo.
Cumplió con su presencia en la selva y el nuevo núcleo fue creciendo, se solucionaron los problemas de abastecimiento y el reconocimiento de terreno de lo que vendría a ser la futura zona de operaciones militares. Esto costaba mucho esfuerzo y privaciones sin límite. La falta del desarrollo de servicios médicos hizo que nuestro compañero responsable falleciera, y algunos compañeros no firmes en su conciencia aprovecharon el hecho para invocar que no existía garantía de éxito y defeccionaron en masa e invitaban a los que seguían firmes a abandonar la lucha por una más sencilla, diciendo que ellos eran “muchos” y nosotros “muy pocos”.
La compañera Lucha no tomó en cuenta esa lógica, ya que el compañero Pedro nos ordenó continuar la lucha antiimperialista aunque quedara uno sólo con vida y sin importar cuanto tiempo tomase lograrlo. Esa orden tan sencilla pero a la vez tan visionaria, nos lleva, aun hoy, a buscar la labor de todos los imperialismos en los sufrimientos de los pueblos, y la Compañera Lucha, con los pocos que quedaron, siguió preparando con la experiencia adquirida en la selva a futuros combatientes. Así transcurrieron los años.
Con el tiempo los reclutamientos de jóvenes campesinos indígenas de la región llegó y los abastecimientos quedaron en manos de los pueblos que se sumaban a la lucha. Entonces, a la Compañera Lucha se le asignó el trabajo de vivir con ellos en casas especiales donde aprendieron los conocimientos militares, de sanidad, intendencia, telecomunicaciones, abastecimientos logísticos, armeros, etc. Ahí su compañerismo y paciencia aprendida 20 años antes, se puso en práctica una vez más. Las compañeras y compañeros de esa época la recuerdan con cariño. Años después, su salud se vio minada por una enfermedad traicionera y mortal. En 1993 fue operada y por cinco años no manifestó problemas. En 1998 la temida enfermedad se hizo evidente. Había regresado, tras recibir tratamientos médicos y siempre rodeada de sus compañeros de las FLN que la cuidaban. Escribió su último pensamiento de aliento a sus compañeros de armas. Les manifestó el orgullo que sentía de ser su compañera y expiró una triste madrugada del año 2000. 29 años habían transcurridos desde su incorporación. Años antes, en los 80’s, había escrito un artículo para nuestra publicación interna Nepantla que intituló El matrimonio en la lucha de liberación. En él daba a saber a los compañeros de reciente ingreso que hay que romper con el régimen que nos oprime en todas las relaciones sociales, en toda la línea de dominación política, militar, económica e ideológica, y que toca a nuestros pueblos hacerlo ya…
En éste aniversario de su muerte, a ella decimos.
Compañera Lucha… ¡Presente!
Casa de Todas y Todos.

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