viernes, 10 de mayo de 2019

¡A TERMINAR CON TODA FORMA DE CHARRISMO Y CONTROL SINDICAL EN EL STPRM!

La política sindical del estado pretende minar la fuerza de los trabajadores del STPRM
Artículo publicado en Periódico Consejo Obrero N° 4, abril, 2019,
se puede consultar aquí:
Fuente Frente Oriente:
09 de mayo de 2019.
La crisis por la que atraviesa el capitalismo estuvo a punto de colapsar el sector financiero y con ello la economía general, por lo que la burguesía trata de paliar tal situación por medio de un proceso de reindustrialización acelerada; para ello, debe asegurar la obtención de materia prima, particularmente de recursos energéticos.
México como país proveedor de materia prima legalizó el despojo con las llamadas Reformas Estructurales. Sin embargo, para llevar a cabo esta política de saqueo imperialista de los recursos estratégicos de nuestra nación no sólo son necesarios gobiernos dóciles, sino también es menester mantener en el país una situación de control tal que el conflicto no se convierta en una amenaza para la reproducción del capital. Para ello, es necesario el dominio férreo sobre la clase obrera cuyo papel en la sociedad es la producción de la riqueza y, por esta posición, tiene todas las posibilidades de convertirse en un peligro real para el capitalismo.
En lo que respecta al petróleo de México, el despojo está asegurado jurídicamente con la Reforma Energética y en la práctica con el control que ejerce el llamado charrismo sindical que se encuentra aún en manos de Carlos Romero Deschamps, quien, junto con el Estado son garantes para que la industria privada se apodere del hidrocarburo sin mayores conflictos.
Lo anterior debido a que durante varias décadas la lucha de los petroleros ha sido contenida por diversos medios: por un lado el control por parte de la aristocracia obrera que, con anuencia del Estado, oprime vía el clientelismo -es decir por medio de dádivas o favores que los dirigentes sindicales ofrecen a algunos amigos y familiares para mantener su lealtad-, mientras que el Estado ofrece ciertas concesiones a los trabajadores que los colocan en un nivel de vida superior al de la mayoría de los obreros, situación que genera la apariencia de ser trabajadores privilegiados sobre el resto de la clase obrera, por lo que para ellos resulta espantosa la idea de perder su empleo, prefiriendo así alinearse ya sea con la patronal, con el charrismo o con ambos. En este punto es necesario detenernos para expresar que las prestaciones que poseen los trabajadores petroleros no son ningún privilegio como algunos intelectuales y líderes de opinión pretenden hacer creer, sino que son las prestaciones mínimas que todo obrero debería tener para acceder a una vida digna, además de ser derechos ganados durante largos y sangrientos años de lucha de los trabajadores petroleros.
Otro medio de control hacia los obreros es la represión franca y abierta a toda disidencia al interior de la estructura sindical, la cual va desde sanciones laborales, rescisión de contrato, coerción física, llegando al extremo de asesinatos o desapariciones forzadas; todo ello desarrollado por los grupos de golpeadores y pistoleros a sueldo del dirigente charro o por la acción directa del Estado, pues en ambos casos el objetivo es el mismo: el control y disolución de las disidencias obreras. Es así que a través de estos medios, la burguesía ha logrado dominar a los trabajadores petroleros quienes en la primera mitad del siglo pasado fueron protagonistas de luchas proletarias ejemplares.
El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) es un sindicato nacional de industria altamente centralizado que agremia a casi la totalidad de los trabajadores de Petróleos Mexicanos (PEMEX), cuya unificación sindical necesitó décadas de lucha incansable por parte de los trabajadores y fue hasta 1935 que los trabajadores lograron su fundación bajo el nombre de Sindicato Revolucionario de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (SRTPRM), mismo que llevaría hasta 1989.
La unificación del sindicato permitió dar batallas frontales por la conquista de sus demandas contra las empresas petroleras; de esta manera, fueron las luchas de los obreros petroleros la antesala de la expropiación de la industria petrolera; acontecimiento histórico que se ha celebrado por años pero que olvida la larga lucha por la que transitaron los obreros, haciéndola pasar únicamente como una acción de la figura presidencial cardenista. Sin embargo, sin la participación activa de los trabajadores, quienes en ese momento estallaron un movimiento huelguístico por la mejora efectiva de sus condiciones laborales, la nacionalización petrolera no hubiese sido posible y, a pesar de ello, este proceso no significó ninguna mejora para los trabajadores pues sus condiciones laborales terminaron finalmente por empeorar cuando la empresa pasó a manos del Estado. 
Debido a las condiciones de deterioro en la vida de los trabajadores, en 1946 el aún SRTPRM, comenzó a desplegar la lucha por medio de paros dislocados durante cinco meses en las distintas plantas petroleras del país exigiendo la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo y mejoras en las condiciones laborales. Frente a esta lucha proletaria la respuesta del Estado fue el linchamiento mediático bajo el argumento de que los trabajadores eran los culpables de las condiciones deplorables en las que se encontraba PEMEX, que los paros afectaban a la nación y obedecían a intereses extranjeros. Pero no sólo era el Estado, la misma sede del charrismo más vetusto, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) -a la cual los petroleros se encontraban afiliados-, condenó los paros negando el apoyo y denunciado que eran ilegales e incluso alentando la represión pues, en la voz de su Secretario General, Fidel Velásquez, expresó que existían dos formas de terminar con los paros: ya fuera rescindiendo los contratos de trabajo de los dirigentes sindicales o militarizando la industria. Como respuesta el SRTPRM desconoció a la CTM por estar coludida con el Estado y continuó con los paros.
Con estos ejemplos podemos afirmar que los trabajadores petroleros han desatado fuertes batallas por democratizar su sindicato: algunas veces más visibles como los años 50 y 70 del siglo pasado y cuyas luchas trascendieron a nivel nacional; u otras más aisladas, únicamente a nivel seccional y donde los opositores son rescindidos u obligados a jubilarse.
En los últimos meses hemos observado que existen una gran cantidad de grupos al interior del STPRM que buscan la caída y sustitución del líder charro Carlos Romero Dechamps; estos grupos, en su mayoría con filiación morenista o viejos romeristas hoy convertidos en dizque “luchadores por la democracia sindical”; personajes de historia execrable como Cecilia Sánchez, Mario Rubicel Ross García, Omar Toledo, Arturo Flores Contreras, Santos Juan Olivos y muchos otros, quienes hasta el momento no han logrado el suficiente respaldo en la base para dicha sustitución. Además de ello, se promueve la conformación de un nuevo sindicato denominado Petromex, mismo que ha recibido el apoyo de personajes como Cuauhtémoc Cárdenas o el senador morenista Salomón Jara. Este nuevo sindicato también ha tenido el visto bueno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien no ha dejado de reiterar discursivamente que no va a incidir en la vida sindical, pero en los hechos es perfectamente demostrable que existe una cantidad muy importante de operadores de su partido, Morena, al interior del STPRM y también del autodenominado Petromex. Muchos de estos oportunistas no sólo han hecho gala de su militancia partidista sino que algunos más son, de hecho, funcionarios de gobierno por este partido.
Así, mientras López Obrador y la Secretaria de trabajo, Luisa María Alcalde se llenan la boca diciendo que no es su facultad quitar y poner secretarios sindicales, lo cierto es que el impulso del nuevo sindicato tiene ya el visto bueno de AMLO y de ningún modo representa una verdadera independencia sindical sino sólo busca la fragmentación y así el debilitamiento del sindicato, pues la confrontación al interior del mismo se puede desatar de un momento a otro ya sea por la lucha por la cúpula charra sindical o por una lucha real surgida desde la base trabajadora. 
Es por esto también, que se ha iniciado una campaña de linchamiento y desprestigio en contra de los trabajadores petroleros y su gremio por parte de intelectuales pseudoprogresistas como Lorenzo Meyer, por citar alguno, quien hace algunas semanas afirmó que el sindicato cuenta con “muchos privilegios” generalizando así a toda la base trabajadora a la cual, con sus dichos, equipara con la cúpula mafiosa sindical abriendo de esta manera el campo del linchamiento que permita una vez más golpear al sindicato como la estructura de defensa de los derechos laborales de los trabajadores petroleros.
De esta forma, se puede delinear, en términos generales, la política que el gobierno de López Obrador emprenderá en contra del gremio petrolero. Por un lado, incentivar la creación de numerosos grupos que, por sus intereses particulares, serán incapaces de unificarse en torno a un objetivo común, es decir, la defensa irrestricta de la autonomía sindical y la lucha por el respeto y mejoramiento del Contrato Colectivo de Trabajo. En los hechos, esta política de control obrero derivará en que algunos grupos puedan conquistar la dirección sindical de algunas secciones de manera aislada, situación que evitará una lucha conjunta a nivel nacional situación que facilitará la regresión en las conquistas laborales ganadas a lo largo de décadas de lucha obrera. Por otro lado, alentar la conformación de un “nuevo sindicato” que facilite aún más la neocorporativización que ya implementa el nuevo gobierno y que tampoco significa la apertura democrática en el sindicato petrolero sino el sometimiento de algún grupo de trabajadores de la industria petrolera a los intereses de personajes tan funestos como Salomón Jara y su grupo de deleznables operadores entre los que se encuentran figuras nefastas como Oscar Solórzano, Luis Zárate, Flavio Sosa, entre otros.
Por todo lo anterior es necesario que los trabajadores petroleros tomen en sus manos las riendas del sindicato y pongan fin al cacicazgo charril de Carlos Romero Deschamps así como a la intromisión del Estado en sus asuntos sindicales, expulsando a toda la lacra oportunista que pretende apoderarse de este potente gremio y utilizar la fuerza de los trabajadores para obtener los favores del Estado y convertirse en la nueva dirección charra del STPRM. Así también es menester que los trabajadores luchen de manera decidida por la independencia absoluta de su sindicato y por detener el despojo despiadado de los recursos energéticos del país por parte del imperialismo.
Si los obreros petroleros no desatan toda su fuerza en la lucha de clases contra el imperialismo y su Estado lacayo, sólo les quedará observar cómo la ruindad continúa apoderada de sus espacios sindicales y cómo sus condiciones de vida siguen deteriorándose día con día.
¡A LUCHAR POR VERDADERA DEMOCRACIA Y AUTONOMÍA SINDICAL EN EL STPRM!
¡A RECUPERAR EL STPRM PARA LOS TRABAJADORES!
¡A TERMINAR CON TODA FORMA DE CHARRISMO Y CONTROL SINDICAL!
¡DESTRUIR LAS CADENAS DE OPRESIÓN BURGUESA!
¡POR LA LIBERACIÓN DE CLASE PROLETARIA!
Frente Oriente
Proletario y Combatiente

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