miércoles, 3 de abril de 2019

PARTICIPAR CON OTROS SIN RENUNCIAR A PENSAR POR SÍ MISMO

Mantener la autonomía del pensamiento y de la responsabilidad individual
La gravedad y la resistencia.
Javier Hernández Alpízar
Babel
Zapateando:
02 de abril de 2019.
Ética y mística de la rebeldía y la resistencia, de que la dignidad humana y la dignidad del planeta y del cosmos merecen nuestro cotidiano luchar contra toda opresión y toda dominación…
Bienvenida, Malú Huacuja del Toro
Simone Weil tiene su díada de conceptos metafísicos: la gravedad y la gracia. La primera es física, mundana, se corresponde al mundo de las necesidades: es la fuerza con que nos atrae la tierra, nos ata al mundo terrenal. La gracia, en cambio, desciende de lo alto, y es el agua que puede ser respuesta a la sed del deseo, el hambre de absoluto de los seres humanos. [1]
La pensadora francesa tomó audazmente conceptos de la ciencia física y por una fuerte analogía muy esclarecedora los llevó al terreno del espíritu: conceptos de la termodinámica, de la mecánica, como gravedad y fuerza, ayudan a entender el lado mundano de nuestra existencia. En conjunto son la gravedad. Lo que nos puede elevar es el “ala que desciende”, la gracia. Tal como la luz del sol es lo que alimenta a los seres capaces de realizar la fotosíntesis.
Dejando de lado el aspecto metafísico-espiritual de la gracia, vinculado a la mística y al teísmo, el concepto de gravedad muestra nuestro lado humano necesitado, determinado por necesidades mundanas, fuertemente llevado por la fuerza de gravedad que se rinde ante lo fuerte, lo poderoso, el mundo.
Más tarde, incluso quienes somos legos en ciencias físicas, hemos escuchado que Albert Einstein propuso modificar la ley de gravedad de Isaac Newton por la idea de que el espacio-tiempo se curva. El espacio y el tiempo son materiales, y no son homogéneos ni son idénticos en cualquier lugar del cosmos. Los objetos con gran masa curvan el espacio-tiempo a su alrededor. La luz de estrellas lejanas, al pasar cerca del sol, se curva, y ese fenómeno, que coincide con la teoría de Einstein, ya ha sido observado por algunos astrónomos durante eclipses de sol, único momento en que esas luces pueden percibirse con claridad. [2]
Siguiendo el ejemplo de Simone Weil, podemos retomar el concepto einsteniano que el espacio-tiempo se curva alrededor de ciertos cuerpos muy masivos y llevarlo, como ella llevó el concepto de gravedad, a las ciencias del espíritu: Los grandes poderes y los cuerpos sociales masivos también curvan el espacio-tiempo a su alrededor, lo alteran, su masividad les da gravedad, atrae, modifica su entorno, desvía de su ruta otras energías sociales, otras luces.
Simone Weil desconfiaba de los fenómenos de masividad social como el Estado, las poderosas burocracias, los partidos políticos (pensaba que había que abolirlos porque cancelaban el pensamiento libre y lo sustituían por creencias dogmáticas fetichizadas por la masividad de sus adictos y la disciplina de pertenecer o ser de tal o cual partido). Sin embargo, es muy difícil sustraerse a la influencia, la atracción o repulsión, y la manera como alteran el espacio-tiempo social esos grandes fenómenos del poder político-económico-social. Por ejemplo, durante la guerra fría casi nadie logró mantenerse sin tomar partido por Washington o Moscú (en su defecto, Pekín o La Habana) pues eran los grandes partidos del mundo. Si alguien intentaba seguir una ruta alterna a esas dos grandes potencias, se enfrentaba a la hostilidad de todos los bandos.
No se trata de proponer un atomismo individualista, pues el ser humano es social por naturaleza. Sin embargo, es necesario mantener la autonomía del pensamiento y de la responsabilidad individual: participar con otros sin renunciar a pensar por sí mismo: porque no hay otra manera de pensar, comenzar a pensar solamente desde lo permitido por el colectivo, la tribu, el comité o la organización es dejar de pensar, es meramente regurgitar lo tragado y muchas veces mal digerido.
Sin embargo, no podremos ser neutrales, la neutralidad en lo político-económico-social no existe, no es posible la paloma volando en el vacío (diría Kant), lo que hay son seres humanos determinados por su mundo económico-político-social, pero cuya conciencia debe intentar mantener su autonomía, algo así como la pequeña incertidumbre del electrón en la física del átomo. Sin esa mínima libertad atómica y molecular en la masividad de la política, el espacio-tiempo terminaría siendo todo un agujero negro del poder engulléndolo y fagocitándolo todo, una suerte de muerte colectiva, gravedad sin gracia.
Los creyentes pueden contar con la gracia como una energía que viene de lo alto, sin embargo, incluso pensadores creyentes como Leonardo Boff usan conceptos terrenales (lo simbólico, lo que sintetiza y compone, y lo diabólico, lo que dispersa y genera caos, pero con ello abre nuevas posibilidades de complejidad al trabajo de lo simbólico) para mostrar que el camino del espíritu humano, comunidades, pueblos, especie humana, si bien está ante una crisis que podría poner fin a la vida de la especie, no está determinado fatalmente, sino que puede abrir una esperanza de futuro, de una manera más rica de ser humanos en este planeta…[3]
Si no se es creyente, entonces, de todos modos se puede tener una espiritualidad, una ética y una mística de la rebeldía y la resistencia, de que la dignidad humana y la dignidad del planeta y del cosmos merecen nuestro cotidiano luchar contra toda opresión y toda dominación.
El espacio-tiempo social puede quizá curvarse democrática y participativamente, deshaciendo a bestias masivas como el capital y los imperios y autoritarismos. Ninguna fuerza es demasiado pequeña para ayudar al principio de incertidumbre o indeterminación para no dejar que se cancelen la libertad y la posibilidad de un futuro común.
NOTAS:
[1] SimoneWeil, La gravedad y la gracia, Trotta, Madrid, 1994-
[2] En la mente de Einstein, Nova, 
Consultado el 2 de abril de 2019.
[3] Leonardo Boff, El despertar del águila, Trotta, Madrid, 2000.

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