lunes, 8 de abril de 2019

LA 4ª TRANSFORMACIÓN: ¿CONCILIAR LO IRRECONCILIABLE EN EL CAPITALISMO?

La 4a Transformación:
¿Un Gobierno para ricos y pobres?
El Torito, N° 30. Año 6,
Aviéntate un torito... embiste al capital.
Órgano de difusión de Tejiendo Organización Revolucionaria:
Marzo, 2019.
Supongamos que en efecto  lo que la 4T  dice sobre sí misma es verdad. Es decir, otorguemos el beneficio de la duda,  que por lo demás ya lo hizo una buena cantidad del pueblo de México, a sus principales dirigentes y voceros. Con ello asumamos que  no mienten ni mucho menos, es decir asumamos que son francos en su programa y propuestas.  También usemos el lenguaje o tratemos de usar el lenguaje que  nos propone,  los términos en los que se comunica todas las mañanas. El jefe de la 4T ha anunciado desde la campaña, y  ya en el gobierno,  que su gobierno será un gobierno para ricos y pobres. Siendo así, comentemos algunas reflexiones sobre este gobierno para ricos y pobres.
Primero digamos algo importante,  un gobierno  de este tipo en México no es algo nuevo. Ya antes hemos tenido gobiernos para ricos y pobres. Ciertamente  desde los años setenta comenzó a perfilarse un tipo de gobierno cada vez  más para los ricos,  hasta llegar a la desfachatez de lo enunciado por Fox como “un gobierno de empresarios, para empresarios” y al no menos grave cinismo de  Calderón y Peña Nieto que  vendieron lo poco que quedaba de nuestro país, para hacer  feliz a esos ricos, extranjeros y mexicanos, para los que gobernaron.
Sin embargo, antes de eso que se conoce como periodo neoliberal,  en la primera mitad del siglo XX en México, los años  20, 30 , 40,  incluso 50,  tuvimos gobiernos, que sin anunciarlo así,  fueron  para ricos y pobres,  tuvieron que tomar medidas para ricos y pobres, implementaron políticas públicas para ricos y pobres. Gobiernos que  hicieron instituciones de salud, educación y seguridad social para ricos y pobres, mantuvieron una industria nacional  para ricos y pobres.
Pero no malinterpretemos, fueron gobiernos  capitalistas, todo lo anterior lo hicieron en gran parte debido a que los  pobres no se dejaban, pataleaban, tiraban gritos y sombrerazos como se dice hoy en tiempos de la 4T. Esos gobiernos  fueron los gobiernos del PRI, del PRI de la represión, de los asesinatos selectivos y no tanto, de la corrupción, del compadrazgo y del amiguismo, el PRI que ya todos conocemos y sufrimos  70 años.
Luego vino el neoliberalismo con su cinismo atroz, con su guerra contra el pueblo y los trabajadores y  decidieron  gobernar sólo para los ricos aunque entre las patas se llevaran todo, los pobres incluidos Por eso hoy día, después de algunas décadas de gobiernos para ricos,  la 4T puede decir que  es una gran transformación, algo inédito en el país, pero ciertamente no es así.
Veamos ahora ¿qué significa ser un gobierno para ricos y pobres?
Lo primero que habría que notar es que se trata de un gobierno que cree estar más allá del bien y del mal; cree ser un gobierno que no es de los ricos ni de los pobres, sino que es para ambos. Un gobierno “para” y no “de”. En resumen, cree ser un gobierno situado  por encima del conflicto entre pobres y ricos y que  por lo mismo está en condiciones para mediar ese conflicto, en palabras de la 4T  se cree un gobierno que no tiene  “compromisos con nadie” y por lo mismo puede ser un buen juez, neutral.
Asumamos que esto es así, que eso que cree ese gobierno, en efecto es, asumamos pues que tenemos un gobierno que  sin ser de ricos ni de pobres, es un gobierno para ambos.
¿Cómo gobierna un gobierno de este tipo?,  o mejor dicho, ¿con qué gobierna? Pues  con un aparato legal e institucional determinado: constitución, leyes varias, acuerdos internacionales, códigos,  instituciones, policías,  programas etc. Aquí enfrenta su primer traspié el gobierno actual, el de la 4T,  ya que, aun cuando sea lo que dice ser,  un gobierno situado más allá del bien y del mal, ciertamente gobierna con un aparato legal e institucional hecho por los gobiernos previos, por esos que  gobernaron para los ricos, por lo tanto se trata de un aparato legal e institucional que beneficia a los ricos.
Ninguna de las grandes reformas  estructurales de EPN, ni las pocas que pudo hacer Calderón, ni las que antes hicieron Fox, Zedillo o Salinas han sido modificadas, ninguno de los tratados internacionales han sido modificados, ninguna de las políticas “macroeconómicas” fundamentales han sido  tocadas. ¿Cómo puede un gobierno que gobierna para ricos y pobres hacerlo con las herramientas institucionales, con las leyes y tratados que se hicieron para beneficio de los ricos?
Dejemos por ahora esa pregunta en el aire y,  ojalá, en la mente de nuestros lectores. Sigamos.
Ya veíamos que un gobierno para ricos y pobres cree estar más allá de los ricos y de los pobres y que por eso  pretende gobernar para ambos.  Ahora veamos algo que a primera vista se nos escapa, algo que estando ahí no podemos ver tan rápido.  Lo que habría que notar es que  este gobierno,  para ricos y pobres, basa su existencia en la existencia de los sujetos para los que  gobierna, en los ricos y los pobres.  Si no hubiera ricos, no podría  gobernar para ellos,  si no hubiera pobres, no podría gobernar para ellos.
No se trata de un gobierno que pretenda acabar con los ricos o con los pobres,  seamos claros, con la pobreza o la riqueza, al contrario,  es un gobierno que pretende perpetuar la existencia de ambas, de la pobreza y la riqueza, basa su existencia, como ya dijimos, en la existencia de ambos sujetos, de ricos y pobres.  Asume pues que  existen  ricos y pobres y que debe  gobernar para ambos.
Por ahora no discutamos lo absurdo y anti histórico que resulta pensar que  porque ayer hubo ricos y pobres y los hay hoy, mañana los debe seguir habiendo; olvidemos esto por ahora, dejemos la cuestión al lector y sigamos. Si debe gobernar para ricos y pobres, este gobierno  entiende que no puede gobernar  igual para ambos, sino que cada uno exige medidas concretas  diferentes, no puedes gobernar a  los ricos como si fueran pobres y al revés, a los  pobres como si fueran ricos.
Cada uno es lo que es y así merece ser gobernado, eso es lo justo dirían. De tal forma que  el gobierno de la 4T,  un gobierno para ricos y pobres, asume que debe tomar medidas diferentes para sus gobernados, según sean estos  ricos o pobres. Eso es claro en su accionar, no hay duda alguna. A los pobres les  hacen falta ciertas  instituciones y leyes, cierta política pública que  les permita seguir siendo pobres, pero ahora con un gobierno bueno, que gobierna también para ellos; por eso  les tocan becas, tandas y más becas.
A los ricos  les  hacen falta ciertas medidas e instituciones que les permitan seguir siendo ricos, pero ahora bajo un gobierno bueno, por eso a ellos les tocan jugosas  oportunidades de inversiones y  megaproyectos puestos en  bandeja de plata; y seamos claros, no es que su existencia como ricos estuviese amenazada antes, quienes estaban en riesgo de desaparecer eran los pobres y  como bien sabemos sin pobres a quienes despojar y explotar, no hay rico que pueda seguir siéndolo.
No se trata de superar la pobreza atacando sus causas, no. No se trata de pensar siquiera que  queremos una sociedad sin ricos y pobres, una sociedad realmente equitativa, donde todos  disfrutemos de la riqueza que  todos creamos, no. No se trata de pensar, por ejemplo, en las causas de la riqueza y la pobreza, no. No se trata  para nada de pensar la posibilidad de una transformación real.
La línea está trazada, en la 4T se trata de gobernar para que los ricos sigan siendo ricos y los pobres sigan siendo pobres. Esta estrategia de gobierno requiere ciertos mecanismos y seguir ciertas orientaciones.
Pensemos en un partido de futbol,  el gobierno de la 4T  que ya sabemos a estas alturas es para ricos y pobres,  viene a ser el árbitro  neutral de un partido de futbol, o eso piensa, que evitará que  entre ricos y pobres se descabecen y el partido se detenga.  El gobierno de  la 4T parece no saber, aunque es difícil de creer, que el juego ya está cargado, que ya  fue comprado, y que está arbitrando sobre reglas ya impuestas; un juego donde el equipo de los ricos  tiene todas las de ganar, mejores individualidades, más fuertes,  mejor comidos,  más altos, más veloces,  con mejor entrenamiento, en fin, todo puesto en la mesa, recordemos son ricos y lo han comprado todo.
Por otro lado, el equipo de los pobres tiene todo para perder, son más lentos, más pequeños, con pésimo entrenamiento,   recordemos son pobres y  les han quitado todo. Pero algo tiene a su favor el equipo de los que nada tienen, de los pobres. Son más, y puesto que no tienen nada, nada pueden perder, muchos de ellos han aprendido, o en esas andan, que si quieren ganar deben  jugar como equipo realmente, es decir, como comunidad.
Total, es este juego dispar el que debe arbitrar el buen gobierno de la 4T que, recordemos,  es para ricos y pobres. Y es que este partido, que no olvidemos es la historia reciente de nuestro país,  se había jugado en los últimos años sin árbitro, o mejor dicho con un árbitro que sólo  gobernaba para los ricos,  pero hace unos años esos ricos  se dieron cuenta que necesitaban un árbitro más profesional para que el partido pudiera seguir. El riesgo era que los ricos, dejándose llevar por su instinto, siguieran haciéndose más ricos a costa de un día pronto desparecer a los pobres y con ellos la fuente de su riqueza.
El  árbitro lo llamaron ellos, también los pobres claro,  pero  lo importante acá  es que  a quien más les sirve un árbitro, dadas las condiciones del juego, es a los ricos, ganarán de todas formas, pero ahora  con reglas claras, y poniendo límites a su propia avaricia que casi acaba con los pobres que necesitan para seguir quitándoles todo lo que ya no tienen; por otro lado, ese mismo arbitro podrá poner límites a los pobres que con empujones y sombrerazos exigen también un gobierno para ellos, que los tome en cuenta; el riesgo para los ricos es que los pobres luego con tanta pobreza deciden no respetar las reglas impuestas y se rebelan y  que sin ese gobierno “para ellos” establecerían un gobierno “de ellos” y cambiarían las reglas de todo  el juego, pondrían patas arriba el partido y el mundo.
Por ahora pongamos fin a la imagen del partido y el árbitro. Lo fundamental esta dicho. La 4T no miente, es un gobierno para ricos y pobres. A unos les da riqueza y a otros pobreza, con la firme intención de mantenerlos vivos a ambos (aunque en el intento alguno que otro muera) y así mantener su razón de ser, administrar la pobreza para los pobres  y la riqueza para los ricos. Es lo que hay, es lo que elegimos 30 millones de mexicanos. ¿Es suficiente? ¿O nos merecemos algo más? ¿Podemos construirlo? Nosotros pensamos que sí.  
Trabajadores y patrones: una reconciliación imposible
Órgano de difusión de Tejiendo Organización Revolucionaria:
http://tejiendorevolucion.org/pdf/torito/30.pdf
Marzo, 2019.
No sabemos ustedes, queridos lectores, pero cuando el árbitro de un partido de futbol (o si quiere de basquetbol) ha pitado de manera sistemática en nuestra contra, dándole toda cantidad de ventajas a nuestro oponente y de pronto en un arranque de civilidad nos invita a la reconciliación no importándole lo que hayas perdido; lo primero que a uno le pasa por la cabeza es un ¡no mame, señor árbitro!
Hace unas semanas, al jefe de la 4T le pareció que una manera sencilla de solucionar las huelgas que se han levantado en distintos puntos del país es llamando a los obreros a no ser mala onda con las empresas, que la recuperación del salario no se hará de la noche a la mañana y otras linduras por el estilo. Una ternurita, pues.
En síntesis, les pide a los trabajadores del campo y de la ciudad, principalmente a los que legítimamente se encuentran en huelga (el instrumento más efectivo y quizá el último que les queda a los trabajadores) que no se aceleren, que pueden aguantar un poquito más, que los cambios no llegan de la noche a la mañana. Podríamos estar de acuerdo con esto último, de no ser porque a 100 días de iniciada la 4T, la balanza sigue inclinada del lado de la patronal.
En su informe de 100 días nos dice el señor presidente: “La Presidencia de la República no tiene partido ni privilegia a dirigentes o representantes de sindicatos, organizaciones sociales o grupos de intereses creados” y esto puede sonar bastante ecuánime con la imagen que ha tratado de forjarse desde el inicio de su gestión, sin embargo, su partido Morena en las cámaras se ha encargado de trabajar el marco jurídico que le permitirá al gobierno de la 4T militarizar el país con la puesta en marcha de la Guardia Nacional; y por otro lado, haciendo honor a la verdad, ha privilegiado a uno de los grupos de interés más grandes del país: el empresariado burgués mexicano y trasnacional. ¡Claro es un gobierno para ricos y pobres!
No está demás decir que cuando dice que: […] sin retórica o demagogia, existe la determinación de mandar obedeciendo […] no nos cabe la menor duda de que a quien obedece es a los ricos y que mandará sobre los pobres, las cartas ya estaban marcadas desde antes, ¿recuerdan? Vale recordar, también, que en el sistema económico bajo el que sobrevivimos, los pobres somos los que producimos y hemos producido la riqueza de las naciones y la nuestra no es la excepción.
Desde que el neoliberalismo es amo y señor en tierras mexicanas, los trabajadores del campo y la ciudad fueron los primeros en sufrir sus consecuencias, la capacidad adquisitiva del salario se fue a los suelos. Si de por sí, el salario representa apenas una pequeña parte que se nos retribuye por lo que producimos y el resto se lo queda el patrón, durante los 40 años de neoliberalismo, esta situación se profundizó dramáticamente: los pobres se volvieron miserables y los ricos se volvieron millonarios.
En este marco general se dan las declaraciones del jefe de la 4T, sobre el salario y su llamado a los trabajadores que como siempre, enfrentan a una patronal reacia a ceder un solo centavo del gran robo que perpetra.
En su discurso de 100 días, agregaba que no dejaba de sentirse orgulloso por el aumento de 16% al salario mínimo, […] incremento nunca antes visto en los 36 años del periodo neoliberal”. Un aumento acordado entre los empresarios neoliberales y los representantes charros y neo-charros de los trabajadores.
Pero lo que no nos dice, es que ese 16% apenas representa nada en relación a lo perdido: 80.08% desde 1987 según cifras del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM. Llegado a este punto y con lujo de... cómo llamarle... sobrada confianza, nos dice que esta nueva política laboral de recuperación del salario […] no puede rendir frutos espectaculares de la noche a la mañana […] y disculpen si desentonamos con el ánimo de su gobierno, pero no es nada espectacular vivir sin tener el dinero necesario para adquirir, ¡no ya la canasta básica alimentaria completa!, sino apenas lo mínimo para no morir de hambre.
Eso sí, vivir así es una acto heroico, y de heroísmos, nuestro pueblo da sobrados ejemplos a lo largo de la historia, sobre todo cuando se trata de luchar por una vida digna, aún a costa de falsas esperanzas y cuartatranformaciones que se le pongan enfrente.
Por último, el llamado que hizo el presidente a inicios de mes de marzo, de que […] se actúe con mucha responsabilidad, que al mismo tiempo que se aumenten los salarios se piense en cuidar la situación económica de las empresas, que haya ese equilibrio [...], a los trabajadores insumisos que como buenos aguafiestas deciden hacer huelgas y no pedir permiso para luchar por lo que les pertenece; nos habla del desconocimiento que tiene de la historia del movimiento obrero o quizá hasta podríamos aventurar un poco de ingenuidad en sus dichos, pero sería concederle mucho a una sola persona.
Tal vez su arenga a los trabajadores tenga que ver más con los pactos de paz que tiene con el empresariado burgués; pues para el gobierno de la 4T mantener a los trabajadores tranquilos, sin hacer desmanes ni alterar el orden, es fundamental para garantizar las inversiones para el desarrollo del capitalismo neoliberal en nuestro país.
Lo que si tenemos claro, estimados lectores, es que el gobierno de la 4T intentará reconciliar a las partes, no importándole las condiciones de desigualdad en la que se encuentran trabajadores y empresarios; intentará la reconciliación aún a costa de sacrificar las expectativas hechas a los trabajadores, y esto por la sencilla razón de que en el capitalismo es imposible reconciliar lo irreconciliable.

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