miércoles, 14 de agosto de 2019

Capitalismo: patriarcado, discriminación étnico-cultural, despojo y depredación del planeta

 La lucha de clases y los fantasmas que recorren el mundo 
Colectivo del Periódico El Zanzontle, 
La Jornada de Oriente: 
12 de agosto de 2019. 
La sociedad capitalista se mueve por una serie de contradicciones que, lejos de resolverse, se profundizan cada vez más conforme pasa el tiempo, aunque aparentemente se las quiera “suavizar”, hacerlas más digeribles y presentables. Son contradicciones inherentes al capitalismo en tanto sistema, si bien algunas existían antes de él.  
Con el nacimiento y desarrollo del capitalismo han surgido, por lo menos, cuatro contradicciones fundamentales: capital-trabajo, capital-naturaleza, varones-mujeres (patriarcado) y étnica-racial (racismo). Cada una de estas contradicciones constituye un sistema de dominación en sí mismo; el primero, el tercero y el cuarto son, además, sistemas de opresión y explotación de la fuerza de trabajo, de las mujeres y de la población indígena, originaria y afrodescendiente. 
Estas contradicciones se reproducen además en un contexto de capitalismo imperialista, en tanto el capitalismo más desarrollado (el europeo en un inicio, el estadounidense luego, o el japonés-asiático) arrasa con los llamados “subdesarrollados”, manteniendo todas esas contradicciones. Hoy día podría anotarse otra contradicción llamada Norte-Sur (expresión de la desigualdad, el neocolonialismo y la depredación extractivista de la vida en el Sur). 
Si bien todas las contradicciones marchan juntas y se retroalimentan, la contradicción capital-trabajo asalariado tiene un estatuto especial. Hoy día el capitalismo se permite hablar de estas contradicciones (la étnica, la de género, el llamado cambio climático). Sin embargo, de la lucha de clases no se menciona una palabra o se la combate como han hecho los teóricos del neoliberalismo antiguo y renovado. 
       La lucha interclases sigue siendo el motor de la historia. Marx planteó que la acumulación de capital se daba en dos ámbitos: en la producción de los instrumentos de producción y en la producción de bienes y servicios.  
En ambos, la acumulación de capital es posible por la explotación del trabajador (cualquiera sea: urbano-industrial, rural, de bienes o de servicios, productor manual o intelectual, etc., y habría que agregar: amas de casa haciendo trabajo doméstico no remunerado) mediante el trabajo no pagado (plusvalía), a partir de unas relaciones de producción favorables al propietario (dueño, amo, patrón) de los medios de producción. 
La contradicción capital-trabajo se manifiesta también en la lucha permanente que se desarrolla entre los capitalistas que buscan incrementar la plusvalía pagando menos a los trabajadores, o sobreexplotándolos, y éstos que tratan de mejorar sus condiciones salariales.  
Dicho de otra forma, es la lucha que se da entre las dos clases sociales fundamentales en el capitalismo: los empresarios propietarios y los trabajadores. En las condiciones de expansión capitalista actual existe una sobre explotación de la fuerza de trabajo que agrava la por siempre existente contradicción capital-trabajo. 
Las actuales políticas neoliberales consiguieron postrar así los reclamos de la clase trabajadora, ocultando su papel como sus enemigos, haciendo del tener asegurado un puesto de trabajo, un “tesoro” que no se puede perder, así sea a costa de fatiga, enfermedad, discriminación y trato indigno.  
Si a mediados del siglo XIX “el fantasma” que recorría Europa era el comunismo, hoy el terror creado para las mayorías es la desocupación y el empleo precario de los que se ocupan, quienes son trabajadoras y trabajadores a los que, además, el sistema de opresión contrapone el patriarcado, las discriminaciones étnico-culturales, despojo y la depredación del territorio y de su armonía vital con la naturaleza. 

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