sábado, 5 de enero de 2019

NEOZAPATISMO: NO VAMOS POR EL PODER, VAMOS POR AUTONOMÍA Y AUTOGOBIERNO

Homenaje al EZLN al cumplirse 25 años de su original y aleccionador levantamiento contra el sistema político mexicano.
René Báez,
(International Writers Association)
América Latina en movimiento 
04 de enero de 2019.
Noam Chomsky advirtió desde el inicio de la insurgencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 1º de enero de 1994 -el mismo día de la incorporación de México al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos-, que el Subcomandante Marcos, vocero de los rebeldes indígenas de Chiapas, había planteado un “problema” sin precedentes.
Más allá de que el neozapatismo representa una proyección -o nueva “visibilización”- del discurso y práctica de la Revolución de 1910 forjada bajo el lema “Tierra y Libertad”, la opinión chomskiana se justifica por diversas razones. En efecto, y conforme han destacado diversos analistas, la prédica de los descendientes de los mayas no se inscribe en el planteamiento clásico de izquierda, porque sus postulados son más genéricos: dignidad, democracia, justicia, libertad, soberanía; ideales anteriores y posteriores a la utopía socialista.
El pensamiento neozapatista tiene que ser comprendido, de otro lado, como una suerte de síntesis de diversas teorías y doctrinas políticas, en la medida que fusiona parábolas cristianas, memorias vernáculas recuperadas del Popol Vuh y el Chilam Balam, liberalismo jacobino, marxismo, castrismo, gramscianismo, pensamiento de los caudillos agraristas…
El radical rompimiento con la historia oficial es otro rasgo del redivivo zapatismo. En la 1ª Declaración de la Selva Lacandona, documento fechado el 1º de enero de 1994, puede leerse:
“Somos producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud en la guerra de independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Zapata y Villa... Somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad”.
Rescate de la historia pretérita pero también recuperación e impugnación de la contemporánea. Esto último explica la plataforma con que el EZLN enfiló contra el régimen neoliberal y entreguista de Carlos Salinas de Gortari: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, autonomía, libertad, democracia, justicia y paz.
En el neozapatismo es posible identificar varias ideas-fuerza. Una de ellas, acaso la más seductora, se relaciona con su renuncia explícita del poder. Otra, novedosa y atractiva, tiene que ver con su concepción del poder y la democracia; conforme al “Sup” Marcos, el poder no es un fin en sí mismo y, mucho menos, un mecanismo de dominación. Según el propio dirigente, la legitimidad del mismo proviene de su concordancia con el lema ancestral del “mandar obedeciendo”, enfoque diametralmente distinto sobre todo a la práctica de la democracia burguesa y, más bien, equiparable a la concepción del poder de Gramsci, quien lo definió como una hegemonía ético-política. Una noción clave del neozapatismo se refiere a su comprensión del cambio societal; a este respecto, el citado Subcomandante le transmitió a Dauro Tótoro, de la revista chilena Punto Final, la alumbradora idea siguiente: 
“Nosotros manejamos el siguiente concepto de cambio: creemos que el mundo nuevo, o la nueva sociedad, o como se quiera llamarlo, debe pasar previamente por una antesala. Es decir, que las propuestas o conceptos del rumbo que debe seguir el país, sea esto el comunismo, el socialismo, la social democracia, la democracia cristiana, el liberalismo, o cualquiera sea la corriente ideológica de moda, debe confrontarse con la realidad de cada pueblo. El soporte real de cualquier modelo social es la aceptación que el mismo tenga en la población. Si no existe, estaríamos hablando de una falsa revolución, y no porque sea una revolución que mienta, sino que sin el sustento mencionado, sería siempre susceptible de desviarse o de voltearse”.
El discurso del neozapatismo no ha quedado circunscrito a la disección de los problemas de los indígenas mexicanos y, ni siquiera, a la dialéctica política-económica-cultural de ese país. La lucha contra la globalización corporativa y sus mitos del libre mercado y la democracia formal, ha tenido en las contribuciones teórico-prácticas e imaginativas de esa vertiente de pensamiento un soporte invaluable. En agosto de 1996, una aldea chiapaneca conocida con el sugestivo y enigmático nombre de La Realidad se convirtió en escenario de uno de los cónclaves más singulares de que haya memoria: La Internacional de la Esperanza, evento convocado por el EZLN. A la cita concurrieron miles de intelectuales, activistas y observadores procedentes de 41 países, inclusive de Estados Unidos. Clausuró el encuentro el siempre encapuchado Marcos con un llamado a “volver a humanizar la humanidad”. Al año siguiente, bajo el mismo auspicio y propósito, se cumplió el Encuentro Intergaláctico.
Ya en el siglo que despunta, los “hombres de maíz”, como identificara Asturias a los pobladores originarios del sureste mexicano, han vuelto a sorprender a sus simpatizantes de dentro y fuera de México con su campaña por la “Otra Política” y la creación en los territorios liberados de “Las Juntas del Buen Gobierno”, iniciativas de crítica totalizante a la maltrecha civilización del capital.
Fuentes: 
EZLN: Documentos y comunicados I, México, D.F., Ediciones Era, 1994.- 
EZLN: Documentos y comunicados II, México, D.F., Ediciones Era, 1995.- 
R. Báez, Conversaciones con Marcos, Quito, Eskeletra, 1996.- 
R. Báez, La disidencia en Disneylandia, Quito, Eskeletra, 1998.-
Gloria Muñoz Ramírez, El fuego y la palabra, México, D.F., La Jornada Ediciones, 2003.
(Texto tomado del Diccionario de pensamiento alternativo, proyecto adelantado desde el Centro de Educación, Ciencia y Sociedad por los académicos Hugo E. Biagini y Arturo Roig. Publicado por Editorial Biblos, Buenos Aires, 2008.)

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