miércoles, 17 de abril de 2019

¿INSENSIBILIDAD, INDIFERENCIA E INTRANSIGENCIA DEL SITUAM?

El ogro austero que habita la Casa Abierta al Tiempo
Los deseos de un funcionario atrapado en su discurso despreciativo
Pablo Gaytán:
Martes, 16 de abril de 2019.
El boletín de prensa del Secretario General de la UAM repartido el pasado domingo 14 de abril y publicado en los medios impresos y electrónicos en sus diversas versiones me deja perplejo e incrédulo por el arte de la conversión y el sentido de sus palabras.
El secretario general de la UAM afirma que los trabajadores afiliados al SITUAM “han mostrado insensibilidad, indiferencia e intransigencia”.
La primera palabra nos remite a que los trabajadores universitarios son insensibles hacía los problemas que aquejan a la burocracia, seguramente se refiere a que el trabajador de intendencia o el cocinero de cafetería no comprende la condición de los funcionarios, quienes deben gastar cantidades onerosas en viáticos, transportes, comidas, automóviles, desayunos con la prensa para cumplir la función social de la UAM. La secretaria o el promotor cultural también son insensibles a la legitimidad de la auto-asignación de bonos, estímulos y privilegios para su equipo de confianza o de las cantidades asignadas a discreción de viáticos para algún viaje al extranjero de funcionarios del club de privilegiados. El secretario general parece decirle al insensible joven trabajador que ya ha cursado una carrera universitaria que gastarse el presupuesto en aumentos discrecionales a los salarios de los altos funcionarios sí es una responsabilidad valiosa porque cumple desinteresadamente con las tareas sustantivas de la institución.
Un segundo significado de la palabra insensibilidad, según la teoría cibernética, se refiere al estado en que el factor de influencia de una magnitud perturbadora con respecto a determinada magnitud regulada puede considerarse nulo. Seguramente el químico tiene en la cabeza dicha definición científica, en donde la magnitud perturbadora la encarna el SITUAM, y la magnitud regulada la encarnan todos aquellos integrantes de la comunidad que con su silencio legitiman sus palabras. Por lo tanto, dentro de la premisa mencionada todo trabajador administrativo es considerado un sujeto nulo, sin consideración, insensible a los verdaderos problemas que tienen los funcionarios universitarios tal y como lo entiende el despreciativo discurso del secretario general de la UAM.
En cuanto a la indiferencia, del latín indifferentia, remite al estado de ánimo en que una persona no siente inclinación ni rechazo hacía un asunto. Cuando el secretario general de la UAM declara esta palabra a la prensa, toma un cariz totalmente ideológico. Está diciendo que los trabajadores no asienten obedientemente a la austeridad decretada por la burocracia de la UAM. Para él el mejor escenario es estar frente a un conjunto de trabajadores dóciles que acepten las migajas salariales que ofrece y se encoleriza al ver  que los trabajadores no caigan en la trampa de sus falaces argumentos de su cacareada defensa de la función social de la universidad. Y cuando suma la palabra intransigencia, de plano, el secretario general de la UAM comunica a la opinión pública que los trabajadores afiliados al SITUAM no aceptan incondicionalmente su propuesta salarial y los señalamientos al contrato colectivo.
Pero aquí no estamos hablando de un estado de ánimo, sino de derechos, el secretario omite y desconoce que el derecho a un salario digno no depende su disposición emocional sino refiere al ejercicio de un derecho humano, ciudadano y laboral. El salario no es una idea, es un ingreso concreto para subsistir en una sociedad como la nuestra. Las condiciones salariales y laborales no son elementos químicos para realizar experimentos sociales.
En un segundo momento el secretario de la universidad en su discurso transfiere al sindicato y solo al sindicato la responsabilidad de la huelga y sus efectos. Esto solo puede suceder en su cabeza, disparada de la realidad, dado que el conflicto como lo es la huelga es de dos y el no ponerse de acuerdo también tiene que ver con un funcionario irresponsable al no tener capacidad de gestionar recursos y crear las condiciones para abrir una mediación del gobierno en turno. Su irresponsabilidad pone en peligro a la universidad en su conjunto ya que en su cabeza flota la imagen de que con la huelga obtendrá “ahorros no deseados”, ese objetivo económico domina su mente y lo ha llevado a atornillarse en su inflexible postura: “no hará un ofrecimiento que comprometa la viabilidad financiera”.
En su insistente discurso llega desmesuradamente a decir que “confía en que el SITUAM tome la decisión de levantar la huelga”. Habló como el ogro filántropo, quien se dirige a sus hijos desobedientes para que recompongan su conducta, retomen el buen camino, levanten la huelga, sino, el trabajador desobediente podrá imaginar las consecuencias. Las consecuencias, están a la vista, el secretario a imagen y semejanza de un contador empresarial pretende conseguir ahorros no deseados, ahorrar para los bonos de la elite burocrática e imponer un castigo ejemplar.
Esos son los deseos perversos del secretario general de la UAM, son los deseos de un funcionario atrapado en su discurso despreciativo que por cierto no alcanza a obtener interlocución con las instancias hacendarias, institucionales y políticas para hacer una oferta a los trabajadores afiliados al SITUAM. ¿El funcionario ha sido abandonado en la soledad de su soliloquio por las instancias federales?, ¿O es un funcionario que no tiene la capacidad de gestionar recursos extras? ¿O ha carecido de imaginación para ofrecer el bono de despensa y el 100% de salarios caídos como lo han hecho los rectores y secretarios generales de la UACH, Colegio de Posgraduados y UNISON?

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