miércoles, 3 de julio de 2019

Penélope (Poema de Enrique González Rojo, publicado en: Para deletrear el infinito III (1988)

PENÉLOPE, Poema de Enrique González Rojo
Zenzontle N° 42.
Periodismo de más de 400 voces de las redes que construimos el  Poder Popular.
Invitamos a reproducir los materiales
(favor de citar la fuente).
01  de julio de 2019.
Digámoslo: Penélope no se queda en la casa.
No permanece aquí para cuidar la hortaliza.
Para lavar la cara sucia de los pepinos, peinar a los elotes,
plancharle a las lechugas los puños y los cuellos.
No se queda en la casa, al frente de la escoba
que al moverse reparte un infarto
en cada uno de los granos de polvo.
No teje la calceta de su matar el tiempo.
No le zurce a la ropa sus corrientes de frío.
No se halla en la cocina todo el día
incrustada mirando cómo hierve
poco a poco su tedio,
probando a qué le sabe su propia servidumbre
cuando el dedo le pasa su información al gusto,
ordeñándole rayos de sol a las naranjas,
tomando de la mano diferentes sabores que van,
endomingados, a ornamentar la mesa.
No aletea, pelando cebollas y recuerdos,
el pañuelo custodio.
No lava los pañales.
No cuelga en un alambre la exposición completa de todo su fastidio,
frustración, amargura encarnada en manteles,
calcetines, calzones «y camisas que lloran lentas lágrimas sucias».
No teje una promesa que desteje en la noche
como el flujo y reflujo de un océano de estambre
en que está a la deriva su destino
acosado por la piel pretendiente.
No se entierra en la casa.
También sale de viaje.
También forja su propia odisea Penélope.
No se queda en la casa.
Se va haciendo camino.
Pisa distintas piedras.
Halla flores e insectos que aún no tienen nombre,
que escapan a las fauces de todo diccionario.
Acumula países, aventuras, crepúsculos.
Con su experiencia al hombro va adelante Penélope.
Es cierto que en el viaje, me vive en su conciencia
como yo me la adentro también en el espíritu:
en verdad mi equipaje tiene excedido el peso
por cargar sus caricias, sus ojos, su memoria.
Pero nos separamos.
Con un mapa distinto cada quien en los dedos.
En barcos diferentes que ni una sola gota del mismo mar comparten.
Digámoslo: Penélope no se queda en la casa. 

No hay comentarios.: