sábado, 14 de septiembre de 2019

Guevaristas: “El Minuto” Investigación sobre una historia en la Buenos Aires de los militares (PDF)

43 Aniversario del secuestro y desaparición de militantes de la Juventud Guevarista del PRT de Argentina
Red Latina sin fronteras:
Enlace relacionado:
https://perrosariagrillo.wixsite.com/elminutoAires de los militares
Autor: Pino Narducci

Director: Giuseppe Klain
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Los Guevaristas una historia napolitana

Libro completo en versión PDF:
13 de septiembre de 2019.
El 14 de septiembre se ha cumplido un nuevo aniversario del secuestro y desaparición en 1976 de jóvenes de la Juventud Guevarista del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Argentina y de su responsable, Eduardo Merbilhaá, que era miembro del Buró Político del PRT.
El grupo napolitano “El Minuto” ofrece la versión en castellano del libro que han titulado: “EL MINUTO: Investigación sobre una historia napolitana en la Buenos Aires de los militares”
María Rosaria Grillo y Venancio Domingo Basanta fueron secuestrados por hombres de la policía federal el 14 de septiembre de 1976 en Buenos Aires, en casa de Luigi, padre de Rosaria, en la avenida Olazábal 5125, séptimo piso.
Eran militantes de la Juventud Guevarista, la organización juvenil del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Mario Santucho.
Rosaria tenía 25 años y su nombre de batalla era “Irene”
Venancio tenía 22 años y su nombre de batalla era “el Cholo”.
Estaban prisioneros en el centro clandestino de detención “Campo de Mayo” en la provincia de Buenos Aires.
Estaban todavía vivos en octubre de 1976 porque Patricia Erb, militante de la Juventud Guevarista, secuestrada en septiembre de 1976, conoció a Rosaria en “Campo de Mayo”, mientras Venancio era torturado; Irene le confesó a Patricia que estaba embarazada y que temía que los militares pudieran descubrir su embarazo; antes de separarse se animaron y decidieron que habrían seguido las instrucciones del dirigente del PRT Domingo Menna detenido en “Campo de Mayo”: Hablar con los militares sin decir nada de importante.
A partir de ese momento, Rosaria y Venancio desaparecieron y no se sabe ni siquiera la suerte que corrió el hijo de Rosaria si lo hubiera dado a luz en el centro de detención.
María Rosaria Grillo ciudadana italiana había nacido en Nápoles el 8 de agosto de 1951 en el popular barrio de Barra.
Al año siguiente, viajando a bordo del “Santa Fe” con su madre y tres hermanas se reunió con su padre que había emigrado en Argentina ya por el año 1946.
María Rosaria Grillo estaba matriculada en Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires y era la responsable del grupo de la Juventud Guevarista de la Facultad.
Venancio Domingo Basanta, nacido el 17 de febrero de 1954 en Ramos Mejía, estaba matriculado en la misma universidad y que, por razones de militancia política, había frecuentado la zona de Tucumán y de la ciudad de Córdoba.
Se casaron en el 1975 y se fueron a vivir a un departamento en el barrio Enrique Santos Discépolo N° 3931 (ex. Salónica), en el cual, en los años 1974 y 1976, tuvieron lugar diversas reuniones de la Juventud Guevarista.
En septiembre de 1976, Rosaria ayudada por su padre, estuvo a punto de huir para regresar a Nápoles pero no pudo salvarse.
Además de estudiar, trabajaba como empleada en la empresa MUBA asociados S.R.L. en la calle Blanco Encalada N° 2463, oficina 1 Capital Federal.
Su compañero de trabajo era Rubén Osvaldo Morresi, llamado “Quique”, militante de la Juventud Guevarista y estudiante de arquitectura de la Facultad de Buenos Aires.
Una hora antes del secuestro de Rosaria y de Venancio , que ocurrió en la zona de Villa Urquiza, Quique fue capturado por los militares a las 3 de la madrugada del 14 de septiembre de 1976 en la Avenida Segurola 3881, 2° piso, dpto. 9, en Villa Devoto.
Junto a él también fueron llevados otros tres militantes de la Juventud Guevarista: Norberto Daniel Sant’ Angelo, llamado “Tony”, estudiante de Ciencias Económicas, María Eugenia López Calvo, llamada “Cecilia”, estudiante de psicología, y Susana Beatriz Porta, llamada “Lía” estudiante de arquitectura nacida en Ramos Mejía, la misma ciudad de Venancio Basanta.
Norberto Daniel y María Eugenia fueron vistos por Patricia Erb en Campo de Mayo, los mismos días en los que encontraba a Rosaria Grillo.
A lo mejor, Patricia Erb también encontró a Susana Beatriz en el mismo centro de detención.
Seguramente, Quique, Cecilia, Tony y Lía fueron los miembros de la Juventud Guevarista que estuvieron más cerca de Rosaria y Venancio durante la militancia política.
Aquella mañana de invierno, inició la desaparición de los guevaristas de Buenos Aires.
 Si tienen alguna noticia sobre Rosario Grillo y Venancio Basanta por favor escribanos al correo electrónico: perrosariagrillo@gmail.com
A los ideales de mis padres
– Podíamos vencer, Espartaco. Podíamos haber vencido…
– El habernos rebelado ya ha sido una victoria. Aunque uno solo dijera “No, no quiero”, Roma empieza a temblar. Fuimos diez mil en decir no. Ese fue el prodigio. Haber visto a los esclavos alzar la frente del polvo, saltar con coraje, con una canción en los labios, bajar de la montaña gritando. Haberlos oído cantar abajo, por la llanura.
– Y ahora están muertos…”
De la película Espartaco (1960) de Stanley Kubrik.
“Quien nombra, llama. Y alguien acude, sin cita previa, sin explicaciones, al lugar donde su nombre, dicho o pensado, lo está llamando. Cuando eso ocurre, uno tiene el derecho de creer que nadie se va del todo mientras no muera la palabra que, llamando, llameando, lo trae”
Eduardo Galeano “Palabras andantes”.
Prefacio
Una línea recta en el laberinto argentino
por Julio Santucho*
Es muy buena esta iniciativa de Pino Narducci de escribir un libro sobre la Juventud Guevarista y, en particular, sobre la participación italiana y napolitana en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y en la Juventud Guevarista de Argentina.
Coincido con Pino en que en Italia es poco conocida la historia de los movimientos revolucionarios de los años 60 y 70 de la Argentina y esto es, en gran parte, por la complicidad de la P2 y sectores políticos y mediáticos italianos con la dictadura militar argentina. Nuestra experiencia como militantes argentinos en el exilio en Italia nos enseñó que en cada lugar en el que lográbamos comunicar con los ciudadanos y con las organizaciones de base de los partidos y sindicatos, incluso de la democracia cristiana, obteníamos una respuesta de fuerte solidaridad con la lucha antidictatorial del pueblo argentino. Pero los argentinos en Italia contábamos con muy pocos espacios institucionales para denunciar los crímenes de la dictadura. Nunca logramos constituir un comité Italia-Argentina como sí se logró en el caso chileno. Incluso en los festivales de la Unitá teníamos dificultades para llevar nuestro mensaje porque el Stand de Argentina estaba hegemonizado por el Partido Comunista Argentino que, en cierto modo, apoyaba a la dictadura con el discurso de que existía, en el ejército, un ala pinochetista más fascista que Videla.
Hoy se sabe perfectamente que la cúpula de las Fuerzas Armadas Argentinas convocó a todos los oficiales a una deliberación acerca de la conveniencia de adoptar un método de represión clandestina. Había dos argumentos centrales.
El primero es que en 1973 el parlamento elegido democráticamente había decretado una amnistía general que puso en libertad a todos los guerrilleros detenidos en las cárceles del país. Eso no podía volver a suceder.
El segundo argumento era que el gobierno de Pinochet en Chile había quedado completamente aislado a nivel mundial, incluso por parte de los gobiernos democráticos occidentales, a causa de la clausura de todos los partidos políticos, del encarcelamiento en lugares públicos como el estadio nacional y la expulsión de los opositores.
Por informes de inteligencia, el PRT tuvo conocimiento ya en octubre de 1975 de que la junta militar encabezada por Videla había decidido dar un golpe de estado en Marzo de 1976 basado, en primer lugar, en el respeto de la legalidad de todos los partidos tradicionales, incluso el Partido Comunista (el periodista de RAI 3 Italo Moretti pudo entrevistar a los dirigentes del PCA en la sede del Partido de Avenida Callao en plena dictadura); en segundo lugar, la represión habría de basarse en el método del secuestro, desaparición forzada y campos de concentración para torturar y asesinar a los subversivos en forma clandestina.
El pacto de silencio entre los oficiales de las fuerzas armadas, la jerarquía eclesiástica y los principales grupos empresariales del país para ocultar toda información relativa al destino de los desaparecidos, más de 40 años después sigue todavía en pie.
A nivel internacional, durante su existencia, la dictadura militar gozó de importantes apoyos no sólo por parte del gobierno de los Estados Unidos, a partir de la presidencia de Ronald Reagan, sino también de varios gobiernos europeos e incluso de la Unión Soviética que bloqueaban las sanciones a la dictadura militar argentina por violación de los derechos humanos en los organismos de las Naciones Unidas.
Los gobiernos europeos, y en particular el italiano, tenían pleno conocimiento de que en la Argentina se estaba llevando a cabo una represión ilegal. Además, se produjeron muchas denuncias de ciudadanos italianos, franceses y de otros países acerca de la desaparición de sus familiares en la Argentina.
En el caso de los militantes de la Juventud Guevarista que describe este libro, el padre de María Rosario Grillo movió cielo y tierra para denunciar la desaparición de su hija, sin mayores resultados. Está documentado también, entre otros, el caso de Yves Domergue, desaparecido a fines de 1976 en Rosario, cuyos padres ya instalados en Francia regresaron a la Argentina y chocaron contra un muro de silencio y complicidad por parte de las autoridades y de la embajada francesa.
Puede decirse que, a partir de 1996, el pueblo argentino dio vuelta a la página, se sacudió de encima el terror impuesto por la dictadura e inició un camino signado por la lucha contra la impunidad, la condena del genocidio ejecutado por el terrorismo de Estado, el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia y la reivindicación de la generación de los años 60 y 70.
Esta victoria del pueblo argentino ha sido compartida por el compromiso y la acción solidaria de muchos ciudadanos extranjeros, en particular de muchos italianos. Hemos vivido en carne propia la solidaridad militante de los ciudadanos de Sarzana, Farigliano, Ivrea y Palazzolo del Garda que acogieron con entusiasmo las escuelas políticas del PRT en el exilio. Para no dejar afuera injustamente a nadie, no voy a dar nombres de los centenares y miles de compañeros y amigos, periodistas, magistrados, sindicalistas, personalidades de la cultura que hicieron propia la lucha del pueblo argentino por la justicia. Hago la excepción de mencionar al Presidente Sandro Pertini quien fue el primer representante del gobierno italiano que pidió explicaciones a la dictadura militar por la desaparición de ciudadanos italianos y luego recibió a los familiares de los desaparecidos, entre ellos a mis padres Francisco Santucho y Manuela Juárez.
Este libro de Pino Narducci se inscribe entre esos gestos de solidaridad militante con la lucha de los organismos de derechos humanos de Argentina. En particular, hace un aporte significativo a la investigación de los responsables de la desaparición de siete militantes de la juventud guevarista que tuvo lugar en la noche entre el 13 y el 14 de septiembre 1976 en dos operativos realizados, en forma coordinada, en sendos barrios de la ciudad de Buenos Aires.
La lucha por la verdad, la memoria y la justicia, si bien en forma tardía, ha conseguido importantes éxitos en nuestro país. Según datos de la Superintendencia para delitos de Lesa Humanidad dependiente de la Corte Suprema de Justicia de La Nación, en enero de 2017 se habían dictado más de 150 sentencias, con un saldo de 921 condenas, la mayoría de las cuales recayeron sobre personal de las fuerzas de seguridad. Hay un pequeño número de cómplices civiles que también han sido condenados o que se encuentran bajo proceso, entre los cuales se encuentran empresarios, jueces y miembros de la iglesia.
Esta victoria se debe también, en parte, a la solidaridad activa de los centenares de italianos a los que hemos hecho referencia y auspiciamos que la investigación encabezada por Pino Narducci pueda contribuir al esclarecimiento de los hechos que aquí se denuncian.
En cuanto a la valoración histórica de los hechos que relata este libro, la conclusión es clara. En el transcurso del siglo XX, entre Italia y Argentina hubo vasos comunicantes entre dos sectores de la sociedad y de la política: la Italia antifascista y la Argentina democrática y revolucionaria, por un lado, y la dictadura cívico militar argentina y la Italia corrupta, mafiosa, la de Licio Gelli y las tramas secretas que en los años 70 condicionaban fuertemente el sistema político.
Esto nos lleva a evaluar el significado que tuvo la rebelión de los años 60 y 70 en América Latina y, en particular, en Argentina, en términos de fascismo y democracia, capitalismo salvaje y revolución socialista: la ética siempre triunfa en la historia, aunque el camino está hecho de marchas y contra marchas.
Históricamente, la victoria de las ideas avanzadas fueron seguidas de grandes retrocesos, como sucedió con las revoluciones francesa y bolchevique. Y muchas veces las derrotas de los revolucionarios sirvieron de semillas para hacer germinar grandes movimientos emancipatorios.
Como dijo Osvaldo Bayer, Mario Roberto Santucho ha sido una línea recta en el laberinto argentino.
María Rosaria Grillo y los militantes de la Juventud Guevarista, como parte de esa abnegada generación latinoamericana a la que pertenecieron, proyectan su rebelión y su entusiasmo, en línea recta, hacia un futuro de libertad.
Buenos Aires, 15 de marzo 2017.
*Julio Santucho, hermano del Secretario General del PRT, Mario Roberto Santucho, en los ’70 fue director de la escuela política de cuadros, miembro del Comité Central y responsable de la política internacional del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Después del exilio de 1976, vivió por largo tiempo en Italia, participando en las actividades del Comité Antifascista contra la represión en Argentina-CAFRA. Enseñó literatura hispanoamericana en la Universidad de Calabria. Hoy día vive en Buenos Aires y es el Presidente del Instituto Multimedial de Derechos Humanos en América latina y del Festival Internacional de Derechos Humanos que, cada año, se desarrolla en la capital argentina. Es el autor del libro “Los últimos guevaristas. La guerrilla marxista en la Argentina, aún inédito en Italia.
Nota:
Existe un enlace a la versión PDF que permite la descarga completa del libro:

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