martes, 3 de septiembre de 2019

La detención arbitraria de Pablo Hernández es reflejo de la violencia institucionalizada

Pablo Hernández, joven detenido por denunciar la violencia en México 
Texto y Fotos: Lucía Joselin Muñoz 
Desinformémonos: 
31 de agosto de 2019. 
Pablo Hernández Alvarado es un joven estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) que fue detenido el jueves 29 de agosto por ser consciente de la violenta realidad que vive México y usar el espacio público para expresar sus ideas al respecto. 
Pablo estudia Comunicación y Cultura y no le son indiferentes las problemáticas que aquejan a la sociedad: desapariciones, feminicidios, violencia, inseguridad, entre otros. Es por ello que se volvió artista callejero que, mediante la palabra, hace performance en el transporte público, donde lo mismo habla de literatura que de violencia de género o presos políticos, denunciando la injusticia y desigualdad social. 
El pasado jueves fue detenido en la estación del metro Periférico Oriente de la línea 12. Sus compañeros relatan que su detención sucedió cuando Pablo sólo hacía uso de su libertad de expresión, pues los agentes lo llevaron cuando realizaba un performance. Fue detenido y golpeado y llevado a la jefatura de estación en San Andrés Tomatlán, donde permaneció alrededor de una hora para posteriormente ser trasladado a la Agencia del Ministerio Público Especializada en Atención a Usuarios, en Pino Suárez. 
Una de sus compañeras, que ha pedido guardar su anonimato por miedo a represalias y que nombraremos como Alicia, relata que al momento de ser abordado por los policías Pablo dijo que no tenía nada que ocultar ni que esconder, por lo que indicó a los policías que estaba dispuesto a cooperar, pero que los elementos tomaron el asunto a manera de reto o confrontación y procedieron a detenerlo de manera arbitraria. 
Alicia relata que en San Andrés Tomatlán tuvieron a Pablo todo el tiempo parado contra la pared de la jefatura de estación, donde lo amedrentaron y si se movía o decía algo era golpeado, principalmente en las piernas. También refiere que hubo amenazas por parte de los cuerpos policíacos, quienes le dijeron a Pablo que le sembrarían marihuana y que “ellos ya lo ubicaban y ya le habían tomado muchas fotos, y aunque lograra salir libre, ellos se iban a encargar de él”. 
Cuando Pablo fue trasladado a la Agencia Especializada del Ministerio Público, sus compañeros se dirigieron al lugar, pero les fue negada toda información sobre su caso. Aumentó el cerco policíaco e incluso refieren que los policías los amenazaban e intentaban amedrentarlos, que se les acercaban demasiado, les prohibían grabar o tomar fotos y se burlaban de la situación de Pablo. Sin embargo, los jóvenes universitarios aseguran que, pese a las provocaciones, entre consigna y consigna continuaron su protesta pacífica. 
Fue hasta pasadas las cinco de la tarde que lograron saber de Pablo mediante su representación legal. Se le imputó el cargo de delitos contra la salud, al afirmar que: portaba marihuana, LCD y hachís. Ante los hechos, se convocó a una movilización para exigir la libertad del joven el día viernes 30 en las afueras del MP ubicado en Pino Suárez. 
Estudiantes y académicos denunciaron los cargos como “fabricación de culpables”, pues aseguraron que, por el contrario, Pablo es un universitario que lucha por la vida y que siempre está en eventos culturales, en la defensa de los derechos humanos, haciendo serigrafía y solidarizándose con diferentes causas. Ejemplo de ello es su reciente participación en la “Jornada por la memoria y la justicia” que se realizó el pasado 20 de agosto en el plantel Tezonco de la UACM por las víctimas de feminicidio de esa institución. 
      Durante la movilización de este viernes, los estudiantes denunciaron la detención arbitraria de Pablo con indignación, pues describen al estudiante como “un chavo bien tranquilo que siempre se preocupa por los demás”. 
El artista callejero Chilinsky, quien también asistió a la movilización, denunció que este tipo de prácticas cada vez se vuelven más generalizadas contra quienes utilizan el espacio público como plataforma de denuncia de las injusticia y desigualdad que hoy vive el país. Asegura que a veces son confundidos con vendedores ambulantes y que generalmente la respuesta que obtienen de los policías es violenta y fuera de todo protocolo. 
“No quieren activistas en la calle, nadie se merece este tipo de trato, ni quienes ejercemos la libertad de expresión para hacer denuncia social ni quienes tratan de ganarse el pan y no teniendo mejores condiciones se dedican al ambulantaje. Este tipo de cosas pasa todos los días y muchos no se enteran o prefieren voltear a otro lado”, dijo. 
Para Chilinsky, la detención arbitraria de Pablo es reflejo de la violencia institucionalizada que se ejerce de manera cotidiana y que tiene énfasis contra activistas y defensores de derechos humanos, así como contra estudiantes críticos. 
Aunque Pablo fue puesto en libertad al filo del mediodía del viernes, fue sólo para seguir su proceso en libertad, ya que los cargos contra él se mantienen. Sus compañeros denuncian que este proceso está permeado por la criminalización del estudiante, la corrupción de las autoridades y un cierto tipo de “consigna” contra Pablo, y temen las amenazas de los elementos policíacos de continuar el asedio en su contra. 
Una joven transeúnte con un niño en brazos y acompañada de su madre observa a los estudiantes por un rato, se le llenan los ojos de lágrimas y la cara de rabia, abraza al pequeño niño como si quisiera protegerlo y le dice a su mamá: “siempre agarran a los que no hacen nada y mientras la rata está en la calle, son ellos mismos que violan mujeres”. La joven se da la vuelta y se retira con la misma desesperanza que muchos ciudadanos observan el actuar de las autoridades. Un estudiante remata “estas autoridades que deberían protegernos, son las que nos acosan, criminalizan estudiantes y no les importa violar mujeres”. 
La jornada termina, pero el proceso de Pablo continúa. 

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