sábado, 27 de abril de 2019

REFORMA EDUCATIVA DE LA ‘4T’, la misma que la del ‘Pacto por México’ pero revolcada

Educación y Cuarta Transformación
Luis Hernández Navarro
Fuente: La Jornada:
Rebelión:
24 de abril de 2019.
El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha ido fijando los objetivos de la Cuarta Transformación (4T) poco a poco. No hay, hasta el momento, un documento oficial que dé cuenta de las principales características de su propuesta. El mandatario anunció su propósito en plena campaña electoral y ha ido precisando algunas de sus peculiaridades sobre la marcha.
Entre otros elementos que la componen, se encuentra el de concebirse como la siguiente etapa de las tres grandes transformaciones políticas y sociales anteriores: la Revolución de Independencia, la Reforma y la Revolución de 1910-17. Sin embargo, a diferencia de ellas, este nuevo trayecto histórico será pacífico y gradual.
Los componentes esenciales de este cambio son la lucha contra la corrupción, la separación del poder económico del político y la redistribución del ingreso por la vía de apoyos directos a los más necesitados. Adicionalmente, decretó el fin del neoliberalismo y apuesta por la soberanía energética, sin modificar el actual marco legal.
Si es difícil precisar en qué consiste la 4T en lo general, más lo es en el terreno educativo. AMLO ha hecho declaraciones sobre este tema en sus conferencias mañaneras, envió al Congreso una propuesta de reforma educativa y elaboró un memorando dirigido a sus secretarios de Educación, Gobernación y Hacienda, girando instrucciones sobre este asunto. Pero no ha presentado un proyecto educativo acabado.
Por su parte, el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, ha adelantado algunas ideas generales. Se entiende que lo ha hecho con el aval de su jefe. Pero algunas de esas propuestas, como el de la nueva escuela mexicana, son iniciativas sin contenido preciso.
A pesar de ello, puede inferirse que sus preocupaciones para la educación responden a los lineamientos generales de la 4T. Es el caso de la corrupción. Su propuesta para enfrentar la lacra en el sector consiste en la recentralización de la nómina magisterial y del fin de la venta de plazas. “La SEP -escribió en el memorando- administrará las plazas sindicales, evitará que se trafique con ellas y garantizará la contratación de maestros egresados de las normales públicas”.
La recentralización de la nómina magisterial es el reconocimiento oficial del fracaso de la descentralización educativa pactada en el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica de 1992.
No es algo nuevo. La nómina magisterial comenzó a recentralizarse en 2015, en plena reforma educativa del Pacto por México. Con la creación del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y el Gasto Operativo (FONE), la SEP pasó a hacerse responsable del pago a 950 mil trabajadores de la educación. Sin embargo, el pago de decenas de miles de mentores más siguió siendo responsabilidad de los estados. De manera que miles de maestros que no cuentan con plazas presupuestales avaladas por la Secretaría de Hacienda laboran en las entidades. Eso no significa que esos profesores hayan comprado sus plazas, o las hayan obtenido por medio de prácticas corruptas.
AMLO pudo acercarse a lo que significa esta bomba de tiempo, a raíz del paro magisterial y el bloqueo de las vías de ferrocarril en Michoacán de comienzos de este año. El FONE dejó allí fuera de sus listas a 18 mil 500 maestros. Lo mismo sucede en muchos otros estados.
Adicionalmente, existen diferencias salariales importantes entre maestros de distintos estados e incluso de la misma entidad. Los días de aguinaldo y distintos tipos de compensaciones varían en todo el país. ¿Qué va a hacer la autoridad con estas diferencias salariales al recentralizar la nómina? ¿Dejarlas como están? ¿Homogeneizarlas? Y si lo hacen ¿será a partir de lo que obtienen los que ganan más o los que ganan menos?
La recentralización puede ser una medida en la dirección correcta para ordenar el sector, siempre y cuando reconozca la antigüedad y el trabajo de esos miles de docentes no considerados en el FONE actual, y no implique que los maestros pierdan conquistas que ya tienen.
Es correcto terminar con la venta y el tráfico de plazas. Así lo ha demandado la CNTE una y otra vez. Quienes dicen lo contrario, mienten. Pero el control de las plazas por parte de la SEP, sin otros mecanismos adicionales, no garantiza el fin de la corrupción en el sector. En 2010, la SEP, a través de la UPN, encargó la encuesta Disposición de los docentes al desarrollo profesional y actitudes hacia la reforma educativa. El sondeo concluyó que 28.1% de los docentes obtuvieron su plaza por intermediación de la SEP o la autoridad educativa (https://bit.ly/2Xyf7TE). Un porcentaje mayor al que lo hizo a través del SNTE.
En el memoramdo, AMLO establece que la educación pública debe ser obligatoria, laica, pluricultural, de calidad y gratuita en todos los niveles de escolaridad. Todos estos ejes son claves, excepto el de calidad. Aunque es una palabra bonita, calidad fue el concepto articulador de la reforma educativa de Peña Nieto. Lo fue, por una razón: es un término proveniente del mundo de los negocios, que, en el terreno educativo, sirve a la política neoliberal, y a las mediciones estandarizadas en el propósito de la educación.
Otra historia es el dictamen de reforma educativa aprobado en la Cámara de Diputados. El documento no tiene nada que ver con una transformación pedagógica progresista de largo aliento. Es, en lo esencial, la misma gata del Pacto por México, sólo que revolcada.
Reforma educativa, lo largo de la hebra
La minuta con que se pretendió eliminar la reforma educativa peñista fue una simulación
César Valdez,
La Jornada:
26 de abril de 2018,

Lo que pasó durante la noche del 24 de abril al discutirse y votarse en la Cámara de Diputados la minuta con la que se pretendió eliminar la reforma educativa heredada del peñismo fue una simulación.
Al hacer uso de la palabra, el diputado panista por Nuevo León, Ernesto Alfonso Robledo, –en medio de un discurso ciertamente hipócrita que fingió olvidar el apoyo incondicional que su partido dio a los cambios legislativos en materia educativa en el sexenio pasado– tuvo razón cuando dijo que el dictamen aprobado es “una mal llamada abrogación de la mal llamada reforma educativa“. Luego, en un despliegue de condescendencia discriminatoria diría: los maestros no merecen ser engañados, ni siquiera los de la CNTE.
Llamó la atención la uniformidad de criterios de fondo que se mostró en las exposiciones de la mayoría de los legisladores que hicieron uso del micrófono, fueran independientes, del PRD, PT, PVEM o Movimiento Ciudadano, todos alineados a las directrices del Palacio Nacional vía la mayoría de Morena. Una nueva versión de la aplanadora, que ahora aplastó a un PRI y un PAN a los que no les quedó más que hacer de oposición testimonial, con un intento fallido de ligar el contenido del dictamen a discusión con una presunta alianza de Andrés Manuel López Obrador con la Coordinadora de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Esa aplanadora discursiva y argumentativa, y el consiguiente resultado de la votación aprobatoria de la minuta, no quitaron a la acción legislativa su carácter de madruguete, como la calificó en la víspera la Sección 22 de la CNTE, pues efectivamente se llevó a cabo sin el aval ni el apoyo o participación del magisterio disidente que sigue firme en su exigencia de la abrogación o cancelación total y definitiva de la reforma impuesta durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.
En lugar de eso, el coordinador de la mayoría de Morena, Mario Delgado, adelantó la noche del 23 de abril que se había llegado a un acuerdo con las demás bancadas para subir al pleno a votación un dictamen que como quedó claro, no tuvo absolutamente ningún cambio respecto al que en su oportunidad el magisterio disidente no aceptó, precisamente ese dictamen que el propio Delgado se comprometió a meter a consulta con las bases magisteriales.
No dejó dudas al respecto el diputado Mario Alberto Rodríguez Carrillo, del PES, quien eufórico estableció:
“Yo reconozco en Miroslava Carrillo, sobre todo en Adela Piña, la resistencia que tuvo, junto con su coordinador de bancada y presidente de la junta de coordinación política, compañero Mario Delgado, de haber resistido las embestidas a esta cámara y que el dictamen que se entregó hace unas semana siga siendo el mismo, reconozco esa parte de los compañeros, ¡el dictamen es el mismo!, ¡resistimos a las presiones!”
El mismo dictamen que despertó una nueva ola de firmes manifestaciones de repudio de la Coordinadora, así como de múltiples sectores y líderes incluso dentro de Morena, como es el caso del filósofo Enrique Dussel, quien opinó que el multicitado dictamen reproducía el 99%o de la reforma peñista.
“Están recauchutando la misma ley, enfatizó, para manifestar su apoyo a la CNTE, ofreciendo incluso unirse a sus manifestaciones públicas”.
(https://www.facebook.com/ cristinasadasalinas/ videos/445260509611691/)
Queda así claro que toda la estrategia comunicacional y discursiva que AMLO y los legisladores de la 4T han desarrollado en los pasados días, y de manera destacada el papel del memorándum de Andrés Manuel López Obrador que ordenaba no acatar la ley educativa vigente, no fue sino un intento de manipulación para que la opinión pública se convenciera de que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación sigue siendo la mala de la película, la intransigente; muy al modo en que Carlos Salinas de Gortari se dirigió a inicios de su sexenio al recién creado PRD con la frase: “esos del todo o nada”, en un golpe de timón que recuerda mucho a la jugarreta legislativa que el foxismo recetó al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con el apoyo de la oposición parlamentaria de izquierda. Hoy los signos políticos se invirtieron pero la fórmula es tristemente demasiado parecida como para ignorarla.
¿Dónde está pues la novedad y los consensos de los que habló con voz meliflua y conmovida Mario Delgado? Podemos responder sin duda que novedad no hay ninguna y que los consensos fueron únicamente con la derecha partidista y no como se había prometido, con el magisterio crítico, ese al que Andrés Manuel López Obrador acusa de ejercer un conservadurismo de izquierda, junto con todas las luchas populares que no coincidan de manera incondicional con la visión gobiernista.
Como dicen en la CNTE: queda por delante otro sexenio de lucha.
La Cuarta Transformación va a encontrarse con una hebra muy larga y resistente al haber jalado este hilo.

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