lunes, 18 de marzo de 2019

CÓMIC EN HOMENAJE AL POETA ANTONIO MACHADO (a 80 años de su muerte)

Los últimos días de Antonio Machado
Un cómic rinde homenaje al escritor por el 80 aniversario de su muerte
Obra de la guionista Cecília Hill y el dibujante Josep Salvia
Jesús Jiménez,
Fuente:
Red Latina sin fronteras:
17 de marzo de 2019.
El 22 de febrero de 1939, a las 3:30 de la tarde, Antonio Machado fallecía en la localidad francesa de Colliure, a donde había huido con su familia ante la inminente victoria de los Nacionales en la Guerra Civil. En sus bolsillos encontraron un papel con los versos “Estos días azules y este sol de la infancia”, que han inspirado el cómic Antonio Machado. Los días azules, (Diábolo Ediciones), de la guionista Cecilia Hill y el dibujante Josep Salvia.
Cecilia Hill (Torregrossa, Lleida 1985) nos lo cuenta así:
“André Derain o Henri Matisse estuvieron en Colliure y se dejaron inspirar por el encanto de esta preciosa localidad francesa. Si Colliure tuviera un color este sería el azul, sin duda, y es probable que Antonio Machado, gran amante y observador de la naturaleza como era, apreciara en ese paisaje el azul de esos días, el regreso a los colores de su infancia, esa Sevilla natal, y el final de sus días, del que seguramente era consciente”.
“Ese sentimiento de despedida –continúa la guionista- también está, bajo mi opinión, en una frase que pronunció junto a su hermano, en el único paseo que hizo a la orilla del mar. Allí sentado, y señalando con su bastón, dijo: ‘Quién pudiera vivir ahí, tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación’. Esa emoción que invade los días en Colliure es, desde la salida de Madrid hasta Rocafort y Barcelona, una emoción azulada, que nos parecía absolutamente descriptiva para esos tres últimos años del poeta. De ahí el título que, como es lógico, remite a esos versos finales encontrados en el gabán del poeta por su hermano José”.
 “Machado es la humildad”
Josep Salvia (Mollerussa, 1981) ha destacado estos últimos años por otros dos cómics sobre la Guerra Civil (Cisco y Una caja de galletas). El dibujante nos comenta cómo surgió el proyecto:
“Cecilia tuvo la idea, pero Machado ha formado parte de nuestra biblioteca personal durante muchos años. Al principio profundicé en los textos y en la figura de poeta a través de Cecilia, pero luego me dejé llevar. El proyecto me pareció apasionante desde el primer momento y era una oportunidad para que ella se sumergiera en la literatura. En este descubrimiento, que surgió a medida que trabajamos en la documentación, nació mi interés por la figura del poeta durante esos últimos tres años, una época de nuestra historia que me apasiona”.
“Para mí, Machado es la humildad –continúa el dibujante-. La anécdota de la caña de azúcar me parece conmovedora. Su relato y su reflexión en Los complementarios es para mí un aprendizaje básico, tanto para los adultos como para los niños, que debería formar parte de uno de nuestros principales valores como sociedad. Saber apreciar la belleza en las pequeñas cosas, la naturaleza, los paseos al aire libre… A pesar de que tenía una personalidad compleja (como no podía ser de otra manera), los valores de Antonio Machado como ser humano me conmovieron. Trabajar en esta obra me ha enseñado mucho a valorar las cosas pequeñas. Ha sido un viaje emocional que, sin duda, ha cambiado mi manera de entender la vida”.
“Esa humildad y la sencillez que se refleja en la poesía de Machado han sido fundamentales para trabajar en el cómic -añade el dibujante-. Tanto la narrativa como el dibujo persiguen ese cometido. Afortunadamente, su poesía lo dice todo de él y junto a su biografía, son los elementos que me han ayudado a configurar el relato y el dibujo. Sus emociones, expresadas a través de la poesía, junto a los hechos, son todo el material sensible que necesitábamos para trabajar. E incluso mucho más del que habríamos podido soñar”.
El poeta del exilio
El cómic se centra en los últimos tres años de Machado, que coinciden con la Guerra Civil (1936-1939) y durante los que el poeta nunca dejó de luchar.
“Teníamos una fecha muy cercana y era el 80 aniversario de la muerte del poeta –asegura Cecília-. Y aunque la vida y la obra del poeta son apasionantes en toda su magnitud, es evidente que esos tres últimos años marcaron el enlace definitivo y se vivieron de manera acompasada con uno de los períodos más dolorosos de nuestra España reciente”.
“Antonio Machado es el poeta del exilio –continúa la guionista-, porque como poeta del pueblo, cruzó la frontera como cientos de miles de españoles. Él no quería irse de Madrid y quizá ese sentimiento de ‘culpabilidad’ estuvo con él hasta el final de sus días. Nos preocupaba reflejar esa circunstancia, el drama del exilio y la lucha de Antonio Machado, a través de su pluma y hasta las últimas consecuencias. Centrarnos en esos tres últimos tres años nos permitía, además, ir relatando algunos acontecimientos de la Guerra Civil, en el que nos parece un viaje tan trepidante como doloroso”.
Por eso, el cómic también es un homenaje a las víctimas y los exiliados de la Guerra Civil. “Por supuesto –afirma Josep-. Hace unos días participamos en los homenajes en Colliure, haciendo el mismo recorrido que hizo Machado y todos los españoles que escapaban de la barbarie fascista. Recorrer esos lugares (Port-Bou, Coll dels Belitres, Cerbère…) es una experiencia triste y dolorosa como pocas. Nunca habrá homenajes suficientes para esos centenares de miles de españoles (mujeres, hombres, niñas y niños) que cruzaron la frontera en unas condiciones infrahumanas y que soportaron el dolor del exilio y la privación de su libertad”.
 “Machado es el símbolo de la dignidad”
La guionista confiesa que Machado ha marcado sus vidas:
“Desde que descubrí y conocí a fondo la figura y la obra de Antonio Machado en la universidad, el poeta ha formado parte de mis días y bibliografía esencial. Decía el poeta, ‘mi verso brota de manantial sereno’ y así es. Los textos de Machado son, pese a su aparente sencillez, poesía clara, natural… directa al corazón. Para mí, Machado es el símbolo de la dignidad, de la lucha constante y de la bondad (Soy en el buen sentido de la palabra bueno). Hablando con la gente nos damos cuenta que nuestro poeta sigue siendo un hombre querido, respetado y vivo a través de su poesía”.
Por eso quisieron reflejar esos tres años de lucha poética: “El viaje de esos últimos tres años es un viaje triste, en el que podemos observar el avance de la enfermedad del poeta, su deterioro físico. Las fotos que se conservan lo dicen. La última, tomada en Port-Bou por su amigo Corpus Barga, es una instantánea demoledora de las consecuencias de ese exilio que empezó en Madrid”.
Pero, a pesar de las calamidades y la cercanía de la muerte, Machado luchó hasta el final.
“Machado conservó ese espíritu de lucha hasta el último día y tuvo satisfacciones –afirma Cecilia-. Fue un hombre querido por sus amigos y siguió escribiendo para su pueblo. Esa lucha también se refleja en el cómic, porque creemos que era indispensable y justo reflejarla. Creo que el dibujo de Josep consigue su cometido a la hora de retratar al poeta, su rostro, su silencio, su reflexión, su tristeza… Dar espacio a esas emociones fue una prioridad para nosotros”.
“El último artículo que entregó fue estando en Barcelona –añade Josep-. A partir de ahí comenzó el duro y verdadero viaje al exilio, siempre con una actitud valiente y resignada, sin perder de vista a esa España que dejaba atrás y su voluntad de permanecer con el pueblo”.
Los dos grandes amores de Machado
La mujer y la madre de Machado también están muy presentes en el relato, como nos comenta Cecilia: “Tal como relata José Machado en sus memorias (Últimas soledades del poeta Antonio Machado) los dos grandes amores de Antonio Machado fueron Leonor Izquierdo, su esposa, y su madre, Ana Ruiz. La herida de su esposa fallecida es tan grave que probablemente hizo nacer los más bellos poemas. Nos parecía fundamental que Leonor apareciera, como una aparición/premonición, en la que ofreciera de nuevo su mano (como lo hizo en sus paseos a orillas del Duero) en ese tramo final de la vida de Antonio”.
“Por otra parte –añade la guionista-, doña Ana viajó con la familia hasta Colliure. La conexión entre ambos era tan importante, que hemos querido dedicar algunos instantes de complicidad y profunda armonía entre ambos. La primera, estando inmerso Antonio en una lectura, se encuentra con los ojos pequeños, vívidos y cariñosos de su amada madre; en la llegada a Colliure, estando ya desorientada, es fundamental la mirada apenada del hijo cuando pronuncia esa famosa frase de ¿Cuándo llegamos a Sevilla?”.
“Por último, su despertar de un coma profundo, en el momento justo en el que el cadáver de su hijo Antonio era trasladado, para preguntar qué sucedía con Antonio y llorar, como una niña, al saber que José no le decía toda la verdad sobre el estado de su hijo. Tanta era la conexión que murió apenas tres días después y hoy descansan juntos para la eternidad. No podíamos dejar escapar esa maravillosa historia de amor entre los dos” –concluye Cecilia-.
Una estupenda documentación
Como admiradores del personaje ambos se han documentado profusamente. “Hay muchísima literatura sobre los últimos días de Machado –afirma Cecilia-. Para la documentación hemos trabajado con las principales fuentes: Ian Gibson, Jacques Issorel, Monique Alonso, José Machado… Ellos se encargaron de hacer un trabajo de ciclópeas dimensiones. Nos parece especialmente interesante el testimonio de José, que narra en primera persona cómo fueron aquellos días y otras cuestiones relativas al carácter del poeta, que son muy curiosas y que definen muy bien la psicología del hombre que fue Machado. Más allá de que esos pequeños detalles estén incluidos o no en el cómic, es evidente que nos ha ayudado muchísimo para aprender y caracterizar la personalidad del poeta”.
“La obra de Machado –continúa la guionista- fue inspiración pura, toda ella, para mí… para escribir y desarrollar la novela… como lo es para vivir. En su poesía y en sus textos filosóficos encontramos el valor de la sencillez y la delicadeza, que creo que son fundamentales para explicar la vida del poeta. Era imprescindible hacerlo con respeto, sí, pero también dejar espacio para la reflexión y la emoción. Las cosas sencillas son, al final, aquellas que llegan directamente al corazón. Y es a través de esas emociones que quisiéramos llegar al lector”.
“El trabajo de documentación ha sido conjunto con Cecilia –añade el dibujante-. Hemos pasado muchos meses planificando la narrativa, para que fuera fiel a lo que ocurrió y no hemos dejado espacio a la divagación innecesaria. A inventar conversaciones o situaciones que no tuvieron por qué darse, más por pudor y respeto. Además de la labor que ya ha comentado Cecilia, me gustaría añadir que vamos todos los años a Colliure. Ese es nuestro destino desde hace más de una década y allí también nos documentamos. Eran fundamentales las perspectivas… saber qué pudo ver y sentir Antonio en ese último tramo vital”.
Dibujando a Machado
En cuanto al dibujo, Josep asegura que: “El estilo surgió de forma automática. La historia nos llevó hasta aquí. No intenté crear una caricatura, ni tampoco hacer algo realista, en lo que seguramente no me hubiera sentido cómodo. El color fue un añadido, porque yo no contaba con ello… pero hice unas cuantas pruebas, y junto con Cecilia decidimos que fuera a color. El color en estos días azules lo era todo, claro…”
“Sobre las expresiones y las formas del cuerpo –añade- intenté que fueran algo más estáticas que en Una Caja de Galletas, donde todo era más redondeado, había movimientos más bruscos y exagerados… Esta no es una historia con tanta acción. La obra debía reflejar más sentimientos en cada plano: era más importante contar las emociones, que llevar a cabo una narrativa veloz. En definitiva, la historia no lo pedía”.
Destacar un bello recurso: cuando el poeta hace un surco en la tierra con su bastón, los personajes surgen de él haciendo continuar la historia. “El movimiento del bastón surge de una de las últimas fotografías que nos quedan del poeta –comenta Josep-. Se trata de la que aparece en Can Santamaría, dibujando en el suelo con su bastón, en un momento de reflexión absolutamente trascendente, dada la situación (últimos días en España). Ese mismo movimiento lo hemos observado en algunas personas mayores. Una de las más cercanas era el abuelo de Cecília, que lo hacía muchas veces con el bastón. Nos pareció que eso sería algo muy común en personas de avanzada edad. Ese gesto inspiró en nosotros profunda tristeza. ¿Qué dibujaría el poeta sobre la tierra en esas horas angustiosas?”
 “Machado forma parte de nuestras vidas”
Antes nos comentaba Josep que habían participado en los actos del 80 aniversario de la muerte de Machado; algo que no es un hecho puntual. “Intentamos rendir homenaje a Machado todos los años, coincida o no con el aniversario de su muerte. Él ya forma parte – ahora más que nunca – de nuestras vidas en común y es un verdadero orgullo. Los actos de homenaje de este 80 aniversario fueron especialmente emocionantes. Allí estuvimos con nuestros prologuistas, Miguel Barrero y Verónica Sierra, y conocimos a personas tan importantes en los estudios machadianos como Jacques Issorel”.
Josep también nos comenta algunas cosas que se están haciendo para mantener vivo el legado de Machado: “Desde Colliure y bajo la dirección de Verónica en el archivo se está haciendo un trabajo enorme para mantener viva la memoria del poeta. Machado tiene un buzón en su tumba al que llegan miles de cartas y documentos valiosísimos, que nos dicen que el poeta sigue vivo. Además, es emocionante ver cómo el pueblo español sigue rindiéndole sus homenajes. También los hijos de los exiliados que viven en Francia”.

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