domingo, 28 de abril de 2019

¿QUÉ “TRANSFORMA” la 4T de AMLO? ¿Fue el ME68 una transformación de algo?

Comentario a: “¿Cuándo empezó la 4T? ¿Con el ME68 o con AMLO presidente?”
Doroteo Arango,
La Voz del Anáhuac,
27 de abril de 2019.
Reprodujimos aquí, de Julio Boltnivik un artículo publicado ayer en el periódico La Jornada, titulado: “¿Cuándo empezó la 4T? ¿Con el ME68 o con AMLO presidente?”
Primero hay que aclarar que la reproducción en este espacio del citado artículo no se debe a que estemos de acuerdo con su planteamiento, sino con la intención de que sea analizado dado que aborda un tema del que recién se cumplió medio siglo: el Movimiento Estudiantil (y Popular, decimos claro) de 1968, mismo al que debemos en gran medida mucho de lo que hoy se vive en nuestro país, sin que esto signifique que lo ubiquemos como “cuarta transformación” de algo.
Habría que partir de qué concepción se tenga de lo que significa una transformación en el proceso histórico.
Hoy nos hablan de que las anteriores transformaciones fueron:
Ø La Revolución de Independencia, iniciada en 1810 por el cura Hidalgo,
Ø La Guerra de Reforma sostenida por el liberalismo de Ocampo, Juárez y más personajes de la época, y
Ø La Revolución iniciada en 1910 por Madero…
Vale preguntarnos ¿fueron transformaciones estos acontecimientos históricos? 
LA INDEPENDENCIA
Liderada en su primer etapa por Miguel Hidalgo, continuada por José María Morelos y con la resistencia de Vicente Guerrero, dejó declarativamente abolida la esclavitud, marcó el inicio de la fundación de México como estado nación independiente, pero no acabó en realidad con la esclavitud y el intento de ser estado nación independiente se vio truncado pronto por la autoproclamación de Agustín de Iturbide como emperador y padeció poco después la dictadura de Antonio López de Santa Ana. Se produce la intervención norteamericana, se nos despoja más de la mitad del territorio. Poco o nada hubo entonces de transformaciones sociales o políticas. Perdieron el poder los españoles peninsulares, pero los criollos lo disputaron fuertemente, constituyéndose como una fuerza política denominada conservadores.
Los explotados siguieron siendo explotados, los terratenientes siguieron despojando a los pueblos, la represión y el desprecio siguieron dominando.
LA GUERRA DE REFORMA
Se da a consecuencia de la disputa por el poder entre conservadores y liberales. Los liberales, encabezados por Ocampo y Juárez instauran la república y aplican reformas, entre ellas la separación del Estado y la Iglesia, se declara el Estado laico y se desamortizan los bienes de la iglesia, tierras acaparadas por el clero que permanecían ociosas, con la intención de hacerlas productivas y nutrir las arcas de la nación, devastadas por tantos años de guerra. Pero al mismo tiempo aplican esas medidas a las tierras comunales, quitando el carácter comunal a las tierras de los pueblos indígenas, lo cual ocasiona rebeliones, como la liderada por Julio Chávez López.
Por su parte los conservadores, en su afán de reconquistar el poder, hacen alianza con el imperio francés, nos traen a gobernar a un europeo y lo nombran emperador: Maximiliano de Habsburgo. La guerra contra la intervención francesa dura de 1862 a 1867. Se restablece la república.
En 1871 es reelecto Juárez, pese a la prohibición constitucional, pero fallece en 1872. 
¿Qué transformaciones dejó la Reforma? En lo político se logra consolidar el Estado Nación, se separa al Estado de la Iglesia, declarándose laico, se recuperan para la nación las tierras ociosas del clero, pero también se despoja a los pueblos indígenas de sus tierras comunales, resisten, se rebelan contra Juárez haciendo énfasis en su falso “indigenismo”, pese haber sido el primer presidente indígena. En lo social y económico los explotados siguieron siendo explotados y cada vez más en condiciones de miseria extrema.
Porfirio Díaz, general republicano, héroe durante la guerra contra la intervención francesa, se levanta en 1871 contra la reelección de Juárez. La muerte de Juárez en 1872 lo hace retirarse a su hacienda. Pero vuelve a levantarse el 1876 contra el intento de reelección de Lerdo de Tejada. En 1876 se inicia el largo período de la dictadura porfirista. Ideológicamente Díaz se torna cada vez más conservador. Restituye al clero los bienes expropiados durante la reforma, da entrada a capitales foráneos para impulsar el desarrollo del país, impulsa la consolidación del capitalismo como sistema dominante. Hace la guerra de despojo contra los pueblos tarahumaras (rarámuri) y yaquis en el norte del país para despojarles los bosques y el agua, esclaviza a los prisioneros de guerra. Masacra las huelgas obreras en Cananea y Río Blanco. Suprime todo tipo de expresiones de oposición, principalmente contra los liberales organizados en torno a los hermanos Flores Magón. Pero también se va contra sectores burgueses que aspiran el poder. Francisco I. Madero destaca como principal opositor a Díaz.
LA REVOLUCIÓN MEXICANA
Inicia, según la historia oficial, el 20 de noviembre de 1910. Aunque antes de esa fecha ya había levantamientos armados magonistas y rebeliones indígenas y campesinas con vocación agrarista.
Es decir, hay ya terreno fértil para desencadenar una insurrección popular, lo cual es aprovechado por el maderismo. Logran montarse en el descontento popular contra la dictadura porfirista. 
Pero Madero no busca revolucionar nada, disputa el poder a Díaz: “quítate tú para ponerme yo”. Madero es burgués, empresario. Busca la posibilidad de suceder a Díaz por la vía electoral. Pero el vetusto dictador le tiene un profundo amor a la silla presidencial. No habrá otra forma de sacarlo de ahí más que con las armas en la mano.
Y son los peones acasillados, los obreros superexplotados, los pueblos campesinos e indígenas despojados de la tierra, los oprimidos, los censurados, los perseguidos, los “radicales de izquierda” de entonces, quienes toman las armas, se levantan, luchan derramando su sangre y logran sacar del país al viejo dictador Díaz. Se realizan elecciones, ahora sí libres, democráticas y las gana Madero. Con gran respaldo popular, con un carisma de “apóstol”. Pero el ejército no fue el del pueblo, que lo llevó al poder, sino el mismo ejército de la dictadura. Y aunque en el Plan de San Luis, Madero prometió restituir sus tierras a los pueblos indígenas y campesinos, no cumplió. Primero ordenó a los alzados en armas a deponerlas, a respetar al ejército constitucional. Y lo lanzó a exterminar a los rebeldes que no dejaron las armas: zapatistas principalmente.
En 1913, durante la llamada “decena trágica”, el ejército constitucional, en el que confió Madero, perpetra el golpe de estado, lo asesinan y desatan una guerra de exterminio contra todos los que van por una revolución verdadera, en ese momento principalmente magonistas, zapatistas y villistas.
Carranza,  Obregón, Calles y otros “caudillos” junto a los pueblos en armas, derrotan a Hurta, lo expulsan del país, restauran el Estado-nación y deciden ser los nuevos amos. Carranza era ya un político de carrera larga, fue senador y gobernador de Coahuila durante el porfiriato, se adhirió al maderismo y contrario a Huerta se autodesignó “primer jefe” del ejército constitucionalista y de la revolución. Sus coterráneos  Obregón y Calles no podían quedarse atrás. Maniobraron políticamente, se traicionaron entre ellos, sacrificaron a Carranza, luego a Obregón y finalmente el poder pasó a manos de Calles. Carranza utilizó los servicios de Pablo González y de Jesús María Guajardo para emboscar y asesinar al general en jefe del Ejército Libertador del Sur  Centro, Emiliano Zapata el 10 de abril de 1919. Coludidos con el gobierno norteamericano ordenan asesinar en prisión a Ricardo Flores Magón, el 20 de noviembre de 1922. Obregón y Calles conspiraron para asesinar a Francisco Villa el 20 de julio de 1923. Finalmente Obregón es asesinado el 17 de julio de 1928, quedado el todo poder en manos de Calles que instaura el llamado “maximato”, período que duró de 1928 a 1934, imponiendo y manipulando a sus sucesores: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, hasta que llega al poder Lázaro Cárdenas, que se salió del control de Calles.
Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario, institucionalizando lo que quedaba de la “revolución”, dando por terminada la etapa de pugnas por el poder, los enfrentamientos entre grupos políticos que disputaban el poder.
Los objetivos de los revolucionarios quedaron olvidados tras los asesinatos de Zapata, Flores Magón y Villa.
Ya en el gobierno Cárdenas la cambió el nombre al partido oficial: Partido de la Revolución Mexicana se llamaría ahora. Cárdenas, también del ejército constitucionalista, logró observar que  en el pueblo había inconformidad porque no se cumplía con lo que había quedado en la constitución de 1917: los terratenientes seguían siendo los mismos, no se aplicaba la reforma agraria. Sólo Zapata repartió las tierras entre los pueblos pues desarrolló la Comuna de Morelos entre 1915 y 1917. Pero en 1919 fue asesinado. El reconocimiento del ejido y las tierras comunales se quedaron en el papel.
Los obreros que vieron reconocidos algunos de sus derechos en el artículo 123, no los veían aplicarse. Luis Napoleón Morones, viejo integrante de la Casa del Obrero Mundial formó la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) que se convirtió en una especie de corporativismo que, por medio del terror controlaba y reprimía las luchas obreras. Aliado incondicional de Calles, se fue junto con él del país, expulsados por Cárdenas.
Así que Cárdenas se dio a la tarea de construir otro corporativismo. Se apoyó en la oposición sindical que había y alentó la formación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Agrupó al movimiento campesino en la Confederación Nacional Campesina. Y  con éstos nuevos órganos de control de masas logró crear expectativas de que ahora sí se cumplirían los objetivos de la revolución, pero para ganarse la credibilidad tenía que respaldarse en hechos: repartió tierras, indemnizando a los terratenientes expropiados; nacionalizó el petróleo, indemnizando a las compañías petroleras expropiadas… Y fundó el Instituto Politécnico Nacional, para que los hijos de los obreros y campesinos pudieran estudiar… 
Los siguientes gobiernos, menos “revolucionarios”,  fueron dando marcha atrás. Miguel Alemán volvió a cambiarle el nombre al partido oficial, nombrándose desde entonces Partido Revolucionario Institucional.
En síntesis:
LA INDEPENDENCIA.
Declaró la abolición de la esclavitud pero no acabó con ella, quiso fundar un estado nacional independiente, pero quedó el país sumido en guerras civiles, dictaduras e imperios, con una enorme deuda externa. El pueblo mexicano siguió explotado, oprimido, reprimido, despreciado. ¿Qué transformación fue esta?
LA REFORMA.
Desamortizó los bienes del claro, pero también despojó a los pueblos de sus tierras comunales. Estableció el Estado laico. Pero el pueblo siguió siendo explotado, despojado,  reprimido, despreciado. ¿Se transformó algo?
LA REVOLUCIÓN.
Fue traicionada desde los asesinatos de Zapata, Flores Magón y Villa. Sólo Zapata repartió la tierra al impulsar la Comuna de Morelos. Pero no pasó de ahí. Cárdenas creó el corporativismo que controla a obreros y campesinos, utilizó un lenguaje “socialista” para impulsar el desarrollo capitalista. La “revolución” se institucionalizó en el PRI. En 1982 abandonó completamente la llamada “doctrina de la revolución mexicana”, imponiendo el sistema neoliberal, hasta la fecha. Del sistema de partido de Estado se pasó al bipartidismo (PRIAN), luego al tripartidismo (PRIANRD) y ahora a la alternancia (Morena). El pueblo sigue explotado, despojado, reprimido, despreciado.
EL ME68.
Fue una revuelta estudiantil y popular que sacudió conciencias, desató procesos de lucha entre diversos sectores del pueblo. Inició como protesta callejera contra la brutalidad policíaca. Se extendió primero del IPN a la UNAM, porque la represión los golpeó por igual. Se generalizó la huelga, porque la represión escaló a la intervención  militar. El movimiento se extendió a las universidades de otros estados y a algunas privadas. Las brigadas estudiantiles se volcaron a las zonas fabriles y a los barrios proletarios, ganando la simpatía y solidaridad del pueblo. Primero llevando alimentos a las guardias de las escuelas en huelga, acompañando las manifestaciones, la participación del pueblo fue aumentando, sobre todo en los barrios cercanos al Casco de Santo Tomás, Zacatenco y Tlatelolco. En estos barrios vivían muchos estudiantes, eran parte de las pandillas barriales, frecuentemente las redadas policíacas los levantaban por jugar “cascaritas” de futbol o “tochitos” en la calle para extorsionarlos. La policía era vista como enemigo por los jóvenes de la ciudad, por eso cuando las fuerzas policíacas y el ejército invaden escuelas, las pandillas se suman a la resistencia estudiantil. En los barrios vecinos al Casco de Santo Tomás viven trabajadores exferrocarrileros que no olvidaban que el ejército les rompió la huelga en 1959. Los estudiantes demandaban la libertad de los presos políticos, entre ellos Vallejo y Campa, presos políticos ferrocarrileros, por eso cuando los granaderos y el ejército fueron a tomar el Casco de Santo Tomás, trabajadores del riel, vecinos de Santa Julia, Tlatilco, Pantaco, combatieron al lado de los estudiantes. La historia oficial pone punto final al movimiento con la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Pero no, la lucha continuó: la huelga se levantó hasta diciembre, los comités de huelga se convirtieron en comités de lucha.
Del brigadeo en las zonas fabriles se convirtió en acompañamiento a las luchas obreras. El vínculo con el pueblo, más que solidario se hizo de hermanamiento. Luego se desencadenaron la Insurgencia obrera, campesina y popular.
También proliferaron grupos insurgentes armados contra los que el Estado desató la guerra de exterminio a la que se refieren cuando aluden a la “guerra sucia”: centenares de presos, torturados, desaparecidos, ejecutados extrajudicialmente.
Otros se van a las fábricas, a las luchas campesinas y urbano-populares. Piensan, como los que tomaron las armas, en que nada va a cambiar sin una necesaria nueva revolución, pero que ésta no puede ser obra de pequeños grupos de valientes armados, sino del pueblo consciente y organizado.
En 1977, con la “reforma política” se coopta a muchos, entran al juego electoral, se institucionalizan.  
No hubo esa otra revolución, no cambió nada. El Estado sigue reprimiendo, engañando, explotando, despojando, despreciando, malgobernando…
¿CUARTA TRANSFORMACIÓN?
Aunque ahora en el discurso se declara el “fin del neoliberalismo”, los proyectos prioritarios del actual gobierno siguen siendo los megaproyectos extractivistas, de “desarrollo” y “progreso”, de los gobiernos neoliberales previos. Proyectos de despojo, destrucción y muerte: minería a cielo abierto, fracking, parques eólicos, trenes (“maya” y transístmico), gasoductos, acueductos, termoeléctricas, hidroeléctricas, supercarreteras, monocultivos frutales y maderables, Zonas Económicas Especiales, desarrollos  inmobiliarios, gentrificadores, etc.
Para convencer de que estamos en la llamada “cuarta transformación” dice en actual gobierno que “el pueblo decide” porque ahora se consulta, no de manera previa, informada, de buena fe y de manera culturalmente adecuada, como dice el Convenio 169 de la OIT, sino sobre hechos consumados, como en los casos del Proyecto Integral Morelos, el llamado “tren maya”, el Corredor Transístmico, o las Zonas Económicas Especiales.
El partido Morena vendría siendo no impulsor de una “cuarta transformación”, sino una cuarta versión del partido en el poder. La Primera fue el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que fundó Calles, la segunda el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) como lo renombró Cárdenas, la tercera el Partido Revolucionario Institucional (PRI) como lo llamó Alemán. Ahora su nombre es Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) formado por AMLO con buen número de experredistas, expriístas, expanistas, una amplia base social de seguidores acríticos que siguen esperando que de arriba llegue el “nuevo mesías”.
La continuidad del tripartido gobernante PRIANRD era ya imposible, insostenible, incosteable. Más de tres décadas de neoliberalismo acumularon un gran hartazgo social. Si se aferraban a seguir en el poder el costo podría ser muy alto. Por lo que prefieren pactar una transición con quien entonces se presenta como la esperanza de cambio, que los amnistía, les promete no aplicarles la ley por la corrupción y crímenes cometidos, dejarlos ir impunemente. “¡Abrazos, no balazos!”. Y si la gente reclama justicia, promete hacer otra consulta. Como si la aplicación de las leyes pudiera ponerse a consulta. La ley se aplica o no, no puede ser moneda de cambio.
¿Qué se ha transformado desde el 1 de diciembre de 2018? El discurso, nada más. La explotación el despojo, el desprecio, la represión, la impunidad, el autoritarismo, la militarización, las mentiras, los engaños y asesinatos continúan…
¿Entonces, qué se necesita para que haya una verdadera transformación?
Una verdadera revolución. No otra guerra, no millones de muertos más necesariamente. Ya no como un sueño utópico, sino como una realidad que ha empezado a construirse: llevar a la práctica el Art. 39 constitucional: la soberanía popular, el que los pueblos se den las formas de gobierno que decidan ellos mismos.
Autoorganizarse, autogobernarse, aplicar la democracia directa, adoptar modos que permitan a todo un pueblo aprender a ser gobierno, asumiendo las responsabilidades colectivas, de manera organizada, rotativa, sin paga, con horizontalidad, donde la asamblea del pueblo manda y el gobierno autónomo obedece. Todo esto sobre la base del trabajo colectivo, autogestivo, con relaciones no capitalistas, en cooperativas, produciendo sus propios alimentos, cultivando la tierra, la miel, zapatos, ropa, artesanías, enlazándose con otros pueblos en cuyo horizonte también existe la semilla de la autonomía.
Esto ya existe y es real en el territorio zapatista, en  Chiapas. No ha sido fácil. Se ha resistido el cerco militar y mediático, los ataques paramilitares, la permanente ofensiva partidista que busca dividir con programas asistencialistas. Ha sido un trabajo que ha transitado ya 25 años con la construcción de Municipios Autónomos Rebeldes y Juntas de Buen Gobierno.
Y se construye en otros territorios: en Cherán, en Ostula, Michoacán, en otros pueblos en Guerrero, Oaxaca, Morelos, Veracruz…  Es un proceso autonomista que va hermanado a la resistencia y rebeldía de los pueblos contra los megaproyectos capitalistas de despojo, destrucción y muerte.
VER VIDEO:
EZLN: Nuestra mirada hacia dentro. Economía política desde las comunidades I.

No hay comentarios.: