miércoles, 16 de octubre de 2019

“¡UNÁMONOS AL PUEBLO! Una lección del 68 mexicano” en Casa-Museo de la Memoria Indómita

¡NO NOS RENDIMOS,  NO NOS VENDEMOS,  NUNCA CLAUDICAMOS NI TRAICIONAMOS!
Doroteo Arango,
La Voz del Anáhuac,
21 de septiembre de 2019.
El miércoles 16 de octubre, a las 7pm, en la Casa-Museo de la Memoria Indómita (Regina 66, Centro Histórico), se presentará el libro: “¡UNÁMONOS AL PUEBLO! Una lección del 68 mexicano”, con la participación de su autor y otros activistas del IPN que desde entonces siguen en la lucha, abajo y a la izquierda, de manera totalmente independiente de los partidos políticos y de los gobiernos, como debe de ser.
         El año pasado se cumplieron 50 años del Movimiento Estudiantil y Popular de 1968. El Estado mexicano ha hecho todo lo posible por “institucionalizar” la memoria de esta lucha, limarle el filo rebelde e insumiso, ponerle sello oficial, dejarla en el calendario como fecha luctuosa, incorporarla al discurso oficial y darle punto final en la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Condenarla así al olvido, a la resignación, al conformismo, con el claro mensaje de que luchar de manera independiente respecto al poder tiene como destino la muerte.
         Impidamos que la pretensión estatal siga por ese camino. Ya desde 1968 se demostró que el 2 de octubre no acabó con el movimiento, la huelga continuó hasta diciembre de ese año y se levantó cuando, después de discutir en asambleas generales en todas las escuelas en huelga, se llegó a la conclusión de que el gobierno no dialogaría y que debíamos pasar a otra etapa y adoptando otras formas de lucha.
         La memoria de nuestras compañeras y compañeros masacrados y el convencimiento de que el gobierno había cerrado los caminos civiles y pacíficos de lucha, llevó a muchos activistas formados al calor de la lucha a organizarse clandestinamente. Surgieron decenas de grupos decididos a la lucha revolucionaria: surgieron diversos grupos de guerrilla urbana.
Otros se mantuvieron en la legalidad incorporándose a los partidos de izquierda independiente que existían entonces o formando otros.
Quienes decidieron seguir en las escuelas, impulsaron la lucha por una educación crítica, científica y popular, en las Prepas Populares, en los CCHs, en la UNAM, el IPN, la UAM y otras universidades de los estados. Otros formaron grupos artísticos de canción, poesía, teatro, gráfica y otras expresiones culturales para fomentar el desarrollo de la conciencia crítica. 
Y hubo también quienes decidieron dejar la escuela, la familia, las amistades y migraron al movimiento obrero, al campesino o al popular, pues convencidos de que un verdadero cambio sólo podía ser producto de una nueva revolución, que la lucha debía ser contra el sistema capitalista, esto no se lograría desde la legalidad burguesa, no desde los partidos políticos, no con el parlamentarismo ni con elecciones; tampoco podía ser obra de pequeños grupos de valientes armados, sino de la lucha del pueblo, consciente y organizado, por ello unos se fueron a las fábricas, otros al campo, algunos más a los barrios proletarios.
Décadas han pasado pero el compromiso no se diluye, se trata de ser consecuentes con lo que desde entonces gritábamos: “¡Por nuestros compañeros caídos, no un minuto de silencio, sino toda una vida de lucha!”

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