viernes, 8 de febrero de 2019

SOBRE “LA CANCIÓN DE AIM” (AMERICAN INDIAN MOVEMENT) Movimiento Indio Americano

La historia de la canción de A.I.M. (Movimiento Indio Americano)
Leonard Peltier,
Desinformémonos:
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Warrior up_Wild Oglalas A.I.M. Song
08 de febrero de 2019.
[Desde el 6 de febrero de 1976, el guerrero espiritual y preso político Leonard Peltier ha estado en manos del gobierno de Estados Unidos con sentencia de dos cadenas perpetuas simplemente por estar dispuesto a defender a su pueblo. Aunque no hay una pizca de evidencia en su contra, el FBI ha decidido que él tiene que pagar por la muerte de dos agentes suyos el 26 de julio de 1975. Ahora Leonard está muy enfermo pero lo tienen encarcelado en la prisión Coleman en el estado de Florida, lo más lejos posible de su familia y base de apoyo en tierras Lakota en el estado de Dakota del Sur. Mientras exigimos ¡LIBERTAD PARA LEONARD PELTIER! compartimos  este reciente escrito suyo.]
Acabo de ver un incidente horrendo en Washington DC, entre jóvenes blancos que querían Hacer América Grande de Nuevo (MAGA) y un anciano indígena que entonaba una canción religiosa. Hubo amenazas contra él por parte de los desgraciados que llevaban sus gorras rojas con la letra M.A.G.A.   El anciano es Nate Phillips, mi amigo y camarada de muchos años, desde nuestros primeros días en el  Movimiento Indio Americano (American Indian Movement, AIM). Ahora veo que los medios y otras personas están cambiando los hechos para echarle la culpa a él.
Me gustaría explicarles la historia de la canción.
El pueblo Cheyenne del Norte regaló esta canción al Movimiento Indio Americano como un honor después de nuestra ocupación durante 71 días en 1973 del sitio de la matanza de Wounded Knee (Rodilla Herida) en 1890.  Es un sitio conmemorativo, pero ahora… ¿Pueden creer esto?  Es propiedad de una persona blanca.
Wounded Knee es un área sagrada para los pueblos Lakota, donde fueron masacrados  más de 350 hombres, niñas, niños y mujeres, algunas de las cuales tenían bebés no nacidos en sus cuerpos. Hay documentación de soldados que se opusieron al asesinato de bebés, pero también de soldados que andaban en sus caballos en el lugar de la matanza, alzando sus espadas que perforaban a los bebés muertos. Después de firmar una tregua, los indígenas habían entregado sus armas –hachas de piedra, arcos, flechas y lanzas– a la Séptima Caballería del Ejército de Estados Unidos. Habían levantado la bandera blanca de la paz y la bandera estadounidense. 
El líder de los Lakota era un jefe de la paz llamado  Big Foot (Pie Grande).
La Caballería estaba fuertemente armada con cañones portátiles, rifles, bayonetas de acero, cuchillos y pistolas. Los soldados estaban bajo órdenes de sus comandantes. 
Después de que los cautivos habían sido alimentados y convencidos de su seguridad, los bebés comenzaron a callarse y dormir bajo sus cobijas cálidas. Nadie vio o escuchó lo que estaba por ocurrir.
La Caballería, como una banda de ladrones y violadores, los rodeó en la oscuridad de la noche con sus armas mortales.
A primera hora del día siguiente, el 25 de diciembre (¿No es el cumpleaños de su dios cristiano, Jesús?), después de darles de comer su último desayuno, los soldados empezaron a masacrarlos, asesinando a todos que no lograron escapar.
Un poco más de dos décadas antes [en 1864], el mismo Ejército compuesto de violadores de niñas y niños y asesinos de gente indefensa, había rodeado una banda pacífica de los Cheyenne del Norte en el arroyo, Sand Creek, y cometieron otro acto asesino. Ondeaban las dos banderas: la blanca y la estadounidense!
Cuando los indígenas habían recibido las banderas, también recibieron la promesa de que el Ejército nunca les iba a atacar mientras ellos levantaran las banderas.
Sin embargo, más de una docena de soldados recibieron medallas que representaban los máximos honores que el gobierno de Estados Unidos podría otorgar. Los soldados y también algunos civiles fueron honrados por ese acto de genocidio, llamado una Gran Victoria de Guerra. ¡Hoy en día, lo llaman   ‘Hacer América Grande de Nuevo’!
Una década después [en 1876], al creer su propia estúpida propaganda y pensar que habían ganado grandes victorias, los mismos asesinos con algunos traidores atacaron a los scouts en la reserva del pueblo Crow durante una ceremonia religiosa, la Danza al Sol, en las orillas del río Little Big Horn, o para usar nuestro nombre, el arroyo de Greasy Grass. Excepto que esta vez, Crazy Horse (Caballo Loco) y otros fuertes guerreros jóvenes, “los que llevan camisas de guerra” de las naciones Lakota y sus aliados los Cheyenne, estaban en el campamento cuidando a la gente, armados sólo con hachas de piedra, arcos y flechas contra armamento superior. Se defendieron y acabaron con Custer y su regimiento de  asesinos y violadores de niñas y niños, ancianos indefensos, mujeres y bebés. 
A su regreso, los heroicos guerreros Cheyenne compusieron la canción ahora conocida como “La Canción de AIM” y llegaron al campamento cantándola.  Al llegar, las mujeres y hombres se sumaron y la gente de todo el campamento empezó a cantarla.
Dice la canción:
Gracias al Gran Espíritu por  permitir que nuestros jóvenes fueran valientes y audaces en proteger a los niños y niñas, a las mujeres, a los bebés no nacidos, a las mujeres y hombres ancianos y a nuestros líderes. Cantamos gracias, Gran Espíritu, por darnos la fortaleza de salvar a nuestros niños y niñas, gracias por el valor que nos dio. Gracias por revelar su amor para nuestros pueblos. Pedimos que nos dé paz con estas personas que solo quieren guerra, que solo quieren matar a nuestras naciones, a nuestros pueblos.
Éste es el sentido de “La Canción de AIM”.
Recordamos que [el pasado 19 de enero] aquel joven que se quedó parado frente a nuestro líder religioso tenía la actitud de burlarse de él. Llevaba una risita de menosprecio en la cara como si fuera superior.
Ojalá alguien hubiera estado ahí para contarle del abuso de más de 25 niños y niñas en la escuela Católica en la nación Navajo hace unos 15 años, solamente uno de todos los malvados crímenes perpetrados contra nosotros durante cien años. En ese caso, cientos de niñas y niños  habían sido violados, y el castigo para el sacerdote responsable fue ¡un traslado a otra iglesia! La mayoría de los internados indígenas tenían sus propios cementerios, y en algunos ¡hay hasta 200 tumbas sin nombre!
Esto es lo que aquellos jóvenes exigían: Volver a los días cuando, para ellos, ‘América’ era grande.
En el espíritu de Caballo Loco,
Doksha,
Leonard Peltier
Enero de 2019
Traducción: Carolina Saldaña
Para arreglar una proyección en tu lugar del documental subtitulado Incidente en Oglala, comunícate en FB al inbox de Mumia Libre o escribe a: espirales@riseup.net
Para ver más información sobre Leonard Peltier consulten su página:  https://www.whoisleonardpeltier.info/

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