miércoles, 17 de abril de 2019

EL NEOCAPITALISMO DE LA “IV TRANSFORMACIÓN” Y LA RESISTENCIA

EZLN-CNI-CIG son la semilla de una fuerza de izquierda que defienda la vida, la Madre Tierra y la soberanía nacional
Javier Hernández Alpízar,
Babel,
Zapateando:
Publicado el 16 de abril de 2019.
El proceso de despojo que el capitalismo está protagonizando a nivel planetario, en México implica, como recurso de control social, la continuidad y ampliación de la militarización, con más de 50 mil nuevos efectivos, con mayores poderes ahora recién legalizados que invaden funciones de los poderes ejecutivo y judicial, con privilegios como la administración del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Santa Lucía, bajo una total opacidad en el manejo del dinero.
Además, este proceso, que los académicos llaman eufemísticamente “acumulación por desposesión”, significa despojo territorial, desplazamiento, proletarización y pauperización de comunidades indígenas, campesinas, rurales y urbanas, destrucción de la naturaleza y entrega de todo lo despojado a los capitales transnacionales, principalmente a los Estados Unidos, como Donald Trump se apresura a anunciar con sus intenciones de inversión.
Los planes de militarización de la policía y del control social que iniciaron con Ernesto Zedillo, incluida la contrainsurgencia contra las comunidades autónomas zapatistas; los proyectos de colonización del territorio mesoamericano que impulsaron Vicente Fox y sus sucesores; así como las reformas estructurales neoliberales y los tratados de libre comercio iniciados con el salinismo y continuados por los gobiernos del PRI y el PAN, todos estos planes  no se interrumpen ni matizan en el gobierno de AMLO, sino que siguen su curso y se profundizan con la Guardia Nacional, totalmente militar y con poderes omnímodos recién legalizados por el voto legislativo de Morena, el PRI, el PAN y el PRD, y se impulsan a toda marcha con los proyectos de “desarrollo” que actualizan el Plan Puebla Panamá: explotación comercial de la Lacandona con el proyecto de siembra de árboles maderables y frutales; trenes de pasajeros y de carga como el llamado “maya” y el transístmico; continuidad del extractivismo minero, petrolero y las presas, represas y parques eólicos (especialmente en el Istmo de Tehuantepec); continuación de los proyectos neoliberales, como la imposición del Proyecto Integral Morelos, incluida la termoeléctrica en Huexca, imposición que ya generó un asesinato político, el del defensor del territorio y comunicador popular Samir Flores Soberanes. Además, esa Guardia Militar tendrá facultades de migra para complacer el empecinamiento antiinmigrante, racista y xenófobo de Trump.
El poder obtenido por los militares con la IV Transformación no tiene precedentes en el México civil posrevolucionario y, asimismo, la penetración de los proyectos de despojo supera a los avances logrados por los gobiernos del PRI y el PAN. Y todo ello, traicionando el sentido del voto masivo que pedía la desmilitarización, el fin del terror de Estado y un cambio en el modelo neoliberal.
Entre los pocos análisis que anticiparon este escenario desde hace más de doce años están los del pensamiento crítico que elaborado por los actuales zapatistas, las comunidades autónomas que forman las bases del EZLN. Son parte de los pueblos con arraigo territorial que defienden su autonomía y que impulsan una forma de autogobierno como alternativa al capitalismo depredador.
Los zapatistas han resistido a la contrainsurgencia militar, paramilitar, política y mediática e ideológica de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, y hoy enfrentan de nuevo la militarización y paramilitarización bajo el gobierno de AMLO y su socio y amigo Velasco Coello.
Desde el sureste, los actuales zapatistas y sus aliados lanzan el desafío de no rendirse ante los proyectos de muerte como la explotación de la Lacandona, el tren “maya” y el transístmico, ni ante la militarización de la Guardia Militar.
Además, junto con el Congreso Nacional Indígena y su Concejo Indígena de Gobierno forman la semilla de una posible fuerza de izquierda que defienda la vida, a la Madre Tierra, la soberanía nacional y el futuro de una patria que el actual régimen, bajo el hipócrita discurso “anticorrupción”, está convirtiendo en un enclave colonial militarizado al servicio de los capitales de los Estados Unidos y demás potencias capitalistas.
La unidad de los trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, de las mujeres y hombres del pueblo que resisten a este proyecto capitalista neodesarrollista, puede llenar ese vacío que ha dejado la claudicación de la izquierda de arriba para beneficio del capitalismo actual y su nueva elite autoritaria e intolerante. Tenemos que, estamos obligados a, construir una resistencia que frene el entreguismo del actual régimen y sea una alternativa de país, sin pasar por el regreso del PRIAN ni por la continuidad del actual régimen traidor a sus propios votantes.

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