jueves, 18 de abril de 2019

¿”SEMBRANDO VIDA”? AMENAZAS A LA VIDA CAMPESINA Y COMUNITARIA DE MONTAÑA

Tumba-roza-quema, es un método tradicional milenario que se practica en zonas montañosas de México y del mundo
¿Sembrando vida?
Programa que promueve la destrucción de la comunidad como forma fundamental de toma de decisiones sobre el territorio
 Silvia Ribeiro,
Fuente: Desinformémonos:
17 de abril de 2019.
¿Sembrando vida? tala ilegal y deforestación para poder acceder al programa
Al igual que en muchos otros gobiernos progresistas (así, sin comillas, porque justamente un problema central es su concepción industrial-capitalista del progreso) el gobierno de López Obrador en México se ha enfocado principalmente en favorecer el desarrollo industrial, incluida la agricultura industrial y los proyectos de infraestructura que favorezcan la exportación, como el Tren Maya y el Corredor Transístmico del Istmo de Tehuantepec. El argumento oficial es que estos proyectos generarán empleo y crecimiento económico. Pero esto beneficia directa y principalmente a los intereses de las grandes empresas nacionales y trasnacionales, que verán aumentar sus lucros significativamente, en muchos casos, con trabajadores subvencionados por programas sociales del gobierno. Como si esto no estuviera claro, el anuncio de López Obrador de que Trump quiere invertir en el Tren Maya, debería dejar fuera cualquier duda.
La contrapartida de la inversión estatal en estos megaproyectos son los programas sociales, la mayoría asistenciales, pero también algunos llamados proyectos productivos, mucho menores en dinero que los megaproyectos, pero con gran capilaridad de alcance. Uno de ellos es el programa “Sembrando vida”, cuyo objetivo es reforestar un millón de hectáreas, sobre todo en ejidos y comunidades.
El programa parte de la base de que México es un país rico en biodiversidad, y que ésta se encuentra sobre todo en zonas rurales, con gran presencia de ejidos y comunidades indígenas, que son quienes “mediante sus conocimientos y prácticas tradicionales, han sabido preservar los recursos que posee su entorno y que son parte de su patrimonio natural”. No obstante, el programa señala que son también las zonas de mayor pobreza. Se dirige a quienes sean propietarios de 2.5 hectáreas que sea necesario reforestar, en las cuales se aplicarán sistemas agroforestales (árboles frutales con hortalizas, cacao, maíz), con asesoría técnica provista por el Programa. Los beneficiarios reciben 5,000 pesos mensuales, de los cuales 500 pesos se destinan a un fondo de ahorro.
El programa no suena mal en el papel, pero tiene aspectos negativos que no surgen en una primera mirada y que las comunidades recién comienzan a entender. Un primer factor es que el dinero en efectivo es el incentivo principal para algunos propietarios, que para poder hacerse acreedores del programa, recurren a la tala ilegal, incluso de especies nativas muy valiosas, para mostrar que tienen áreas donde se puede aplicar.
Al respecto, la organización Calixaxan de Veracruz, denunció que detectaron el “derribo total de un sistema agroforestal de café bajo sombra de cedro rojo y chalahuites y otro de cedros rojos jóvenes”, por parte de los dueños de los predios, para poder acceder a “Sembrando Vida”. La organización asegura que hay otros ejemplos parecidos en las zonas boscosas de Puebla y Veracruz.
Casos similares se nombraron también en otros estados, en ocasión de la asamblea de la Red en Defensa del Maíz, el 23 y 24 de marzo en la comunidad de San Juan Bautista Sahcabchén, en Hopelchén, Campeche. La red es un espacio de encuentro, reflexión y acción de comunidades indígenas y campesinas, organizaciones de la sociedad civil y académicas, que partió de la necesidad de actuar contra el maíz transgénico hace ya casi dos décadas. Como el cuidado del maíz no se puede separar de los pueblos que lo crearon, es también un espacio de defensa de la comunidad y la vida campesina, la tierra, el agua, los territorios. Verónica Villa y Ramón Vera Herrera dan cuenta en Ojarasca de varios de los temas que allí se trataron. Obviamente, al estar en la Península, el proyecto del Tren Maya y los riesgos que representa fue uno de los temas en discusión.
Quisiera completar el análisis de Sembrando Vida con las informaciones y discusión que tuvieron lugar en la asamblea de la Red en Defensa del Maíz. Representantes de varios estados dieron cuenta de casos de tala ilegal y deforestación para poder acceder al programa. Sin embargo, siendo grave, este es un aspecto perverso pero no intencional del programa.
Otros sí lo son. Por ejemplo, éste y otros nuevos programas han puesto un énfasis particular en la relación directa de cada individuo con el gobierno. Según las autoridades, esto es para evitar intermediarios que manipulen la entrega de programas. Pero al mismo tiempo, se establece una relación individual con los programas de gobierno que deja de lado su consideración por parte de las asambleas comunitarias y ejidales. Es por tanto una forma de socavar la discusión de los impactos de los programas por parte de la comunidad, que siempre va más allá de la individual, ya que toma en cuenta potenciales afectaciones a todo el territorio, los recursos de la comunidad o ejido y factores sociales y de futuro que no se pueden ver desde lo individual.
En el caso de Sembrado Vida, posiblemente el mayor impacto será el socavamiento de la agricultura campesina e indígena de montaña. Como explicó Álvaro Salgado de CENAMI, el millón de hectáreas que se quiere sembrar con este programa, está sobrepuesto a la región de agricultura indígena de montaña. Este tipo de agricultura, llamada también agricultura itinerante o de acahuales y que en muchos casos integra el método que se llama tumba-roza-quema, es un método tradicional milenario que se practica en zonas montañosas de México y del mundo. El método tradicional de roza-tumba-quema, es una forma de cultivar en los bosques, abriendo espacios de siembra en zonas a las que solamente se vuelve luego de períodos largos, que pueden ser de 10 a 25 años, pero incluso hasta 80 años de rotación. De esa forma, hay una convivencia armónica de los pueblos con los bosques y territorios, el bosque se regenera y los pueblos obtienen más alimentos. Las comunidades que utilizan este tipo de agricultura tienen un conocimiento y comprensión profunda y geográficamente muy amplia del territorio, además de una relación intensa con muchas otras comunidades, para poder trabajar en el conjunto, en zonas y ciclos que permiten la siembra de alimentos y la regeneración del bosque. Muchas de las comunidades que la practican han recibido reconocimientos al cuidado forestal.
No obstante, este tipo de agricultura ha sido de más en más criminalizado, acusado injustificadamente y en forma errónea por grandes organizaciones conservacionistas de que provocan degradación forestal, en la mayoría de los casos como una forma de apropiarse de los territorios de esas comunidades para su propios proyectos, sea de conservación, venta de servicios ambientales u otros.
Ahora, el programa Sembrando Vida es una nueva amenaza a esas formas de vida campesina, ya que significan la imposición (suave y financiada, pero imposición al fin) de una forma de producción fija, que impedirá la rotación de zonas de siembra que ha sido tradicional por siglos. Además, se indica qué tipo de cultivos y unas pocas variedades de árboles frutales se deben plantar, lo cual limita la diversidad y el uso de especies locales y nativas.
Por tanto, este programa, convergente con los demás proyectos y programas del gobierno, promueve la destrucción de la comunidad como forma fundamental de toma de decisiones sobre el territorio. También, por ser sustituida por funcionarios que gestionan los programas y técnicos que la comunidad no solicitó, que se presentan como “apoyo” al programa, lo cual aparece necesario porque las especies a plantar no son las que usan normalmente. Esto se agrega al impacto en esas áreas de normativas que gobiernos anteriores establecieron para intentar “ilegalizar” este tipo de agricultura itinerante, porque inhibe la privatización y el despojo territorial para otros proyectos. Es muy ilustrativo el caso de Santiago Lachiguiri, en Oaxaca.
La diferencia ahora es que el programa viene con un incentivo económico mucho mayor, una cifra difícil de rechazar, especialmente desde una mirada individual, desde la que se hace difícil ver las consecuencias colectivas de largo plazo, y con un mecanismo incorporado para ignorar y erosionar la autoridad de las asambleas comunitarias.
Este programa, convergente con los demás proyectos y programas del gobierno, promueve la destrucción de la comunidad..

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