miércoles, 14 de agosto de 2019

PUEBLOS ORIGINARIOS Y AFRODESCENDIENTES: excluidos a lo largo de la historia



Los eternos excluidos

Colectivo del Periódico El Zenzontle,

La Jornada de Oriente:


12 de agosto de 2019.
Hay sectores de la sociedad que a lo largo de la historia han quedado excluidos de las grandes transformaciones nacionales en las que éstos han participado activamente. Ellos son los grupos indígenas y afrodescendientes. ¿Por qué ha sucedido esto? Pueden existir factores externos e internos. Sintéticamente pueden explicarse estos dos polos desde lo cultural y político.
        En primera instancia debe señalarse el lastre colonial que todavía pesa sobre la sociedad mexicana a 200 años de su fundación. El colonialismo como ejercicio de supremacía cultural, política, económica, social y cognoscitiva remite a los valores europeos nacidos en occidente y considerados como universales. Por lo tanto, aquellos que no cumplen con estos criterios se ven eliminados o subordinados en el discurso de la llamada sociedad nacional.
        Como parte de los factores internos existe precisamente la “necedad” (o “terco” si se reconociera como más digno) para continuar siendo indígena o afrodescendiente. Esto es, una forma de existir al margen de las grandes transformaciones que ha sufrido la nación, a pesar de haber participado activamente en insurrecciones, invasiones, guerras, reformas y otras. ¿Y cómo entender que sigan marginados y marginales si han sido tan costosas sus participaciones?
        Desde lo interno la posible explicación es la que expone Bolívar Echeverría con el ethos barroco (la cultura y ética de los pueblos que se mezclan). El indígena (y el afrodescendiente) ha desarrollado un comportamiento de disimulo y evasivas frente a las transformaciones y no se adhieren ni al liberalismo ni al conservadurismo. Esto no quiere decir que los grandes contingentes de indígenas en los procesos nacionales no hayan sido motivados por otras razones como la defensa de su territorio o la búsqueda de justicia, sino que las poblaciones, por lo general, tomaban una postura “indecisa” que evitó tomar partido, al tiempo que las resguardaba del exterminio. 
       El ethos barroco, según Echeverría también logra en lo social, económico y cultural una suspensión provisional del hecho capitalista y su antagonismo de clase: la contradicción entre la tendencia a trabajar y disfrutar los bienes en tanto que valores de uso, y la reproducción de su riqueza o acumulación de capital. Esto es, vivir el conflicto bajo la forma de realizarlo y trascenderlo en un plano imaginario donde pierde su sentido y se diluye, y donde el valor de uso recupera momentáneamente su plenitud para el humano cuando en el consumo individual “puede consolidar su vigencia pese a tenerla ya perdida”. Porque algo han demostrado los pueblos en resistencia: trabajar, vivir, convivir y festejar en colectivo es un acto de resistencia, porque redistribuye no sólo bienes sino también afectos, saberes, lazos y anhelos.
      Acaso los proyectos de autonomía comunitaria y popular que hoy se levantan entre los pueblos es la consolidación de esa barroquidad en estas comunidades, barrios y colonias, porque también en las ciudades sopla aire, y los gérmenes de esta utopía ancestral se propaguen como parte de la lucha anticapitalista como barrio, como “banda” o colectivo de trabajo social o político. Porque su resistencia es algo más que una necedad, y el proyecto capitalista en su fase neoliberal, simulada en estos meses, hace agua por todos lados amenazando a los pueblos con llevarnos por delante. Posiblemente nos encontramos con la grata noticia de que los excluidos de siempre han resuelto cómo salir del atolladero y nos invitan a todxs a formar parte de este nuevo proyecto donde recuperemos nuestro ser social.

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