jueves, 18 de julio de 2019

Argentina: una agenda programática del sector de la economía autogestionada y popular

 Situación de las fabricas recuperadas, cooperativas de trabajo y organizaciones de la economía popular, social y solidaria en Argentina 
15 de julio de 2019. 
El sector de la economía autogestionada y popular (empresas recuperadas, cooperativas de trabajo, organizaciones de la economía popular, social y solidaria, etc.) está atravesando un proceso crítico, fruto en parte de sus propias limitaciones, pero con el elemento excluyente de las condiciones macroeconómicas y políticas creadas por el programa neoliberal en ejecución desde la asunción del gobierno de Macri. Estas circunstancias obligan a dar respuestas urgentes para asegurar la sobrevivencia de las cooperativas y, al mismo tiempo, a pensar y generar estrategias que permitan fortalecer al sector y proyectar una propuesta a futuro, en el convencimiento de que la economía autogestionada no es solo una salida que la clase trabajadora ha ido desarrollando frente a la crisis sino también como una perspectiva de una futura economía alternativa al capitalismo neoliberal global que condena a sectores cada vez más amplios a la precarización y la marginación. 
En el capitalismo contemporáneo, la sociedad salarial extendida al grueso de la población está siendo transformada en el mundo entero, desplazando la industria a países donde la fuerza de trabajo es hiperexplotada con bajos costes impositivos y que facilitan la concentración del capital mundial en un puñado de grandes corporaciones, lo cual es además facilitado por un desarrollo tecnológico en clave de sustentar ese tipo de desarrollo. Este desplazamiento de la actividad productiva organizada desde las corporaciones de los países centrales condena a la precariedad y la subordinación a los trabajadores del resto del mundo, mientras el capital se sigue concentrando. Es por eso que la articulación de una agenda debe tener en cuenta esta perspectiva estratégica, intentando articular la superación de la urgencia con la construcción de la alternativa sistémica. 
En ese sentido, hemos caracterizado estas líneas de acción como esenciales para pensar y articular esa agenda, teniendo como objetivo general el fortalecimiento y el desarrollo de la economía autogestionada tanto en sus aspectos internos, mejorando las cuestiones de gestión, eficacia económica y democracia laboral interna, como en sus relaciones con la política pública, su capacidad de desenvolvimiento en el mercado tradicional y el desarrollo de sistemas de intercambio alternativos. Al hablar de una perspectiva estratégica y alternativa, debemos pensar una política de fortalecimiento desde el Estado, a construir y a demandar; criterios claros de funcionamiento de los procesos autogestionados; desarrollo tecnológico acorde con las características de la autogestión; articulación con las organizaciones populares y sindicales; capacidad de organización económica de los sectores del trabajo precarizado e informal y de transmisión de experiencia y criterios de organización productiva para la economía popular; entre otras cuestiones que vayan conformando una estrategia de desarrollo de la economía autogestionada que pueda ir construyéndose como una alternativa frente a los programas neoliberales y como perspectiva de desarrollo económico para el conjunto de la economía. 
Esta propuesta debería articularse con el objetivo primario del fortalecimiento de la autogestión en las cooperativas y emprendimientos populares. En ese sentido, la enorme mayoría de las organizaciones de la economía autogestionada se constituyen como cooperativas de trabajo, pero más allá de los estatutos formales no hay criterios claros ni mucho menos homogéneos para articular una forma de funcionamiento que asegure: 
a) eficiencia en la gestión: que asegure que la actividad sostenga una calidad de vida digna para sus integrantes a través de actividades económicas que conserven la fuente de trabajo, garanticen un mínimo nivel de ingresos y el sostenimiento en el largo plazo de la actividad; 
b) democracia en el lugar de trabajo: a través de mecanismos de autogestión que aseguren horizontalidad para las decisiones estratégicas y capacidad colectiva de tomar decisiones organizativas de lo económico y lo laboral. Esto implica al mismo tiempo el respeto de la autonomía de cada organización, pero a través de criterios mínimos que aseguren ambas líneas de desarrollo. 
c) formación y capacitación: que consolide los valores de la autogestión, la pertenencia a la organización y la identidad de ser trabajadores autogestionados, junto con las capacidades técnicas y educativas para llevar adelante la gestión. 
d) herramientas de planificación a corto, medio y largo plazo en forma colectiva y una agenda concreta de acciones de fortalecimiento de los emprendimientos, asegurando su supervivencia en momentos críticos tanto como su capacidad de expansión. 
A su vez, el desarrollo del sector implica poner esfuerzos en: 
a) Desarrollo de estrategias de comercialización: la dificultad crónica para comercializar los productos y servicios de la autogestión se incrementa en contextos críticos como el presente, de baja generalizada de la actividad económica para el mercado interno. 
Esto implica ampliar la capacidad de comercialización tradicional (estudios de mercado, planes de negocios, etc.) tanto como la creación de nuevas redes que fomenten el intercambio dentro del propio sector. A su vez, es necesario explorar la forma de fortalecer la capacidad de llegar al mercado externo, de ser posible explotando las redes formadas a nivel internacional con organizaciones de la autogestión (como por ejemplo en el Encuentro Internacional Economía de los/as Trabajadores/as). 
b) Desarrollo de la integración y articulación de la economía autogestionada: en vinculación con el punto anterior, es clave avanzar en la integración del sector. 
Esto implica formar cadenas de valor y comercialización de las propias organizaciones, del mismo sector de actividad tanto como entre distintos sectores. Esto no debe limitarse al intercambio con otras cooperativas de insumos, productos y servicios que cada una consume o utiliza, sino de articular la forma de consolidar estas relaciones (por ejemplo, cuando una cooperativa produce lo que otra necesita, pero debe mejorar el producto, los tiempos o la cantidad), ampliarlas y desarrollarlas, así como articular las redes productivas con redes de comercialización y consumo. 
c) Mejoramiento de aspectos tecnológicos y energéticos: tener una estrategia de mejoramiento tecnológico es un déficit histórico del sector. 
Generalmente la falta de capacidad de inversión es el mayor obstáculo, por lo cual esto tiene que estar necesariamente vinculado a una estrategia de financiación, pero también de articulación con sectores profesionales y científicos.  
        Esto último puede darse a través de la articulación con las Universidades como con las cooperativas del sector tecnológico que cada vez se desarrollan más y mejor. En ambos casos, eso implica una definición clara desde el sector de objetivos y estrategias de articulación. Uno de los sectores prioritarios es, debido al encarecimiento inaudito de la energía por el tarifazo, buscar el abaratamiento energético a corto plazo y, simultáneamente, buscar alternativas en las energías renovables. Esto, por supuesto, implica niveles de inversión importantes que obligan a una estrategia financiera. 
d) Crédito y financiación: como señalamos en los puntos anteriores, una estrategia de financiamiento autónomo es de desarrollo obligado para fortalecer al sector y viabilizar los proyectos necesarios.  
Esto no significa renunciar al aporte estatal, en la medida que sea accesible, sino apuntar a tener herramientas de crédito y financiamiento propio que no hagan de la dependencia del Estado un punto débil de la economía autogestionaria, en especial cuando cambian las condiciones políticas. Esto significa articular con el sector cooperativo de crédito, mutuales y ONG’s, pero con una agenda propia que contemple el corto, el mediano y el largo plazo, y no solo la urgencia que es la mejor forma de que las condiciones sean malas o abusivas (incluso desde estas organizaciones con las que se comparte o debería compartir objetivos y criterios). 
En forma simultánea, nuestras organizaciones deben desarrollar objetivos que apunten hacia el contexto que hace posible su existencia, lo que implica actuar también hacia lo político y lo económico, especialmente en materia de las políticas públicas necesarias y hoy ausentes. Todo lo anterior no implica renunciar al apoyo de las políticas públicas ni a las conquistas que se hicieron en ese campo, actualmente en retroceso o incluso en eliminación. 
Teniendo en cuenta que el actual gobierno no tiene la menor intención de financiar o subsidiar el desarrollo autogestionario, sino que apunta a la promoción de emprendedorismo como política de contención social y subordinación a las políticas neoliberales para los sectores populares, transformando las herramientas desarrolladas en el período de gobierno anterior a esta lógica, lo importante es no limitarse a tratar de retener lo existente sino tener estrategia para los próximos años. En ese sentido, son necesarias: 
e) Una nueva política pública: es indispensable para articular el sector en los ejes anteriores y para fortalecerlo. 
Pero fortalecer el sector autogestionado de la economía no es solamente subsidiar la supervivencia de los emprendimientos sino comprender que este sector constituye una salida para amplios sectores de la sociedad y que, por lo tanto, en lugar de tener una política “social” para el sector, hay que tener una política económica de desarrollo que fortalezca a las cooperativas en las líneas señaladas más arriba, que articule desarrollo de ciencia y tecnología y que lo piense como un sector estratégico que responda a los desafíos de esta dinámica económica y social.  
Esto implica financiamiento, pero también integración en una estrategia de desarrollo, lo que implica articular con diferentes organismos y reorientar la política de los organismos específicos (como es el caso del INAES). A su vez, implica la complementación del sector con un fuerte desarrollo de los sectores estratégicos de la economía en manos del Estado. 
f) Una nueva legislación: que no constituya solamente un parche para situaciones de urgencia, sino que contemple el reconocimiento pleno del trabajo autogestionado como un sujeto de derechos al igual que el trabajador asalariado. 
Los trabajadores autogestionados son parte de la misma clase trabajadora y también deben tener asegurados los derechos laborales básicos conquistados por el movimiento obrero a lo largo de décadas de lucha. La legislación debe servir para acabar con la precariedad que sufren los trabajadores de las cooperativas obligados a asumir una categoría tributaria (el monotributo) como sustituto de una situación laboral, la falta de normativa específica para las cooperativas de trabajo, los mecanismos para la continuidad laboral y productiva en las empresas quebradas y recuperadas y la regularización de los mecanismos de expropiación y traspaso a las cooperativas de estas empresas, entre otras. 
g) Articulación con la economía popular: Aunque para muchos la economía autogestionada y la economía popular se toman como sinónimos, las organizaciones de la economía popular no necesariamente desarrollan estrategias de autogestión productiva, sino de organización de los sectores trabajadores precarios e informales. 
Respondiendo a la dinámica social mencionada en el punto anterior, los programas neoliberales fomentan el crecimiento de la informalidad y la desocupación, por lo que contribuir con la experiencia de la economía autogestionada a la organización y al fortalecimiento de la economía popular es un objetivo estratégico, pues la mayoría de las organizaciones autogestionadas surgieron como alternativas a la precarización y el desempleo. Esto implica, entre otras cosas, la articulación con las organizaciones y movimientos sociales que articulan esa amplia capa de trabajadores/as, y el desarrollo de herramientas de transmisión de experiencia y articulación. 
A su vez, creemos necesario, en el contexto de una política neoliberal que acelera la debacle social y económica del país, poder ser más efectivos en la ayuda a los trabajadores de las empresas que cierran, configurando equipos que articulen los ya existentes y creados por diversas organizaciones y que por lo general vienen colaborando en diversos casos. Para ello creemos que hay que articular un: 
h) equipo de asistencia rápida: La experiencia de nuestras organizaciones ha ido creando mecanismos, métodos y conocimientos para facilitar y llevar a buen puerto los procesos de recuperación de empresas por los trabajadores.  
Tenemos no solo trabajadores con experiencia en el proceso sino profesionales en distintas áreas y vínculos organizativos que pueden facilitar los nuevos procesos, especialmente transmitiendo experiencia y acercando los profesionales y las relaciones necesarias para convertir la experiencia acumulada en capacidad de asistencia a los conflictos.  
Sin embargo, la dispersión organizativa, la falta de organización y de capacidad de articulación hace que esas capacidades que tenemos sean difíciles de aplicar. Es necesario articular los equipos y los mecanismos de circulación de la información para posibilitar la rápida asistencia en los conflictos.  
La relación con los sindicatos debería ser fundamental, porque las organizaciones gremiales suelen tener el pulso de lo que pase en las empresas y fábricas, pero no siempre la experiencia necesaria para recuperarlas cuando cierran (descontando los casos paradigmáticos de sindicatos que apoyan estos procesos históricamente). 

No hay comentarios.: