martes, 21 de mayo de 2019

LAS ABEJAS NATIVAS: NUESTRAS VECINAS INADVERTIDAS

Disminución de las poblaciones de polinizadores y el impacto en los  ecosistemas
Paola Andrea González-Vanegas [1],
Martha L. Baena H. [2]
Y Matthias Rös [3]
[1] Instituto de Ecología, A.C. Red de Ecología Funcional,  Xalapa Veracruz, México. pagvanegas@gmail.com
[2] Instituto de Investigaciones Biológicas. Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México.
[3] Cátedras Conacyt, Ciidir Oaxaca, IPN, Oaxaca, México.
BioDiversitas,
Boletín bimestral para el conocimiento y el uso de la biodiversidad:
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N° 139, Julio-Agosto de 2018.
La disminución de las poblaciones de polinizadores y el impacto en los servicios ecosistémicos que esto implica han provocado que el interés por las abejas y su conservación haya aumentado a nivel global en las últimas dos décadas. Esta preocupación en gran parte se debe a la alarmante reducción de las colonias de abejas de la miel Apis mellifera, denominada síndrome del colapso de las colonias  (ccd, por sus siglas en inglés).
En México existen 1,850 especies de abejas nativas.
Sin embargo, nos estamos preocupando por la especie equivocada. Toda la atención (científica y del público en general) centrada en esta especie que es exótica en nuestro continente (fue introducida por los colonos ingleses en el siglo XVII), [1] y que fue domesticada con fines económicos, ha opacado la importancia que tienen las especies de abejas nativas en nuestros ecosistemas, por lo que no están claras las acciones que deben tomarse para su conservación.
¿Por qué son importantes las abejas?
Las abejas tienen una gran relación con nuestra vida diaria; junto con las mariposas y los murciélagos, se encargan de polinizar cerca del 35% de los cultivos que nos proveen alimento. [2] Polinizan muchas especies de plantas tanto de bosques y selvas como de nuestros jardines y traspatios, y en el caso de las Apis y de las abejas sin aguijón (tribu Meliponini) aprovechamos productos como la miel y la cera. También están presentes en muchos  aspectos culturales, por ejemplo han sido emblemas sagrados de civilizaciones antiguas como los mayas [3] y los egipcios [4], son tema de poemas y canciones, como la muy popular bachata “Como abeja al panal”. Aun así, gran parte de su ecología, diversidad e importancia siguen siendo desconocidas.
¿Qué son las abejas?
Son insectos que pertenecen al grupo de los himenópteros junto con las hormigas y avispas. En el mundo existen alrededor de 20,000 especies de abejas descritas que se agrupan en siete diferentes familias taxonómicas; [5] de las cuales en México se han descrito hasta el momento 1,805 especies [6]. Esta alta diversidad de especies da lugar a una gran variedad de apariencias corporales, tamaños y colores; sin embargo, cuando se hace referencia a las abejas, la imagen que comúnmente viene a la cabeza es la de las muy conocidas abejas de la miel y tal vez la de algún abejorro (Bombus spp.), pero como lo mostró un reciente estudio de ciencia ciudadana, la habilidad de reconocer qué es una abeja disminuye cuando se trata de otras especies [7] que, aunque muy comunes, son desconocidas como “las abejas del sudor” (familia Halictidae), a las cuales se les confunde con moscas o avispas debido a sus colores brillantes y pequeño tamaño. Es así como la gran mayoría de abejas que encontramos en nuestro entorno pasan desapercibidas.
¿Cómo viven las abejas?
Uno de los aspectos más conocidos de las abejas es la sociabilidad; es decir, viven en colonias con una abeja reina acompañada de muchas obreras. Sin embargo, la gran mayoría de especies son de hábitos solitarios. En este caso, una sola abeja (la hembra) se encarga de construir el nido y recolectar el alimento para sus crías; anidan en el suelo, en troncos de árboles muertos, en ramas huecas, paredes de adobe, vigas de madera o cavidades artificiales que brindan las construcciones humanas [5].
¿De qué se alimentan?
Las abejas adultas se alimentan principalmente de néctar que les provee carbohidratos en forma de azúcares y algo de polen, que es su fuente principal de proteínas y lo usan para alimentar a sus crías y el desarrollo de los huevos en las hembras reproductivas. Algunas especies como las abejas de la miel y los abejorros son generalistas en sus preferencias por el polen, es decir, no son muy selectivas en los tipos de flores que visitan; mientras que otras especies sí son bastante selectivas y se especializan en el polen de algunas familias de plantas [5]. Un ejemplo son las abejas Peponapis pruinosa que recolectan polen únicamente de flores de las calabazas, tanto silvestres como de variedades cultivadas; su nombre deriva de los vocablos griegos pepon (calabaza) y apis (abeja). En las flores de calabaza cerradas, al final del día, duermen los machos de esta especie.
Visitas a las flores, algo más que néctar y polen.
Lo más común es ver a las abejas en las flores de donde obtienen néctar y polen; sin embargo, las flores de ciertas especies de plantas ofrecen como recompensas aceites o fragancias que recolectan algunos grupos de abejas. Por ejemplo, los machos de las abejas de las orquídeas (familia Apidae, tribu Euglossini) recolectan compuestos aromáticos raspando con sus patas anteriores la superficie de las flores de orquídeas y de otras plantas como anturios (Anthurium spp.) y cunas de moisés (Spathiphyllum spp.). Estos compuestos son usados por los machos en la elaboración de perfumes que usan para atraer a las hembras durante el cortejo [8]. Por otro lado, las abejas recolectoras de aceites de las familias Melittidae y Apidae (tribu Centridini) los obtienen del Bombus ephippiatus, Oaxaca.
Por otro lado, las abejas recolectoras de aceites de las familias Melittidae y Apidae (tribu Centridini) los obtienen de algunas plantas que los producen en glándulas especiales de las flores, como los nanches (Malpighiaceae: Byrsonima crassifolia), y los usan para alimentar a sus larvas. Las abejas además recolectan otros recursos necesarios para su supervivencia, como resinas de plantas, madera descompuesta, jugos de frutas, semillas, excreciones de insectos, carroña, barro, arena o pequeñas piedras, entre otros [8].
Nuestras buenas vecinas
Las abejas viven en todos los ecosistemas terrestres excepto en la Antártida, y también en los ambientes urbanos. Aunque se ha visto que la urbanización tiene efectos negativos sobre la biodiversidad, las ciudades no son desiertos bióticos y muchos organismos logran permanecer en ellas: pequeños mamíferos, aves, mariposas y escarabajos del estiércol [9]. De igual manera, muchas especies de abejas logran persistir en ambientes urbanos, e incluso algunas llegan a beneficiarse por los ambientes perturbados y dominados por el hombre. Así lo han mostrado algunos estudios en ciertas ciudades alrededor del mundo, como Chicago, Berlín, Bogotá, Guanacaste, Londres, Melbourne y Toronto [10, 11].
Lo que han mostrado estos estudios es que los ambientes urbanos ofrecen refugio para una considerable diversidad de abejas nativas, tanto para las especies sociales como para las solitarias, e incluso especialistas, indicando que el ambiente urbano les puede ofrecer un hábitat de calidad suficiente para su supervivencia [10]. Las abejas urbanas visitan las flores de plantas nativas y exóticas que usamos para adornar nuestras casas; las plantadas en parques, jardines, huertos urbanos, árboles y arbustos en los camellones, jardineras y áreas que se dejan sin manejo; incluso el pasto que olvidamos podar por un par de semanas puede hacer la diferencia entre una alta abundancia de abejas o su escasez [12]. Es así como nuestros jardines pueden sostener a una pequeña comunidad de abejas. Las plantas ofrecen alimento, pero las abejas también necesitan refugio y sitios para construir sus nidos. Con la dominancia de asfalto que caracteriza a las ciudades, muchas de ellas pierden sitios para anidar, lo que se ha visto reflejado en una menor diversidad de abejorros y abejas que anidan en el suelo [13]. Por el contrario, algunas especies se ven beneficiadas por los ambientes urbanos, como aquellas que anidan en cavidades. En México aún faltan estudios en zonas urbanas, especialmente sobre el estado de la diversidad y conservación de las abejas. Ramírez-Segura y colaboradores reportan en total 11 trabajos enfocados en el estudio de abejas en ambientes urbanos mexicanos; son pocos en comparación con el número de publicaciones científicas de países como Estados Unidos (36), Brasil (20) o Inglaterra (15) [14]
En un estudio (en preparación) sobre la diversidad de abejas en las zonas urbanas y periurbanas de Xalapa y Coatepec, Veracruz, hemos encontrado por lo menos unas 50 especies de abejas, así como algunos sitios de anidamiento en paredes (Scaptotrigona mexicana), troncos de árboles muertos (Xylocopa fimbriata y Scaptotrigona mexicana) y en el suelo (Halictidae). Mientras que en el campus del Ciidir-Oaxaca (Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional), en un día de observación hemos registrado hasta 10 especies de abejas. Pero no sólo hay vacíos en el conocimiento de la riqueza de abejas urbanas (el número de especies): sabemos muy poco o nada sobre la ecología y biología de las especies, los cambios estacionales en su abundancia, sus preferencias por los recursos florales. Sin esta información relevante es difícil establecer medidas para su conservación.
Todos podemos involucrarnos
Hemos escuchado en los medios de comunicación que las abejas están en peligro y que están desapareciendo debido a la pérdida de hábitats naturales, el ataque de parásitos y el uso de pesticidas.
¿Qué podemos hacer para ayudar a las abejas, desde nuestras casas?
Proveerles alimento plantando especies que atraen a las abejas, como salvia, albahaca, tomillo, manzanilla, dando preferencia a especies de plantas nativas, y si el espacio del jardín lo permite dejar áreas con flores silvestres (arvenses/malezas); chapear en lugar de usar herbicidas; brindar sitios de anidamiento, en internet hay muchas ideas de cómo construir “hoteles para abejas” o simplemente observarlas sin dañarlas. Quizás esas “mosquitas” diminutas que llegan a las flores de su jardín sean abejas y usted no lo sabía. Tener mayor conocimiento sobre las abejas también ayuda. A pesar de todos los beneficios que ofrecen, la percepción que tienen los ciudadanos sobre las abejas es que son amenazantes o riesgosas [7], ya que algunas especies pueden ser bastante intimidantes, por ejemplo, las abejas carpinteras (Xylocopa) son grandes y ruidosas, pero por lo general no son agresivas. Éstas anidan en troncos de árboles muertos, que resultan escasos en la ciudad, y con sus mandíbulas excavan túneles en la madera donde tienen sus crías. Por su gran tamaño pueden polinizar flores grandes como las del maracuyá. Sin embargo, el temor que infunden hace que las personas les tapen los orificios de salida, lo cual mata por lo menos a dos generaciones de abejas: las hembras adultas que usen esa entrada más todas sus crías. La reducción de las colonias de Apis mellifera es principalmente un problema de índole agrícola afectando la polinización de plantas cultivadas y de la producción de miel, pero no de conservación. Esta especie no está en riesgo de extinción, e incluso su presencia en altas densidades puede tener efectos negativos en las abejas nativas[15]. Los esfuerzos en conservación y estudio también deberían estar dirigidos a aquellas especies poco conocidas, a las abejas nativas de nuestra zona, que son importantes porque brindan servicios ecológicos o por el simple valor estético de ver el jardín rebosante de vida en medio de una ciudad.
BIBLIOGRAFÍA
[1] Levy, S. 2011. “The pollinator crisis: What’s best for bees”, Nature News 479(7372): 164-165. 2 Klein, M. A., B. E. Vaissiere, J. H. Cane, I. Steffan-Dewenter, S. A. Cunningham, C. Kremen y T. Tscharntke. 2007. “Importance of pollinators in changing landscapes for world crops”, Proceedings of the Royal Society B 274:303-313. 3 Sotelo Santos, L. E. 2016. “Abejas sagradas entre los mayas”, Ciencias 118-119: 118-112 [En línea: http://www.revistaciencias.unam.mx].
[4] Wilson-Rich, N. 2014. The Bee: A Natural History. Princeton: Princeton University Press. 5 Michener, C. D. 2007. The bees of the world. Baltimore: The Johns Hopkins University Press. 6 Ayala, R., T. L. Griswold y S. H. Bullock. 1998. “Las abejas nativas de México”, en Diversidad biológica de México: orígenes y distribución, T. P. Ramamoorthy, R. Bye, A. Lot y J. Fa (comps.). México: Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 179-225.
[7] Wilson, J. S., M. L. Forister y O. M. Carril. 2017. “Interest exceeds understanding in public support of bee conservation”, Frontiers in Ecology and the Environment 15(8):460-466.
[8] Roubik, D. W. 1992. Ecology and natural history of tropical bees. Cambridge: Cambridge University Press.
[9] MacGregor Fors, I., S. Avendaño Reyes, V. M. Bandala, S. Chacón Zapata, M. H. Díaz Toribio, F. González García y E. Pineda. 2015. “Multi-taxonomic diversity patterns in a neotropical green city: a rapid biological assessment”, Urban Ecosystems 18(2): 633-647. 10 Hall, D. M., G. R. Camilo, R. K. Tonietto, J. Ollerton, K. Ahrné, M. Arduser, J. S. Ascher, K. C. Baldock, R. Fowler, G. Frankie, D. Goulson, B. Gunnarsson, M. E. Hanley, J. I. Jackson, G. Langellotto, D. Lowenstein, E. S. Minor, S. M. Philpott, S. G. Potts, M. H. Sirohi, E. M. Spevak, G. N. Stone y C. G. Threlfall. 2017. “The city as a refuge for insect pollinators”, Conservation Biology 31: 24-29.
[11] Nates Parra, G., H. A. Parra, A. Rodríguez, P. Baquero y D. Vélez. 2006. “Abejas silvestres (Hymenoptera: Apoidea) en ecosistemas urbanos: estudio en la ciudad de Bogotá y sus alrededores”, Revista Colombiana de Entomología 32: 77-84.
[12] Lerman, S. B., A. R. Contosta, J. Milam y C. Bang. 2018. “To mow or to mow less: Lawn mowing frequency affects bee abundance and diversity in suburban yards”, Biological Conservation 221:160-174.
[13] Matteson, K. C., J. S. Ascher y G. A. Langellotto. 2008. “Bee richness and abundance in New York City urban gardens”, Conservation Biology and Biodiversity 101(1):140-150.
[14] Ramírez Segura, O. y J. Jones. 2016. “Insectos polinizadores en ambientes urbanos: perspectivas de su estudio en México”, Entomología Mexicana 3:183-190. 15 Geldmann, J. y J. P. González Varo. 2018. “Conserving honey bees does not help wildlife”, Science, 359(6374): 392-393.

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