martes, 15 de enero de 2019

AYARI LÜDERS MONSIVÁIS: POR TU VIDA Y TU POESÍA, ¡HASTA SIEMPRE!

Podemos ser mejores, podemos ser más humanos y más creativos…
Ayari Lüders Monsiváis
Agencia Autónoma de Comunicación SubVersiones:
14 de enero de 2019.
La mañana del 12 de enero falleció la joven poeta mexicana Ayari Lüders Monsiváis, hoy rendimos homenaje a su vida y obra, a su amor por la poesía, a la música y la palabra.
Imagino los versos en la poesía como las ecuaciones en las matemáticas. Busco que cada verso explique una parte de la verdad. El proceso de escribir poesía, para mí, es lo más parecido a una investigación científica: Hay que cuestionar, querer comprender un fenómeno, observar, definir una hipótesis, probarla miles de veces y entonces presentarla. En el caso de la poesía se le suma crear un escenario idóneo de palabras, sonidos y significados donde pueda cuestionarse, sentir y probar lo que ha propuesto el poeta. 
Ayari Lüders. 
Originaria de la Ciudad de México, Ayari Lüders incursionó a temprana edad en las artes escénicas. Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad del Valle de México y el Máster en Escritura Creativa por la Universidad de Sevilla. Impartió talleres de redacción y teatro y formó parte de la Plataforma de Artistas Chilango-Andaluces (PLACA).
En su obra se refleja una parte fundamental de su vida: la lucha social. Desde su inherente sensibilidad observó la vida, recorrió las calles e hizo del arte un arma contra el dolor, la injusticia y el olvido.
Los últimos años dedicó su vida y pasión a la poesía. En agosto de 2018 presentó, en la casa del poeta Ramón López Velarde, el libro “Mujer de Tierra” publicado por Editorial Ultramarina e ilustrado por la obra de la artista plástica Clara Bérgamo. En sus propias palabras:
Mujer de Tierra, nace de la necesidad propia de querer comprender al ser humano desde la estructuración del universo, desde la sensibilidad humana, desde la destrucción de nuestro planeta y de otros seres humanos, desde este sistema político y social que tantas vidas nos debe. Este libro en realidad son cuatro poemarios que pueden ser entendidos desde muchos puntos de vista pero que quizá, como resultado, la respuesta es la misma: podemos ser mejores, podemos ser más humanos y más creativos.
A continuación presentamos parte su obra:
 
Espectro de aguaEstudiantes de Guerrero
Flota, en un espectro de agua,
la ausencia de un desaparecido
y, en la oscilación eterna
de su cuerpo-barca,
una estela roja se libera.
Mi tierra es cementerio,
campo de olvido que duele.
Las calles, espectro de agua,
borbotones de estudiantes
y son banderas,
y son gritos
apresurados de juventud
y crecen los ríos
y los mares de pasos
descontentos
de un México que hiere.
Mi ciudad fue agua,
fue lago dulce y salado,
fue revolución
fue independencia
fue juventud en busca
y hoy, un espectro de agua.

Escribir por si acaso
Escribir por si acaso,
por si una noche, esta,
la vida me huye en sangre.
Por si el aliento se acaba
en un grito mortal
y por si una noche, esta,
vuelvo a casa en noticia,
en periódico alarmista,
en lista de desaparecidos.
Por si me callan los ecos
de una bala mordaza
que me quede la poesía
sobre todos los muros
que las palabras sean grieta.
Escribir por si acaso.
Por si una noche, esta.

Ciegos
Soy ola nacida por la tierra,
me consume la sombra.
Estela del sol que se expande
en el mar-cristal contaminado.
Soy estrella exacta
en el indescifrable código del universo
con el alma endosada
a la promesa de un sol que vuelve.
Tengo en la piel
los miles de siglos que me sostienen
poros cotidianos de realidad
que se erizan con cada llanto ajeno.
Ando con la cabeza sujetada
a los hombros que cargan el cielo:
Atlas condenado a no ver los días
cuando nacen soles sobre su cuerpo.
Tengo los pies tropezados de palabras
y no me caben oraciones en el pecho
porque si camino es porque es promesa
y si me detengo es porque estoy desierta.
Para hablar del infinito que se marcha
me faltan lenguas compuestas
donde we are equals
y, diferentes, desaparezca
porque el lenguaje perdió sentido
cuando dejamos de entendernos.
Me he llenado de noches
y en los días encierro mis ojos
hasta que la prisa me alerte
del día que me huye.
Puedo andar a tientas
aprendo a estar ciega.
Añoro el vuelo de la golondrina,
que va y vuelve, siempre en verano.
A mí el invierno me persigue,
me lleva al panteón en cada tanto
y no puedo sacudirme
el cementerio de los tenis.
Ya no sé qué es un cometa
me perdí en el cielo
buscando meteoros
que vienen a suicidarse a la tierra
por un poco de agua,
por un poco de alivio.
No confío en los soles
que no prestan su luz
en las tormentas.
He visto miles de atardeceres
pero, al sol nacer, pocas veces.
La última vez lo expulsaba el mar
como a un tesoro de naufragio
y las gaviotas se lo repartían
montadas en el agua
montadas en el aire
hasta acabárselo por entero.
Pero a la luna la he visto
tantas veces derrotada
caer sobre la ciudad asesina
que muere con ella
sin perseguirla
como no la persiguen
los que no están ciegos,
los que no están locos
y cierran los ojos a la noche
navegando en la obscuridad
de su párpado rojo
y tienen que pintarlo
con historias bailarinas
mientras los ciegos
nos perdemos
montados en la noche
montados en la luna
hasta morir con ella.
Mi sombra de noche se me escapa,
se libera de mí en cada calle,
me da vueltas,
me persigue,
y me abandona
antes de cerrar los ojos.
Somos ciegos, lo somos,
todos los espectros de la noche,
envueltos en palabras liberadas
que florecen de una hoja vacía.
Entonces vuelve mi sombra
a extenderse debajo de la pluma
porque la obscuridad nació de la tinta
derramada por un poeta ciego.
Pero las palabras no tienen sombra,
por eso nos han hecho caer
tantas veces.
Me he tropezado con tantas palabras
que de heridas me he llenado las manos,
pero puedo escribir cada noche
esperando ver al sol nacer,
tal vez, algún día.

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