domingo, 10 de febrero de 2019

CARTA DE RAYA DUNAYEVSKAYA A HERBERT MARCUSE SOBRE LA AUTOMATIZACIÓN

Carta a Marcuse sobre la automatización
Raya Dunayevskaya,
Praxis en América Latina, N° 24,
file:///C:/Users/HP/Downloads/N%C3%BAmero%2024%20(digital).pdf
(febrero-marzo de 2019)
Nota editorial. El 8 de agosto de 1960, Herbert Marcuse le escribió a Dunayevskaya solicitándole ayuda en su trabajo sobre un libro que fue publicado como: El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada (1964). Dunayevskaya vinculó la automatización, el capitalismo de Estado, la subjetividad de los trabajadores y la dialéctica en su respuesta a esta solicitud de Marcuse:
“Uno de mis problemas será la transformación de la clase trabajadora debida al impacto de la racionalización, la automatización y, particularmente, de un estándar de vida más alto. Estoy seguro que sabrás lo que quiero decir cuando me refiero a la discusión entre los sociólogos franceses en Arguments, y especialmente a los artículos de Serge Mallet. Es cuestión de un cambio, es decir, de una actitud más positiva del trabajador no sólo hacia el sistema en su totalidad sino incluso hacia la organización del trabajo en las fábricas más altamente modernizadas. El estudio de campo de Mallet sobre los trabajadores franceses en la sucursal de Caltex en Francia señala claramente el aumento de una actitud altamente cooperativa y de un interés personal en la compañía.
“Ahora bien, lo que me gustaría pedirte es, primero, tu propia evaluación reflexiva en lo que concierne a la situación en este país, y segundo -si no es mucho pedir-, referencias a la bibliografía en Estados Unidos sobre este problema, a favor y en contra. Sé que tu propia valoración va en contra de la tesis de una conjunción reconciliadora entre trabajador y fábrica, pero me gustaría saber también si hay algún argumento razonable desde la otra postura”.
A continuación, publicamos extractos de la respuesta de Dunayevskaya del 16 de agosto de 1960.
Querido HM:
[…] Tu carta del día 8 llegó en un buen momento, ya que el número especial de News & Letters -el cual será publicado como un folleto especial, Workers Battle Automation (Los trabajadores combaten la automatización)- ha justo salido de la imprenta y debe de tener valor para ti porque verás a los trabajadores hablando por sí mismos sobre las condiciones de trabajo y el supuesto alto estándar de vida. Sé, por la última vez que hablé contigo, que consideras que estas opiniones son producto de mi influencia. Si bien es cierto que Charles Denby y algunos (de ninguna manera todos) de los escritores de este folleto son humanistas marxistas, estarías cometiendo un grave error si consideraras sus opiniones tan excepcionales que no representarían al proletariado estadounidense. Ellos representan a un sector muy importante de los trabajadores estadounidenses en todas las industrias fundamentales -automotriz, del acero, del carbón-, y las condiciones que describen es lo que experimentan en la línea de producción, no lo que algunos sociólogos ven en un “estudio de campo”. Yo quisiera llamar tu atención también -o por mejor decir, especialmente sobre la p. 6, “Which Way Out” (¿Qué camino tomar?), ya que, contrario a la actitud monolítica no sólo de comunistas sino de radicales que piensan que deben tener una “única voz” cuando hablan en público, los trabajadores discrepan aquí abiertamente. Ángela Terrano -a quien puede que recuerdes que cito en Marxismo y libertad porque ha planteado la pregunta sobre qué tipo de trabajo [debería realizar el ser humano] en el sentido verdaderamente marxista, y quien luego usó la expresión de que el trabajo debería ser totalmente diferente, “algo completamente nuevo, no sólo trabajar para tener dinero para comprar comida y cosas. Tendrá que estar completamente ligado a la vida misma”, rechaza aquí a la automatización completamente, mientras que el editor [del folleto] insiste en que si los trabajadores administraran la fábrica, ésta no sería una Casa del Horror, y se mueve en la línea más tradicional del control de la producción por parte de los trabajadores, una jornada laboral más corta, etc. En segundo lugar, resulta que conozco a un ingeniero de Caltex que dice cosas muy diferentes a Serge Mallet […]
Ahora bien, la bibliografía en Estados Unidos sobre el tema: Hace mucho que dejé de ponerles atención a los sociólogos que han caído más bien en la corriente de la “psicología social” que los trabajadores en la fábrica correctamente llaman “loquería”, así que mi lista no puede ser exhaustiva, pero puedo darte las referencias principales. Ya que la lucha de clases nunca fue aceptada en la sociología estadounidense como marco para el análisis, tu referencia a aquellos que hablan de la supuesta actitud cooperativa del trabajador con la gerencia -e incluso de la (¡)“organización del trabajo”(!)- debe estar considerando a ex radicales y cuasi radicales cuya reciente exaltación a las virtudes del capitalismo está de cierta forma resumida en la persona de Daniel Bell y sus descuadernados artículos llamados libro, El fin de la ideología, con lo cual quiere decir, por supuesto, el fin de la lucha de clases […]
Como ves, no podría darte el listado de la bibliografía en Estados Unidos sobre el tema sin darte también mis opiniones. Quiero sintetizar ahora mi evaluación reflexiva no sólo sobre los libros en torno a la sociedad estadounidense tal como la veo, lo cual difiere radicalmente de tus perspectivas. Si me lo permites, me gustaría decir que espero que al menos no hayas -en tu preocupación por la “transformación de la clase trabajadora”- caído en la trampa de ver al  socialismo de Marx como si fuera sólo una filosofía de la distribución. No quiero insultarte ni ponerte en la categoría subconsumista, pero revolucionarios tan grandes como Rosa Luxemburgo estaban en ella, a pesar del hecho de que su libro Reforma o revolución estaba basado precisamente en sacar a la cuestión de la lucha de clases de su reducción a una cuestión de “fortunas privadas”, para convertirla en una de relaciones de producción. Engels ciertamente escribió muchos libros sobre relaciones de producción y nunca estuvo siquiera consciente de haber incurrido en alguna desviación, y sin embargo, al no ser el dialéctico y humanista que Marx sí era, escribió folletos que estaban muy alejados de éste. Rudolf Hilferding había escrito su Capital financiero como una actualización a El capital; no obstante, el “capitalismo organizado” con su tendencia hacia la “estabilidad” redujo el socialismo a una cuestión de “tomar el control” sin reorganizarse totalmente, mucho menos por parte de las acciones espontáneas de los trabajadores.
Por supuesto, podrás decir que es exactamente ahí donde Marx estaba “equivocado”, y por supuesto tienes derecho no sólo a tu opinión sino a escribir para demostrarla durante muchos años, y yo puedo estar siendo muy injusta porque no tengo tu manuscrito a la mano (que sí espero que me lo envíes, de modo que mi opinión pueda ser concreta en vez de estar basada en suposiciones), pero justo tengo la sensación de que esta preocupación por el supuesto alto estándar de vida quita el énfasis de lo que tú mismo señalas en el prefacio a mi libro [Marxismo y libertad] como “la unidad integral de la teoría marxista en su misma base: la filosofía humanista”.
Por tanto, déjame recapitular algunas ideas fundamentales, a pesar de que todas son conocidas para ti.
En primer lugar, sin duda recuerdas que en esa página de Marxismo y libertad donde hago una cita del volumen I de El capital sobre la ley de acumulación, argumento en contra de la concepción en boga de que ahora que el trabajador es “más rico”, etc., apuntando a la afirmación de Marx de que “a medida que se acumula el capital, tiene que empeorar la situación del obrero, sea cual fuere -alta o baja- su remuneración”. El que su situación ha empeorado se evidencia en las condiciones de trabajo de la automatización y en el desempleo que ésta ha producido. Los “cinturones de miseria” pueden parecer algo muy sin importancia para quienes no tienen que vivir en ellos, pero cuando en 1960, incluso alguien como Jack Kennedy (ahora que las campañas electorales están a la orden del día) tuvo que quedarse petrificado ante las condiciones en Virginia del Oeste, donde hay casos reales de madres que se entregan a la prostitución para tratar de salvarse de la inanición, ¿no es acaso tiempo de que los exponentes de la idea del más alto estándar de vida se detengan un momento y examinen la situación de los cinco millones de desempleados, que con sus familias suman 13 millones? Y no son sólo los desempleados, ni siquiera el muy lento ritmo de crecimiento de la economía estadounidense de posguerra -el cual ha producido tres recesiones-, sino las así llamadas condiciones normales de la automatización.
He visto chozas de mineros que tenían una letrina en lugar de un excusado, pero tenían un televisor que estaban pagando por mensualidades; sin embargo, esto no significaba conformismo o que habían “escogido” por tanto “vivir con lujos”, sino sólo que una televisión podía ser instalada mientras que, antes de que la tubería pudiera serlo, se requeriría de mucho más que de un enganche de cinco dólares: uno tendría que abrir todo el suelo de esas chozas, incluyendo esos miserables remedos de camino que conducen hacia ellas en este país libre constructor de caminos y tecnológicamente avanzado.
La respuesta de aquellos que parecen adoptar la postura opuesta es que:
1) los trabajadores nunca se han molestado siquiera en construir un partido obrero;
2) se “merecen” a los líderes laborales que tienen porque eligieron a los Reuther, los Meany, los Hoffa, y
3) no están “activos”, es decir, retransformando a la sociedad en este preciso momento.
Las huelgas, las huelgas no autorizadas [wildcats] y la organización de su propio pensamiento parecen no contar de mucho. Por el momento aceptaré esta perspectiva no aceptable y me preguntaré si es algo más que el “aburguesamiento del proletariado británico” del que Marx y Engels tanto se lamentaban, o “la aristocracia obrera” que Lenin vio como la causa de origen del colapso de la Segunda Internacional.
Esto me lleva a la segunda perspectiva fundamental de Marx, a la cuestión de ir hacia los estratos cada vez más profundos y más bajos del proletariado para descubrir su esencia revolucionaria.
Puede que recuerdes que en Marxismo y libertad traigo a colación el discurso de Marx del 20 de septiembre de 1871, después del colapso de la Comuna de París y de la huida cobarde -incluso antes del fin de la Comuna- de los líderes de los sindicatos británicos (He visto ese discurso sólo en ruso, pero puede que esté disponible en alemán. No lo sé). Allí muestro también que Lenin no hubo “descubierto” esto que él llamaría entonces “la quintaesencia del marxismo”, hasta que él mismo se vio confrontado no sólo por la traición de la Segunda Internacional sino por el ultraizquierdismo de Bujarin, quien por ello estaba listo para reprender duramente no sólo a los líderes de la Segunda Internacional, sino al propio proletariado. Es sobre el último párrafo de esa página -donde me ocupo en dos distintos niveles, lo real y lo ideal, de la aproximación que tuviera Lenin- sobre lo que quiero ahora llamar tu atención, si me lo permites.
Es verdad que la automatización y el capitalismo de Estado no son sólo cambios “cuantitativos” sino cualitativos de nuestra sociedad contemporánea, y que este hecho predominante afectaría también a una parte del proletariado. Pero una parte no es el todo. En realidad, el hecho de que dé la apariencia de ser una sociedad opulenta no sólo entre el sector burgués sino entre las masas -los millones de empleados, de modo que los cinco millones de desempleados parecen “poco”- no muestra que esos desempleados están predominantemente entre los trabajadores de la producción. No nos referimos a los de los suburbios. Todo está concentrado en los núcleos industriales, entre un proletariado sindicalizado pero que hace huelgas no autorizadas, así como agravado por la cuestión afro, la cual de ninguna manera permanece pasiva, y entre una juventud que ha mostrado que no es rebelde sin causa, sino que tiene una. Yo sé que no aceptas mi visión de que están en busca de una filosofía total y que no se están preparando para ser desechados en el basurero de la historia. Pero es un hecho que no sólo entre el proletariado y los millones de personas que estaban en huelga justo cuando Jhruschov estaba de visita en el país y Eisenhower quería mostrarle la superioridad estadounidense en la industria, no una industria parada; es un hecho, decía, que sólo en los pocos meses que la juventud afro universitaria comenzó a hacer plantones, toda la cuestión de que la libertad y la juventud “se habían puesto al nivel de los europeos occidentales” había pasado de ser una fase del futuro a una del presente.
Esto bastará por ahora hasta que vea de hecho tu libro en manuscrito y capte el desarrollo de tu pensamiento. Estaré muy feliz de escribir de nuevo entonces. Mientras tanto, mi trabajo -y todavía estoy batallando con la Idea Absoluta, a pesar de las presiones del activismo de las que tú estás libre- avanza lentamente, pero en verdad espero tener más tiempo después del Día del Trabajo para concentrarme en el libro […]
Con afecto:
Raya.

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