martes, 24 de septiembre de 2019

LA TRASCENDENCIA DEL 23 DE SEPTIEMBRE EN LAS LUCHAS DEL PUEBLO DE MÉXICO

Los magonistas se radicalizan: pasan del liberalismo al anarcocomunismo
El 23 de septiembre tiene fuerte raigambre en nuestras luchas
Doroteo Arango,
La Voz del Anáhuac,
23 de septiembre de 2019.
El 23 de septiembre es una fecha con gran significado en las luchas de nuestro pueblo porque ha coincidido que hechos históricos trascendentes se han registrado en esa fecha.
MANIFIESTO 23 DE SEPTIEMBRE DE 1911.
Leer completo el Manifiesto:
El Partido Liberal Mexicano define una postura anarcocomunista en este documento, afirmando que no bastaba con una revolución política, sino que para que fuera verdadera debía ser económica y social, tomando los medios de producción y declarándose enemigos del Estado, el clero y el capital.
Ya desde 1906 el PLM había iniciado un proceso organizativo hacia una revolución popular que derrocara la añeja dictadura porfirista, enarbolando el Programa Liberal de 1906, todavía identificado con el pensamiento liberal de la Reforma: anticlerical, antidictatorial, por los derechos de obreros, campesinos e indígenas y exigiendo el cumplimiento de la constitución de 1857.
Militantes magonistas participaron activamente en las huelgas que brotaban espontáneamente en los centros fabriles y mineros principalmente. En junio de 1906 en la zona minera de Sonora, cuyo caso más sonado fue el de Cananea, y en enero de 1907 en la región textil de Puebla y Veracruz, cuyo epicentro fue Río Blanco, los trabajadores huelguistas fueron brutalmente reprimidos. En Cananea incluso con la intromisión de rangers gringos, en ambos casos con la intervención del ejército de la dictadura.
         Estos hechos convencieron al PLM de que no quedaba más camino que el de la insurrección armada. Entre 1906 y 1908 se dan los primeros combates en Minatitlán, Acayucan, Puerto México, Camargo, Ciudad Juárez, Casas Grandes, Viesca, Jiménez, Las Vacas, Palomas y otras poblaciones, pero son derrotados debido a su escaso armamento.
         Exiliados en Estados Unidos, en 1911, intentaron la rebelión en la frontera (Tijuana y Mexicali),  hay registros de milicias liberales en Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Veracruz y Michoacán. Pero los ejércitos mexicano y estadounidense los aplastaron. Quienes no cayeron en combate fueron encarcelados o confinados en Valle Nacional (Oaxaca) y en haciendas henequeneras de Yucatán, igual como durante el porfiriato se condenaba al trabajo esclavo a los insurrectos yaquis y mayos. De este intento insurreccional Ricardo  Flores Magón fue encarcelado en Estados Unidos. Esta fue la novena y última vez que cayó preso, pues ahí fue asesinado.
Ocupación militar del Casco de Santo Tomás, 23 de septiembre de 1956
23 de septiembre de 1956
De madrugada, cuando en el Internado del IPN dormían los estudiantes que ahí se alojaban, entró el ejército y los desalojó violentamente, con el pretexto de que se había convertido en un “nido de comunistas” el Internado. Este hecho fue en represalia por la huelga con la que los estudiantes del IPN demandaban se reconocieran sus estudios profesionales, elaborando una Ley Orgánica, se dotara de equipo a laboratorios y talleres, más libros en las bibliotecas, ampliación y mejoramiento del Internado y los comedores estudiantiles, así como becas a los estudiantes de escasos ingresos con buenos promedios.
Algunas demandas fueron atendidas: Se redactó una Ley Orgánica y se comenzó a construir la Unidad Profesional de Zacatenco. Otras quedaron sólo en promesas (laboratorios, talleres, bibliotecas). La que fue rechazada rotundamente fue la referente al Internado: el gobierno lo clausuró, quitándole al IPN un espacio que daba oportunidad de estudios a hijos de obreros y campesinos.
Algunos dirigentes estudiantiles fueron encarcelados, acusados de “disolución social”, Nicandro Mendoza entre ellos. Expulsados del IPN muchos otros. Entre ellos un jovencito representante de la Prevocacional 4, originario de Chihuahua: Arturo Gámiz García.
El ejército ocupó el Casco de Santo Tomás durante 2 años. El director general del IPN era entonces Alejo Peralta, propietario de IUSA. ¿”La técnica al servicio de la patria”?
Campesinos de Chihuahua: de la lucha agraria a lalucha armada
23 de septiembre de 1965
De regreso en Chihuahua, Arturo Gámiz, logró una plaza como profesor de primaria, haciendo valer sus estudios en el IPN, demostrando su vocación. En 1959 le fue cancelada su plaza de maestro.
Ese mismo año se puso en contacto con integrantes de la Unión General de Obreros y Campesinos de México, vinculada al Partido Popular Socialista. Álvaro Ríos, dirigente de la UGOCM se presentó en Chihuahua planteando la necesidad de unirse y extender la organización y la lucha agraria en todo el territorio.
Paradójicamente, en Chihuahua, campo de batalla villista, los dueños de las tierras seguían siendo las mismas familias que desde el porfiriato. Enormes latifundios y la población campesina sin tierra para trabajar, por ende una miseria abrumadora. Años seguían pasando sin que la demanda del reparto agrario se atendiera. Así que llegó el momento en que se optó por pasar a la acción directa: tomarla. Y aunque la toma de la tierra era aún simbólica, pues sólo se establecían campamentos de familias campesinas alrededor de los latifundios, la respuesta fue brutal: el ejército y los pistoleros de los terratenientes desalojaban violentamente los campamentos y asesinaban a quienes ubicaban como dirigentes.
Esto y la ruptura con el PPS, que en 1964 se adhirió a la candidatura priísta de Gustavo Díaz Ordaz, radicalizó el movimiento campesino de Chihuahua.
En gira por Chihuahua, los compañeros prendieron fuego al templete del candidato. Por este hecho ocasionó que Arturo Gámiz fuera encarcelado. Sus compañeros pagaron la fianza. Al quedar en libertad Gámiz declaró: “nunca más estaré preso”.
Primero por la necesidad de defenderse de la represión y después ya con una clara idea de la necesidad de hacer la revolución socialista, los compañeros realizaron dos encuentros en la sierra en 1963 y 64. Resultado de estos encuentros fue la formación del Grupo Popular Guerrillero.
En los resolutivos del “Segundo en la Sierra Heraclio Bernal”, al que asistieron campesinos, profesores y estudiantes de Normales Rurales y de la Universidad, se decidió la lucha armada como único camino posible. Aquí dos fragmentos:
“Estamos convencidos de que ha llegado la hora de hablarles a los poderosos en el único lenguaje que entienden; llegó la hora de que las vanguardias más audaces empuñen el fusil; porque es lo único que respetan y escuchan; llegó la hora de ver si en sus cabezas penetran las balas, ya que razones nunca les entraron; llegó la hora de apoyarnos en el 30-30 y en el 30-06, más que en el Código Agrario y la Constitución”.
Cuarto resolutivo del Segundo Encuentro de la Sierra Heraclio Bernal
"La lucha será terriblemente prolongada, no se contará por años, sino por décadas, por eso es ya la hora de empezar y hay que empezar jóvenes si queremos tener tiempo de lograr las cualidades que sólo los años de acción proporcionarán".
Quinto resolutivo del Segundo Encuentro de la Sierra Heraclio Bernal
Y comenzaron las acciones: la voladura de un puente, el ajusticiamiento a “guardias blancas” asesinos, el desarme de pelotones del ejército y pistoleros de los terratenientes, incendio de una fábrica de aguardiente.
Ante la necesidad de hacerse de más armamento, planearon el asalto al cuartel militar de Ciudad Madera. De madrugada, el 23 de septiembre de 1965. Debían llegar 40 combatientes en tres grupos distintos. Uno de los grupos llega antes de lo previsto, en la tarde –noche del 22. Observan un ambiente tenso, más vigilancia de la que normalmente había, suponen que habría que cambiar lo planeado. Se regresan. Otro de los grupos se transportaría en camioneta llevando las armas, pero las abundantes lluvias de esos días hacen imposible el paso del vehículo, el río está crecido. El grupo que sí llegó puntual era de 13 guerrilleros.
Arturo Gámiz García, profesor rural y principal dirigente de la guerrilla; Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor de la Escuela Normal Rural "Ricardo Flores Magón" de Saucillo Chih.; Emilio Gámiz García, estudiante y hermano de Arturo; Antonio Scobell, campesino; Oscar Sandoval Salinas, estudiante de la Escuela Normal del estado; Miguel Quiñones Pedroza, profesor rural y egresado de la Escuela Normal Rural "Abraham González" de Salaices, Chih.; Rafael Martínez Valdivia, profesor rural, Salomón Gaytán, Ramón Mendoza, Guadalupe Scobell Gaytán, Florencio Lugo, Francisco Ornelas Gómez y Juan Fernández Adame, campesinos de Dolores, Madera, Chihuahua. Se saben en desventaja, valoran la situación, no hay tiempo para esperar a los que faltan, lo discuten brevemente, deciden intentar el ataque. Lanzan bombas molotov al cuartel para descontrolar a los soldados, distribuidos alrededor, con las armas listas. Les sorprende que haya más soldados que los acostumbrados. Estos salen disparando ráfagas. En ese momento un ferrocarril se dispone a ponerse en marcha, al encender el faro de la locomotora, quedan a la vista las posiciones de los guerrilleros, lo cual facilita el contraataque militar. Se da orden de retirada. Caen en combate: Arturo Gámiz, Pablo Gómez, Emilio Gámiz, Antonio Scobell, Miguel Quiñones, Rafael Martínez, Óscar Sandoval y Salomón Gaytán.  Logran escapar y sobrevivir: Guadalupe Scobell, Florencio Lugo, Francisco Ornelas, Juan Fernández y Ramón Mendoza.
Aunque esto fue un duro golpe a esta naciente guerrilla, no logró aniquilarla. Los sobrevivientes fueron protegidos por  la población, ayudados a escapar. Una parte del grupo se internó en la sierra y logró resistir la sañuda persecución desatada por tierra y aire por las fuerzas armadas, hasta agosto de 1968 en Tezopaco, en los límites entre Chihuahua y Sonora. Otros de trasladaron a la Ciudad de México, a Guerrero, a Michoacán y otros  estados a buscar ponerse en contacto con otros grupos revolucionarios.
Por la forma en que ocurrieron los hechos se sospechó que había infiltración: sobre todo porque normalmente sólo dos pelotones del ejército custodiaban el cuartel, pero el 23 de septiembre había más de 125 militares ahí. La sospecha recayó principalmente en quien fue el instructor militar, Lorenzo Cárdenas Barajas, capitán “retirado” del ejército federal. Esa sospecha se confirmó hasta el año 2002, cuando se abrieron los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad y la FEMOSPP hizo públicos, pues ahí se localizaron tarjetas de Cárdenas Barajas dirigidas a Fernando Gutiérrez Barrios.  
Después se especularía si la fecha elegida tenía que ver con la cuenta pendiente del 23 de septiembre de  1956. 
Defensa de la Vocacional 7: 23 de septiembre de 1968
23 de septiembre de 1968
Si el Movimiento Estudiantil y Popular de 1968, tras la fuerte represión de finales de julio, logró en agosto tomar las calles y plazas, desnudar el carácter despótico del Estado mexicano, crecer en varios estados del país, ganar un gran apoyo popular, vincularse a grupos obreros, campesinos y populares también en lucha, en septiembre vino la contraofensiva gubernamental: pretextando las injurias a poder e inventando el agravio a la bandera y la profanación de la catedral, Díaz Ordaz, en su IV Informe de gobierno, amenazó con utilizar todo el poder militar del estado para acabar con el movimiento. La respuesta estudiantil fue continuar la lucha demandando un diálogo público. La última manifestación pacífica se realizó el 13 de septiembre. Todavía la noche del 15 pudieron realizar verbenas populares en Ciudad Universitaria, el Casco de Santo Tomás, Zacatenco y la Vocacional 7 en Tlatelolco.
Pero en la noche del 18 de septiembre el ejército irrumpió en CU, con la intención de capturar al pleno del  Consejo Nacional de Huelga y desarticular el movimiento.
En las asambleas generales del IPN se discutió esto, era de esperar que el siguiente objetivo militar del Estado sería tomar las instalaciones del IPN. La única opción digna era resistir. No se dejarían humillar, como ocurrió en CU. Defenderían sus escuelas. Se prepararon para la autodefensa. El ingenio fue su mayor arma: acopiar mucho aceite y piedras, intensificar la producción de bombas molotov, hacerse de cohetones y tubos de PVC.
Entre los días 20 y 23 de septiembre se sucederían los asedios a Zacatenco, Tlatelolco y Santo Tomás. Primero se ordenaba a los granaderos y cuerpos policíacos provocar y atacar. Si, como era de esperarse, éstos no lograban controlar, se ordenaba al ejército tomar el control. En Zacatenco, el día 20, la resistencia no fue desde las escuelas, sino en las avenidas circundantes, con la táctica de “pica y huye”, con mucho apoyo de los vecinos, que advertían desde las azoteas a las brigadas de autodefensa por dónde venían los contingentes de granaderos. Entonces se atravesaban camiones y se les prendía fuego, desde atrás de las barricadas les llovían piedras y molotov a los policías, también desde las azoteas. No lograron los granaderos tomar el control en Zacatenco
Siguió Tlatelolco, el día 21, contra la Vocacional 7. Frente a ésta había camiones a manera de barricada. Se dispararon las bazucas  de tubos de PVC para direccionar contra los cuerpos policíacos los cohetones de fiestas de pueblo, logrando dispersarlos con el estruendo de las explosiones.  En uno de los ataques, trabaron el acelerador de un camión, lo echaron a andar y ardiendo en llamas lo dejaron ir contra los uniformados. Luego de esto, las brigadas de autodefensa se movieron a las azoteas de los edificios circundantes. Parapetados ahí, la resistencia fue reforzada desde muchos departamentos, donde se puso a hervir agua y cada que se veía a un grupo de granaderos acercarse a un edificio, el agua hirviente se derramaba contra ellos. No lograron su objetivo los granaderos. Intervino el ejército casi a medianoche, pero sólo para ordenar la retirada, pues un militar habitante de Tlatelolco, indignado por los insultos y agresiones de los granaderos hacia su madre y su esposa, vació la carga de su pistola contra éstos, matando a tres elementos y a un mando. Acto seguido subió a su departamento, puso a salvo a su familia, se uniformó y bajó de nuevo para entregar su arma y alegar legítima defensa.
El turno del Casco de Santo Tomás, coincidentemente, fue el 23 de septiembre. Igual que en Zacatenco y Tlatelolco la resistencia fue en la calle. El aceite acopiado, incluyendo el aceite quemado que los talleres de servicio desechan fue derramado en el pavimento, no sólo para que las patrullas y otros vehículos policiales derraparan, sino que al intentar pasar, una molotov arrojada sobre el pavimento ocasionaba una gran llamarada y una gran nube de humo, entraron en acción las bazucas, las resorteras, las hondas y las ballestas , que en los talleres fabricaron: a un tramo de ángulo se le soldaba en la punta un tramo de solera curveada, a los extremos de ésta se fijaba un tramo de cable de acero. Eso era la ballesta. Las saetas fueron electrodos para soldadura eléctrica, afilados con esmeril, con capacidad para ponchar las llantas de las patrullas y penetrar en los chalecos antibalas. Canicas, muchas canicas cuando echaban a andar a la policía montada, para hacer caer a los caballos. ¿Armas? Las descritas ya, producto del ingenio. Aunque no hay que negar que hubo algunas armas de fuego, pocas, nunca comparables con el poder de fuego de los cuerpos represivos. Pero las hubo porque algún joven tomó prestado del ropero del abuelo el viejo pistolón que conservó desde el tiempo de la revolución, o aquel otro al que se tío le dijo: “tenga, mijo, defiéndase, pero que nadie se la vea, sáquela hasta que sea necesario”, o los que con la pandilla del barrio mercaron algún “fogón”.
La resistencia en el Casco de Santo Tomás duró todo el día 23, hasta la madrugada del 24, cuando entró el ejército y tomó una a una todas las escuelas. La última en caer fue la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, ubicada en el mismo edificio que en 1956 era el Internado del IPN.
Los medios de comunicación difundieron esta información manejando que en la defensa del Casco de Santo Tomás se utilizaron tácticas de “guerrilla urbana”.
En Zacatenco, Tlatelolco y Santo Tomás tomaron parte activa las pandillas de los barrios vecinos, reforzando la resistencia.
Vecinos de Zacatenco el pueblo de Ticomán, los barrios alto y bajo de Cuautepec y la zona fabril de La Presa.
Vecinos de Tlatelolco: la colonia Guerrero, Santa María la Rivera, San Simón Tolnáhuac, Peralvillo, Tepito, La Lagunilla la zona Industrial Vallejo.
Vecinos del Casco de Santo Tomás: Santa Úrsula, Santa Julia, la Obrero Popular, Tlatilco, Pantaco, Plan Sexenal, Popotla, Santa María la Rivera.
Todos estos barrios proletarios o zonas fabriles. Entre los barrios vecinos al Casco de Santo Tomás viven muchos extrabajadores ferrocarrileros y petroleros, que ya habían también sido reprimidos en 1959.
Entre otros puntos, el Movimiento Estudiantil y Popular de 1968 exigía la libertad de todos los presos políticos, entre los que figuraban los líderes emblemáticos de los ferrocarrileros: Demetrio Vallejo y Valentín Campa…
Liga Comunista 23 de Septiembre. Periódico Clandestino Madera
Liga Comunista 23 de Septiembre
En marzo de 1973 diversos grupos armados revolucionarios de antes y después de 1968, de varios estados se fusionaron para dar nacimiento a la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Esta ya es otra historia que debe abordarse de manera específica.
Sin embargo es importante destacar que uno de estos grupos, al que la DFS denominó Lacandones, nombre que ellos mismos después adoptarían, se formó inicialmente en el IPN. Jugadores de un equipo de futbol americano que fueron testigos de la salvaje represión a la manifestación del 26 de julio, indignados decidieron sumarse al movimiento, autoasignándose la función de seguridad: se encargaron de apoyar al CNH para evitar infiltraciones, se dieron a la tarea de erradicar a los porros de las vocacionales. En agosto organizaron la recuperación de los camiones del IPN, que tan útiles fueron al movimiento en las brigadas masivas a la Estación de Trenes de Pantaco, a la Refinería de Azcapotzalco, a las zonas industriales de Vallejo, Azcapotzalco, Tlalnepantla, Naucalpan, Xalostoc; en el traslado de brigadistas a otros estados y, por supuesto, como templetes en las manifestaciones.
Tuvieron una participación importante en la defensa de las escuelas de Zacatenco, Tlatelolco y Santo Tomás. Ese fue su fogueo. Luego de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco decidieron tomar las armas. Después de algunas acciones expropiatorias y de despistolización de policías, rastreados por la DFS, algunos cayeron presos, otros se sumergieron en la más estricta clandestinidad, hasta que en 1973 confluyen con otros grupos en la fundación de la Liga Comunista 23 de septiembre.
Es recordado Jorge Poo Hurtado, líder de este grupo. Fue encarcelado en 1971. Liberado y exiliado en Cuba en 1974, por un secuestro las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo realizaron en Guadalajara. Hace algunos años el compañero falleció, pero su ejemplo no se olvidará.          

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