lunes, 10 de junio de 2019

1999-2000: NUEVE MESES Y MEDIO EN HUELGA PARA QUE LA UNAM SIGUIERA GRATUITA

Una huelga sin héroes.
Publicado por Stephan Petrichenko,
Trabajadores y Revolución,
Abril de 2019.
Al mismo tiempo de escribir estas líneas, se están cumpliendo 20 años de que iniciara la huelga más larga en la historia de la UNAM. Nueve meses y medio en los que las instalaciones fueron ocupadas en demanda principalmente de que se mantuviese la relativa gratuidad de la enseñanza en la institución educativa más grande de México.
Finalmente las colegiaturas no se incrementaron como pretendía el Estado, pero el movimiento fue roto por la toma militar de las escuelas. Hasta ahora el acontecimiento ha sido prácticamente borrado de la memoria universitaria, en parte intencionalmente por el olvido oficial, y en parte porque simplemente la mayoría de sus protagonistas directos ya no se encuentran en la Universidad.
Sobre el movimiento, que tuvo como dirección política legítima y reconocida al Consejo General de Huelga (CGH) -una asamblea de representantes de escuela, electos, mandatados, rotativos y revocables- , se han escrito hasta hoy una decena de libros, algunos críticos y otros testimoniales, se produjeron igual cantidad de videodocumentales y se ha realizado una cinta cinematográfica. La bitácora del 99-2000, es todavía escasa, tiene algunas páginas escritas pero otras muchas en blanco que quizá nunca se escriban. Para bien o para mal, esta singularidad se debe en buena parte a que se trató de un movimiento esencialmente plebeyo. Aun cuando a su nacimiento y en su desarrollo concurrieron distintos grupos y aparatos políticos ya estructurados, el hecho definitivo es que la huelga fue posible solo debido a la amplia participación y sostén que de ella hicieron miles de activistas con poca o nula experiencia política. Para todos ellos la huelga fue una escuela de formación política informal y no partidaria, y sobre todo un acontecimiento definitivo en sus vidas futuras.
De aquél movimiento sin duda su legado social más importante, fue el mantenimiento formal de la educación pública. Políticamente significó un hito en tanto fue el primer movimiento que se enfrentó abiertamente al conjunto del aparato estatal representado en el gobierno en turno, los medios de comunicación, la iglesia y los partidos políticos: todas las fuerzas del orden desaprobaron entonces la insolencia de aquel puñado de jóvenes que se negaron a seguir los caminos de la política tradicional y aceptar concesiones espurias a cambio de ceder en sus principios solidarios. No sólo el establishment de las fuerzas más conservadoras, sino también la intelectualidad de izquierda, condenaron lo que para ellos significaba el terrible atrevimiento de nuestra desobediencia.
Debido a ese pecado original que significó lo que entonces llamaron intransigencia, el 99-2000 ha quedado marginado del discurso oficial tanto del Estado como de la izquierda, que si bien lo evoca cuando le es necesario, prefiere seguir recurriendo a sus ya tradicionales métodos, tácticas y estrategias de movilización-negociación, pactos y clientelismo.
Afortunadamente, y a diferencia de como ocurre con el grueso de los sobrevivientes visibles 68 mexicano, la nuestra no es una generación que tras una vida de derrotas, se haya sentido realizada en la bancarrota histórica e ideológica definitiva -disfrazada de triunfo democrático- que les significó la llegada al poder de López Obrador.
Y es que si bien el del CGH fue un movimiento que sufrió duramente la represión, a diferencia del 68 no tuvo que subsistir con la huella de una terrible masacre. Así que nadie pudo llorarlo públicamente, pero sobre todo, nadie pudo aprovecharse de ese dolor para usufructuarlo política y económicamente y vivir de su legado. La represión y sus secuelas la sufrieron y las sufren callada y discretamente quienes fueron sus víctimas directas.
No fuimos héroes, no porque no nos hayan golpeado, sino porque acudimos a hacer nuestra huelga sin buscar reconocimiento, homenajes, ni estatuas. La huelga la hicimos sin verla como un martirio o sacrificio, sin dramas. La huelga la hicimos con conciencia, amor y pasión: con la simple convicción ética de cumplir un deber para con nuestras propias conciencias, y sobre todo, para con nuestros hermanos de clase: las venideras generaciones.

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